domingo, 18 de enero de 2009

Asociación Anemia Falciforme Namhlanje

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Los que se pasean por aquí a menudo y los que se toman café conmigo de vez en cuando saben que soy vicepresidenta de una ONG (no había nadie más cerca). Está recién creada. Se llama Asociación contra la Anemia Falciforme Namhlanje. Hemos escogido la palabra "Namhlanje" porque, en zulú, significa "hoy" y a nosotros nos gusta mucho el "hoy", que mañana Dios dirá.

No tenemos logo aún (¡Ángeeeel!). Lo que sí tenemos es un blog y muchas ganas de trabajar. En el blog aparece nuestra dirección física y pronto aparecerán también las maneras de colaborar, como voluntario (ahora se les llama cooperantes), como socio o realizando una aportación puntual para alguno de nuestros proyectos, que son muchos y de los que ya os iré informando.

En el blog os podéis enterar mejor de qué es la anemia falciforme o drepanocitosis y por qué nos hemos comprometido con la población de Camerún para intentar luchar contra esta enfermedad. Sólo hay tres mensajes (acabo de colgar el último hace un rato), pero se irá actualizando convenientemente.

Esa imagen que veis ahí arriba se hizo el año pasado, durante el veranito, en el Hospital de la Quentinie, de Douala (Camerún), con una de las sillas de ruedas que se compraron con el dinero de los que ahora somos socios de Namhlanje. Las sillas de ruedas son importantes para los enfermos de drepanocitosis porque a veces se les tienen que amputar las piernas (y porque los dolores no les dejan andar).

sábado, 17 de enero de 2009

Anotaciones

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No hagáis como yo, que soy más corta que la chaqueta'un guarda. Y lo dicen mis libros, ¿eh? que conste. Que cuando uno va a comprar una cámara, la tiene que comprobar. La tiene que abrir, meterle una tarjeta, una batería, disparar al cielo, descargar la foto, ampliarla y, si ve que no hay nada raro, comprarla y disfrutarla en su casita.

Yo no. A mí me da vergüenza. Así que mi cámara nueva tenía un pelusón grandísimo en el visor, que no afectaba a las fotos, pero me la han cambiado muy amablemente. La (ya mucho más) nueva del todo está perfecta.

Hoy he aprendido a enfocar. Aquí unas muestras...






























Es muy simple: sólo hay que pulsar el botón de disparo hasta la mitad.

Ay madre mía: lo que me queda por aprender...

viernes, 16 de enero de 2009

Apunte rapidísimo

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Acabo de venirme a casa con esto:




Con esto, dos objetivos, una bolsa, una tarjeta de 4 gigas y un seguro por si me la roban antes de que aprenda a hacer fotos...

Seguiremos informando.

Sí, Javier: soy de compras compulsivas. Si lo pienso y no lo hago, no lo hago nunca más.

miércoles, 7 de enero de 2009

Propósitos de nuevo año

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  • No complicarme la vida. Es decir, dar a cada cosa la importancia que se merece. El año pasado lo aprendí (o me vino solo, yo qué sé) y este año procuro seguir en el camino. Saber qué es grave, qué no es grave y qué es producto de un calentón inmaduro.
  • Ir al gimnasio como si fuera un trabajo más.
  • Leer más, ver más cine, ver más series, escribir más (o publicar aquí más, que es distinto).
  • No hacer caso a chismes. Ni escucharlos siquiera. Dicen que la información es poder, pero yo he terminado pensando que, en determinadas cosas, es mejor no estar informada de nada.
  • Espolvorearme. En todos los aspectos.
  • Disfrutar. Siempre. De cualquier cosa.

martes, 6 de enero de 2009

Los Reyes Magos llegaron

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He sido lo buena que se puede ser. Es decir, medianamente normal. No he matado a nadie, por supuesto, ni he robado (creo recordar), ni he mentido en cosas gordas (creo recordar, también). Y, como también es tradición, paso a enumerarles el cargamento de regalos que sus Majestades los Reyes Magos de Oriente han tenido a bien traer a mi sillón...

Apartado Cosas-de-Casa.- la Vitacuisine de Tefal para cocer alimentos al vapor y preparar arroces.

Apartado Mona-de-la-Muerte.- Dos bolsos. Uno negro de Mango y otro gris marengo que mi madre se empeña en que es para los días de diario y yo quiero usar los fines de semana, porque es muy sport, pero es de marca y es carísimo. Se parece al del enlace que pongo. También una cartera, que no es ésta, pero es poco más o menos; es decir, con cremallera y no con una solapa. Y unos guantes negros de tela pintados a mano, que son preciosos: en el reverso de la mano izquierda tienen una flor y en la mano derecha tienen tres flores. Son negros y las flores en tonos marrones. También una sombra de ojos de Lancôme, (pinchad en la de los tonos azules), que venía con dos muestras de colonia Miracle. Y una camiseta de Adolfo Domínguez (¡la arruga es bella!) con un estampado rarísimo, pero muy bonita. También para los fines de semana. Y una tarjeta de 100 euros de El Corte Ingles y otros 120 euros adicionales más que me fundiré en las rebajas, si es que encuentro algo que sea de mi agrado y que me pueda poner en los meses sucesivos, independientemente del peso que pierda. Lo mismo me compro ropa deportiva para el gimnasio, que me hace falta... Y el batiburrillo de cosas de belleza que ya os dije: exfoliante, bolitas para ese baño que nunca tomo, sales, cremas, jabones, zapatillas para después de la ducha y demás...

