El puente de Brooklyn, para mí, es más neoyorquino que la Estatua de la Libertad, que pertenece al mundo. Nueva York es una promesa y, más que ninguna otra ciudad, es la certeza de la vida que no tendré. Y que quizá me hubiera gustado.
Creo que la gente va allí buscando algo. Unos, la taberna donde Dylan Thomas se murió de absenta. Otros, el Empire State. O el Moma. O Wall Street, Harlem, Manhattan. La oportunidad de su vida. Un trabajo. El sueño americano. El amor. La Quinta Avenida. El Metropolitan.
Yo he conocido esa ciudad, sobre todo, deseando lo que ya perdí. No sé cuándo iré. No sé siquiera si iré. Pero alguien me regaló un paseo por el puente de Brooklyn, como si yo fuera otra persona, la mujer ideal que nunca seré, y no sabe cómo se lo agradezco.
domingo, 25 de octubre de 2009
New York, New York
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10/25/2009 08:48:00 p. m.
Etiquetas: Blogs, Lugares, Nueva York
viernes, 27 de marzo de 2009
Equilibrio
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La felicidad, a veces, sí, huele a azahar en Doña Elvira, porque hace muchos años que Santa Cruz no significa nada y que no duele y la luz amarilla se vierte a plomo sobre el puente de Triana y la orilla del río aún no está llena de mosquitos y se puede repostar en cualquier cafetería.
Sevilla y Madrid son las dos ciudades a las que más he escrito porque allí viven las dos personas que me faltan. Si estuvieran en otro lugar, ese lugar sería también mi casa y caminaría por las calles con esa plenitud y no querría encerrarme nunca entre cuatro paredes, catorce horas en los bares, caminando, viendo a los amigos por los que no pasa el tiempo, echando de menos el albero de la Alameda y los botellones a las once de la noche en El Salvador y sintiéndome en paz, completamente en paz y más yo, desde el justo momento en que veo la Giralda.
Equilibrio. Sevilla y Madrid se llaman equilibrio.
La imagen es de mi última visita a Sevilla: mi estampa favorita de la Giralda, desde el patio de banderas. Ya lo sé: no hago buenas fotos y ni siquiera las trato después con el Photoshop, porque no sé usarlo. Pero son mías.
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3/27/2009 06:36:00 p. m.
Etiquetas: Lugares, Madrid, Maricarmen, Nerea, Sevilla, Tyrion
jueves, 2 de octubre de 2008
Lisboa
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10/02/2008 06:06:00 p. m.
jueves, 21 de agosto de 2008
Boquerones fritos
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Si fuera a Madrid por primera vez, no dejaría de visitar la Plaza Mayor, el Madrid de los Austrias, el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía y quizá algún convento. Hace quince años que no piso el Palacio Real y el mismo tiempo que no entro en ninguna de sus iglesias. Salvo en la Almudena, ese monstruo horrible con aquel retrato de San José María Escrivá de Balaguer, canonizado por un Papa muy popular al que yo no le vi nunca maldita la gracia y que nos hace recordar a todos que no sufriremos los rigores del infierno. Si es que existe.
Me quedan pendientes la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Museo Nacional de Artes Decorativas, pero la ciudad que yo habito se mueve siempre entre unos pocos barrios -Chueca, Vallecas, Lavapiés-, en algunos restaurantes de comida internacional -esos vídeos musicales afganos, impagables, Dios-, tres o cuatro cafeterías imprescindibles y varias tabernas con vermú de grifo.
En ninguna ciudad he caminado tanto, en pocas me he emborrachado más a gusto y sólo alguna más tiene ese asombro nuevo de lo cotidiano. Ahora sólo tengo un plan, porque Edward Steichen me espera en el Reina Sofía. Pero eso sí.
Me muero por un café con leche, en taza grande, y una buena tapa de boquerones fritos en el Café Gijón.
