jueves, 13 de octubre de 2011

Muffins, dos recetas

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No, este no es un blog de cocina. Más que nada porque yo como solo carne a la plancha y pescado al vapor y estoy todavía intentando averiguar qué cosas me sientan bien y qué cosas me sientan mal. Sí: como tantos otros yo también tomo "mesalazina". Antes no conocía esa palabra y ahora no puedo vivir sin ella. En esas dietas que pululan por internet dicen que a los enfermos de colitis ulcerosa (oui, c'est moi) les sienta mal todo. El marisco, el jamón, el chocolate, el vino tinto. Vamos, lo hermoso de la vida. Porque yo, he descubierto, sin Coca-Cola puedo vivir. Pero sin jamón no. Y sin chocolate, en su justa medida, tampoco...

Muffins de chocolate.


La receta de los muffins de chocolate no tiene ninguna complicación. No la voy a copiar porque es exactamente la misma que la que nos cuenta Bea Roque en El Rincón de Bea, blog de repostería que recomiendo encarecidamente. Gracias a ella, o por su culpa, me he enamorado de la KitchenAid, los moldes NordicWare y las galletas decoradas. Rezo todos los días porque no le entre una temporada cupcake. O sí. Lo estoy deseando.

Lo único que hice fue añadir a los ingredientes líquidos un chorrito de extracto de vainilla. Riquísimos. Doy fe. Acabo de desayunarlos.

Muffins de chocolate blanco y almendras.

Esta es una adaptación de una receta de Muffins de chocolate blanco y nueces de Macadamia que, sin embargo, yo he adaptado porque la otra vez la masa quedó pastosa. Así que sí la pongo. No sé de quién es: pensé que la había cogido de Trotamundos, o de Uno de Dos, pero ahora creo que es de Auro...

La cantidad de muffins que se obtienen y el tiempo de horneado, digo yo que dependen de los moldes de muffins. Yo compré uno maravilloso de Dr Oetker, que muestro aquí:


La receta:

Ingredientes.

300 grs. harina
80 grs. azúcar
80 grs. mantequilla (derretida)
200 grs. chocolate blanco. Usé uno fantástico, marca Valrhona, que me ha reconciliado con el chocolate blanco. Qué cosa más rica.
150 grs. almendras picadas ecológicas (la receta original es con nueces de Macadamia, pero no había en el supermercado al que fui y encontré estas almendras que ya estaban picadas). Son de Bioterra y extremeñas. Haciendo patria.
250 ml. leche entera
1 huevo
2 cucharitas y ½ de postre de polvo de hornear (los que no somos cocinillas lo conocemos como "levadura Royal", pero en realidad, la levadura Royal no es levadura. En otras recetas también lo encontraréis como "impulsor". Ay, cuánto tiempo pasó sin que yo supiera qué era aquello de "impulsor")
1 pizca de sal
2 cucharaditas (de las de café: no tengo cucharaditas americanas -aún- para medir) de extracto de vainilla, comprado en Taste of America... una tienda que es una especie de paraíso anti-culpabilidad...



Preparación:
Precalentar el horno a 180ª, preparar las bandejas de muffins. Yo las engrasé con mantequilla derretida en el microondas y un pincel de silicona, bien engrasaditas. No les puse papel a estas. A las de chocolate negro sí.

Picar el chocolate blanco. A temperatura ambiente, con un buen cuchillo y una tabla de madera, se hace muy bien.

Tamizar la harina, la levadura y la sal. Yo uso un colador de estos grandes de rejilla, como los de colar la leche, pero tamaño grande. Reservar.

Con una batidora de varillas, mezclar el azúcar y la mantequilla. Luego, añadir el huevo y batir bien.

Añadir la harina poco a poco integrando. Yo fui añadiendo un poco de harina y un poco de leche, un poco de harina y un poco de leche. Y así hasta que está la masa.

Luego se echa el chocolate blanco cortadito y la almendra picada. Se integra con una cuchara.

Llenamos los moldes. No hay que llenarlos enteros, sino a tres cuartas partes de su capacidad. Se hornea durante 30 o 35 minutos. Esto depende de los hornos, por lo visto, porque cada horno, dicen los entendidos, es un mundo. En el mío fueron 30 minutos. Pero vais a saber si están porque se pinchan con una aguja y, si sale limpia, es que están listos. Luego se saca el molde del horno. Se espera un poco, unos tres o cuatro minutos. Se vuelcan los muffins en una rejilla y se dejan enfriar.

Yo, para conservarlos bien, uso unas latas de galletas de La Cure Gourmande que tienen carbón activado y absorben toda la humedad.

Ea, que disfrutéis.

sábado, 1 de octubre de 2011

Niños

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Nico

A Nico no le gusta que le hagan fotos y la primera vez que le vi en persona se quedó dormido en la mesa del restaurante porque había ido de cumpleaños la noche anterior y se quedó en casa de un amigo. Yo no le pedí permiso: siempre le dije a su padre que quería retratarlo y se dejó, a regañadientes, porque es demasiado educado para decirme que no. Toca la batería, es asombrosamente guapo y juega al fútbol.

Hugo y Javi

Hugo ha cumplido tres años y yo no estuve, pero le veré este mes y volveré a besarle y abrazarle, me llamará "tita Olga", le haré cosquillas, le echaré de menos, terriblemente, cuando me vaya; me producirá la misma admiración que siempre comprobar la fantasía y la incansable disposición de su padre al juego y a la risa; cambiaré algunos bares por parques infantiles y atracciones, si las hay, y veremos alguna de esas películas que él ya ha visto 64 veces.

A Pau le conozco desde que nació, sin habernos encontrado nunca. He asistido, en la distancia, a una incubadora, juegos en la playa y en el parque, un rato con su padre quitándose los calcetines el uno al otro sin parar de reírse y alguna cosa más de la que no quiero acordarme. Tengo dos fotos suyas en el móvil. Tiene la mirada sabia de los niños que miran como las personas mayores que aún no han perdido el brillo en los ojos.

A Leo le he bañado mucho rato, le he hecho fotos gateando y ahora anda. Es un niño viajero que ya ha visto lugares a donde yo no he ido. Cuando su padre toca la guitarra, él aplaude, y su madre querría llevarlo de nuevo dentro -debe de habérsele olvidado la que lio cuando salió- y, a pesar de las noches sin dormir -que han sido más de las que puede recordar-, su mente siempre viaja a casa. Leo juega con su pelo, le da la mano y corretea.

