Este año, yo no estaba predispuesta. Qué pereza, sacar la ropa de invierno, meter el edredón en la funda, volver a ensuciarse con las baldosas mal puestas, que el día se acabe casi cuando no ha empezado todavía, no saber cuándo tender una lavadora.
Hoy ha llovido. Y me ha pillado camino de casa y me he dado cuenta de que el agua sólo es agua o además es agua eso que cae y que te moja y te hace tener conciencia de tu piel. Me han brillado los ojos: eso lo sé, aunque no lo haya visto.
Ha llegado el otoño, con sus hojas de colores y esta sensación eterna de que todo está por hacer, de que el año comienza justo ahora, cuando vuelvo a observar a los adolescentes a las puertas del instituto camino del trabajo, cuando en las librerías vuelve a oler a libros nuevos y a gomas de borrar y las madres van a comprar mochilas con sus hijos y las estanterías se llenan de libretas que luego se llenarán de palabras.
Bienvenido, de nuevo. Muchos años vengas.
viernes, 9 de octubre de 2009
Otoño
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10/09/2009 08:13:00 p. m.
Etiquetas: Otoño
miércoles, 7 de octubre de 2009
Acuarelas
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Juan Carlos Mestre acaba de decirme que hablo con acuarelas.
Y lo sé: esto es un ejercicio de egocentrismo, pero ¿y si se me olvida algún día?
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10/07/2009 06:32:00 p. m.
Etiquetas: Juan Carlos Mestre, Palabras
domingo, 4 de octubre de 2009
Muere La Negra
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Y yo qué digo. Que se me ha muerto la Negra, la Voz de América Latina, doña Mercedes Sosa, y ya no llevo ni la cuenta de la gente que se me muere.
Pero bueno. Esta mujer es como la cigarra, ya lo saben...
Edito para añadir una entrada que, sobre Sosa, escribió Gilda en su blog. Madera de viejo nogal. Para no perderlo.
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10/04/2009 02:11:00 p. m.
Etiquetas: Mercedes Sosa, Música
miércoles, 30 de septiembre de 2009
El tiempo
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El 29 de agosto a las cuatro de la tarde estaba en un avión y también acababa de aterrizar en Toronto. La hora de las siete de la mañana del 13 de septiembre no existe. No estuve en ningún lugar. O quizá sí. También en un avión, supongo. Dormitando. El tiempo no existe. Escribo cuando el viaje es pasado, pero se vuelve presente si reparo en mis piernas y en las plantas de mis pies y en que cuando son las doce de la noche, aquí, allí faltaba tan sólo una hora para despertarme y volver a caminar.
El tiempo no existe, descubro, pero yo no he parado de fotografiar relojes.
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9/30/2009 01:00:00 p. m.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Las fotos que no hice
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Dos tipos fumadísimos sentados encima de un coche-maceta, a los que sólo cogí de espaldas y rápidamente. Un negro gordo y barbudo, camiseta verde, vaqueros, turbante, que miraba la sección de discos de música negra de Soundscapes, la mejor tienda de discos que jamás vi (a pesar de que no tuviera ópera). Una mujer que tocaba el arpa en la zona más oscura de una de las puertas del Viejo Québec. Un señor de negro y con el pelo largo, una enorme cruz al cuello, que caminaba impasible por el Petit Champlain ajeno a las miradas. Los muchos mendigos y colgados que vimos en Toronto en diez minutos. La mirada de Jacques, que había configurado mal su cámara y que suspiró de alivio cuando se la arreglé. Los religiosos de la calle Yonge, repartiendo folletos sobre el Islam, el Cristianismo o la Cienciología. Una pelea, jugando, entre un león y una leona. La guerra sin cuartel de una mujer con un moño imposible, la mirada concentrada y un matamoscas azul de plástico en la mano... en aquel bar de mala muerte de Tadoussac en el que escuchamos a Luther Allison y Bob Dylan.