Apartado Palomitas y Manta de Sofá.- La segunda temporada de Heroes. La primera temporada de Mad Men. Las dos primeras temporadas de Doctor en Alaska.

Apartado Cultive usted su mente.- From Hell, de Alan Moore (guión) y Eddie Campbell (dibujos), de la que todos me han jaleado para que termine de leerme el primer capítulo, que según parece es bastante denso porque trata de los masones. Watchmen, de Alan Moore (guión) y Dave Gibbons (dibujos). Como podéis ver, Alan Moore no me gusta nada. La Enciclopedia Marvel (sí, yo soy marveliana; a mí DC me llegó tarde), que me estoy aprendiendo de memoria; Cuentos reunidos de Clarice Lispector. Que, aunque la Wikipedia recalque "una de las más importantes escritoras brasileñas", ustedes ya saben que un escritor y un lugar no son lo mismo y que "una de las más importantes escritoras brasileñas" sólo significa "una de los más importantes escritores (añadan: 'del mundo', si les place)"; Década (1997-2007), de Andrés Neuman, al que le daremos una oportunidad porque no es que me caiga excesivamente bien, el chaval -desventajas de tener amigos comunes, aunque quizá haya cambiado algo desde los tiempos de la Facultad...-; El mundo y mi cámara, de Gisèle Freund; Historia de la fotografía en España, de Publio López Mondéjar; Los Maia, de Eça de Queiroz; Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Coromines; y David Copperfield de Charles Dickens.

Me faltan otros muchos libros, que me entregará mi hermano pequeño en febrero o marzo, cuando nos veamos. Pero con esto ya tengo para meses...

Ea, queridos Reyes Magos, hasta el año que viene...

Las imágenes representan a Charles Dickens, una página del From Hell y a una de las (múltiples) formaciones de La Patrulla X.

lunes, 5 de enero de 2009

Queridos Reyes Magos

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Vamos a seguir con la tradición, porque ustedes saben que yo soy muy tradicional para ciertas cosas, o muy ritual, no sé cómo llamarlo. Sea lo que sea, aquí estoy un año más, dispuesta a pedir lo de todos los años, la manta para los días de frío. Sí, sí tengo. Varias, además. Lo que quiero es que no les pase nada. Y, ya puestos a pedir, quiero que este año no se muera nadie. Que ya sé que es ley de vida y que donde está el cuerpo está el peligro, pero es que, miren, yo soporto muy mal las ausencias.

También quiero seguir manteniendo mis vicios. A saber: libros y cómics cuando me apetezcan, buena comida, restaurantes y las tapitas de los martes y los miércoles (patatas meneás, tosta con huevo de codorniz, salmón con salsa tártara y bolsitas de gambas y queso). Y también quiero tiempo e ingredientes para meterme en la cocina y aprender a realizar platos muy apetitosos y muy bajos en calorías, porque cuando se me acaben las vacaciones tendré que retomar esa dieta que he abandonado en pos de un desenfreno de chocolate que me ha hecho probar en diez días todas las marcas de bombones del mercado. Ah y fuerza de voluntad para ir al gimnasio y un remedio milagroso contra las agujetas. Cuando esté monísima de la muerte, de aquí a un año o año y medio, también quiero una cabeza cuerda para no convertirme en una fashion victim. Lo de la cocina es indispensable: quiero aprender a cocinar. La teoría la tengo muy clara: desde los 18 años habré almacenado unas diez mil recetas, de las cuales no he hecho ninguna (miento: este año he aprendido a hacer un exquisito puré de calabacín y un no menos exquisito puré de champiñones). Y eso que sólo guardo las que me gustan. Prometo echarles una mano, plantarme las mallas y la camiseta todos los días, sudar la gota gorda en las clases de spinning e investigar con hojas de lechuga, espinacas, salmón ahumado y el sinfín de hierbas aromáticas que tanto me gustan. Pero infúndanme ánimos de todos modos.

Y seguir feliz. Quiero seguir feliz, que no haya malentendidos, ni suspicacias, ni desasosiego, ni agobios, ni preocupaciones...

Y no, este año tampoco quiero enamorarme. Tampoco quiero desequilibrios.

La imagen es anónima, del siglo XII.

domingo, 4 de enero de 2009

Café, copa y puro

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No hubo copa y no hubo puro, pero sí un reconocimiento, porque eso pasa a veces: las dos pensábamos que iba a ser un cafelito rápido, entre las compras navideñas, Reyes Magos van, Reyes Magos vienen, y nos plantamos en La Tetería (hacía siglos que no iba por allí) más de tres horas. Nos habíamos visto antes, en pleno frenesí de Ágora, durante una charla con Gonçalo M. Tavares, en la que terminamos cuatro personas hablando hasta las cuatro de la mañana de un día de diario, quitándonos la palabra de la boca, riéndonos à toa y abriéndonos de a poquito. Así que, como nos gustó, quedamos, pero sólo las dos, una tarde de lluvia en la que también hubo pastelitos de coco, café, batidos y té moruno.