También está Lucas, en Francia, al que aún no conozco pero al que he oído llorar y balbucear en ese lenguaje imposible de los bebés que solo entienden sus madres. Y Miguel, con una hermana nueva y recién estrenada, que juega con los coches de colección de su padre cuando él no mira. Y Gabriel y Carmelo, a los que por fin encontraré en la misma ciudad en la que conocí a sus padres.

Los hijos de mis amigos me han hecho estar pendientes de otros niños. Los veo en el PATH de Nueva Jersey, asistiendo con los ojos abiertos a un cuento narrado por su padre. En el autobús urbano de Mérida, intentando mantenerse de pie en las curvas; lanzando una pelota contra un muro, solitarios; descubriendo el mundo que está más allá de la esquina, fuera de la vista de los adultos, subidos en un triciclo de colores.

Siempre me pregunto cómo crecerán.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Jonathan Franzen

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"No escribo para todo el mundo -dirá poco después [Jonathan Franzen]-. Escribo para la gente que no encaja en él. Para los que no están satisfechos y sienten vergüenza. Escribo para los misfits. Y pertenecen a todas las clases, a todas las razas y sexos y edades. No es una minoría insustancial, quizá llegan al 5% de la población, puede que más. Son esas personas que leen y que quizá visitan las tumbas de sus escritores preferidos, porque se sienten menos solos haciéndolo. Esa es la gente que realmente me preocupa".




Hay un libro de Cesc Noteboom. "Tumbas", se llama. No recuerdo haber visto más tumbas que las de Luís Vaz de Camões y la de Pessoa (que mira que es fea), pero sí sonreí mucho cuando, caminando por Nueva York, vi a Schiller, a Andersen, a Burns, a sir Walter Scott.

Y sí: te sientes menos sola. Si es que eso es posible.

viernes, 23 de septiembre de 2011

La factura cultural - Orquesta de Extremadura

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Mercedes Barrado es... Qué voy a decir yo de Mercedes Barrado a estas alturas, a la que conozco desde hace once años, con la que he tenido encuentros una vez cada x meses, siempre en eventos culturales y que siempre me trata con cariño. Con frecuencia, cuando uno enlaza una página de un periódico, al cabo de meses se encuentra con que el enlace no sirve, así que voy a copiar el artículo que ha escrito para el diario Hoy, donde trabaja. Se titula La Factura Cultural y la negrita es mía. La Orquesta de Extremadura ha realizado una petición pública de recogida de firmas. Yo le debo varios buenos momentos, solitaria o con amigos, y mucho aprendizaje sobre música clásica.



Siempre me ha sorprendido la ligereza con la que los que están arriba, en la escala de poder, los que cobran sueldos públicos (y, muchos de ellos, dos y tres sueldos públicos y tienen coches oficiales y les regalan iPads y iPhones para que jugueteen en sus sesiones parlamentarias o en su casa y les salen gratis -pagados por todos- los transportes en avión, autobús y tren) tratan el pan ajeno. Más del 60 por ciento de la población cobra 1000 euros o menos en España. Crearon un país de albañiles en el que los jóvenes abandonaban los estudios porque era más rentable ser encofrador. Desprestigiaron, durante años, a los profesores, y muchos sabemos que, para mantener cierta excelencia en el trabajo, hace falta prestigio social. Y etc.

Yo, que ya no sé si soy una optimista informada o una derrotista sin cuartel, comienzo a estar francamente aterrorizada. Y no es una frase hecha.

Aquí el artículo de Merche Barrado:


LOS currantes de Isaac Rosa han tenido más suerte que los músicos de la Orquesta de Extremadura (OEx). En su última novela 'La mano invisible' el escritor nos mete en la mente de esos trabajadores manuales habitualmente ignorados, sometidos a los ritmos de las cadenas productivas o al destajo, cuyo nombre nunca es recordado a la hora de disfrutar de los productos que salen de sus manos. La habilidad del escritor ha dado voz y pensamiento vigorosamente apreciable a esos obreros de su libro a los que en la vida real suele presentarse hoy indiferenciadamente metidos en el saco común de las estadísticas de productividad o de los ERE. 

A los músicos de la OEx, el ejecutivo regional les ha metido de hoz y coz, y parece que con pocas explicaciones, entre los servicios sociales cuya utilidad se cuestiona en las circunstancias económicas actuales. Tanto se cuestiona, que a los integrantes de la orquesta se les ha dado un horizonte de actuaciones de tres meses, sin concretar al parecer, obviando el funcionamiento por temporadas que caracteriza este tipo de formaciones. Los músicos no han sido informados de las cifras que cuestionan la viabilidad de la orquesta y se van enterando de las dificultades por los periódicos. Abonados, aficionados, y ciudadanos en general también podrían hacerse un mejor juicio sobre los acontecimientos en torno a la orquesta extremeña si pudieran consultar los datos que supuestamente aconsejan neutralizar un proyecto de once años. 

El consejero de Economía, Antonio Fernández, piensa que el malestar por la desaparición de la orquesta se limitaría a la desazón de unos cuantos melómanos de afinado oído y calcula que unas 150 familias de parados se beneficiarían de los fondos que dejase libre su eliminación. No dice si esa cifra tiene en cuenta o por el contrario desprecia matemáticamente a las 65 familias de músicos de la OEx que también pasarían a integrar las filas del paro o si repara en las consideraciones que diferencian una orquesta de aficionados, por mucho que sea su entusiasmo y su calidad, de una orquesta profesional. 

Además, si eliminando 65 puestos de trabajo de profesionales que cobran entre los 1.500 y los 1.700 euros, calcula que se pueden crear 150 empleos, ¿de qué calidad y viabilidad de empleo está hablando? 

En la forma en que se está llevando a cabo el aparente desmantelamiento de la OEx parece latir el prejuicio tan habitual en España que sitúa a los músicos como a otros artistas en general en una órbita vital despreocupada y frívola en la que el arte tiene poco que ver con lo que nos rodea y con su responsabilidad social. Tampoco parece tener muy en cuenta el horizonte de mejora que una formación de este tipo otorga a aquellos extremeños que han optado por hacer de la música el mundo profesional en el que desarrollarse. Si la aspiración a la excelencia tiene en nuestra región consideración de factor que prestigia a una empresa, ¿por qué se desestima esa aspiración en el caso de la música hecha desde Extremadura? 

