La capilla Mayor, que es una bestialidad ante la que podrías morir, se le encargó a Domenico Ghirlandaio en septiembre de 1485. Con contrato y todo: el contrato se conserva. Lo firmó con el banquero Giovanni Tornabuoni. Ghirlandaio contó con la colaboración de su hermano David, de su cuñado (que no era sino el mismísimo Sebastiano Mainardi) y dicen que, probablemente, de Miguel Ángel, que tenía 13 años recién cumplidos. Tardaron cuatro años y Ghirlandaio fue quien menos pintó. Están la muerte y la asunción de la Virgen, la Adoración de los Magos, la Matanza de los Inocentes, la quema de libros, el casamiento de María, la expulsión de San Joaquín del templo (que es un episodio de la Biblia que, curiosamente, desconozco -tengo que volver a leer la Biblia- y hasta el banquete de Herodes, amén de retratos de Tornabuoni y de Francesca Pitti-Tornabuoni. No se puede fotografiar muy bien porque no se puede pasar.
domingo, 18 de agosto de 2013
La capilla mayor de Santa Maria Novella
0
comentaron
La capilla Mayor, que es una bestialidad ante la que podrías morir, se le encargó a Domenico Ghirlandaio en septiembre de 1485. Con contrato y todo: el contrato se conserva. Lo firmó con el banquero Giovanni Tornabuoni. Ghirlandaio contó con la colaboración de su hermano David, de su cuñado (que no era sino el mismísimo Sebastiano Mainardi) y dicen que, probablemente, de Miguel Ángel, que tenía 13 años recién cumplidos. Tardaron cuatro años y Ghirlandaio fue quien menos pintó. Están la muerte y la asunción de la Virgen, la Adoración de los Magos, la Matanza de los Inocentes, la quema de libros, el casamiento de María, la expulsión de San Joaquín del templo (que es un episodio de la Biblia que, curiosamente, desconozco -tengo que volver a leer la Biblia- y hasta el banquete de Herodes, amén de retratos de Tornabuoni y de Francesca Pitti-Tornabuoni. No se puede fotografiar muy bien porque no se puede pasar.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
8/18/2013 07:00:00 a. m.
martes, 13 de agosto de 2013
Nardo y Andrea
0
comentaron
| Políptico de Andrea Orcagna |
Publicado por
Los viajes que no hice
en
8/13/2013 07:00:00 a. m.
viernes, 9 de agosto de 2013
Santa Maria Novella
3
comentaron
| Trinidad de Masaccio |
Publicado por
Los viajes que no hice
en
8/09/2013 07:00:00 a. m.
lunes, 5 de agosto de 2013
Jamie Cullum
2
comentaron
Siempre he querido ver a este señor. Siempre he querido ver a este señor y a Tom Waits. Y a nadie más. Bueno, sí. Una reunión del rat pack en sus mejores tiempos o a Billie Holiday envuelta en una boa de marabú con la voz llorando mientras me tomo una copa de bourbon (no sé por qué me lo imagino así: yo nunca he bebido bourbon).
Siempre he querido ver a este señor y Málaga es el hogar de dos amigos. Ese fin de semana -Jamie Cullum tocaba en Marbella el 27 de julio- me di cuenta de que todos, absolutamente todos mis amigos varones viven en otra ciudad. En Málaga, en Granada, en Sevilla, en Barcelona. Alguno a caballo entre dos sitios. Yo había planeado ir al concierto con uno de ellos, cuyo nombre es Raúl, un tipo al que da igual que no vea en dos años, que arregla una habitación de su casa para mí ("ya he pintado tu cuarto") y al que le acabo vomitando todas las mierdas del último bienio delante de una copa y de una manera muy calmada, porque es él.
Su jefe lo envió a Sri Lanka esa misma semana. Creo que voy a odiarle siempre por eso. Al menos, le envió con tiempo suficiente como para que nos viéramos el viernes. También conocí a Claudia (que, por cierto, tiene un blog de cocina vegana muy apañao. Ah. Yo también tengo uno) y estuve con Luis, para ver a Cloe, por fin, y para hablar de feminismo y literatura.
Yo solo hablo de libros con dos o tres personas, cuando se tercia. Ese tema es personal.
Málaga fue todo eso y también fue un concierto. En esta foto, se me puede ver.