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8/21/2008 06:37:00 p. m.
viernes, 1 de agosto de 2008
Madrid
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Madrid es una mujer de voz dulce, que ve películas a las doce de la noche, en versión original: Bergman, Tarkovski, Antonioni, Tavernier, Dreyer. Es una mujer que descubre pizzerías, que me acompaña a conciertos, que es capaz de beberse conmigo una botella de vino y reírse y reírse y reírse y mirarme con ojos dulces y abrazarme mientras duerme y cuando nos damos los buenos días. Madrid es una habitación con una cama roja que es mi casa, porque ella es mi casa desde hace catorce años, y porque cuando llego parece, como siempre, que nunca me he ido. Y es un libro de Cortázar y una canción de Silvio y un tema de Rachmaninov para los porros y un ordenador lleno de collages de fotografías y una asamblea para hablar de asociacionismo, del compromiso social, de cómo demonios podemos cambiar el mundo, o alguna de nuestras circunstancias, de cómo se pueden tomar las calles, de qué necesidades puede tener un barrio.
Al final, Madrid siempre me espera.
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8/01/2008 08:46:00 p. m.
viernes, 28 de diciembre de 2007
De museos y viajes
6 comentaronMadrid me mata y me destroza los pies: el Prado es mareante: demasiada gente, pero relativo silencio: en comparación, el Thyssen parece una tasca. No compro ningún catálogo: pesan demasiado. Nerea ha tenido que dejarme dos maletas y no sé cómo voy a acarrear las cosas. Veo los dibujos de Durero y las pinturas de Cranach, el Viejo y el Joven, y algunos otros cuadros de pintores alemanes que me hacen sonreír porque ahora sé de dónde saca la Viuda algunas de sus imágenes contundentes. Ayer fue el turno de Velázquez, la piel de gallina de nuevo cuando veo al Cristo, como me pasó a los 17, y todos agolpados ahora, otra excursión de instituto, delante del Jardín de las Delicias de Hyeronimus Bosch. Después -después de Velázquez, después de los maestros del XIX, después de los Grecos del Prado- paso por delante de Tiziano y Tintoretto, muy rápido porque estoy harta de cuadros y porque el Prado necesita de las horas más despejadas del día, de muchos días, para no saturarte. Pero busco a Van der Weyden, por supuesto, para detenerme un rato ante esas telas de relieve y estudio la composición de algunos lienzos, la regla de los tercios, las líneas de fuga, el uso de la luz. En los dibujos de Durero eso es imposible: son de decorado de película fantástica, mil detalles, aquí un perro, allí un cántaro, allí una hierba, un río desdibujado, una montaña...
Fotos y cuadros y esculturas. Luis Ramón Marín, 1908-1940, Ramón Gómez de la Serna en un circo y Josephine Baker, un cuerpazo, en su camerino, y los desayunos de Alfonso XIII. Como en El Vesubio, de nuevo. Lo complicado que resulta encontrar un sitio donde permitan fumar en Madrid. Debería haber bares con sillones para echar una siesta, sobre todo cuando llueve.
Como sola, una lasaña. Al lado hay un grupo de chicos que hablan de cine: de Spielberg, de Tarkovsky. Uno lleva la voz cantante, cigarro tras cigarro, muy guapo, muy apasionado; dos no abren la boca en el tiempo que dura la comida y él se va, me sonríe, le dice a sus amigos que vean Beau Geste y desaparece. Me quedo sola con un grupo de chicas enfrente, pero su conversación es mucho menos interesante: creo que trabajan en una revista o en un medio de comunicación, porque una dice que ha hecho una entrevista y otra habla del departamento de diseño gráfico. Dentro de tres horas he quedado con Nerea y, aunque el ensayo de viajar sola no ha sido tal, porque he estado acompañada la mayor parte del tiempo, creo que tendré que empezar por países hispanoparlantes para no perderme -Begoña se ha quedado enamorada de Argentina y quiere volver más pronto que tarde- y que el agua caliente con sal va a ser la mejor compañera de mis pies.
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12/28/2007 02:45:00 p. m.
jueves, 27 de diciembre de 2007
El plan es sólo arte
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12/27/2007 04:11:00 p. m.