Las dudas sobre la OEx no hacen más que añadir incertidumbre a un panorama cultural que carece del bullicio habitual de otros otoños culturales. La mayoría de los museos sigue sin presentar propuestas culturales para la temporada entrante y mantienen exposiciones en curso desde fechas previas a las elecciones autonómicas. Se han encendido las alarmas sobre un premio literario de larga tradición como el Felipe Trigo y se han eliminado a la chita callando los Premios Extremadura a la Creación sin que nadie parezca haberlos echado de menos en el entorno del Día de Extremadura. La cultura está ya pagando de manera evidente la cruel factura de la crisis. 

Aunque una noticia algo alentadora de estos días ha sido, después de muchos años de vicisitudes y apreturas de usuarios y empleados, la presentación del bello edificio de la nueva Biblioteca Pública del Estado de Badajoz que deberá estar dotado de mobiliario y en uso en unos pocos meses. Sí, esta es una buena noticia.

martes, 13 de septiembre de 2011

Por dentro

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No te voy a decir qué, pero te he permitido hacer cosas que jamás le había dejado hacer a nadie.


He aprendido un sinfín de cosas en tres noches. Que, si pido, se me da, y yo doy si me piden. Que hay canciones que puedo repetir como un mantra para que todo esté bien y todo sea posible, para ahuyentar los miedos que me vuelven el estómago de revés y de golpe; que me bastan unas horas para saber -para saber realmente- que quiero estar a tu lado cuando vengan dadas, porque van a venir dadas muchas veces. Que puedo volver a reírme como una niña chica, que mi piel se ha vuelto infinita, un ente que está fuera de mí y que no puedo controlar cuando me tocas por dentro, como tampoco controlo los sonidos, como tampoco controlo las palabras.

De momento, sé que él tiene mucha suerte. Me aprendí esa frase de Nuria de memoria, antes de llegar, entre lágrimas, para irme el lunes constatando, de nuevo, lo mal que se me dan las despedidas, porque me he pasado la vida despidiéndome de sitios, y de gente, de los que no quería irme.

Sé, también, que eres tan inteligente que no hace falta que te explique algunas cosas, porque ya las intuyes y eso me lo hace mucho más cómodo. Que, cuando me respondes, yo me abandono. Que la curiosidad y la ternura que me produce saber de ti se pueden volver tenazas cuando me doy cuenta de que nunca haré cosas contigo. Que voy a escribir para recordar, cuando lo que voy a recordar jamás podría explicárselo a nadie: un pliegue de tus labios, un par de olores, cientos de expresiones de tu cara, un rato de cosquillas, el agua cayendo; el color de tus ojos al sol, la forma en que brillan cuando adivino los nombres de personajes de cómics contigo, lo capaz que eres de terminar todas las frases y todas las historias.

De momento, sé que yo, también, tengo mucha suerte.

domingo, 21 de agosto de 2011

Amigos contingentes

Se crió con Baccara y Abba y los demás. También con Carlos Cano, de Graná, como él, porque cuando le conocí supe qué significaba, por fin, la mala follá. Nosotros somos amigos contingentes, nos decía. Y otras cosas. Querer ser gay es como querer ser judío en la Alemania nazi; yo quiero follar encima de un altar o en una sacristía; tienes unas tetas estupendas, pero a mí las tetas no me gustan. Los grandes amores a los que siempre se busca, en cada tío al que te tiras, sin encontrarlo jamás porque ya lo encontraste pero se marchó.

Y Angustias, la gata.

Atesoro recuerdos, los desempolvo. Recuerdos de hace diez años, los pantalones cortos, la camiseta de rayas. El momento de la confesión, en casa de Sonia: "Es que resulta que yo entiendo". Llegar tarde a los sitios y al conocimiento. Saber: que tu sobrino no tendrá memoria de ti. Que no me extraña el desenlace, pero que me jode igualmente y me jode oír llorar a los amigos y no poder abrazarlos.

Saber que nunca te dejaste ayudar y que siempre te costó mucho trabajo vivir.

Y tener que escribir y escuchar ciertas canciones para poder llorar.



jueves, 18 de agosto de 2011

Emma Suárez

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Le brillan los ojos cuando hablan, le brillan mucho y, cuando confía, no tiene miedo de ser patética, ridícula o extremadamente divertida. Durante este Festival hemos hablado mucho del miedo. Del miedo a subirse a un escenario, del miedo a desnudarse y a que no te mimen, del miedo a no creer que lo que haces es verdad, del miedo a que los demás no entiendan qué historia pretendes contarles. Lo he hablado con Anna Allen, la mujer más cariñosa del mundo, y con Antonio Gil y con Helio Pedregal y con Marta Etura. El miedo a exponerse y, a la vez, a no estar lo suficientemente expuesto. La infinita suerte que es trabajar narrando y siendo otros.



También lo hablé con ella, con esa mujer menudita de ojos pequeños, una de las criaturas más bellas que he visto jamás. Cuando hilvana las frases (yo estaba asustada, iba precedida por comentarios negativos: he de aprender que conmigo siempre son distintos) descubro que es aún más guapa por dentro que por fuera, que tiene una inteligencia intuitiva maravillosa, un compromiso con su femineidad que va más allá del hecho azaroso de ser mujer. Y por eso habla de cuando a las mujeres no se nos escucha. De esa ignorancia sistemática a la que nos someten por el hecho de ser mujeres. De que César no escuchó a Calpurnia cuando vaticinó mediante sueños que iba a morir. Del dolor que supone que alguien no confíe. De que a veces ocurre que un hombre, Borja Ortiz de Gondra, puede escribir un texto profundamente feminista y que otro hombre, Norberto López, no tiene miedo de que su actriz se transforme en un pajarito. Y ella confía, vuelve a confiar, y habla de los hijos que no tuvo, que no va a tener, de la necesidad de sentir un cuerpo dentro de su propio cuerpo, del dolor ante la muerte de aquel a quien amas, de la ternura inmensa de una mujer sabia que luego eligió quedarse sola.

La entrevista a Emma Suárez y Norberto López está aquí. 

La imagen es de Ceferino López.

miércoles, 17 de agosto de 2011

75 años de la muerte de Federico García Lorca

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Lorca en la Universidad de Columbia, Nueva York.


Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.