Estuvo encima del escenario un par de horas y, cuando acabó, yo pensé: ¿Ya? No cantó But for now, porque tengo la manía de adoptar como canciones favoritas todos esos temas que no caben en un repertorio, pero sí High and dry, con If I ruled the world. Saltó, brincó, cantó, usó el piano como instrumento de cuerda real (es decir, tocando las cuerdas) y como elemento percusivo y sus músicos demostraron ser hombres orquesta. Y creo, que, en la tercera canción, me señaló y me sonrió. A mí nada más (y, si no fue a mí, amo los efectos ópticos que crea la distancia).
Pero hubiera disfrutado más si la gente no hubiera sacado ni sus cámaras ni sus móviles.
Debo de tener problemas de concentración, debo de estar transformándome en una asocial o no entiendo bien los modos de mirar de los jóvenes de ahora (tengo 37 años: hace mucho tiempo que dejé de ser joven). Ni de los viejos.
Vale. Sí. Yo lo hice una vez. Pero era Sonny Rollins, tenía mi equipo fotográfico encima, estaba en el Beacon Theatre y aquello no era un concierto normal. Aquello era un evento histórico. No es, yo qué sé, como cuando vas a un concierto de Iván Ferreiro, o de Coque Malla, y de pronto ves allí, en primera fila, a todo el mundo grabando (con calidad de imagen y de sonido penosas, por cierto) toda la actuación de cabo a rabo, a todo el mundo intentando que un móvil sin estabilizador, sin objetivo, sin nada, haga una imagen nítida y decente. Y todas esas lucecitas brillando a mi lado. Y los flashes desde lejos, comiéndose la luz cuidada que intenta crear una atmósfera determinada en una determinada canción. Gente que se acercaba a hacerse fotos con Cullum, gente que posaba debajo del escenario para inmortalizar el momento y vigilantes de seguridad que no decían nada ni de los móviles, ni de los flashes, ni de ese vaivén de fotógrafos aficionados debajo del escenario. Llamadas de teléfono incluidas, claro: "¡Estoy en un concierto de Jamie Cullum!". Y Twitter. Y el Facebook.
No entiendo qué lleva a gente que ha cumplido los 30 a comportarse de una manera tan absolutamente irrespetuosa y gilipollas.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
8/05/2013 02:18:00 p. m.
Etiquetas: Jamie Cullum, Música
viernes, 26 de julio de 2013
Javier Leoni
0
comentaron
![]() |
| Javier Leoni. La imagen la colgó La Nave del Duende en su Facebook. |
Me enseñó muchas cosas y debatimos de muchas más, verborreicos los dos, e implacables.
Esperanza Rayo me recordó lo que decía cuando nos lo encontrábamos en una obra de teatro: Vengo a aprender.
Mi concepto de los entresijos del teatro, de cómo se trabaja y por qué, le debe mucho a este hombre.
Y le voy a echar de menos.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
7/26/2013 07:12:00 p. m.
Etiquetas: Javier Leoni, Teatro
domingo, 14 de julio de 2013
Tolkien
2
comentaron
Hace mucho tiempo, en un Festival de Mérida en el que había un profesor de Clásicas al que yo tenía que atender porque iba a hacer unas críticas, mientras hablábamos de literatura, me dijo que los jóvenes no leían, en general -este tipo de charlas se tienen con generalizaciones- y que, claro, cuando leían, solo leían cosas como El Señor de los Anillos.
-No tienes ni puta idea de literatura.
Eduardo Segura ha traducido a Tolkien. Yo he hablado con él por La caída de Arturo, un poema inconcluso que acaba de editarse en español. Y, cuando estábamos hablando, se ha detenido y, con cierto asombro -me ocurre muchas veces- me ha dicho: "Me gusta mucho el enfoque que le estás dando a la entrevista, porque a Tolkien se le suele banalizar mucho".
Yo le debo a ese hombre uno de mis personajes favoritos, que no es Aragorn y no es Gandalf. Me enamoré de él por un párrafo, al inicio, unas pocas palabras que me han acompañado desde entonces, porque en ellas hay mezcla de orgullo y mezcla de dignidad.
-Tú no eres de aquí, no eres un Bolsón, tú... ¡tú eres un Brandigamo!
-¿Has oído eso, Merry? Fue un insulto, ¿no?- dijo Frodo, cerrando la puerta en las narices de Lobelia.
-Fue un cumplido -respondió Merry Brandigamo-, y por eso mismo falso.