Al final terminamos contándonos la vida, hablando de los vampiros psicológicos (había cosas que no contaba también desde hacía años: el resto de la gente que me acompaña se las sabe de memoria), pensando en lo que escribí esa vez, que los desconocidos son amigos que todavía no te han presentado; de la Facultad, de las ciudades que habitamos, de los jaleos que siempre ocurren en los pisos de estudiantes (que son siempre los mismos y siempre divertidos, porque al final todo el mundo acaba viviendo con auténticos locos), de la feminidad que se nos escapa porque nadie nos enseñó cómo hay que combinar un jersey y un collar largo y los tacones se nos resisten...

Como si nos conociéramos de toda la vida, oigan.

Imagen de Bright Tal.

jueves, 1 de enero de 2009

1 de enero

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Despedí el año de la mejor manera que se puede, aunque yo despidiera el año el día 31 por la mañana y volví a ser muy feliz. Por la noche, vinieron los Reyes, adelantados: me regalaron el Vitacuisine de Tefal (ahí, haciendo publicidad), que probaré en mi casa (en esa casa en la que vivo sola) con zanahorias, pescado, carne y arroz, y una bandeja con jabón, zapatillas para el baño, exfoliante, sales que no usaré porque yo sólo me ducho (y además no tengo bañera, pero aunque la tuviera: qué desperdicio de agua) y algunas cosas más que no sé qué son. Me harté de comer, como desde que comenzaron estas fiestas y me dieron las uvas.

Empecé el año de la mejor manera que se puede, a la una y pico de la madrugada, con una reunión de amigos, guitarras y buena música en la que no faltaron pasteles, pastelitos de hojaldre salados, ruedas de patatas (mis favoritas), garbanzos fritos, quicos, gominolas y cortezas de cerdo; y tampoco faltaron el caldo con jerez, el café ni las migas. Cantamos villancicos, nos pareció estar en Carnavales por un rato aunque falten dos meses y me fui a acostar a las ocho de la mañana, de las últimas (llevaba yéndome desde las seis, para variar).

No sé si hacer propósitos de nuevo año. O quizá sí: seguir igual de expansiva, después de una temporada en la que no me apetecía conocer a gente nueva.

Y lo que tenga que ser, será...

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Aquí Strauss, aquí unos amigos

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Y aquí el señor Karajan, of course...

Feliz Año Nuevo.

(Sí, otra vez).

martes, 30 de diciembre de 2008

Grupos

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Dejé de tener grupos hace mucho tiempo. En la Facultad éramos treinta o treintaypico y salíamos juntos, pero yo tenía relaciones individuales (hechas a base de cafés y confidencias) con cada uno. Una vez leí que los amigos se crean cuando se comparte un secreto. En eso yo lo tengo fácil: hay dos o tres hechos que le he confesado a muy poca gente y que me marcan la medida. Y, además, ya no los cuento porque me cansé de oírme. Los que llegaron después se los perdieron y, la verdad, tampoco hace falta que los sepan. La última vez que los conté estaba en Valencia de Alcántara: eran las siete de la mañana y hablaba con un hombre con quien soñé hace dos días, llena de añoranza. Se llama Javi y le echo de menos.


Javi fue el último daño colateral de eso que yo llamo relaciones grupales y que odio. No sé qué las sustenta: debería preguntarle a Kois, que es sociólogo, y me lo apunto aquí para que no se me olvide. No sé qué las sustenta pero me temo que es un mucho de celos, otro poco de mala leche y un sinnúmero de malentendidos malintencionados, por no hablar de la falta de coherencia, hondura y lealtad de quienes rajan. La incapacidad de pensar que somos individuos con nuestras afinidades electivas, de callarse la boca o de defender a alguien, cierta inseguridad si se está solo y un punto de autoafirmación en determinados momentos. De aquellos tiempos lamento el miedo. Javi fue el último daño colateral de eso que yo llamo relaciones grupales y, desde ese momento, no he vuelto a tener un grupo más. No me gustan y no los quiero.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Feliz Año Nuevo

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Mis años siempre comenzaban en otoño. Hasta marzo, poco más o menos -menos desde que comencé a trabajar, por aquello de que en mi oficio hay que saber siempre el día en el que escribes, por si lo tienes que hacer para el mañana-, me liaba y decía siempre que estábamos en el año anterior. Cuando me había acostumbrado, casi tenía que tomar las uvas. Después comencé a contar mis años por ciudades y luego me estanqué, de tal modo que siempre digo que conocí, por ejemplo, a Sonia y a Pupe hace un sexenio cuando ya ha pasado casi una década. Pronto comenzaré a no saber mi edad, aunque seguro que, por ahí, alguien me la recuerda un día.

Este año ha sido, también más o menos, como todos. Eso iba a escribir, pero luego me he dado cuenta de que mentía. Se me ha muerto alguna gente, he sentido alguna añoranza por alguien a quien le pedí que se fuera (si es que tengo una boquita...) y hubo algún percance laboral del que procuro no acordarme porque no tiene la más mímima importancia.