Este es mi Lorca. Yo creo que hay muchos Lorca. El Lorca que leemos de pequeños, ya saben: el lagarto está llorando, la lagarta está llorando; su luna de pergamino Preciosa tocando viene. El Lorca que nos acompaña cuando somos adolescentes: jaca negra, luna grande, aceitunas en mi alforja. El Lorca al que descubrimos a los 17. Que fue éste. El de Poeta en Nueva York. Y, de entre todso los Lorca, el que escribió la Oda a Walt Whitman. No sabría explicar por qué. Lloré cuando lo leí por primera vez. Me excitó. Me estremeció. Me hizo leer a Whitman de otro modo.

Hoy hace 75 años que mataron a este hombre.

viernes, 22 de julio de 2011

Lucien Freud

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"Mierda puta. Ha muerto Lucien Freud".

Ese ha sido el primer mensaje que he escrito en el ordenador esta mañana. Siempre me preguntan por la edad: qué me importa que tuviera 88 años, este tipo debería haber sido eterno; eterno su cuerpo enjuto y fibroso; eterna, con él, una mujer mostrándole el sexo o tumbada en un sofá, cualquier amiga, su hija. Retratar de la forma en que yo querría: descarnadamente, mostrando, revelando.

El primer libro de arte que tuve fue uno dedicado a él.

Retrato de Kate Moss

Me lo mostró Nerea, como antes, Joan me había mostrado a Egon Schiele, que me recuerda a él. Luego ya supe que era nieto de Freud, que pintaba de pie y frenéticamente, porque la pintura era la persona. Me asombra. Siempre me ha asombrado porque ni siquiera puedo decir que sus cuadros me gusten.  Me atraen y me repelen y me obligan a seguir mirándolos y a analizar las pinceladas, todo a la vez.

Si algo es verdad -decía- golpea de una manera mucho más fuerte que si sólo es un hecho.

jueves, 21 de julio de 2011

Antígona del siglo XXI

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No estoy acostumbrado a trabajar en eventos de este tipo.

Emilio del Valle dirige y escribe, con Isidro Timón. Y crean o recrean un texto de Sófocles con reminiscencias de Esquilo. Blanca Portillo lo dijo: "Lloré como un bebé". Y yo, que soy una descreída con lágrimas difíciles, asistía escéptica a los monólogos, a la declaración de intenciones del coro, a las palabras de ese Tiresias hablando de José Couso, de las noticias como espectáculo, de apagar la cámara porque lo que no se cuenta no existe y lo que no se nombra no existe y lo que no sale en la tele no existe. Antígona llegaba muy desnuda ya antes de quitarse la ropa. Y nos fue desnudando a todos. Por el amor. Y las lágrimas fueron surcando las caras, calladas, despacito.

Luego llegó la fiesta. Estar con los amigos, abrazar, dar las gracias, bailar con desinhibición, reír mucho, el llanto que se transforma en felicidad y la cabeza que quiere recordar un texto hermoso y publicarlo y releerlo.


Me harían falta mil años para explicar con palabras lo que siento por ti, pero me sobraría un minuto para poder verte otra vez.

lunes, 18 de julio de 2011

La libreta de Shakespeare

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12 de junio de 2011


Vuelvo a escribir en la libreta de Shakespeare que me compré hace cuatro años y vuelvo a hacerlo en el aeropuerto de Sevilla. Son las siete y media de la mañana. Mi viaje, mis vacaciones, comenzaron el viernes, con la boda de Charo y Antonio, en el castillo de la Arguijuela, cantando Jai Ho y bailando con una perfección inusitada Cheek to Cheek mientras por detrás, en una pantalla, Fred Astaire hacía lo propio en la más mítica escena de Top Hat.

Lo demás se resume en bailes, falta de sueño y croquetas del Eslava, amén de una protesta en el Ayuntamiento de Sevilla.

Ahora me hago mi propia guía de Barcelona. Para no cumplirla. Como siempre.

jueves, 14 de julio de 2011

Asteroide 1583 / ¿Para qué? / Antígona de Mérida

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Es un guerrero. Se llama Antíloco, guarda un dolor de cinco mil años y está enamorado. Quiere contar su verdad, lo mismo que la esclava de Andrómaca nos muestra cómo, si somos espectadores, nunca pasa nada.

Últimamente no paro de ver soldados. En Game of Thrones, por ejemplo. En Antígona de Mérida: nacionales, milicianos. El honor. El dolor. La guerra.

No sé por qué me gustan tanto las espadas.

Sí sé por qué disfruto. Incluso cuando no he disfrutado, cuando quería que se acabara. El teatro me hace ver quién soy. Lo que podría ser. Me cuenta. Y me obliga. Ahora, a ponerme en la piel de un hombre, con la sensibilidad de un hombre y con la sensibilidad de un actor que dice no estar en su mejor momento, precisar de una armadura, y que habla del miedo a mostrar su vulnerabilidad. Volvemos a transitar sobre el miedo. El miedo del día del estreno. El miedo a no haber captado bien qué quería contarme alguien. El miedo a no saber cómo transmitirlo. La cobardía que no se admite.

Las excusas. Una y otra vez.

Quizá sí sea posible elegir.


miércoles, 13 de julio de 2011

Sheet Music

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Hola, Olga.

Buenas, el-más-humano-de-los-replicantes.

 
Hoy hace un año de eso. Durante este tiempo, he aprendido, por él o gracias a él, cuál es la cara de Charles Burns; qué es una prótasis y qué una apódosis; a utilizar varios programas de ordenador y un sistema operativo nuevo; que Santiago García es el Trajano Bermúdez a quien leía tanto de pequeña y que hay quienes montan revistas de cómics cuando los demás tocan en grupos de rock. También sé de los mecanismos censores cinematográficos en Estados Unidos, de varias de las exposiciones que se montan en Nueva York y cuál es la programación del Metropolitan. Siempre pido crónicas de todo eso.

Hoy hace un año. Ha traído a gente a mi vida. Ha perdido el tiempo explicándome un sinfín de cosas simples. He descubierto que siempre tiene razón. Incluso cuando no la tiene. Me ha hecho reír a carcajadas. Ha trasteado con mis fotos. Ha formado parte diaria de lo que ha pasado por mí y en mí este tiempo.

Eso ha tenido alguna consecuencia. 

Lo que ocurrió malo fue menos malo porque él estuvo ahí.

jueves, 7 de julio de 2011

Ya estamos aquí otra vez

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Ya estamos aquí otra vez.