Hemos hablado de la importancia de los medios de comunicación a la hora de transmitir la obra de un autor. De cómo la idea de Tolkien está, sí, profundamente mediatizada (la lucha entre el bien y el mal y ya está, las películas de Peter Jackson -Segura dice que, salvo genios como Malick y otros, se está olvidando la importancia de narrar en el cine norteamericano-) y de que ya hay opiniones que no cabrean.
Yo le debo haber creado Lothlorien, me ha dicho Jordi: Y también haber creado a Lúthien y a Beren. Y Antonio, al que no conozco aún, pero conoceré, me ha recordado el momento en que Frodo le perdona la vida a Zarquino y él le dice: Has crecido, mediano. Él le dio el libro a su hermana, que comenzó a llorar a moco tendido, a los catorce, con la balada de Frodo Nuevededos y el Anillo del Destino y él, que tenía cinco años más, quiso retroceder para volver a leerlo por vez primera y emocionarse tanto como ella.
Casi nunca hablo de libros así.
Al final, los mitos son una llave. Y esa llave implica que tú creces con ellos. Que, a los 13, no soportas a Boromir y luego, a los 30, descubres que tú también necesitas perdón y le entiendes. Y quieres ser Gandalf, y tener las riendas, o conocer a algún Gandalf, y conseguir un maestro y una guía y asumes la oscuridad de Aragorn, su camino de retorno, el peso que supone ser la única esperanza. Y también sabes que eres Sauron.
Sabes que eres Sauron, aunque quisieras ser Sam.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
7/14/2013 08:00:00 a. m.
jueves, 11 de julio de 2013
Fuegos
4
comentaron
![]() |
| Jero Morales |
Qué aburrido hubiera sido ser feliz.
Qué aburrido hubiera sido ser feliz y que el dolor no hubiera creado nada.
No resulta fácil transformar un espacio de tres mil butacas en un lugar íntimo y pequeñito. Ni que se te olvide que ahí, sobre el escenario, están Ana Torrent -soy Ana, soy Ana-, Cayetana Guillén Cuervo, Carmen Machi, Nathalie Poza y veas, realmente, a María Magdalena, a Marguerite Yourcenar, a Clitemnestra, a Safo de Lesbos. Ni que, de nuevo, como en tres o cuatro obras solamente antes de esta, hayas tenido la necesidad, la necesidad real, de dar las gracias a todos y cada uno de los miembros del equipo: desde el iluminador hasta los técnicos, desde el director -José María Pou-, hasta la productora.
Nosotros podemos hacer esas cosas, después.
A mí se me olvidó respirar.
![]() |
| Jero Morales |
Me daba cuenta luego, cuando era consciente de que me estaba quedando sin aire. Vi a María, la de Magdala, contenta y virgen como una niña chica, esperando su noche de bodas con Juan, el discípulo amado al que le repugnaban las mujeres y que la abandona para que ella caiga en brazos de otros hombres porque a veces el adulterio es otra forma de amor y porque, a veces también, pasas el tiempo acostándote siempre con la misma persona, aunque nunca estés con ella en una cama.
Yo no sabía que otro había amado a Juan antes de que yo lo amara, antes de que él me amara a mí. Yo no sabía que Dios era el remedio que buscan los solitarios.
![]() |
| Jero Morales |
Hemos escuchado muchas veces a Clitemnestra, allí. No: no la hemos escuchado a ella. Hemos visto lo que hacía, solamente. La mujer vengativa que mata a su marido porque él llega con otra, casi una niña, y porque él ha matado a su hija, a la hija de ambos, para ganar un botín de guerra.
Nunca se había puesto delante de mí para contarme su historia.
Las mujeres siempre somos malas.
Dejar de ser amada es convertirse en invisible.
Pero yo quería obligarlo a mirarme de frente por lo menos al morir: por eso lo iba a matar, para que se diera cuenta de que yo no era una cosa sin importancia que se puede dejar o ceder al primero que llega.
![]() |
| Jero Morales |
El desamor.
La creación. El trabajo de construir a un personaje que no sea, nunca, tan limitado como tú eres. Hacerlo caminar y controlarlo, para que te enseñe las cosas de las que eres capaz. Para que, escuchando, yo me acuerde de las noches de frío. De las veces que abandoné o me abandonaron. De la forma de reaccionar. De si el dolor te hace crecer o es únicamente dolor.
De por qué solo escribo cuando tengo que explicarme.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
7/11/2013 08:18:00 p. m.