Pero también perdí la mitad de los kilos que me sobran (en fin: la mitad menos los que habré puesto durante estos días plenos de comidas y bombones), conocí a varias personas interesantes, Madrid y Sevilla estuvieron ahí como una promesa cierta, tuve un día inmensamente feliz, comencé a vivir sola (que ha sido lo mejor que me ha ocurrido en mucho tiempo: esa sensación de llegar a casa y saber que es tu espacio y la sensación, también, de que es un espacio compartido en el que siempre habrá quien se autoinvite al menos una vez por semana) y mi vida social ha sido muy activa y... Y fui de boda, carajo, y ahora tomo los mejores cafés del mundo.

Y, además, supongo que habré llorado, pero no lo recuerdo.

Así que pido lo mismo que el año pasado: Virgencita, que me quede como estoy.

Feliz año nuevo a todos.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

A mí sí me gusta

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No es un villancico, pero...
Me ha gustado la iniciativa. Músicos de todas partes del mundo cantando esta canción. Que, además, es una de mis favoritas.

Últimamente África me llama. Y otras muchas partes, pero sobre todo África. He acabado el año siendo vicepresidenta de una ONG que se pondrá a trabajar "en serio" una vez pasen las fechas navideñas; he aprendido a despreocuparme por lo que no puedo cambiar; he aprendido a controlar ciertos aspectos de mi carácter (algo que le debo a un hombre maravilloso que se llama Luis y al que nunca se lo podré agradecer lo suficiente, porque él va a pensar que no hizo nada cuando lo hizo todo); se me ha muerto alguna gente de la que ya escribí aquí; comencé este blog y otros dos más; he sido muy feliz, inmensamente feliz, a pesar de las épocas de sequía y de hastío, que llegan todos los años y... Bueno, se supone que este mensaje debería escribirlo el día 31, pero como supongo que estaré muy liada comprando regalos y demás, no está mal tampoco hacer balance ahora.

¿Qué vais a hacer esta Navidad... o estas fiestas del Solsticio? A mí me faltarán un hermano y una cuñada (dios, qué mal suena lo de cuñada: un hermano y una amiga que da la casualidad de que vive con él desde hace no sé cuántos años) y esta noche estaremos tres a la mesa y sacaremos el Trivial, que es un entretenimiento tradicional y divertido y descorcharemos vino, supongo, y nos relameremos con una buena zapateira... Y, además, estoy de vacaciones.

Me gusta la Navidad. Queda fatal decirlo, con lo moderno que es que no te guste la Navidad, pero a mí me gusta la Navidad.

Así que feliz lo que sea.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Esquizoide

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Hago malabares. Me pruebo un abrigo monísimo de Desigual y sueño con que mi armario se cae de ropa igual de monísima con la que yo, que he perdido los no sé cuántos kilos que me sobran junto a los tres o cuatro que pondré esta Navidad, estoy divina de la muerte para siempre y por fin. Soy ya, oficialmente y con sus papeles en regla, vicepresidenta de una ONG y cambio mi deseo de viajar a Nueva York por pasarme un mes en un hospital de Douala, Camerún. Me suscribo a la mejor revista que hay en el mercado sobre consumo responsable, pero compro alimentos que no tengo ni idea de dónde vienen porque las etiquetas son una jodienda (en el pescado ponen Atlántico Norte: pues no es grande el Atlántico) y los compro en una superficie que además es francesa pero es la que está al lado de casa. Mi huella ecológica en lo que a transporte se refiere es casi nula: he cogido un avión cinco veces en mi vida y siempre uso el transporte público o me llevan, pero tengo un ordenador y dos móviles hechos con coltan, que está provocando una guerra en el Congo horrorosa. Me informo sobre la Responsabilidad Social Corporativa en las tiendas textiles pero lo último que adquirí fue una boina hecha en China sólo Dios sabe bajo qué circunstancias.

Tengo 32 años y medio y un principio de trastorno esquizoide.

Imagen: Dualidad, de Carlos Elizagarate.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Vallecas

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Tiene un colchón de lana, una pared de láminas de madera con un póster soleado y zapatista, una estantería azul que quiere ser un pueblo de Grecia, una espiral de incienso que se trajo de Vietnam y muchos libros. También -vale, lo diremos- unos muebles lacados en rojo con un filo dorado, un suelo muy frío al que se le ven todas las pelusas, mil apuntes de arquitectura metidos en cajas, un carro de la compra destartalado para el que no encuentra sitio y la sensación de estar de paso.

Vallecas sigue siendo el centro de operaciones. Pasear por Vallecas es como estar en un pueblo desde el que se ven los mejores atardeceres de Madrid si a uno le da por subir todas las colinas del Parque de las Tetas. También es como estar en el mundo en pequeñito: mil acentos, muchos tonos de piel, mil vestimentas distintas y el deseo de aprender idiomas. Mi radio de acción es también exiguo: centro, Chueca, Vallecas, Lavapiés. Pero, de entre todos los lugares, me quedo con su casa, mi maleta en el sillón, la posibilidad de despertarla después de una noche de juerga, de arrebujarme con ella en la cama para convencerla de que ya es hora de desayunar, calentarle el agua para el café, coger una manta y un cenicero y hablar de cualquier cosa.

No te preocupes: va a ser muy divertido.