Tampoco capté, porque no supe (ni sé y espero que el futuro se me conceda), el espíritu de las calles de Kensington Market. Pero el resto de las fotos del barrio que vi tampoco lo hacían, porque no pueden transmitir los olores, ni la sensación de asombro, ni el caos controlado.
"Éste tiene una foto", decíamos. Pero no la hacíamos nunca: por pudor, la mayoría de las veces, sobre todo a los mendigos (me tiré cuatro años relacionándome con yonkis, prostitutas, traficantes y borrachos, en la calle: tengo ciertas ideas sobre ellos y las fotos, o sobre las fotos y ellos). En otras ocasiones, preferí mirar. O perdí el momento, o no tenía puesto el objetivo correcto, o la luz estaba de frente del todo, o el sujeto estaba demasiado lejos.
La imagen que más me gusta está movida. Mejor disparar que no tenerla, me dije. Es un niño, admirado ante un músico callejero de los muchos que había por Québec, bien entrada la noche. Tengo 2209 fotos más, muchas de ellas hasta bien enfocadas y todo, pero ninguna me transmite lo que ésa.
Supongo, de todos modos, que, cuando aprenda a hacer fotos, tendré que ir allá de nuevo.
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9/28/2009 06:29:00 p. m.
Etiquetas: Canadá, Fotografía, Viajes
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Autoridad docente
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Maravilloso, le he dicho. Ybris es profesor, jubilado. Escribe maravillosamente bien y yo le sigo, muchas veces en silencio.
Pero hoy enlazo un artículo suyo para que lo lean los muchos amigos profesores que tengo por aquí. Se puede decir más alto, pero no más claro. Habla de la autoridad docente, desde la perspectiva de quien ha pasado más de 33 años dando clases. Se puede leer pinchando aquí.
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9/23/2009 07:14:00 p. m.
Etiquetas: Educación
jueves, 17 de septiembre de 2009
Única
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Yo, que ando estos días echando de menos a gente que se fue y añorando a un niño al que ni veré nacer ni le compraré regalos (qué mal se me da olvidar: qué mal), recibo un correo y recupero la sonrisa. Me devuelve a los 17, al tiempo que hemos pasado juntas sin estar juntas más que a ratos y se despide: "Te quiero. Menos mal que hay cosas que no cambian".
Tú sí que eres única.
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9/17/2009 08:02:00 p. m.
Etiquetas: Nerea
jueves, 10 de septiembre de 2009
Alfredo Kraus. Diez años
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Con cierta gente pasa lo mismo que con los equipos de fútbol. Creces con ellos, son de la familia. Hoy hace diez años que murió Alfredo Kraus. Yo estaba en Melilla por aquellos entonces y llamé a mi padre para darle el pésame: él lo escuchaba. Era viernes. Estaría de vacaciones, porque era por la mañana. "Ay, entonces ya lo sabes", le dije. Pero no, no lo sabía. Su voz, la de mi padre, sale en uno de los vídeos oficiales que grabó Kraus. Grita: "¡El más grande!".
Y yo también lo creo. Cuando esto se publique, yo estaré de vacaciones en Canadá y tampoco tengo mucha esperanza de que en este país de mierda se lo homenajee como se merece. Pero yo sí. He dicho. Este es mi tema favorito, que es el de los Cuentos de Hoffman (el Va pour Kleinzach):
Y éste va por Sonia, porque sé que le gusta:
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9/10/2009 09:00:00 a. m.
Etiquetas: Alfredo Kraus, Música
sábado, 29 de agosto de 2009
Cerrado por vacaciones
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Escucho Canadian Sunset, de Kenny Barron. Pienso. Imagino. Una cabaña junto a un lago, un baile, un paseo, una tarta de arce y café en Le Petit Coin Latin, acarrear una maleta verde por las estaciones de Ottawa, Quebec y Toronto, visitar tiendas de discos sólo para observarlo; hacer fotos a los indios, si ellos quieren; descifrar el idioma, los idiomas; acurrucarme en una cama calentita después de haber metido los pies en agua caliente. Rezar para que no me salgan ampollas. Rezar, también, para que haya, al menos, unas cien fotos dignas... Escribirlo todo. Contarlo más tarde.