sábado, 22 de diciembre de 2007
La plaza y libros
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Me pierdo buscando la Plaza Mayor, que quería ver de noche y en la que ya no dejaré ningún beso. Hace demasiado que no vuelvo a Madrid, porque antes me sabía el camino de memoria y hoy he acabado frente a la puerta del Thyssen. Me duelen los pies desde hace tres días, pero camino sin parar y me detengo en el Canal de Isabel II para ver las fotografías de Don McCullin, que se anuncian con un gran: "¡¡Atención!! algunas imágenes pueden herir su sensibilidad" y yo me pregunto qué sensibilidad escapista tan fácilmente herible tienen algunos. Le han descrito Susan Sontag y John Le Carré. Fotografía hasta los paisajes en blanco y negro y la negrura de África y las muertes de SIDA y el llanto seco de un niño huérfano -¿cuántos años tendrá hoy, si es que vive?- y la matanza de Sabra y la guerra de Vietnam y Chipre en guerra y la construcción del muro de Berlín y el Checkpoint Charlie. Subo para ver todas las fotos, a pesar del vértigo -no te quedes clavada en medio de la escalera, no te vas a caer, sigue subiendo, respira, no mires abajo- y vuelvo a comprar el catálogo de la muestra y hago recuento: me falta el Prado, me falta el Thyssen, me falta Mapplethorpe, me falta comprar más libros (mi hermano vuelve a pedirme a Samuel Johnson), me quedan dos días, me estoy cayendo de sueño y son las siete y diez de la tarde, dentro de hora y media cojo el metro, podría pasarme por la Fnac y terminar las compras y seguir revolviendo libros y seguir fundiéndome la paga extra en bibliotecas...
Imagen de Don McCullin.
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12/22/2007 11:58:00 a. m.
Etiquetas: Fotografía, Lugares, m0ntaraz, Madrid
Aprendo a mirar II
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También están la lluvia y el frío y las paradas para comer (Madrid es muy sano, demasiado sano: no permiten fumar en casi ningún sitio) y el aire que se cuela en las rendijas y los carteles grandes, las firmas de ropa con ropa prohibitiva, el metro caluroso y esta forma de aprender a viajar sola sin estar sola del todo, porque llama Arwen, porque llama Sonia, porque son las cuatro y media de la tarde y a las nueve he quedado con Begoña. Pero sola veo Ocultos y sola veo las esculturas poderosas de Camille Claudel y sola leo sus cartas y como en Vitamina un buffet libre de ensaladas y en el mercado de Fuencarral me hago socia de Greenpeace y vuelvo a sacar mi libreta de Shakespeare para hablar de estas vacaciones en Madrid cerca de la Navidad.
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12/22/2007 12:06:00 a. m.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Aprendo a mirar
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Aprendo a mirar. Compro una libreta con las letras tachadas de William Shakespeare. Escribo en los bares, de nuevo. Recuerdo lo que han dado de sí tres días y medio: la desazón de las Vidas Minadas de Gervasio Sánchez, leer títulos de libros (y comprarlos: ensayos de Virginia Woolf, los dos volúmenes que me faltaban de Memoria del Fuego, de Galeano y varios otros que no puedo nombrar porque son regalos de Reyes; tres catálogos de exposiciones -la de Claudel, la de Gerva, la del paisaje que reúne a Pollock, Nolde -me he enamorado-, Munch, van Gogh, Constable- y alguno más, que dejo en Traficantes de Sueños -William Wordsworth: volveré). Y un café en el Café Gijón lleno de cuadros, la foto de Alfonso a la izquierda, cerillero y anarquista; tres ancianos hablando a borbotones, con la mirada lúcida y un vermú de grifo. Y un concierto divertido, emocionante, de los Flying Pickets, la voz como instrumento más bello del mundo; los nervios de Nerea con una hipoteca a nombre de su hermana y una posible nueva vida y un crédito ICO para un ordenador con el que ver películas y el Círculo de Bellas Artes y Bergman, y el Hostal Olga, donde eché mi primer polvo, y mil letreros divertidos en las calles (José Luis y sus Chaquetillas, Sailor y Lula) y el metro que te lleva a todos lados...
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12/21/2007 09:25:00 p. m.
viernes, 7 de diciembre de 2007
Agenda para unas vacaciones de frío
16 comentaronMe voy a Madrid una semana, acabo de decidirlo y de hablar con mi partenaire, que tiene que trabajar (pero que sacará tiempo para mí). Y, como además de pasarme por la 8 1/2 y de trastear en librerías, me apetece una visita culturo-festiva, apunto aquí lo que tengo que ver y a dónde tengo que ir para que no me ocurra como con la exposición de Roy Liechtenstein, que la última vez fui a verla justo el día que cerraba el Museo...

1.- Don McCullin. Sala de Exposiciones Canal de Isabel II -Santa Engracia, 125. Es uno de los mejores fotoperiodistas del mundo y me apetece mucho una exposición fotográfica.