Imagen de David Fisher.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Ángel Campos Pámpano

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25 de noviembre de 2008


Era el tiempo en que, gracias a Sonia, yo había aprendido a dejar de desconfiar en las grabadoras para registrar la voz y me fiaba sólo de mi memoria y mis apuntes. Así que allí estaba yo, con una libreta de cuadros y un boli Bic, tomando notas, los dos en los sillones de cuero de una de las salas vacías del diario Hoy, hablando de libros y de autores. Yo, medio asustada, como siempre que tengo que mantener una charla con alguien de este tema: una intenta que no se le noten las lagunas, que más que lagunas son torrentes, pero me lo pasé bien. Escribí, página par y tampoco mucho espacio, porque la literatura no va a ocupar nunca la número 3 de un periódico. La cultura, ya lo saben: siempre al final. Bastante hay con que a veces salga en portada.

Unos días más tarde me presentaba, con la misma zozobra, en un instituto de Badajoz. Allí estaba Benjamín Prado, pelos largos, chaqueta de cuero negra, cuñado de Christina Rosenvinge y diez años más joven de lo que ambos somos ahora. Él hablaba con unos y con otros, con sus colegas profesores, de la marcha del Aula Enrique Díez Canedo y la necesidad de apoyos y yo, que me sentía completamente estúpida y fuera de lugar, rompí el hielo diciéndole a Benjamín Prado que en uno de sus poemas había una referencia a mis versos favoritos de Bukowski: oigo incluso / cómo ríen las montañas / arriba y abajo de sus azules laderas / y toda el agua / son sus lágrimas, le recité. Más tarde, escribí de lo que me interesaba: de cómo se pierde el pudor a publicar.

Días después, me lo encontré por la calle. Iba a llamarme o a pasarse por el periódico porque le había gustado mucho lo que había escrito: "Tú lees, ¿no?", me preguntó, pero no era una pregunta. A mí me entró un calorcito por el cuerpo, esa mezcla de vergüenza y orgullo y suficiencia e incredulidad, todo a la vez, que me entra siempre que alguien me elogia.

Antes de eso, yo ya sabía quién era él: años antes, mi hermano Nacho se habia pasado el curso entero hablándome del mejor profesor que ha tenido de literatura que ha tenido jamás y de cómo se lo llevaba en los descansos a hablar de cine y libros, porque los maestros no se limitan sólo a los 50 minutos de aula.

Después se fue a Lisboa. Habían pasado dos o tres años de aquellas charlas, pero Sonia le habló de mí y él se acordaba. Que resultaba extraño que alguien tan joven tuviera tanto horizonte, le dijo.

Fue la primera vez que comencé a creérmelo, aunque nunca me lo haya creído mucho del todo: "Si Ángel Campos Pámpano dice que escribo bien, es que escribo bien". Pasó más tiempo aún y nos vimos en San Vicente de Alcántara, su pueblo, y nos fuimos a cenar y despotricamos.

Yo a Ángel siempre me lo he encontrado en estas cosas: para hablar de libros y entre escritores. Siempre ha pasado mucho tiempo entre un encuentro y otro y lo que me sigue asombrando de eso es que se acordara en todo momento de quién era yo a pesar de los años. La siguiente fue en los Premios Extremadura a la Creación: otro abrazo, Nélida Piñón, Félix Grande, Rosa Regàs. Me dijo que estaba preparando un libro. Le llamé y me lo contó para un programa de cultura que hoy he echado de menos más que nunca.

La última vez que le vi fue en una lectura de Antonio Gamoneda en la Escuela de Arte: "Vengo a entrevistarle, a ver si se deja, porque creo que los medios no le gustan mucho". "Antonio, aquí hay una periodista espectacular -eso dijo de mí- que quiere hablar contigo un rato. Atiéndela, porque es magnífica".

No nos vimos más. Nos escribimos. Su nombre sigue en la primera fila de mis contactos de chat de Gmail. Había descubierto mi blog por un amigo: "Leyendo al Lama, me encontré con una excusa inteligente. Ya ves".

La noticia nos la ha dado Efe. He llamado a Sonia, le he mandado un correo y un mensaje a Miguel Ángel Lama y otro a mi hermano Nacho, que me ha llamado enseguida. He comido sin ganas. Emborrono páginas que colgaré tarde, que es mi mejor manera de llorar. Hemos brindado por él por la noche, con vino de la tierra. Mi hermano ha vuelto a telefonearme, porque estaba triste como todos.

He escrito, también, un texto para finalizar las crónicas que estoy redactando para Ágora. "Sólo sé que le hubiera gustado leer esto, porque yo le gustaba".

No me sale hablar de su poesía, ni del Instituto Español, ni de sus traducciones, ni del reconocimiento internacional, ni de su labor como maestro. Cuento las historias desde mí: lo que me pasó con él, la manera de abrazarme, la forma de hacer que yo creyera. Eso le debo. Se lo debía antes, se lo sigo debiendo ahora que no lo encontraré para hablar de libros, de periodismo, de cultura.


Viene a ser verdad el aire herido
de este doble silencio
que ya no necesita responderse.


Los amigos, y la gente que le quería, han escrito de él: Miguel Ángel Lama, José Manuel Díez, Hilario Jiménez, Javier Figueiredo, Santos Domínguez, Álvaro Valverde, Jordi Doce, Álex Chico, Antonio Rivero, Fernando Valls, Marcos Cantelli, y Sonia y À Toa. Sirva esto, también, como abrazo a todos ellos.