Etiquetas: Ana Torrent, Carmen Machi, Cayetana Guillén Cuervo, Festival de Mérida 2013, José María Pou, Las noches entre las piedras del teatro romano, Marc Rosich, Nathalie Poza
lunes, 8 de julio de 2013
El Héroe
0
comentaron
Es el hijo de Zeus y de Alcmena y yo he crecido con él. Con el Anfitrión (Hércules, su hermano Ificles, Júpiter engañando a esa esposa abnegada). Euristeo, el primo cobarde al que hacen nacer antes para que reine en Micenas. Yolao. Hera, que amaba a Zeus y a la que él engaña para que amamante al que al final es hijo de otra y así nace la Vía Láctea. Ese tipo fuerte que es un semidiós pero que está roto por dentro, aunque no tenga la culpa.
La culpa.
Acabo de leerme El Héroe, de David Rubín, los dos tomos, uno detrás de otro. No suelo hablar de los libros que leo (si llamo "libro" a un cómic, ¿se ofenderá alguno?) y además, lo confieso, me acerqué a él con ciertas reticencias, porque no me suelo fiar -nada y nunca- de las críticas de cómics españoles.
Tampoco sé decir por qué me gustan las cosas que me gustan. A mí me hablan las tripas. Recordar una viñeta; quedarme sin respiración, literalmente, cuando Heracles mata a su esposa y a sus hijos; asistir al deterioro de la relación entre Deyanira y el héroe, sin Neso de por medio pero con Quirón, la absoluta fuerza de algunas escenas, el dolor frío de algunos dibujos, la manera de contar.
Y lo demás. Aquí los doce trabajos son lo de menos. Aquí se habla de miedo, de traición y de lealtad, de la infancia que se pierde, de la caricatura que los medios de comunicación pueden -podemos- hacer de hechos que merecen reconocimiento y admiración, de la pérdida del espacio público, de la inexistencia del espacio privado cuando eres una figura pública, de la caída de los dioses, del sexo como instrumento de control, de la falta de referencias, de qué se puede hacer con el libre albedrío, de cuáles son los mitos que nos acompañan, de escribir el propio discurso -ah, esa necesidad de tomar las riendas- aunque las circunstancias y la vida no acompañen y de que los monstruos somos nosotros y los monstruos también mueren.
Podría hablar del color -ese rojo y ese verde que ocupan páginas-, de la reapropiación de los personajes (con un Atlas que sujeta el mundo interior, más que el exterior y una Hera que parece una Medusa y un can Cerbero tierno que no deja de ser un cachorro) y de lo bien que dibuja este señor o del proceso creativo -y de maduración- que nos deja ver al principio y al final -sí, qué bien lo hacía Kirby y, sí, lo que cuesta parir una obra-.
Pero al final lo que yo quiero decir de esto es que hacía mucho, mucho tiempo, que no temblaba tanto al leer algo.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
7/08/2013 11:54:00 p. m.
Etiquetas: Cómics, David Rubín
sábado, 6 de julio de 2013
Cuando tocan los amigos
0
comentaron
![]() |
| OEX ensayando. La hice con el móvil, sí. |
![]() |
| Maribel Gallardo. Foto de Jero Morales. |
Publicado por
Los viajes que no hice
en
7/06/2013 12:08:00 p. m.
Etiquetas: Festival de Mérida 2013, Las noches entre las piedras del teatro romano, OEX, Orquesta de Extremadura
miércoles, 3 de julio de 2013
'El club de La Lonja', la crítica del Festival
0
comentaron
Este texto NO es mío. Es de mi amigo Paco Vadillo y se publicó en El Peristilo del Teatro Romano.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
7/03/2013 11:18:00 p. m.
Etiquetas: Esperanza Rayo, Festival de Mérida 2013, Inma Salguero, Las noches entre las piedras del teatro romano, Paco Vadillo, Sandra Hernández
viernes, 28 de junio de 2013
Orgullo
0
comentaron
| Wikipedia. |
Publicado por
Los viajes que no hice
en
6/28/2013 09:35:00 a. m.
jueves, 27 de junio de 2013
La utopía
4
comentaron
Publicado por
Los viajes que no hice
en
6/27/2013 12:05:00 a. m.
Etiquetas: Nueva York, Pepo Pérez, X
viernes, 21 de junio de 2013
Kim Thompson
0
comentaron
My heart just can't take this. Sorry to be emo, but fuck you cancer, fuck you fuck you fuck you
Janice Headley.
| Kim Thompson por Michael Netzer. |
Qué pena, coño.
Eso escribí.