- Hora: Martes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:30h; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00h; lunes, cerrado.
- Precio: Visitas guiadas gratuitas los sábados de 12:00 a 14:00 horas y de 18:00 a 20:00 horas y los domingos de 12:00 a 14:00 horas.
- Los Grecos del Prado
Fecha de inicio: 04/12/2007
Fecha de fin: 10/02/2008
Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
Precio: General, 6 euros. Reducida, 3 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77. - El siglo XIX en el Prado
Fecha de inicio: 31/10/2007
Fecha de fin: 20/04/2008
Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
Precio: General, 6 euros. Reducida, 3 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77. - Fábulas de Velázquez: Mitología e historia sagrada del Siglo de Oro
Fecha de inicio: 20/11/2007
Fecha de fin: 24/02/2008
Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
Precio: General, 8 euros. Reducida, 4 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.
3.- Durero y Cranach. En el Museo Thyssen-Bornemisza.
- Pases: De martes a domingo, de 10:00 a 19:00h; lunes, cerrado.
- Precio: Precio exposición temporal: 5 euros. Estudiantes, jubilados y mayores 65 años: 3,50 euros. Exposición temporal + Colección permanente, 9 euros. Reducida, 5 euros para estudiantes y mayores de 65 años. Exposiciones de la serie Contextos de la Colección permanente son gratuitas. La taquilla cierra a las 18:30 horas. Venta anticipada de entradas en las taquillas del Museo y en centros El Corte Inglés.
- Hora: Martes a sábado, de 11:00 a 20:00h; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00h; lunes, cerrado.
- Precio: Entrada gratuita. Reserva de visitas guiadas para grupos en el teléfono 91 374 66 53
5.- Gervasio Sánchez. Vidas Minadas. Diez años después. Instituto Cervantes. Alcalá 49.
- Hora: De lunes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00h; domingos y festivos, de 11:00 14:00h.
6.- Día 15 de diciembre. Shuarma. Sala Caracol. C/ Bernardino Obregón, 18.
- Hora: 22:30 horas.
- Precio: 15 euros.
7.- Día 16 de diciembre. Flyin Pickets. Sala Galileo. C/ Galileo, 100.
- Hora: 19:30 horas.
- Precio: 10 euros.
8.- Día 18 de diciembre. Dayna Kurtz en la Sala Clamores. Calle Alburquerque, 14
- Hora: 21:30 horas.
- Precio: 12 euros.
9.- La abstracción del paisaje. Fundación Juan March. Calle Castelló, 77. Es decir, aquí Turner, aquí Rothko, aquí Richter, aquí mi queridísima O’Keefe y mis no menos queridos Pollock, Gottlieb, Constable, Van Gogh, Klee, Munch o Kandinsky (mi partenaire se acordará de los debates que se marcaba, carta va, carta viene, con sus teorías sobre "De lo espiritual en el arte").
- Hora: Lunes a Sábado: 11.00 a 20.00 hs. Domingos y festivos: 10.00 a 14.00 hs.
- Visitas guiadas gratuitas: Miércoles y jueves: de 11.00 a 13.30 hs. Viernes: de 16.30 a 19.30 hs. Las visitas guiadas comenzarán cada 30 minutos, cada una para un máximo de 15 personas, por orden de llegada.
10.- Roma S.P.Q.R. Centro de Arte Canal. Paseo de la Castellana, 214.
- Hora: de lunes a domingo, de 10:00 horas a 21:00 horas.
- Precio: general, 6 euros.
11.- Exposición Ocultos. Son fotos de culos. De Robert Capa, Cartier-Bresson, mi Mapplethorpe querido, Man Ray...
- Hora: de 11.00 a 20.00 h. Miércoles de 11.00 a 15.00 h.
- Días: del 3 de octubre de 2007 al 6 de enero de 2008.
- Lugar: Sala de exposiciones de la Fundación Canal (Mateo Inurria, 2).
- Precio: Entrada libre.
Y porque me gusta el estrés de ocio.
Las fotos son mías, de una de mis últimas visitas a Madrid. No seáis muy crueles, que las he escogido de entre lo mejor.
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12/07/2007 04:19:00 p. m.
sábado, 3 de noviembre de 2007
Mi viaje perfecto III
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11/03/2007 04:37:00 p. m.
