
Este señor lleva en mi casa desde que nací. Desde antes de nacer yo, vive este señor en mi casa. Primero, en la habitación de mi madre. Luego, en la mía. Todos sus libros, todos, todos, sin faltar ni uno, uno detrás de otro, en ediciones de bolsillo y lujosas, con las páginas amarillas y como si se acabaran de recién comprar. Puedo recitar sus títulos uno por uno, de memoria. Y recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que lloré con Señora de rojo sobre fondo gris, que me parece el más íntimo relato de amor que haya escrito alguien jamás: "Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente". "Ahora no tendré a nadie a mano cuando me asalte el miedo".
Señor: le espero a almorzar en mi camareta a la una del mediodía.
Crisis humanitarias y de humanidad
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Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican
a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución se reduce a
ap...
Hace 3 semanas