Os veo a la vuelta.
Mientras tanto, podéis pinchar aquí:
Imagen de Le Petit Coin Latin de Quebec de smwarnke4
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8/29/2009 09:00:00 a. m.
lunes, 24 de agosto de 2009
Borges
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En mi casa siempre ha habido gente. Allá en las estanterías, inalcanzables. Ovidio, Goethe -toda la vida diciendo "goete" para que luego algunos dijeran "guete" y enterarme a la vejez de que se pronuncia "gute"-, Miguel Hernández, John Steinbeck, Stefan Zweig, Somerset Maugham, Faulkner, Alejo Carpentier.
Borges también está en mi casa, y en mi vida, con pinceladas raras.
Un viaje en autobús urbano en el que Julia me pidió que recitara Ajedrez II. Una clase de Vázquez Medel con la piel erizada ("¡el caballo está en el encabalgamiento!"), el Segundo Poema de los Dones como un regalo para Sonia, que se convirtió después en nuestro particular Inventario de Motivos contra la Desilusión. Un libro de Virginia Woolf traducido por él. Una cita suya (de nuevo el ajedrez) en un libro de Pérez-Reverte que me llevó de nuevo, y mejor, a Dumas.
"Me gustan los relojes de arena, los mapas, las etimologías, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson".
A mí también me gustan todas esas cosas. Y me gusta él.
Copio este poema de memoria. Para que Julia crea que lo estoy recitando para ella. Otra vez.
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
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8/24/2009 10:26:00 a. m.
Etiquetas: Jorge Luis Borges, Palabras
domingo, 23 de agosto de 2009
Todo está por hacer
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Todo está por hacer y todo es posible. No recuerdo quién lo dijo y no importa. Todo está por pensar. Ya no hay caminos inmutables, salvo alguno. Pero me gusta esta sensación de sorpresa y de posibilidad. Me está gustando comprobar que no controlo nada.
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8/23/2009 09:00:00 a. m.
Etiquetas: Diario de navegante
viernes, 21 de agosto de 2009
Ayer se acabó el verano
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Esta mujer me acompaña desde que tenía 13 años y la vi por vez primera en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida. Cada verano me la encuentro, allí arriba, entre las columnas centrales, cuidando el paso de los actores, vigilante. Cada verano brindo al final por el final, en el peristilo que también enseño cuando vienen mis amigos de turistas.
Cuando se acaba el Festival, se acaba el verano. A los nervios del primer estreno (que me perdí) le suceden el cansancio de las jornadas laborales agotadoras ("¡gracias, Dioses, por fin se acabó!") y la tristeza. Brindas. Quieres quedarte, pero tienes que irte a trabajar. Y recuerdas. Al Brujo y su lección de teología; el deslumbramiento que fue Ángel Corella; la generosidad de Tamzin Townsend; los monólogos brutales de Edipo; un barco hecho con desechos y unos niños que aprenden y esa Medea comprensible, muy amable, en sentido estricto, que ha construido Tomaz Pandur.
El calor volverá pronto. Volverás a pedir una botella de agua en la barra, a echar un cigarro mientras ensayan los actores, a enchufar los cables mientras sostienes un plato de jamón, a mirarte en los ojos de los amigos... y a mirarlas, a mirar esas piedras que te sabes de memoria, como si fuera la primera vez.
Hasta el año que viene, susurro.
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8/21/2009 10:41:00 a. m.
Etiquetas: Festival de Mérida 2009, Las noches entre las piedras del teatro romano
martes, 18 de agosto de 2009
Ciudades
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Las ciudades tienen su propio olor y su propio pulso. Yo siempre camino por ellas como si las conociera y, a ratos, en las propias, como si las viera por primera vez. Miro imágenes, para saber cómo tengo que fotografiar, pero al final sólo saldrá lo que me sea propicio.