Mi viaje perfecto VII
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11/03/2007 02:49:00 p. m.
jueves, 25 de octubre de 2007
Ésta fue mi casa
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Allí viví yo. En el segundo piso, encima de los ventanales. Y me sentaba en ese balconcillo a hablar, por las noches, con mi compañera, una mujer menuda, es(tré)pitosa, apasionada, a la que le entraba el nervio a las tres de la mañana y con la que miraba la luna y el edificio de la UNED, con sus arcos ojivales y sus gárgolas.
Allí viví yo hace siete años. Me salvaron la vida tres hombres (un soldado, un sindicalista, un anarquista). Me llevaban diez años, los dos primeros, y dieciocho, el último. No es una frase hecha: me la salvaron de verdad. Hubo otros, porque en Melilla hubo mucha gente. Entre ellos, un tipo leal, con nombre de escritor, que me regaló el único anillo que no me quito jamás y la capacidad de no escuchar las habladurías que llevaran mi nombre. Pero también un periodista loco, que cruzó en coche el Parque Hernández y que me llamaba para ir a romper el ayuno en Ramadán. Y un chaval de quince años, internado en un centro de menores, con el que miré los dibujos que hacía la sangre del cordero en el sacrificio de Aïd El Kebir.
Melilla fue también un grupo de gente desperdigada, de amigos contingentes a los que da igual el tiempo que hace que no veas. Fue el descubrimiento, la madurez, el aprendizaje a base de problemas, problemas y más problemas, el desarraigo, la búsqueda, los amigos. Fue la supervivencia, porque es una ciudad sin ley y allí cada uno se hace las leyes como puede. Hubo otras ciudades después, pero ninguna que recuerde tanto como ella, ninguna que me haya conformado tanto -salvo Sevilla y quizá-, ninguna tan determinante. Porque allí estaban Ángel Castro y sus obras de teatro maravillosas para sus niños de La Salle; Vicente Moga pidiéndome libros descatalogados y el director de cierta institución, de la que no voy a decir el nombre, dando órdenes de que me llevaran a la Biblioteca para que cogiera cuanto quisiera porque era yo y le gustaba leerme.
Melilla fue el té con hierbabuena, que los cristianos no sabemos hacer; fue aprovechar el día de inicio del Ramadán para tomar, con dos amigas mías musulmanas, todo el cerdo y todas las cervezas del mundo; fue un niño perdido que siempre estuvo ahí en la sombra, para que yo me diera cuenta, meses más tarde, de que había estado ahí siempre, con los brazos prestos, el abrazo grande, el beso y la caricia; fueron los viajes de Los Cuatro Carreteros hacia los acantilados de plata de Aguadú, el lugar más hermoso de la Tierra, los cortados donde se matan los inmigrantes que llegan por mar o donde aparece algún cadáver de ajustes de cuentas de vez en cuando; fueron el faro del Hospital del Rey, los jeringos de Los Arcos, los desayunos en el Tropical Rudy; las tapas del Casino; el Palacio de la Asamblea y sus sillones; la frontera de Farhana y su hachís; las coreografías con Arwen en La Vaca; mil canciones que siempre me recordarán ciertos momentos; un mercado con especias olorosas y cien calles que no he vuelto a pisar.
Y ellos dos. Una vive ahora en mi misma ciudad. Otro está en Granada y ya he contado nuestra historia en este lugar. A él suelo verlo en las crisis, cuando acudo. Hace tres años que no ha hecho falta. De allí me los traje y se quedaron.
Hoy he visto la foto de mi casa y se me ha agolpado un año en dos segundos.
La primera imagen se la he robado a Arwen, que sí que ha vuelto a casa.
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10/25/2007 10:13:00 p. m.
domingo, 14 de octubre de 2007
Miranda del Castañar
23 comentaronHe aprendido a distinguir cuáles son los boletus más ricos, a caminar por los pueblos queriendo mirar de otra manera, a descubrir cinco colores distintos en una hoja de vid y a saber cómo se cazan los jabalíes en plena sierra, saliendo a por ellos, bicharracos de más de cien kilos a los que se espera por la noche, sin luz y en silencio.
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10/14/2007 08:39:00 p. m.
Etiquetas: Lugares, Miranda del Castañar