![]() |
| Kim Thompson por Chris Ware. |
Kim Thompson.
Y en medios "tradicionales":
Kim Thompson, un reportaje que hice yo.
In Memorian: Kim Thompson.
Kim Thompson, crítico y editor clave en la historia del cómic.
*Louise Cooper, si es que ya lo sabía yo, murió en 2009. La actualidad y yo, esas grandes desconocidas.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
6/21/2013 12:06:00 a. m.
Etiquetas: Cómics, Fantagraphics, Kim Thompson, Periodismo
miércoles, 19 de junio de 2013
40
4
comentaron
| Jordi en acción, hace un par de años. |
Publicado por
Los viajes que no hice
en
6/19/2013 07:00:00 a. m.
Etiquetas: Cumpleaños, Pertur
miércoles, 12 de junio de 2013
Poesía
0
comentaron
Fui a Florencia pensando en que Rilke había estado allí antes que yo, decidiendo cuál iba a ser su futuro, intentando mirar como él miró al Perseo de Cellini, teniendo miedo de mis propias respuestas después de un abandono. Esta tarde he estado hablando de poesía. He estado recordando a Ángel Campos Pámpano, con sus amigos (escribir tal vez sea comparecer ante los otros / con los ojos más limpios). Me han estado recitando versos Basilio Sánchez (no hay nada razonable que no tenga una fuga) y José Manuel Díez (nunca más hablaremos de las cosas que amamos) y Miguel Ángel Lama y he amado Cristalizaciones y Baile de Máscaras lo mismo que antes amé 42, La caja vacía, Entre una sombra y otra. La periferia que es Extremadura, cómo el lugar inscrito te compone a su modo, por qué el íntimo misterio de una búsqueda, el mejor conocimiento que uno tiene de uno cuando lee lo que ha escrito.
Hoy he hablado de cosas de las que no hablo con nadie. De que a veces me aprendo poemas enteros, de que puedo recitarlos, íntimamente, por la calle. De Verlaine y de Rimbaud y de Llueve sobre los muros de la ciudad, que yo recité, también, cuando tenía 13, una noche de lluvia (Il pleure dans mon coeur / comme il pleut sur la ville). De lo bien que escribía Pardo Bazán (hay mil corrientes en mi pensamiento que solo contigo desahogo). De los hermanos que te conducen a libros.
Pero no les he dicho que fui buscando a Rilke.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
6/12/2013 09:37:00 p. m.
Etiquetas: Basilio Sánchez, Florencia, José Manuel Díez, Miguel Ángel Lama, Palabras, Poesía
jueves, 6 de junio de 2013
El sector impenetrable
14
comentaron
El periodismo cultural es muy raro. Siempre habrá personas, en la misma redacción, en cualquiera de las redacciones en las que puedas trabajar, que cuestionen cuál es tu concepto de eso tan amplio que se llama "cultura": por qué no incluyes gastronomía, moda o toros. Por qué quieres una entrevista con Manolo Escobar pero no con David Bisbal. Por qué Carlos Cano sí, siempre y por qué Pío Moa no, nunca. Por qué algo merece ser incluido y con otros algo ni te lo planteas. Por qué este poeta que ha publicado tres libros sí y aquél que lleva diez nunca aparece. Si las cosas son buenas solo porque a ti te parecen buenas.
Cuando entrevistas a alguien (y yo llevo unos cuantos pesos pesados, desde Antonio Gamoneda a Federico Luppi, desde Antonio Colinas a Achille Bonito Oliva, desde Gervasio Sánchez a José María Pou, Tomás Segovia, Blanca Portillo, Clara Janés, Román Gubern, Amparo Baró, Rafael Chirbes, Enrique García Asensio), siempre sabes que esa persona es mucho más lista que tú. Es más lista, es más inteligente, está acostumbrada a que le pregunten idioteces y siempre lo mismo y se enfrenta a las entrevistas porque la promoción es necesaria.
Nunca se nota. Gamoneda me miró un día y me dijo que le había hecho una pregunta muy inteligente; Luppi suspiró y dijo que mi primera cuestión era bastante compleja de contestar; Antonio Colinas salió de la entrevista y le preguntó a Luis Sáez, asombrado, de dónde habían sacado a esa niña. Ángel Campos Pámpano se asombró de que una becaria de 22 años supiera tanto de poesía y escribiera tan bien.
