viernes, 15 de febrero de 2008

Por qué escribes


Odio el té rojo. Nunca tomaría té rojo. Verde, blanco o negro. Mejor verde con hierbabuena y azúcar negra o negro, paquistaní, hecho en agua, con un chorro de leche. Ahora, con sacarina líquida concentrada, cuatro gotas exactas. Antes, con dos cucharadas o un sobre de azúcar. Y, mientras bebo té, fumo. Y fumo mientras escribo.


No sé por qué escribo yo, así que no te puedo contar un cuento. Sólo sé que es íntimo. Que, durante mucho tiempo, fue mi única manera de decir y que hoy, cuando ya he aprendido a hablar, sigue siendo mi mejor modo de comunicar lo que me importa. Al final, es lo mismo: escribo porque siempre lo he hecho, por ninguna otra razón. Otros comienzan en la adolescencia: yo lo hice en cuanto pude empuñar un bolígrafo. Un castigo a los siete años, una semana sin entrar en la habitación en la que escribía -dio igual: lo hacía en clase: una hoja para los apuntes, la otra para lo que yo quería decir-; ciento y pico de páginas cohesionadas a los diez (que perdí) y un sinfín de cartas más tarde, muchos cuentos cortos e historias de los lugares que habité. Escribía porque leía y porque no sabía pintar, como no sé tantas otras cosas. Y ahora, décadas más tarde, confío más en lo que me muestra esto que en las palabras habladas de los otros. No puedo hacerme una idea completa de alguien hasta que no le he leído. Y me acerco a ellas como quien se acerca a los descubrimientos.

Me tomo un té contigo. Y te veo el intento y te palpo la vergüenza, que no sé si es vergüenza o es pudor. Me gusta lo que veo y lo que intuyo. Pero sé que no se puede explicar, ni siquiera delante de un té a distancia. Ni siquiera cuando se disfraza como otra manera de devolver lo que te dieron, de aventar la soledad, de estar solo del todo y contundentemente, de conseguir amigos o de que los amigos te conozcan mejor y sepan quién eres. Sólo es eso: la necesidad de vivir más y de nuevo cuando escribes.

21 comentaron:

Arriero dijo...

Está visto que hoy no es mi día. El té no puede entrar en mi cuerpo; yo soy del cafelito, en cualquiera de sus múltiples facetas.
Me alegra saber que la escritura ha sido tu pasión desde pequeña; se me quita un peso de encima y ya sé de dónde te viene "el arte" con el boli o el teclado.

La fotografía es preciosa; creí que eras tú, hasta que he "pinchado" en ella. ¿Rubia o morena?. Es igual, de vez en cuando me gusta "joer" un poco. Arriero.

Juanma Ríos dijo...

Cómo me recuerdas a mí... Yo también me muevo mejor entre las palabras escritas, hasta el punto de que una vez, una chica a la que amé, me preguntó que por qué escribía "tan bien" y sin embargo me expresaba tan mal al hablar, que por qué me costaba tanto expresar mis sentimientos en vivo, sin un papel por delante, o por qué hablaba tan poco teniendo tantas cosas que decir.

Con toda la sinceridad del mundo le contesté que no lo sabía.

No le gustó la respuesta.

Un besote.

Pablo dijo...

Vaya, con todos los tipos de té que hay, y fui precisamente a dar con el que no era.

"Sólo es eso: la necesidad de vivir más y de nuevo cuando escribes."

No había mejor manera de cerrar el texto.

Puntos de vista y ... nada más dijo...

"No puedo hacerme una idea completa de alguien hasta que no le he leído."

Bonita frase. Imagino que es un poco metafóricamente porque hay muchas personas que no escriben ni con bolígrafo ni con teclado. Pero las personas sí que escriben y lo hacen de muchas maneras: Algunas sólo saben hacer borrones con cada idea que se les ocurre y hay quien te mira, cierra los ojos, esboza un intento de sonrisa... y ha escrito ya sus obras completas.

Los viajes que no hice dijo...

Arriero, yo también soy de café (y de té), jamás colgaría una foto mía en Internet ahora, quien sale en la foto es un chico desconocido para mí y el color del pelo me lo reservo, que no quiero dar más datos de lo necesario. Además, dicen que el físico no importa, ¿no? Eso dicen (eso mienten, añado yo).

Juanma, yo también me expresaba mejor por escrito. Ahora ya no: aprendí a hablar... Pero, de todos modos, no me extraña que no lo supieras. Lo que me extraña es que no le gustara la contestación. Pero en fin: hay quien pregunta y luego desdeña la respuesta...

Pablo, lo hermoso es que me imaginaste. Leyéndote. Aunque fuera con un té equivocado. Y sí: creo que escribimos para vivir más y mejor. De hecho, las épocas de mi vida en las que no he escrito (que han sido pocas) están desdibujadas... Hay una frase tuya que me encanta y que me grabé: "La mitad de lo que soy está hecha de palabras".