Imagen de Laura Covarsí publicada por el diario Hoy.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El amor, el dolor, el frío

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Hemos hablado sobre el amor. Sobre la imposibilidad de olvidar a quien no se ha ido. Sobre la firmeza de quienes se marchan cuando se lo pides. Sobre la incapacidad de conjugar la realidad y el deseo y la debilidad que nos hace seguir intentándolo las noches de zozobra. Hemos hablado, también, sobre los cuerpos. Sobre quienes son vírgenes aunque hayan dormido quince años con una persona de la que se enamoraron ciertamente. Sobre lo anormal y lo normal de ciertas prácticas para esa mayoría en la que no estamos. Sobre el dolor y el frío que hacen que te ahogues cuando recuerdas. Sobre la incpacidad de comprender perfectamente a alguien sin tener en cuenta la incoherencia en los afectos y en las ganas; sobre el desconocimiento y todos los porqués del mundo. Hemos analizado cada resquicio sólo para volver a quedarnos sin palabras.


Jamás podré meterme en la cabeza de nadie a pesar de toda mi empatía. Jamás sabré qué sentiste y qué pensabas: sólo alcanzo a disculpar lo que yo fui, todas las maneras de ser de las que me arrepiento. Siempre hay otra manera: lo que ocurre es que yo la desconozco. Eso tampoco me salva. Lo que sí sé es la pena que me dan ciertos futuros que puedo imaginar pero que no conoceré nunca. Y ni siquiera te di las gracias por marcharte porque la realidad, ahora, es que nunca quise que te fueras.


Imagen de funadium.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Pornografía infantil NO

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Hace no mucho tiempo, encontré por casualidad -bueno, por casualidad, no: estuve investigando para ver si era tan fácil- un montón de grupos en Microsoft (es decir, en groups.msn.com) con fotografías de niños desnudos o manteniendo relaciones sexuales. No voy a regalarles la grandeza de considerar que son enfermos, porque a los enfermos se les comprende y se les compadece (pobrecito, es que como está mal de la cabeza, se folla a una niña de cuatro años...). Tampoco voy a regalarles la grandeza de considerarlos monstruos. No me apetece, ni quiero, ni puedo. Y no voy a opinar sobre la castración química ni demás, porque tengo un grave dilema moral con los delitos sexuales (que consiste, nada más, en que, aunque comprendo que el sistema debe ser mejor que la gente que condena, mis tripas me recomiendan torturarlos hasta lo infinito y una muerte lenta y dolorosa y sádica).

Buscan ciertas palabras clave: lolitas, pornografía+infantil, angels, boylover, preteens, girlover, childlover, feet boy, pedoboy, boyboy o fetishboy. También pienso que, si nosotros las buscáramos, podríamos denunciar las páginas a la Policía Nacional. Es fácil. Sólo hay que pulsar aquí... Eso sí, la denuncia tiene que ser en persona. O a través de la web de Protegeles, de forma anónima.


viernes, 7 de noviembre de 2008

Polonia

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Se acuesta todos los días a las seis de la mañana y aún no ha recogido el piso que tiene que dejar: llevó siete cajas y siempre encontró algo mejor que hacer. Quedar con amigos, ver un partido de fútbol, escuchar música, leer a Kundera, que le levanta el ánimo, pensar en la partida.

Se va en una semana. Le han regalado El síndrome de Ulises y una piedra de Lisboa y algunos paquetes de ese Vogue polaco que estoy fumando mientras le escribo. "Crea un blog", le hemos dicho. Para que te espiemos mientras estás a miles de kilómetros, queriendo aprender un idioma extraño del que chapurreas sólo unas pocas palabras, queriendo construir otra clase de vida, mientras se vienen encima los nervios y la incertidumbre y el saber lo que sabemos todos: que será duro, pero no imposible.

Crea un blog, niño. Te vamos a echar de menos.

Imagen de Tollaner.

martes, 28 de octubre de 2008

Decir

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Los desconocidos son amigos a los que nunca te han presentado.
Walt Whitman.

Yo he visto a un amigo llorar porque otro se había alejado; a dos hombres heterosexuales besarse en la boca con pasión y a muchos más decirse que se quieren. Durante años he pensado que eso es lo normal: que quienes me decían "ellos no se expresan" no habían conocido realmente a ninguno. Que la castración sentimental era de otros -los de 50, los de 60-. Que lo de los chicos no lloran era tan real como que la mujer ha de ser invisible y discretita, pero que muchos -los míos, los que yo conocía- eran capaces de salirse de sí mismos, construirse de nuevo, asumir todos y cada uno de sus estados de ánimo. En otros casos no, pero lo achaqué a la sociedad -rural- en que vivían. E incluso conmigo, ellos, fueron diferentes. Porque jamás he tenido pudores en mostrarme. Porque siempre me ha resultado fácil que se mostraran. A pesar de la diferencia de edad y los kilómetros.

Al final es fácil: es todo lo fácil que uno quiera que sea. Decir te quiero y que siga significando te quiero por mucho que lo digas -deberían recordárnoslo a diario-, porque es mentira que las palabras se gastan. Decir me gustas, me gusta estar contigo, eres importante para mí, contigo me descubro y me vuelvo inteligente; tocar un brazo, besar un hombro; mirarte a la cara. Sólo hay que saber eso: que quien está enfrente merece que tú lo hagas y ése ni siquiera es un descubrimiento consciente. Lo hablo con las niñas: están de acuerdo con las otras teorías -ellos no son capaces: a una mujer quizá o rotundamente sí si es la suya, pero mostrar debilidad ante otro varón es impensable-. Lo hablo con mi hermano, que no está de acuerdo, por supuesto, porque él es uno de los míos. Y me pregunto qué clase extraña de seres hemos construido basándonos en no se sabe qué y si no será peor cuanto más crezcan.