A las once de la noche, en la puerta de actores, la puerta lateral, con la arena entre las sandalias, los cables por el suelo, los auriculares, te entra o no te entra, el sonido está bajo, qué te ha parecido, cómo la ves... Se suceden los nombres: Calixto Bieito, Mario Gas, Tomaz Pandur (soy yugoslavo y Yugoslavia ya no existe), Blanca Portillo, Rafa Castejón, Julio Bocca, Ángel Corella, Helena Pimenta, Laila Ripoll, Alicia Hermida. Se suceden los nombres y los ritos. Brindar en los estrenos con los amigos. Comentar las obras de teatro. Tomar una copa en la terraza antes de volver a trabajar, dormir muy pocas horas; elegir la obra a la que mimar, porque siempre hay una obra a la que mimar. Sentir que da igual: que dan igual los cambios, porque va a transcurrir un año más y siempre habrá ese cosquilleo cuando comienza el Festival de Mérida: siempre ese cosquilleo, siempre la misma pena cuando acaba.

Y el aprendizaje. Lo que aprendo de teatro, de esta manera de mirar la vida de forma distinta.

domingo, 26 de junio de 2011

35

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Hoy es mi cumpleaños.
35.
Eso que está ahí arriba soy yo. Y comienza a gustarme mucho esto de buscar la visión que perdí cuando era niña.
Llevo celebrando el cumpleaños quince días, de la mejor manera que sé. Con amigos.

lunes, 6 de junio de 2011

De 2007 a 2011

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En 2007, escribí ocho cosas que no he hecho últimamente o nunca y que me apetecen.
He sonreído mucho al verlo.

1.- Vivir completamente sola en un espacio abierto que pueda considerar propio. Y no me refiero a comprar una casa. Yo con un piso amueblado (pero amueblado bien: nada cutre) me conformo.
Ya vivo sola, desde hace un par de años. Y desde el primer día pienso que se me tiene que ir mucho, mucho, mucho la cabeza para volver a compartir mi espacio con alguien.


2.- Viajar. Viajar sola. Que eso es un problema, porque soy mujer. Me refiero a viajar, no a desplazarme para ver a los que están lejos. Y me refiero a viajar sola porque no tengo pareja y me temo que no voy a tener a nadie con quien viajar.
Me fui a Nueva York. Y me voy a París.


3.- Ponerme a dieta. Tener la suficiente fuerza de voluntad para ponerme a dieta y perder los treinta kilos que me sobran (que todo el mundo dice que no son tantos, pero son treinta, os lo digo yo, que soy la que los peso) y estar monísima de la muerte. Bueno, monísima no. Delgada. Que es distinto. En fin: que esto no me apetece una mierda, pero tengo que hacerlo.
Estoy en ello. He perdido seis kilos. Me siguen sobrando 24.

4.- Tener un trabajo de lo más estable, con unos horarios definidos, con tiempo libre para ir al gimnasio, leer, cocinar y asumir lo que pienso que es "una vida adulta" y que algunos de mis amigos (algunos de mis amigos con casa propia, pareja y queriendo tener niños, que tiene bemoles la cosa) definirían como "una vida burguesa".
No tengo trabajo estable, pero sí horarios definidos. Mi vida tampoco es adulta. Creo.

5.- Leer. Leer sin que nadie ponga la tele, sin que nadie te moleste porque estás muy callada (¡coño, estoy leyendo!) y escribir en las mismas condiciones.
Hecho. Vivo sola.

6.- Aprender a mirar para hacer fotos (que debería ser cuando tenga un trabajo estable por fin y pueda ahorrar para comprarme una cámara digital réflex).
Tengo dos réflex. Sigo sin saber hacer fotos. Sé mirar fotos, pero no mirar a través de un visor.

7.- Ir a Suiza y tomar un café con una persona a la que no voy a ver nunca. Esto lo quiero desde hace siete años y no va a ocurrir, pero lo sigo queriendo. Antes vivía en Madrid, ahora en Suiza, así que me cae más lejos. Pero tuve la mala suerte de conocerle por internet y él no conoce a nadie en la vida real a quien haya encontrado por la red. Así que me moriré sin oírle la voz ni ir con él al cine ni mirar un atardecer extremeño lila. Y la verdad es que genera una frustración horrorosa. Se pasa con el tiempo, porque ya hace siete años y no afecta tanto. Pero desgasta que es una barbaridad. A él no, digo: te desgasta a ti. Que es peor, dónde va a parar.
Eso sigue igual. No la he visto nunca ni la voy a ver. Han pasado once años. Por el camino, me encontré con otro con el que tampoco me voy a tomar un café.

8.- Esto... No se me ocurre nada. Aprender. Ésa es la octava. Aprender muchas cosas. Más bien, aprender todas las cosas, porque desde hace no sé cuántos años -no lo quiero ni pensar- estoy completamente plana y estancada.

Se supone que aprendo, pero nunca tengo la sensación de estar aprendiendo nada.

jueves, 2 de junio de 2011

Barcelona

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La semana que viene me voy a Barcelona, con una promesa incumplida porque sí he tardado cinco años en volver. En Barcelona está mi más viejo amigo, que no el más antiguo. Le conocí por la red, porque yo a la red nunca le agradeceré lo suficiente algunas cosas, en el mismo tiempo en el que Neno llegó a serlo todo (todas las palabras, todos los libros, todo el cine y todas las ideas) y me dibujó sin haberme visto nunca, con el yin y el yan en un ojo y en el otro una paloma. Guaya, que en realidad se llama Joan, me lleva 38 años, pero yo no lo sabía cuando debatía con él de política y de literatura y de normalización lingüística y de sida y de homosexualidad. Yo lo supe mucho, mucho más tarde.

En Barcelona también está mi amigo más joven. Se llama Pablo y escribe y un día me preguntó por qué escribía yo (porque siempre lo he hecho, cariño: no hay otra razón). Pablo me gusta porque me recuerda a lo que yo fui hace diez años y porque es mucho más valiente de lo que yo lo fui y porque hay textos suyos que me hacen mirar el ordenador con la mirada que yo pongo cuando sé que voy a aprenderme un texto o una cita: cuando algunas palabras van a empezar a formar parte de mí.



A Pablo lo encontré en el mismo lugar que a Marc y a David. Marc siempre ha sido una mano, un corazón muy grande y mucho cerebro. Y David... bueno: estos dos llevan tantos años en tantos sitios (un foro de cine, Facebook, blogs, Flickr...) que a veces sé que me los voy a encontrar en cualquier parte.