Esos son mis triunfos. Mis palmadas en la espalda. Las cosas que recuerdo cuando me enfrento a un tema o cuando me entra -porque me entra, porque yo soy insegura- el pánico terrible al "buenas noches" y a tener que empezar una charla con alguien con quien no he hablado nunca.
Alguno se asombra porque debe de estar acostumbrado a hablar con periodistas que no se han leído su libro. Nadie da por hecho que yo no haya leído nada en la vida. O que no sepa el significado de la palabra "expresionismo".
Salvo en un apartado.
El cómic.
El primer libro del que tengo conciencia es un volumen de El Hombre Enmascarado por el que supe qué era el ámbar gris. Me lo puso en las manos un señor de cincuenta y largos, supongo, que hizo las veces de abuelo y que murió. También me regaló a Flash. Luego, cada vez que nos poníamos enfermos, mi madre traía a casa a Spiderman, El Caballero Luna, Capa y Puñal, El Castigador, Batman, La Patrulla X, Los Vengadores, Ojo de Halcón, El Motorista Fantasma, El Capitán América, Spirou o Corto Maltés.
Esa gente es mi familia. Crecí amando a Wanda Maximoff y odiando a Cíclope. La primera vez que me di cuenta de que un tío era guapo fue viendo una viñeta de Spiderman, con un Peter Parker ya crecidito, vestido con un jersey azul de cuello vuelto, cuando Veneno no era Veneno siquiera. Recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que vi la cara del Doctor Muerte, de qué manera exacta se da cuenta Bernie Rosenthal de que Steve Rogers era el Capitán América y asistí con pavor infantil a la primera pelea de Ororo y Kitty Pride. Quise ir a Nueva Orleans y supe qué era un cajún gracias a Gambito, mucho antes de haber escuchado nada de jazz y, por supuesto, mucho antes de Treme y de Louis Armstrong. Crecí leyendo nombres como Chris Claremont, Stan Lee, John Buscema, Joe Kubert, Jack Kirby, Frank Miller, Alan Moore, Julián Clemente y Trajano Bermúdez.
Cuando estoy jodida, respiro y me repito como un mantra una frase de Lobezno.
El volumen más antiguo que se conserva en mi casa, de mi infancia, es El vástago de los 4 fantásticos, que se publicó en 1980.
Yo tenía cuatro años.
Según mis padres, llevaba un año y medio leyendo. Este mes hago 37. He leído cómics desde que puedo recordar y nunca he dejado de leerlos. Nunca. Jamás. Si no los compraba porque no los encontraba, los releía. Me sé Dios ama, el hombre mata de memoria.
Luego llegaron los demás. Llegó Seth y llegó Ware y llegó Satrapi y llegó, claro que llegó, el Watchmen y el From Hell, y Enrique Corominas y Carlos Giménez -a los que también he entrevistado- y Paco Roca y Fermín Solís y Harvey Pekar y Pablo de Santis y Juan Sáenz Valiente. Y no llegó Will Eisner porque también crecí con Spirit. Y con Blueberry. Y con Astérix y La pequeña Lulú.
Nunca lo vi raro. Ni cuando mis amigas se asombraban porque yo leía cómics de superhéroes y jugaba a indios y vaqueros. Ni cuando seguía coleccionando en la Facultad. Ni cuando, ahora, me recorro las tiendas de cómics con Nerea, en cuya casa están Píldoras azules o El Vecino, amén de muchos otros. La primera persona que me habló de Persépolis fue Begoña.
Todos mis amigos lectores leen cómics, novelas gráficas, tebeos o como lo queráis llamar. Los no lectores no leen.
Para mí es tan natural como abrir un libro de Pessoa. Me enamoro de Athos lo mismo que me enamoré de Danielle Moonstar.
Pero siempre que entrevisto a un comiquero da por hecho, siempre, que yo no he leído cómics en la puta vida.
No sé por qué es. No sé si es porque tengo 37, porque me río en las entrevistas y me lo paso muy bien, porque soy mujer, por mi voz. No tengo ni la más remota idea.
Pero ocurre. Desde el editor que te dice: "Pero los que leemos cómics tenemos otro punto de vista diferente a los que no leéis" hasta el que te responde a una pregunta con un "es que si no estás acostumbrada a leer novela gráfica, a lo mejor los tebeos te cuestan". O el que se asombra porque he nombrado a, yo qué sé, Vindicador.
La primera vez me sentí tan ofendida que pusieron mis balbuceos en un resumen de gazapos de la radio.
Luego te acostumbras.
Te acostumbras, pero te jode igual.