En todo eso pienso por una charla de bar a cuatro manos que sigue rondándome la cabeza. Alguno se pasará por aquí y deberá saber que disfruté como hacía tiempo. Gracias.

domingo, 26 de octubre de 2008

Paul Newman

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Me empezó a gustar a la vejez. En La gata sobre el tejado de zinc pensé: "Pues no es para tanto". La cara demasiado larga, los ojos demasiado azules. Muchos años después, allí estaba, en pantalla grande, en Al caer el sol, con la Susan Sarandon más glamourosa que he visto jamás. Debió de ser el principio de esta gerontofilia mía que me hace babear con Federico Luppi y Tomás Segovia, pero me enamoré. Me enamoré como todos, porque no conozco a nadie que no haya estado enamorado de Paul Newman.



Tampoco conozco a nadie que no le admire. Ni a ninguna mujer heterosexual que no haya envidiado a Joanne Woodward por acostarse con él en la misma cama -las dosis justas de lujuria y respeto- durante 50 años. Uno detrás de otro.
El sábado de hace un mes fue la única noticia que importó.
Hay muertes que son tuyas.
A su salud, señor. Una botella de bourbon. Sin hielo. Sin vaso.

sábado, 25 de octubre de 2008

Como los curas

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Hoy he soñado contigo y eras otra persona. Sólo cuando me he despertado me he dado cuenta de que eras tú. Ahora, un amigo -un encuentro de una noche en la que acabamos intercambiando vidas, ya lo conté-, dice que si ella no le quiere, prescindirá de la gente común y de su compañía. Hay ausencias que no se llenan nunca: no duelen todos los días, pero de pronto te duermes y te las encuentras. Sé -una, que es muy lista- que el amor se reformula. Que no puedes pasarte la vida enamorado de quien no te corresponde. Que pasa el tiempo y todo pasa. Y que no tener a alguien para nada y jamás es infinitamente más duro que permanecer a su lado de esa manera en que no quieres.

Eso sé. Vale: lo que sé no me impide echar a la gente o que se vayan. Tampoco va a provocar que yo deje de tomar decisiones en caliente y con las tripas, ni que deje de confiar hasta el descaro en quien me parece interesante y se me olviden las armaduras y los pies de plomo a la vuelta de la esquina.

Pero ya sabes. Yo soy como los curas: haz lo que yo diga y no lo que yo haga.

sábado, 18 de octubre de 2008

Tiempo

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He ganado tiempo. Eso significa siesta a veces, un café, pedir hora para depilarme sin tener que hacerlo con métodos rudimentarios y en casa. Escribir. Y, sobre todo, leer. Vuelvo a ventilarme un libro cada dos días. Recupero las ganas de sentarme, de no darme cuenta de cómo van transcurriendo las horas hasta que no me percato de que tengo que encender la luz, de detenerme en una frase, de que las palabras de otro me hagan escribir a mí de nuevo. Hacía mucho tiempo que sólo leía pegada a la pantalla del ordenador, noticias y más noticias, algún reportaje curioso, blogs en los que ni siquiera tengo tiempo de comentar, información para hacer una entrevista medio digna, algunos versos y poco más. Mi trabajo es estimulante, pero a veces te cierra la mente para otras cosas y, durante meses, la lectura ha sido esa cosa importantísima para la que nunca había tiempo, ni ganas, ni ánimo. Eso no significa que no haya leído nada, por supuesto: sólo que no lo he hecho a mi ritmo natural, porque mi ritmo natural implica tener unas cuantas horas por delante, silencio y un sillón. Y me encanta este cambio de funciones: el mundo ante mí para hablar de él y todos esos libros en la biblioteca...


miércoles, 15 de octubre de 2008

Drepanocitosis

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Es la primera vez que participo en el Blog Action Day, el día, además, en que descubro que los poderes públicos, con la crisis económica (ésa que ha provocado la codicia de unos cuantos y que ahora tenemos que salvar todos), actúan como José María Lama, tan certero como siempre, recuerda que actúa el capital.



Mi mensaje contra la pobreza no es un mensaje general. Se llama África. Y, de África, se llama Camerún; y de Camerún, Douala. Douala como primer punto o como primer paso, porque en realidad mi mensaje contra la pobreza se llama drepanocitosis.

Es una palabra que me oiréis nombrar mucho, supongo, a partir de ahora.