Hay lugares que hemos visto mil veces. Pero el olor, el ambiente, sólo lo descubrimos cuando llegamos. A mi lado caminará alguien que es todo ojos. Él será también mi vista.
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8/18/2009 09:00:00 a. m.
jueves, 13 de agosto de 2009
Retrato
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-No lo sabes tú bien.
-Sí que lo sé, que te tengo calada del otro día.
Me enamoré de él, o de Dante, en Martín (Hache). Y me ha caído mucho mejor de lo que yo pensaba. A su puro estilo.
Y sí: he sido gamberra.
La imagen, supongo, es de Ros Ribas y pertenece al Festival del Grec 2009. La mujer que lo acompaña, a Eusebio Poncela (Edipo) un encanto, es Rosa Novell... (o Yocasta).
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8/13/2009 02:41:00 a. m.
Etiquetas: Eusebio Poncela, Festival de Mérida 2009, Las noches entre las piedras del teatro romano
domingo, 9 de agosto de 2009
Botas
12
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Me he comprado unas botas. Son éstas. Él dice que no hacen falta, pero yo me conozco. Me hace falta la seguridad psicológica de que no me voy a despeñar y eso sólo lo consigo con unas buenas suelas, aunque luego mi andar sea tan torpe como siempre (torpe, cuidadoso: al final nunca me caigo porque miro bien por dónde piso. Es un andar lento, también, inseguro de tan lento en las dificultades. Pero es el mío).
Me he comprado unas botas. Antes, me saqué el pasaporte. Y el carnet de conducir internacional. Y compré tres guías, que están en su casa, a mil kilómetros de mí, porque es más concienzudo a la hora de organizar los viajes que yo. Leo sobre los indios, retomo a Jack London, me imagino buscando oro y tengo la sensación de que mi vida es pequeñita y acomodada. Aprendo a limpiar la cámara de fotos. Tengo que coser una bolsa para el trípode. Cuento los días.
Quedan veinte. Justo veinte para aterrizar en Toronto.
Qué lentos pasan.
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8/09/2009 09:00:00 a. m.
viernes, 7 de agosto de 2009
Willy DeVille
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No ganamos para sustos, oiga. Una, fumándose un cigarrito tan tranquilamente y sale un compañero, oye, que se ha muerto Willy DeVille. El tipo de la voz ronca, el corsario del rock, el tipo que me hizo interesarme (más) por la cultura cajún y el que me regaló, al menos, entre otras muchas, una canción que...
Bueno. Una canción que me trae muchos recuerdos. Sin más.
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8/07/2009 06:40:00 p. m.
Etiquetas: Música, Willy DeVille
miércoles, 5 de agosto de 2009
Sabores
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Quiero besos con sabor a tabaco, a marihuana, a hachís, a café solo y a cerveza. Para descubrir después que tu boca tiene un sabor único que sólo yo conozco y que no puedo describir sin evocarlo.
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8/05/2009 09:00:00 a. m.
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viernes, 31 de julio de 2009
Yo
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Me fascina el yo. No voy a hacer ningún tratado filosófico, porque creo que tiene que ver más con una actitud cotilla ante la vida. Cotilla o curiosa, tanto da. O que, como decía Soledad Puértolas, el escritor escribe porque le gustaría apresar las vidas ajenas y, como no puede hacerlo, se inventa personajes.
No sé si tendrá algo que ver con escribir, porque yo no escribo historias, pero sí me pregunto sobre las vidas ajenas. Eso tiene un punto de suficiencia, de creerse un demiurgo y hasta de pensar que tú eres mejor. Es un alivio y te protege de la envidia. O será que yo siempre me fijo en los mismos: chavalines que arrastran las palabras, señoras mayores con la mirada cansada, hombres que no saben expresar lo que sienten salvo con la frialdad o con la ira, jóvenes con tacones de 15 centímetros. No me parece que sean felices, ni que lean un libro, ni que tengan amigos que merezcan el nombre.
De vez en cuando la cordura regresa, claro. Y sé que ellos deben de pensar lo mismo de mí.
