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miércoles, 11 de julio de 2012

Citas (II)

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Noche minera a su paso por la Gran Vía. Foto de Juan Luis Sánchez, de Eldiario.es

Un amigo al que admiro y al que quiero, que tiene nombre de pez: Una noche para la historia y una mañana en la que, tanto la marcha minera como las declaraciones de Rajoy en el Congreso, resuenan como la metáfora de una invitación: BIENVENIDOS/AS A LA LUCHA DE CLASES.

Un tipo que se va a quedar sin trabajo si no accede a las exigencias del Gobierno: "Pues me quedo sin trabajo. Yo no les voy a dar el gusto a estos fascistas".

domingo, 13 de marzo de 2011

Madrid

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Madrid es besar a Nerea y que Jesús me bese, apretar la mano de Begoña y colegir, con Tormentito, que el 85 por ciento de la gente es gilipollas y que, del resto, hay muchos que no nos caen bien. Es reconocer en Cristina a la persona con la que me intercambio ocho correos diarios y ponerle cara a Nacho. Hablar con Pepe de música. Que Kois me baje la persiana para que el sol no me despierte. Probar platos nuevos y hablar un ratito, avergonzada, con el dependiente de The Comic Co. sobre "La vida es buena si no te rindes", de Seth, que me he traído a casa después de que Nerea se lo haya ventilado apresuradamente, como antes leyó algunos U que también están ya conmigo.


Esa foto de la Plaza Mayor tiene una gota en medio porque llovía. No he hecho muchas más fotos y ninguna salvable: hacía tiempo, mucho tiempo, que no pasaba tanto frío en Madrid y que el tiempo no era tan desapacible.

Es testimonial. He vuelto a ir, claro. Yo siempre vuelvo.

domingo, 31 de agosto de 2008

Kois

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Cuando le conocí, hace ya varios años, no sé si seis o siete, me habló muy poco pero no se durmió durante la charla. Ese día yo tenía una verborrea incontrolable, como siempre que la timidez me vence (porque a mí la timidez me vence, pero no me impide) y él, que es tímido de verdad, se mantuvo callado mientras yo me agobiaba por momentos. Quizá nos preguntábamos lo mismo: quiénes éramos y por qué nos eligió ella, a él como pareja, a mí como amiga; si nos gustaríamos él y yo o qué podría pasar a partir de entonces.


Meses después, cuando me contó la historia de Seco y de aquella pantera rosa que hacía agujeros en la realidad, encontré un peluche que le mandé en una caja, con una tarjeta que él no le ha dejado leer a mi amiga jamás, porque es privada y es íntima. Este fin de semana -los míos ahora duran de lunes a miércoles- la he vuelto a ver, en la estantería de su cuarto, y me ha hecho ilusión, porque a mí me hacen ilusión estas cosas tontas.

Kois me ha dado un abrazo. Nunca me había dado un abrazo antes. Ya soy yo, supongo, yo un poco aparte, y no esa amiga de su novia por la que ella deja de hacer planes con él cuando llega a Madrid para quedarse muchos días sin avisar. Me dio un abrazo al verme, me preguntó los planes y me dio otro al despedirse, después de un paseo por Madrid en el que yo descubrí no que la quiere, que eso ya lo sabía, sino que la admira como la admiro yo y que le jode su inseguridad porque está convencido -como yo- de que es un genio creativo, brillante, inteligente, sensible y culto.

También he aprendido, con él, a pasear por las calles de una ciudad para hacer un trabajo de campo y observar cómo se utiliza el espacio, qué movimientos inmobiliarios hay, dónde se ponen las putas, qué tipos de negocio tradicional conviven con los bares más modernos y qué hace falta para que una ciudad sea habitable. Y me ha llevado a una librería feminista para que yo comprara libros de Hanna Arendt y Judith Butler y viera cajas con la imagen de Carmen Martín Gaite, María Zambrano, Virginia Woolf y Carson McCullers. "Esto te va a gustar y no lo conoces": y tenía razón. Aunque lo que realmente me ha gustado ha sido descubrirle a él. Y sentir por él, a la vez, respeto, alivio, ternura, admiración.

viernes, 22 de junio de 2007

Tengo que ir a Misa

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-No puedo quedar a comer: tengo que ir a Misa.

Lo dijo Kois, que significa "pez" en japonés, y que es un apodo heredado de su abuelo. Nosotras no fuimos. Nosotras somos Nerea y yo. Nerea sale con Kois. Nerea y yo nos conocimos en una Pascua, celebrando la Semana Santa, en marzo de 1994. Perdimos la fe al mismo tiempo, pero nos quedó algo. A ella, la conciencia que le hace ser una militante activista de movimientos sociales en Madrid. A ambas, el sentimiento íntimo de comunidad que sólo surge con alguna gente; cierto sentido de trascendencia; el cariño que sentimos hacia ciertas figuras (curioso: la mayoría, jesuitas, por qué será...): Monseñor Romero, Ignacio Ellacuría, Pedro Casaldáliga, Leonardo Boff, Jon Sobrino, el Padre Arrupe, Uta Ranke-Heinemann. Alguno excomulgado, otros llamados al orden, una y mil veces. A estos nombres se unen otros tres: Javier Baeza, Enrique de Castro y Pepe Díaz. Son curas. Trabajan en la parroquia de San Carlos Borromeo, de Madrid. Y el día que Kois tenía que ir a Misa, una Misa que duró tres horas, venía el gran jefe. El señor Rouco Varela en persona. El que está aquí arriba, fumando, es Enrique.

Misa, manifestación por la vivienda, cena en Vallecas, porque a Kois le hacía mucha ilusión llevarme a Vallecas y charla. Kois habla siempre muy pausado, argumenta mucho, es radical, se ríe, pero pocas veces le he visto con ese brillo en los ojos y esa pasión hablando de Enrique de Castro. Cenábamos con ateos que dicen que Enrique, Javier y Pepe son sus curas y que San Carlos Borromeo es su parroquia. Que en la Misa, muchas madres hablaron de sus hijos, drogadictos; que los musulmanes le dijeron a Rouco (hay 180 personas empadronadas en la parroquia) que ellos creían en Alá, pero que un sacerdote cristiano, católico, les había ayudado; que vino gente de todas las redes sociales que tienen contacto con ellos y que alguien pidió perdón, de parte de la Iglesia, a las mujeres, a los gays y lesbianas, a los pobres.

Hoy me he tomado un café leyendo a Jon Sobrino, una entrevista que publica el diario El País. Y me acuerdo de un párrafo de la carta que le escribió a Kolvenbach, a su general: "Si me permite hablarle con total sinceridad, no me siento “en casa” en ese mundo de curias, diplomacias, cálculos, poder, etc. Estar alejado de “ese mundo”, aunque yo no lo haya buscado, no me produce angustia. Si me entiende bien, hasta me produce alivio".

Los movimientos sociales surgieron de los cristianos de base. Por eso me hace gracia cuando algún niñato (porque suelen ser niñatos) alternativillo se pone a criticar a los curas, sin tener ni idea de dónde viene el germen de lo que él cree. También me hace gracia que me pregunten si soy religiosa cuando digo que dos de mis poetas favoritos son San Juan y Sor Juana Inés (de la Cruz). La estrechez de miras. La absoluta verdad que el que no cree en Dios cree poseer, cuando lo suyo no es más que otra creencia...

Ésta es la voz de Javier Baeza, uno de esos curas. Si queréis firmar, podéis hacerlo aquí.