Más datos, próximamente.

viernes, 10 de octubre de 2008

A quién van a escuchar

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Mantengo la ilusión de que yo decido. Jamás he contado a quién van a escuchar y por qué, y en nombre de qué cosas, y en qué planteamientos ideológicos se basa mi vida, cuál es el mundo que pretendo narrar. También supongo -en mi descargo- que, a poco que me oigan, sabrán por dónde van los tiros, pero no sé si sería un ejercicio de honestidad intentar contarlo. Contar que yo decido los contenidos, que sólo me baso en lo que considero interesante y ni siquiera en lo que considero interesante para la colectividad, sino para mí. Desde un corredor para salvar al oso pardo en Asturias hasta cómo dormir a un niño correctamente. Siempre he querido creer que todo sirve para algo. Que no decir la nacionalidad de quien comete un delito sirve para algo. Que obviar en una revista de prensa un titular racista sirve para algo. Que hablar sobre la situación de las mujeres indígenas mexicanas -en cuyos idiomas no existe siquiera la palabra "mujer"- sirve para algo. Que puede cambiar en algo la realidad. Quiero creerlo porque también podría elegir hablar de otras cosas: de las ventajas del sistema capitalista, de lo maravilloso que es consumir y consumir o de la poca necesidad que hay -dicen algunos- de que un puñado de personas sepa dónde están sus muertos. Podría adoptar otro punto de vista, pero tengo el que tengo y el que tengo a veces no me basta.

Dos horas para mí, que se me pasan muy rápido, la verdad. Quiero creer, también, que a los demás les ocurre lo mismo. Aunque no conozca a esos demás ni encuentre respuesta alguna.

lunes, 6 de octubre de 2008

Felicidades

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A veces pienso que todas las cosas que me ocurren
me pasan sólo para que yo pueda contártelas.

jueves, 2 de octubre de 2008

Lisboa

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De Lisboa me traigo ceniceros, un salvamantel con un tranvía, la barriga llena y una dieta intermitente y mil balbuceos en portugués. He visto corales fluorescentes, pingüinos y una nutria juguetona, peces de mil colores maravillosos, un grupo de hombres con la cruz y la espada buscando los caminos del mar, las olas del Atlántico... y he sentido esa brisa que se te mete en los huesos y te lega una luz blanca cegadora... He vuelto a caminar por una ciudad que desconozco y que siempre es nueva. Era el primer viaje con mi madre, que nunca había estado en Lisboa y que riñe a quienes molestan a los peces con las cámaras de fotos a pesar de que ellos hablen inglés y no la entiendan. La misma que prueba el carpaccio para descubrir que la carne cruda no le gusta y la misma que se da cuenta de dónde hay momias aunque yo sólo vea una biblioteca. Nos hemos reído mucho, tenemos agujetas y me he tomado el lunes con calma. En la retina, mil imágenes: grupos de folclore, un camarero cariñoso que te tocaba en el hombro casi rozándote, las escaleras interminables, las calles que siempre son cuesta arriba, azulejos, estatuas, jóvenes encima de un monopatín, besos en la Estación de Oriente, una charla política con un taxista que va a Benidorm por los niños, la ternura.

Lisboa y el Tejo, un cuaderno con Pessoa, un gallo, mucha calma y dos días y medio que parecen años.


Imagen de rabataller.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Os presento

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Hugo, mis amigos.
Mis amigos, Hugo.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Más feliz aún

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¡Mi sobrino va a nacer!
¡Mi sobrino va a nacer!
(Quién me ha visto y quién me ve, Dios).

jueves, 11 de septiembre de 2008

Asociación Santa Lucía

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Está naciendo ahora: supongo que será un parto duro, pero que saldrá bien. La idea ha sido de una compañera de un foro de cocina (sí, le doy a todos los palos) y, como sé que aquí llega gente de muchas partes de España, pues me gustaría que lo dijérais en vuestros sitios por si alguien está en la misma situación.

Os dejo el enlace a su página: sí, es un blog de recetas riquísimas, pero os pongo el enlace en el que habla de la asociación y de Jordi.

Muchas gracias.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Javi

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Nunca he hablado aquí antes de él y su casa fue, durante años, uno de mis dos refugios en época universitaria. Un amigo suyo lo definió perfectamente: el mejor anfitrión del mundo incluso sin café y sin leche y sin azúcar. Me lleva a Ikea para no volver más, damos paseos por Sevilla, vamos al cine, me mima, me toca, me besa y me abraza. Nos lo contamos todo -sobre todo, lo escabroso- con pelos y señales y nos reímos mucho. Cada día está más guapo. Y me presta a sus amigos.

Es inteligente, es culto, es divertido, le ocurren cosas extrañísimas que no voy a contar porque estamos en horario infantil y que darían para un libro sobre el comportamiento humano y, sobre todo, tiene un corazón como una catedral. No es nada nuevo: mis amigos suelen ser amorosos, por muy fríos a la hora de expresarse que sean unos pocos, pero él es bueno y dulce y provoca muchísima ternura. Y un deseo enorme de protegerlo, aunque al final creo que los roles se invierten aunque no lo veamos y es él quien abarca y acoge y se encabrona cuando los demás damos vueltas y más vueltas a una frase o una mirada que no significan mucho. Puede ser duro, también, porque al final ocurre lo de siempre: aguantamos bien el dolor propio, pero el de la gente que queremos se nos vuelve insoportable.

Hace mucho nos traía las mejores patatas fritas del mundo. Ahora las hemos cambiado por lechuga y pollo a la plancha. Y sí: tenemos menos pelo y somos 13 años más viejos, pero sabemos que estamos mejor que nunca y es real.

Lo bueno de mirar atrás y contar el tiempo es eso: que sabes que llegarán otros trece años y que hay gente, como él, que no se irá nunca.