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7/31/2009 11:15:00 a. m.
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miércoles, 29 de julio de 2009
Urko
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Están los blogs de los amigos, los de los colegas, los perfiles del Facebook... Y luego, o también, hay lecturas imprescindibles.
La del blog Pincel & Píxel es una de ellas. Y, además, su dueño es guapo y un encanto y me enseña a hacer fotos.
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7/29/2009 01:53:00 p. m.
martes, 28 de julio de 2009
Carmen Corella. Iain Mackay
8
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“Muchas veces es más difícil decir algo por medio de palabras que por medio de la danza”. No me lo creí, por supuesto, tengo en alta estima a las palabras, más que a cualquier otra cosa del mundo, a pesar de lo traicioneras y lo malinterpretables que pueden ser en toda ocasión. Y ni siquiera me planteaba cómo se podía hacer que un movimiento, o muchos entrelazados, contara una historia sin el concurso de un texto. O cómo alguien (en este caso, el coreógrafo, Ángel Corella) podía ver la historia y los pasos escuchando la música de un autor, Prokófiev, al que él ha bailado además un sinfín de veces y en el mismo papel que ahora interpretaba Iain Mackay. De hecho, una tiene su sensibilidad y su gusto educado, más o menos, a base de lecturas (Shakespeare incluido), teatro y algo más, pero ver un espectáculo de danza clásica, hasta hace cuatro días, no me atraía lo más mínimo. A veces los milagros ocurren y ahora escucho a Frank Sinatra y me imagino a un tipo vestido con pantalones negros y camisa blanca bailándome el Come fly with me: qué se le va a hacer. A mí cuando algo me da, me da. Como diría Suntzu.
Yo fui Carmen Corella. Eso ya lo he contado. Pero en realidad, lo descubro ahora, soy un poco más Iain Mackay. Soy el Romeo que llega corriendo, con la mirada perdida, buscando entre los balcones (entre las columnas del teatro romano) a la mujer que ama y sabiendo, porque lo sabe, que esa mujer se le va a escapar. Soy su desesperación a ratos, la forma en que intenta calmarla (no tengas miedo, soy yo, estoy aquí: tener, ser, estar, los verbos en los que se resume nuestra vida), la pasión con que la alza del suelo, porque quiere verla volar sin temores y soy, además, ese tipo de abrazo, el abrazo que es ardor y que es también protección, el capullo acogedor que te demuestra que todo va a estar bien y no va a ocurrir nada, aunque sea mentira y tú lo sepas.
Debí haberlo escrito de otra manera: yo fui Iain Mackay y quise haber sido Carmen Corella. Al fin y al cabo, yo suelo identificarme con ellos, más que con ellas. Lo bueno es que aquí, en este concreto pas de deux, no vi a una mujer, en el concepto más asqueroso de la palabra mujer, que existe, y de qué forma: la mujer que suspira por el príncipe azul y que no es más que un sujeto pasivo de toda historia, tan delicada ella y tan rompible. Y ni siquiera quiero decir que sus movimientos no fueran delicados, porque lo eran y nunca vi nada tan etéreo transmitir tanta fuerza. Quizá porque Julieta, la Julieta de Carmen Corella y de Ángel Corella, no es más que una criatura asustada, como tantas, como yo. Una náufraga, entre la seguridad de su vida tal y como es y la zozobra que le produce una relación que no sabe cómo va a acabar pero a la que no puede sustraerse. Y esa cualidad, tratándose de la historia romántica por excelencia (aunque los románticos, ya lo sabemos, acabaron todos suicidándose y con tuberculosis), qué quieren que les diga, es todo un alivio.