Varios años más tarde llegaron los demás. Silvia y sus crónicas, Carlos y su agudeza. Y Miguel, que lleva mucho tiempo resolviéndome problemas, de varios tipos. Y Pertur. Y Emiliano, al que tengo muchas ganas de volver a abrazar. Y Neus, a la que quiero escuchar de nuevo. Y Rubén, Dwaitt, que me acoge en su casa porque desde que nos leímos por vez primera en el Foro de Nueva York caímos rendidos el uno a los pies del otro.

Y un niño pequeño al que no sé si voy a retratar, al fin.



Hay un par de razones por las que voy ahora.

De todos modos, la razón principal es un hombre.

Y no vive en Barcelona.

lunes, 30 de mayo de 2011

16

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De mis 16 recuerdo varias cosas y, salvo una pelea con un profesor que duró todo el año y con el que me reconcilié más tarde, todas tienen que ver con la misma persona. Él de espaldas, mirando unos árboles (la memoria guarda fotografías, no películas): "qué bonito es esto, qué bonito". Sonriendo mientras me respondía: -¿qué te estás leyendo? -Las obras completas de William Shakespeare. Tocando la guitarra, cantándome Yolanda (años más tarde, varios años más tarde, dos amigas mías se la aprenderían para cantármela como regalo de cumpleaños en lo que ha sido, hasta la fecha, de hecho, uno de los mejores regalos de cumpleaños que he tenido jamás), enseñándome quién es Silvio Rodríguez y que, ciertamente, nadie canta Al Alba como Rosa León.




Esos son mis recuerdos de los 16. Y una libreta con músicos de jazz en la que me escribió para decirme que con él había hablado mucho pero con los demás no y que terminaba con un te quiero.

Siempre me ha pasado eso. Al final, sospecho, cierta clase de hombres me recuerdan los unos a los otros. Carlos me recuerda a José María que me recuerda a Jordi que me recuerda a Raúl. O quizá es que a mí solo me gusta cierta clase de gente.

Luego yo me largué a Sevilla y nos vimos una vez cada dos años. Hace más de una década que no me lo encuentro. Me he acordado de él de tanto en cuanto, muchas veces. Ni siquiera sé por qué ocurre que haya gente que sigue siendo importante en tu vida o para tu vida sin que les hayas visto más después.

Hoy me he topado con su blog, en la red: "La última vez que te vi fue en televisión, comentando sobre los Carnavales, con la misma voz dulce y la misma mirada inteligente".

Ni siquiera pensaba que se fuera a acordar. Pero me ha respondido con un enlace a Google Maps: la calle donde nos vimos por última vez. Yo ni siquiera había comenzado a trabajar. Luego me iría a Melilla.

Me he pasado el día sonriendo. Resumiéndole qué he hecho desde que no le oigo cantar. Y diciéndole lo que ya sabía: que me gusta mucho desde hace mucho tiempo.

martes, 24 de mayo de 2011

Que sí, que yo ya lo sé

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Que al final las asambleas se transforman en aparatos, cuajados de estructuras de poder. Que todo movimiento tiene unos líderes. Que el pensamiento único también se filtra en quien quiere ser revolucionario. Que tendemos a imponer nuestras ideas sin escuchar, porque no sabemos escuchar. Que estamos llenos de prejuicios. Que cambiar el mundo es imposible. Y cambiar el sistema quizá también lo sea. Que una democracia solo es participativa si hay personas que quieren participar. Que la horizontalidad es muy bonita pero no es efectiva (y sin embargo, hubo una vez un pueblo que no conocía la palabra jefe). Que va a haber que luchar contra nosotros, también.

Yo ya sé todas esas cosas.

Pero no puedo quedarme en casa.

Y no voy a quedarme en casa.

jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia Real Ya. Y una asamblea

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No recuerdo el tiempo que hace que no voy a una asamblea. Creo que la última fue en otoño. Un otoño sevillano, fresquito, en la Alameda de Hércules, cuando iban a cambiar la fisonomía de la plaza. En todas las ciudades que amo, en las dos que amo, se dedicaron a sustituir la vida por granito, para impedir que la gente estuviera en la calle, se sentara en los bancos. Se confina al ciudadano al espacio privado y luego, a muchos les coge con el pie cambiado que decidan tomar el espacio público.

 Imagen del País, de Samuel Sánchez.

Hoy voy a una asamblea. Me manipula no recuerdo quién, porque yo no tengo pensamiento propio, ya lo saben. De hecho, llevan tanto tiempo manipulándome que nadie entiende que pueda decidir, individualmente, sumarse a una protesta sin unas siglas detrás, sin una organización registrada y subvencionada detrás. Esta clase política censora, que gusta tanto de prohibiciones hipócritas, piensa que todos somos niños de teta. Procuraron que así fuera: crea un pueblo inculto y tendrás una población adocenada.

Comenzaron hace mucho: al principio, se nos miraba con simpatía, a los antisistema. Huy, pues esta gente ha creado el Foro Social; huy, pues esta gente protesta en Seattle. Qué monos son, quieren un mundo más justo. Y luego, la etiqueta.

Antisistema. Primero, con mucha gracia. Luego antisistema ha llegado a sonar tanto a terrorista que todos se apresuran a decir que no son antisistema. Yo sí lo soy. A mí este sistema, que me lleva negando el futuro más tiempo del que puedo recordar, me ha dado siempre un por culo que no veas.

jueves, 12 de mayo de 2011

Srta Bradshaw

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No vive en el 66 de Perry Street, pero se está quedando en el Upper West Side. Allí, en la calle 73, hay un Alice's Tea Cup que podrá servirle, quizá, de refugio contra las tormentas. Porque va a haberlas y ella lo sabe y porque la primera llamada a casa cuando una ha decidido irse seis meses siempre resulta dura y porque no están los de siempre y...



Se dejó el alma en ese lugar hace mucho tiempo, como la dejé yo, que todavía deshojo la margarita sin comprar un billete de avión porque me dan miedo las negativas que pueda encontrarme. Se dejó el alma y fue a recogerla. Por si seguía allí, agazapada entre los árboles de Riverside Drive, en alguna de las verjas de Pomander Walk, en Central Park o en el puente de Brooklyn.

O en Times Square. Cuando llegó, le hizo una foto a esa esquina bulliciosa y escribió: "I'm at home".