Puntos de vita, no es nada metafórico: es real como la vida misma. Si alguien no escribe, no me puedo formar una idea completa de él. Cuando hablo de escribir me refiero sólo a eso: a escribir. Aunque sea un correo electrónico. De hecho, siempre he leído a las personas importantes de mi vida. Me faltaba una, pero hace poco creó un blog...

Anónimo dijo...

Mi equivocación con la foto me reafirma en mi primera impresión: es un tío guapísimo con rasgos muy femeninos. Soy miope.

En el caso que nos ocupa, el nuestro, el físico me importa un pimiento; escribes de "lujo".

Voy a tener que cambiar de seudónimo, ya que he visto dos iguales. ¡Hay que joderse que poco original!. Arriero.

Los viajes que no hice dijo...

Puedes poner Arriero cuando mandes el mensaje, en lugar de Anónimo, como ha hecho Pablo. Y sí: el físico importa un pimiento: sobre todo, cuando la otra persona está detrás de un ordenador y no hay posibilidades de encontrarse nunca con ella.

Arriero dijo...

¡A tus órdenes!. Te voy a contar una anecdota. Cuando yo era muy joven llegué a un gran pueblo extremeño; me alojé en una pensión y me encontré con la mujer más fea que he visto en mi vida. Con el paso del tiempo y la amistad, hoy es para mí una mujer preciosa. Aunque mi relación es de amistad en la lejanía, su silueta me transporta a otros mundos...en ocasiones. De vez en vez nos vemos y nos queremos mucho. Ella no se ha tocado el físico, aunque puede incidir que trabaja en un sector, el docente, que me inspira una cierta ternura. Saca las conclusiones que te apetezcan, que para nada están en contraposición de la curiosidad malsana. Un saludo.

Los viajes que no hice dijo...

Bueno, pero es que a veces la curiosidad sólo se queda en eso: en curiosidad. Esto es lo que hay: en internet no hay caras: sólo letras.
Y tampoco te supondrá mucho saber si soy castaña, morena o pelirroja: al fin y al cabo, sólo es un color de pelo.

Arriero dijo...

Creo que estás demasiado tiempo con la escopeta cargá; ¡relájate!. De verdad que me da igual como seas y quien seas; mucho mejor así, con el secreto de esta vía de comunicación, no vaya a ser que luego me dé corte decirte hola. No pondré más ejemplos. Un saludo. Arriero.

Los viajes que no hice dijo...

Con ciertos temas, sí, tengo la escopeta cargá. Cerré el otro blog, en el que estaba inmensamente cómoda y era mío, por la cuestión del anonimato. No me apetece que nadie venga a preguntarme cómo soy, ni quién soy, porque llevo sólo once mensajes en éste y no me apetece tener que cerrarlo tampoco...

Arriero dijo...

¡Punto en voz!

Los viajes que no hice dijo...

A ver si es verdad...

Arriero dijo...

Será verdad porque me convierto en lector.

Los viajes que no hice dijo...

Hombre, yo me refería al tema de "de qué color tienes el pelo" y "quién eres"...

Ricardo Colomer dijo...

No sé desde cuando escribo, posiblemente desde siempre, bien o mal, no lo sé y quizás tampoco me importe, lo hago porque me siento bien haciéndolo y tampoco le busco más vueltas al asunto. Lo que sí sé, es que lo llevo en la sangre. Mi padre es lector voraz y de ahí me viene la afición a la lectura y mi madre siempre ha escrito como los ángeles, aunque es de las que lo hacen y después, muy dobladito, lo guardan en la mesilla de noche. Pero cuando cumplí 18 años me regaló una carta, una carta escrita en una hoja tamaño cuartilla de cuadritos pequeños arrancada de algún cuaderno de los muchos que ella usa. Nunca, por mucho que escriba a lo largo de mi vida, seré capaz de expresar en tan pocas líneas tanto sentimiento como lo hizo mi madre en ese regalo que, por supuesto guardo como oro en paño y cada vez que lo leo se me humedecen los ojos de la emoción.

Besos

Los viajes que no hice dijo...

Ricardo, qué buen regalo. Yo creo que también es eso. Que uno lee y después escribe. Claro que los hay que escriben sin haber leído un carajo, y así les va... A lo mejor cuando tengas tu niño le escribes una carta como ésa...

Ana dijo...

Porfavor .. sigue escriendo niña.

Para mí escribir es la mejor herramienta para descubrirme ... es flipante lo que encuentro y descubro de mí cuando me leo... a veces me doy miedo jajajaja.

Besote.

Los viajes que no hice dijo...

Ana, yo empecé a escribir por eso, supongo. Como terapia. Para salvarme la vida. Y también descubro mucho de mí cuando me leo... O descubro la mejor parte de mí cuando me leo (y, a veces, en determinadas épocas, la peor parte de mí también).

Ana dijo...

Idem.
Besín.

Los viajes que no hice dijo...

Besín también para ti.