Llevo, desde que la vi, haciéndome preguntas. Qué gracioso: no sé si alguien se ha planteado el sinnúmero de reflexiones a los que te pueden llevar veinte minutos de danza. A dónde voy yo con mis propias historias pequeñitas. A dónde fui una vez y por qué. Qué desesperación, si es que lo era, me llevó a buscar lo que no podía ser encontrado, sin tener conciencia ni de lo uno ni de lo otro. Qué hace a alguien querer esa comunión con otro tú. Por qué las ideas de lo que debe ser, de lo que es correcto, de la obediencia, acaban siempre influyéndonos y hasta condicionándonos, aunque nos dejaríamos ahorcar antes de admitirlo. Por qué los finales son un hundimiento, siempre. O si quiero que me abracen así. Cuántas veces he querido antes que me abrazaran así.
Todo eso me pregunto.
Me pregunto sobre el amor, los naufragios y las despedidas.
Para Rachel, que me lo pidió.
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7/28/2009 05:53:00 p. m.
Etiquetas: Ángel Corella, Carmen Corella, Danza, Festival de Mérida 2009, Iain Mackay, Las noches entre las piedras del teatro romano
sábado, 25 de julio de 2009
Kazuko Omori
16
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Volví a verlo todo. Con distintos bailarines en los papeles principales. Con Carmen Corella, de nuevo, intentando contenerse sin conseguirlo (qué manera de contar una historia: las zozobras, la pasión, la urgencia, el dolor de la despedida). Volví a verlo todo sin parpadear, a ver dónde ponen el pie y cómo se colocan, y pensé en las horas de trabajo, la dieta, los ensayos, los viajes (hoy estarán en Mérida y mañana van a Olmedo), el peligro de la carretera, el exilio, el desarraigo, la incomprensión y todo lo que sigue: lo que no adivino siquiera.
Pero luego salió esa mujer. Es pequeñita, tiene una cara muy dulce, debe de ser muy joven y parece un junco. Se llama Kazuko Omori y ya dije que se confundía con el suelo y las columnas del teatro romano de Mérida en Clear. Mucho del mérito, en esto, es suyo. El resto, también, es de los magníficos, insuperables e hiperprofesionales técnicos de iluminación, que deberían haber bajado también a saludar.
La vi, decía, con Ángel Corella en Diana y Acteón y hubo un momento, varios minutos, en que se me olvidó mirar a Corella y se me olvidó mirar sus pies. A esa mujer habría que ponerle unas gafas de sol cuando sale a bailar. Sale sonriendo, sonríe a todas horas, pero no es eso lo que impacta. Es la manera en que se le ilumina la cara. Y la manera en que tú descubres que se te está abriendo la boca porque la felicidad de otra persona, alguien a quien no conoces, te está haciendo muy feliz a ti.
Qué importará el sacrificio, pensé. De Japón a Flandes, de Flandes a España, todo el rato hablando un idioma que no es el suyo y la lucha por llegar, por no ser mediocre y las horas practicando un giro una y otra vez sin que salga y las lesiones y la falta de tiempo para todo lo demás. Qué importa.
No recuerdo haber visto nunca a nadie a quien le brillen los ojos así.
Actualizado: May me manda dos enlaces sobre Ángel Corella. Uno es su reportaje Gracias, Ángel. Y el otro es la dirección de la propia FotoEscena, pero de su foro, un foro magnífico (del que yo a veces no entiendo ni papa, por cierto), y magníficamente bien moderado, cosa que es de agradecer.
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7/25/2009 07:53:00 p. m.
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viernes, 24 de julio de 2009
Ángel Corella. Corella Ballet
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"Es la primera vez que me siento delante de un teclado y no sé qué escribir". Eso dije ayer, de madrugada, la primera crónica que hago para un informativo desde que trabajo en esta radio: crónica real, en primera persona. "Habla de la belleza". Pfff. La belleza. Qué poco, ¿no? esa palabra. O qué poco el concepto.
No me llega. Vi a Hermán Cornejo y se me olvidó parpadear. Kazuko Omori se confundió con el suelo y las columnas. Ayer vi disolverse, delante de mis ojos, todas las células de una mujer y convertirse en luz y ser mármol y notas. La música fue cuerpo.
