Volví a verlo todo. Con distintos bailarines en los papeles principales. Con Carmen Corella, de nuevo, intentando contenerse sin conseguirlo (qué manera de contar una historia: las zozobras, la pasión, la urgencia, el dolor de la despedida). Volví a verlo todo sin parpadear, a ver dónde ponen el pie y cómo se colocan, y pensé en las horas de trabajo, la dieta, los ensayos, los viajes (hoy estarán en Mérida y mañana van a Olmedo), el peligro de la carretera, el exilio, el desarraigo, la incomprensión y todo lo que sigue: lo que no adivino siquiera.
Pero luego salió esa mujer. Es pequeñita, tiene una cara muy dulce, debe de ser muy joven y parece un junco. Se llama Kazuko Omori y ya dije que se confundía con el suelo y las columnas del teatro romano de Mérida en Clear. Mucho del mérito, en esto, es suyo. El resto, también, es de los magníficos, insuperables e hiperprofesionales técnicos de iluminación, que deberían haber bajado también a saludar.
La vi, decía, con Ángel Corella en Diana y Acteón y hubo un momento, varios minutos, en que se me olvidó mirar a Corella y se me olvidó mirar sus pies. A esa mujer habría que ponerle unas gafas de sol cuando sale a bailar. Sale sonriendo, sonríe a todas horas, pero no es eso lo que impacta. Es la manera en que se le ilumina la cara. Y la manera en que tú descubres que se te está abriendo la boca porque la felicidad de otra persona, alguien a quien no conoces, te está haciendo muy feliz a ti.
Qué importará el sacrificio, pensé. De Japón a Flandes, de Flandes a España, todo el rato hablando un idioma que no es el suyo y la lucha por llegar, por no ser mediocre y las horas practicando un giro una y otra vez sin que salga y las lesiones y la falta de tiempo para todo lo demás. Qué importa.
No recuerdo haber visto nunca a nadie a quien le brillen los ojos así.
Actualizado: May me manda dos enlaces sobre Ángel Corella. Uno es su reportaje Gracias, Ángel. Y el otro es la dirección de la propia FotoEscena, pero de su foro, un foro magnífico (del que yo a veces no entiendo ni papa, por cierto), y magníficamente bien moderado, cosa que es de agradecer.


