
No hubo copa y no hubo puro, pero sí un reconocimiento, porque eso pasa a veces: las dos pensábamos que iba a ser un cafelito rápido, entre las compras navideñas, Reyes Magos van, Reyes Magos vienen, y nos plantamos en La Tetería (hacía siglos que no iba por allí) más de tres horas. Nos habíamos visto antes, en pleno frenesí de Ágora, durante una charla con Gonçalo M. Tavares, en la que terminamos cuatro personas hablando hasta las cuatro de la mañana de un día de diario, quitándonos la palabra de la boca, riéndonos à toa y abriéndonos de a poquito. Así que, como nos gustó, quedamos, pero sólo las dos, una tarde de lluvia en la que también hubo pastelitos de coco, café, batidos y té moruno.
Al final terminamos contándonos la vida, hablando de los vampiros psicológicos (había cosas que no contaba también desde hacía años: el resto de la gente que me acompaña se las sabe de memoria), pensando en lo que escribí esa vez, que los desconocidos son amigos que todavía no te han presentado; de la Facultad, de las ciudades que habitamos, de los jaleos que siempre ocurren en los pisos de estudiantes (que son siempre los mismos y siempre divertidos, porque al final todo el mundo acaba viviendo con auténticos locos), de la feminidad que se nos escapa porque nadie nos enseñó cómo hay que combinar un jersey y un collar largo y los tacones se nos resisten...
Como si nos conociéramos de toda la vida, oigan.
Geografía humana
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A algunos nos hubiera gustado dedicarnos a la geografía. Pocas áreas del
saber básico cuentan con tantas ramas y tienen para casi todos los gustos:
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Hace 1 semana