Estoy en casa. Con toda la mezcla de nervios, de miedo, de expectación y de alegría.



Lo he dicho muchas veces. A ti también. Que las ciudades se llevan dentro, niña. Cuando llegué, me sorprendí a mí misma sabiendo que Nueva York me había enseñado a mirar de otra manera y que había pasado a formar parte, en 20 días, de esos lugares donde soy más yo. Como Sevilla. Como Madrid.

Volverás a pasear de noche, con calma, por el Financial District. Volverás a pasar calor, a descubrir cómo llegan el verano y el otoño, a ver la exuberancia humana de Bryant Park: lloverá y hará sol. Te desesperarás. Y será duro. Pero a mí eso no me importa, porque me importan más la valentía, el afán de búsqueda que tú sí tienes y yo perdí, las risas y los amigos que te esperan. Los que vendrán. Tu manía de comenzar una y otra y otra vez.

Ya lo sabes. Aunque el techo se te caiga a pedazos, qué bueno es estar en casa.

Ve al Legal Grounds. Que te sirvan un café y un muffin de canela. Salúdame a los niños. Y cruza el Puente de Brooklyn por mí.

Feliz cumpleaños, Bea.

lunes, 9 de mayo de 2011

Sarah Kay y diez cosas que son verdad

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1.- Que existe al menos una persona encima de la Tierra que no me va a traicionar.
2.-  Que cierta clase de ideología y las personas que la sustentan me dan pavor.
3.- Que el machismo se interioriza.
4.- Que escribir me evita los naufragios. O los hace menos malos.
5.- Que si te metes un pico con aire no te mueres.
6.- Que no hay nada mítico en cierta clase de misterio.
7.- Que me puedo enamorar de un guión, una canción, un personaje, como no voy a enamorarme de nadie real.
8.- Que la gente, en general, no me gusta. En particular me gustan algunos.
9.- Que necesito, para viajar, una cámara, una libreta y un bolígrafo.
10.- Que me gustaría mirarte. Uno de estos días.

sábado, 7 de mayo de 2011

Al otro lado

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No voy a encontrarte.
Pero miro tus fotos. Un beso, una caricia, una voz que me gusta como me gustan tus manos.
Hago una lista con todas las cosas que no haré.
Viajaré a dos ciudades buscando rascacielos, una niebla, caminar hacia el agua, un edificio plateado que brilla como brillan los tapacubos de los coches, una cupcake de zanahoria y un parque con tableros de ajedrez.

Quiero cruzar contigo el puente de Brooklyn.

lunes, 25 de abril de 2011

Los desconocidos son amigos...

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Los desconocidos son amigos a los que nunca nos han presentado.
Walt Whitman.


A mí la gente no me gusta. Así, en general. En grupo pueden producirme auténtico pánico. Pero no se me nota, nunca se me nota, porque hablo mucho para no decir nada y porque, cuando estoy aturullada intentando cuadrar mi idea con la realidad que tengo enfrente, me largo a un bar, me tomo un ron, me tomo otro y se me olvida el miedo. O no. Pero lo parece.


Ha habido ochenta. Ochenta, ochenta y algo. A la inmensa mayoría ni les había leído. A otros sí y nunca tuve de ellos la imagen que otros mantienen. Llegó mi capitán, con esas manos que hablan y que no he podido retratar. Y llegó Carlos, por supuesto, Gayolopez. Y nos reconocimos. Al final siempre reconoces a la gente. A los que te gustan.


Jamás hubiera podido encontrarlos de otra manera. De pronto te encuentras tomando un café con alguien que te desbroza y te recuerda que si les das importancia a algunos, lo que estás haciendo sin pretenderlo es otorgarles poder. O caminas hacia el hotel, los pies doloridos, contando cómo funciona el mundo en el que estás. O asistes a una explicación sobre tarjetas de color y cartas grises, con esa manera que tiene Neus de contarlo todo tan claramente. Te despiertas porque Jocana te despierta ("los de Badajoz también duermen"), abrazas dos veces a Amparito en la despedida, intentas aprender un poco de valenciano mientras te ríes, compartes muchos ratos con Vigape para descubrir que su frialdad es timidez y ternura y escuchas a Joan Carles tocar el clarinete.



Nos vemos en el foro, dicen. Y es cierto. 

Me faltan fotos. Tendría que haber bailado un pasodoble con Pacosoriano (aka Pacocoñocallate) y haberme despedido de Pilar. Me quedo con las ganas de que me cuenten ciertas historias, aunque me haya venido con la del quarterback y la rubia, y lo demás. Un hijo escritor, una relación de 42 años, algunos gaperos reunidos, Gomendio acogiendo a todo el mundo, Begoña abrazándome antes de estallar, Javiermol (aka Mol) dándome mistela y descifrar qué quiere decir la firma de Megacampiona. Y la comida con Ramón y Cani, Carmen nombrándome mascotas; las gotas de la lluvia, el agua cayendo, el Vostell con mi cámara muerta, Vigape y yo escapándonos al lavadero de lana, Jocana intentando apresar el conceto que llevó a Vostell a hacer todo eso y los chistes del último día, Venexia fumando sin parar (organizar la próxima quedada es un palo que solo se calma con tabaco), las parejas que han creado el foro y las quedadas, lo interesante que es José Luis con sus catorce años y las ganas que tengo de volver a retratar a Nekane y la investidura de Urko como Pecanor. Mucha gente, muchas anécdotas, pinceladas que se volverán a repetir, o no, en próximos encuentros. Sin saber qué saldrá de todo esto, después del cansancio y de las fotografías.

Ha estado muy bien. Y ha parecido tan corto...

Otras crónicas: La de Urko.

jueves, 7 de abril de 2011

Una extraordinaria alegría de vivir

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Os explicaré cómo me asalta el deseo de hacer una fotografía. A veces es como la continuación de un sueño. Una mañana me despierto con una extraordinaria alegría de vivir.
Robert Doisneau (1912-1994).

Me gustan los libros porque puedo ser otros. Y escribir porque puedo apresar a otros, y a mí misma, como no soy capaz de hacerlo de ninguno de los muchos modos que existen. Conozco gente cuya mente está poblada de imágenes: reconocen las ciudades sin haberlas pisado nunca, pueden imaginarse tal y como eran hace veinte años, archivan fotogramas como yo me aprendo los poemas. Esa extraordinaria alegría de vivir puede ser, también, la extraordinaria alegría de escribir. Y de decidir querer escribir de otra manera.