Y también piensas, que es mucho peor: y yo para qué coño hago esto. Para qué llamo a tres tíos distintos cuando se muere Moebius para una noticia de un informativo de mediodía en una cadena regional y generalista en la que podría hablar de Bisbal, es un poner. Porque yo trabajo en Extremadura, con unas características socioeconómicas que no hace falta explicar. Trabajo en una comunidad en la que, si pongo "semiólogo" en un titular, me lo corrigen y escriben "autor".
Y, trabajando aquí, para un público de aquí, elijo hablar del Graf, que se celebra en Barcelona, a.k.a. donde Cristo perdió el mechero. Y cierro un informativo con la muerte de Josep Maria Berenguer y siempre, siempre, hablo de los Eisner y de los Harvey, lo mismo que hablo de los Oscars y reseño el Salón del Cómic de Barcelona. Cosa, por cierto, bastante complicada, porque en los medios generalistas, de los que me nutro, nunca se habla de autores y sí de exposiciones y tonterías, así que termino completamente cabreada y pensando que la imagen que va a tener la sociedad, si yo no lo remedio, es que un Salón del Cómic es un carnaval lleno de niñas pintadas como japonesas y vestidas con minifaldas.
| Imagen de La Vanguardia. |
Hago todas esas cosas en mi trabajo, hablo de tebeos quinientas veces más de lo que hablo de danza o de fotografía, pero, cuando hablo con alguien que edita cómics, hace cómics o guioniza cómics, da por sentado que yo no tengo ni puta idea.
Bueno, sí: no sé quién entintó Días del futuro pasado. Ni sé en qué año se publicó el primer Tintín. Ni me importa una mierda.
Nunca me ha hecho falta decir que sé cómo se escribe e. e. cummings o que sé quién es Auden y que he leído a San Juan de la Cruz 538 veces cuando hablo de poesía con un premio Hiperión. Tampoco me ha hecho falta decir que leo ensayos, columnas periodísticas, artículos, relatos cortos, tratados filosóficos de Heidegger sobre arte o fanzines. Nadie da por hecho que yo estoy fuera. Salvo en el cómic.
Eso me dijo una vez uno: "Los que estáis fuera".
Pero luego, en los blogs de cómics, lees que hay que conseguir nuevos lectores, casi como un imperativo legal. Porque al cómic le pasa lo que le pasa a la poesía ("es que escriben raro") o a la música clásica ("es que tienes que saber solfeo para escuchar a Rimsky-Korsakov"). Con el añadido de que, en un magazine, te tienes que poner a explicar que los tebeos no son para niños, lo mismo que explicas por qué Tom Sawyer es, y no es, una lectura de infancia únicamente. Qué se le va a hacer: hay gente así.
Es bastante agotador. A mí me ha resultado, con los años, tan agotador, tan cansino, que la mitad de las veces dejo el cómic y su mundillo para los cierres de los informativos y, en el programa, me dedico a entrevistar a los que ya saben que yo no me encontré una viñeta ayer. Y entonces agradezco íntimamente -y en público- que la vida me haya puesto en el camino a un Enrique Flores, a un Fermín Solís, a un Gol, a un Pedro Camello, a un Borja González Hoyos o a un Fran Aguilera.
E intento analizar. Por qué la gente del mundillo se pone tan contenta cuando el Salón del Cómic es portada de la sección de cultura de un periódico generalista, aunque solo hablen de exposiciones y de robotitos, pero luego es tan impenetrable. El 90 por ciento de las veces pienso que la gente quiere algo así como un mundo del cómic de gran tirada en el que se venda mucho para que la industria esté sana y lozana pero en el que, por supuesto, haya un reducto de gente que es, desde luego, la que verdaderamente sabe de cómics. Como si esto fuera un universo paralelo al arte y la literatura conocidos, con unos códigos ininteligibles a los que alguien se puede acercar, que alguien puede rozar, pero no penetrar. Porque, por lo visto, hay que saber física cuántica para leer un dibujo y unas palabritas en un bocadillo cuando a mí nadie me explicó nunca que una nube significaba que el personaje estaba pensando.
