Hay varias personas con quienes yo comento este dolor inexplicable. El mismo que con Hierro o con González, el mismo que tendré con Gamoneda o con Serrat. Porque tengo la suerte de que casi todas las personas de las que me enamoré murieron hace ya muchos años. Dickens, Dumas, Woolf, Pessoa, Cernuda, Juana Inés y Juan de la Cruz, Vallejo, Tagore, Rilke, Wilde, Twain. Esta gente, ya saben. "Se nos ha muerto Benedetti", le he dicho a Nerea. "Otra vez la tristeza", me ha dicho Sonia, entre exabruptos. Me manda un mensaje Maricarmen: "¡Hoy es un día triste! ¡Benedetti siempre nos dejará su: yo te quiero un poquito más que el resto del mundo! Un beso enorme". Pupe también manda mensaje: "Hola, cariño: ¿cómo llevas lo de Benedetti? Menudo palo".
Los amigos. Ésos que saben, al final, y dan el pésame.
Recuerdo el entusiasmo (la irrupción en un aula donde mis amigos hablaban de sus cosas) con que terminé Vaivén, que le copié luego a Sonia en una libreta en mis tiempos de amanuense. Recuerdo el sillón de mi casa en Reyes lleno de sus libros. Recuerdo versos suyos de memoria, desde hace años. Recuerdo el cabreo y el desdén con que le contesté a quien me dijo que era un poeta para adolescentes (en aquella época leía yo a Ovidio, Walt Whitman y César Vallejo: poetas para adolescentes, también, supongo: a Benedetti llegué mucho más tarde). Recuerdo la expresión "Los formales y el frío", en los dedos de Neno hablando de un alejamiento.
Al final, ciertos escritores se transforman en colegas y los citas cuando hablas con tus colegas y ellos saben a quién te refieres y por qué y qué significan en tu vida y en tu construcción del mundo.
Ahora tengo que hacer un programa dedicado a él y llevo desde las ocho de la mañana tragándome las lágrimas...
Equipos y estrellas
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No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se
prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas
individuales a ...
Hace 4 días