De repente, se me apareció el recuerdo.
Marcel Proust (1871-1922)

Escribir fija la memoria. La fotografía fija la memoria. Y, durante todo este tiempo, memoria y fotografía y testimonio han significado casi las mismas cosas. Yo compré una cámara por eso. Para poder escribir, también, como escribo con un bolígrafo, un teclado, una pluma. Para aprender un idioma. Para reconocer unas reglas. Para poder contar lo que veo cuando escribo o lo que no sería capaz de contar escribiendo.


El elemento más importante en una fotografía no puede ser definido.
Auguste Renoir. (1841-1919)

Punto de vista desde la ventana de Le Gras. Así se llama la fotografía más antigua que se conserva. Ocho horas de exposición desde allí y desde ninguna otra parte. ¿Escribir para contar qué? ¿Desde dónde se mira? ¿Hacia dónde? Acaso puedas reconocerte en las imágenes viejas, como no lo haces nunca en los viejos textos que tú has escrito.

La imagen es de Nicéphore Niépce y es, precisamente, claro, "Punto de vista desde la ventana de Le Gras".

lunes, 4 de abril de 2011

Después

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Después de los besos, los abrazos, las miradas. Después de que te claves dentro de mí. Después de atenazarte con mis piernas. Después de que me inundes. Después del abandono y los gemidos. Después del cansancio y las lamidas y las chanzas. Después de que disfrutes, justo después, podrías hacerme una de las cosas que más me gustan.

Cuéntame tu historia.

Imagen de remed_art.

jueves, 31 de marzo de 2011

Dos amigas

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Yo, ya lo sé, nunca me pondría unos zapatos como esos.

Pero la última vez que vi la luz, esa clase de luz, yo estaba con otra mujer, con varias copas de más y una ronquera más que considerable, contándonos la vida que nos vive y la que les vive a otras mujeres que están cerca. Pidiendo opinión y siendo leales, a las cinco y media de la mañana, después de haber estado caminando por Sevilla con un amigo con el que bailé.

No recuerdo cuánto tiempo hacía que no bailaba con nadie. Y que no hablaba de la muerte y del dolor y el desamor y el cambio que solo es posible con violencia y la rabia y los suicidios.

Luego llegué y la abracé y la besé y sus ojos se rieron, porque ella ríe con los ojos. Y le conté.

A mí me costó mucho estar así de abandonada con otra mujer, saber que forma parte de ese círculo luminoso que va a ser un colchón blandito en las zozobras, porque, durante mucho tiempo, ellas no me gustaron. Tardaron mucho, algunas, en transformarse en la mejor parte de mí, en la gente en la que me miro y reconozco.

Me he acordado, al ver esto.

Es la primera vez que me dedican una foto.

Hoy he estado leyendo un artículo de una fotógrafo de guerra, Lynsey Addario. Habla de cómo y por qué cubre una guerra una mujer. Hay una frase que me gusta: "People think photography is about photographing. To me, it’s about relationships".

He tardado un tiempo en comprender algunas cosas. Por qué me gustan las fotos que me gustan. Que hacer fotos y escribir eran solo una manera de contarme porque contarme siempre me ha sido complicado. Por qué, cuando otros fotografían flores o pájaros, yo les miro a ellos. Por qué me gusta la gente que me gusta. Y a qué clase de gente le gusto yo.

Gracias, Carlos.

La foto es de Carlos / Gayolopez.

martes, 29 de marzo de 2011

Marilyn

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La fotografió Bert Stern para la revista Vogue, seis semanas antes de morir. Cuentan que había unas botellas de Dom Pérignon, una suite -la 261 del Hotel Bel Air- y un cuerpo desnudo que era luz en el objetivo. La mujer que entornaba los ojos, la del lunar cerca del labio y el pelo rubio platino que siempre llegaba tarde, aparece con un pañuelo de rayas y una cicatriz en el costado. Un pecho más pequeño que el otro y más caído, algunas arrugas marcadas, el paso del tiempo y un costurón grande y bien visible.

Era, sigue siendo, el mayor mito sexual de la Historia.

Hoy la hubieran retocado con Photoshop.

Imagen de Bert Stern.

viernes, 25 de marzo de 2011

Cosas de las que no hablo con nadie

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(Normalmente): De que me gustan los dibujos de Fernando Vicente; de que, cuando salen Spike y Willow en Buffy, yo me lo paso mejor; del tufillo fascistoide y mesiánico que me jodió Battlestar Galactica y dejó de hacérmela redonda (aunque siga estando enamorada de Starbuck: o de la primera Starbuck) -por mucho que yo comprenda, bla bla bla, que en época de crisis, bla, bla, bla, la gente se aferra a la religión, y más bla-; de que me convertí en una experta en porno con trece años; de que Auden es capaz de traspasarme por la mitad; de la manera en que me enamoré de Athos hace ya mucho tiempo; de que algún día me gustaría hacer una buena foto en Nueva York; de que me gusta hablar con los chicos de Extrebeo porque puedo nombrar a superhéroes y decir "Chris Ware" o "Art Spiegelman" o "Krazy Kat" o "Midtown Comics"; de que a veces recito poemas en voz baja por la calle.

De que hay ciertos días que puedo llorar con cualquier cosa.

Con cualquier cosa. No por cualquier cosa. La charla con Enrique Bordes y Fermín Solís (al que nunca le agradeceré lo suficiente lo mucho que me hace crecer y lo bien que me lo paso hablando con él) está aquí.

El dibujo es de Fernando Vicente.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Elizabeth Taylor

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No he visto Cleopatra, pero recuerdo haber sonreído mucho cuando la vi, en pantalla grande por vez primera, en Los Picapiedra. Tenía, eso ya lo saben, los ojos más bonitos del mundo. Y una de las voces más personales que he escuchado jamás. Crecí con Gigante, con La gata sobre el tejado de zinc, con Un lugar en el sol, con Ivanhoe y con Quién teme a Virginia Woolf. Y, por supuesto, viendo la naricilla de Amy en Mujercitas, aunque yo siempre prefiriera a Jo March.

Me gustaba mucho esa mujer. Montgomery Clift, que también me gustaba, la llamaba Bessie Mae. Un día se irán Lauren Bacall, y Sophia Loren y, cuando eso pase, sí que nos habremos quedado solos.