Es cierto que ahora se habla de cómics en los medios generales. Muy a menudo, eso sí, en secciones distintas al resto de la información cultural, cosa que rechazo por muchas razones que no me voy a poner a explicar aquí porque creo que he dejado claras muchas cosas antes. Pero al menos se habla. Mi problema, como periodista cultural, es que, la mayoría de las veces, cuando me quiero informar de algo para contarlo (e informar de algo que sucede a miles de kilómetros) tengo que tirar de blogs especializados, que, salvo alguna excepción, están dirigidos precisamente a la gente del mundillo. Que aquí pasa como con los poetas: todo dios se conoce. Mucho dato. Poco feeling. Y, aunque sé que alguien me matará por decir esto, mucho intentar demostrar que uno, por favor, tiene un bagaje y, sí, conoce quién tradujo el decimoctavo cómic de Batman que se publicó en España y por qué este crossover no funcionó.
Pero tú, que estuviste todo el día morriñosa cuando se murió Joe Kubert lo mismo que estuviste morriñosa cuando se murió Delibes (con la salvedad de que, de Delibes, sí te atreviste a escribir y Dios te salvara de escribir algo sobre Kubert, a pesar de que lo conozcas mejor), lo sigues intentando porque... bueno. Cuando llegan los Reyes y tu hermano te regala Crónicas de Jerusalén y Malas ventas y tu madre llega toda emocionada porque ha visto Todo Umpah-Pah en la librería y te mandan correos para preguntarte qué cómic le comprarías a un tipo al que le gusta x o y, o qué te has leído últimamente y tú aprovechas para meter lo último que te entusiasmó de Astiberri o de La Cúpula, pues está todo igual de bien que cuando le recomiendas a un poeta que no lee novela que se pimple ahora mismo Como amigo, de Forrest Gander.
Porque esas son las cosas que tú haces aunque sepas que un programa de cultura no lo escucha ni Dios.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
6/06/2013 09:09:00 p. m.
Etiquetas: Cómics, Periodismo
miércoles, 29 de mayo de 2013
Basilio Sánchez
0
comentaron
Leo un poema de Basilio Sánchez. Pienso en cómo se tejen las palabras, cómo las relaciones, cuáles son los primeros balbuceos, en qué baso yo el respeto intelectual, el reconocimiento. Qué, y a quiénes, echo de menos. Sin quiénes estaría muerta, o vacía.
Y me emociono.
Lo bueno de tener el correo de un autor es que puedes decirle que has llorado con un poema suyo.
Se titula Apenas nada. Parece una ciudad dentro de otra ciudad. Sé de lo que habla. También sé lo que a mí me dice, por qué las palabras se transforman en personas, por qué recuerdo miradas, abandonos y exilios; qué es lo que se oxidó; de dónde nace la necesidad de escribir (mi necesidad); quiénes podrían haber sido mis maestros y por qué nunca tuve ninguno.
Lo releo a trozos y lo despedazo.
Publicado por
Los viajes que no hice
en
5/29/2013 07:00:00 a. m.
Etiquetas: Basilio Sánchez, Palabras, Poesía
viernes, 24 de mayo de 2013
San Miniato al Monte II
0
comentaron
| San Miniato al Monte |
El libro Arte y arquitectura en Florencia, de Rolf C. Wirtz, que me dejó mi padre, se ha vuelto imprescindible. Aquí se cuenta que en el año 250 después de Cristo, san Miniato fue martirizado en Florencia durante el reinado del emperador Decio. Cuenta la leyenda que, tras ser decapitado, el santo recogió su propia cabeza y subió hasta la cima de la colina situada al sur del río Arno. Allí se edificó una capilla sobre su tumba en la Alta Edad Media, en algún año entre los siglos VII y IX.
| San Miniato de noche |
A principios del siglo XI, se hallaron sus restos y se edifició un monasterio benedictino, que luego perteneció a los cluniacenses. En el suelo de la iglesia figura el año 1207 -que yo no fotografío porque esto lo leo después- y suponen los historiadores que el edificio ya estaba terminado para entonces. San Miniato y el Baptisterio de San Giovanni son los ejemplos más sobresalientes del protorenacimiento italiano. Las fachadas de ambos son de mármol blanco y verde oscuro. La de San Miniato se inició en el año 1075. El águila que hay encima del templo es el emblema del gremio de Calimala (los mercaderes de tela), que financió la construcción de la iglesia.
| El águila de Calimala |
| Baptisterio, con el mismo tipo de mármol |
| El campanario, a la izquierda, y San Miniato, a la derecha |
| Tienda de los monjes |
| Interior de San Miniato |
| Escenas en la nave central del siglo XIX |
| Cementerio de las Puertas Santas |
Publicado por
Los viajes que no hice
en
5/24/2013 07:00:00 a. m.