Yo fui Carmen Corella. También aprendí que en danza se da la identificación con el personaje de una manera más íntima que en cine, porque es a ti a quien abrazan y eres tú quien mira y tu mirada antecede al cuerpo y lo controla y lo maneja.
Y descubrí que se puede danzar una pieza de jazz. A Duke Ellington, a Billy Strayhorn. Para esto se me acaban las palabras. Qué pena no poder mostrar lo que vi, ni la manera en que lo vi. El punto de chulería, la manera de crecer, de convertir Mérida en un tugurio de Harlem, él solo.
Acabo de comprar la última entrada centrada que quedaba en Orchestra. Tengo que verlo de nuevo. Aunque no baile el We got it good. Por cierto, creo que soy la única periodista que, cuando no va a trabajar, paga religiosamente su entrada. Pero de eso podríamos hablar en otra ocasión.
Le entrevisté hace dos días, a Ángel Corella. Tiene un año más que yo. Me contó que en el colegio le cascaban y que su adolescencia se la pasó metido en el estudio y que estuvo relegado porque en España no había una compañía de danza clásica. Lo decía tranquilamente, le han hecho mil entrevistas, ha contado esto y mucho más, pero te mira a los ojos y le ves el punto de tristeza cuando te lo cuenta, en esa mirada brillante y dulce que tiene. "Poquito a poco te vas conociendo como persona. Paso mucho tiempo solo". Y tú estás allí, hablando con él los diez minutos reglamentarios, y piensas: este niño me gusta. Es la suerte de no ser mitómana: que nadie te deslumbra y que, cuando te gusta alguien, te gusta por lo que ves.
Cuando acabó la obra, le di las gracias. "Gracias a ti. Lo que necesites", me dijo y me apretó la mano. Pues no lo necesito, pero me apetecería un montón un café.
La imagen es de Rosalie O'Connor y pertenece a la página de Ángel Corella.
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7/24/2009 09:40:00 a. m.
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jueves, 23 de julio de 2009
Todo tú
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7/23/2009 09:00:00 a. m.
Etiquetas: Pedro
domingo, 19 de julio de 2009
Gerona
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Me parece que hace siglos de las tardes de sofá y de las caricias, del rito de desayunar juntos después de haber salido a hacer fotos, de ir a comprar para tener lista la comida del día, del pacharán y los mojitos, las rutas por las librerías y las escaleras del casco antiguo.
Siempre que una vuelve de vacaciones ocurre lo mismo. Al segundo día de rutina, parece que nunca se fue y que la que vivió todo eso (el tiempo de despejarse y descansar, lo llaman: tiempo de sentir y descubrir, lo llamo yo) era otra persona.
A veces pienso que no se trata de que los viajes te cambien. Es otro de tus yoes el que viaja, mientras otra parte de ti se queda para volver a retomar los días con el mismo ritmo de siempre.
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7/19/2009 12:26:00 p. m.
lunes, 29 de junio de 2009
Michael Jackson
9
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Fui fan de Michael Jackson antes de comprarme todos los discos de Tracy Chapman y de Jimi Hendrix y de los Beatles. Fui fan de Michael Jackson antes que de nadie. No me quedó otra, de todos modos. Mi hermano Nacho puso, durante años, una cinta de cassette (el disco de Bad) hasta que se rayó. Y llegó Thriller. Y llegó Off the Wall. Por ese orden. Y llegó también la música de los Jackson Five. Y la mejor versión de Who's Loving You que he oído jamás y que me perdone Terence Trent D'Arby. Y un vídeo casero con un muchacho cantando, cuando era muy pequeño, y diciendo que a Jackie Wilson había que enfocarlo con todas las luces cuando bailaba y que él quería conseguir eso.
Lo consiguió.
Es el único cantante del que reconozco los temas al primer acorde. Gracias a él escuché por primera vez clásicos como I'll be there o Ain't no sunshine. Y supe quiénes eran Bruce Springsteen y Cindy Lauper y James Brown. Y qué era el Teatro Apollo. Recuerdo a mi hermano cantando With a Child's Heart una mañana de sábado de hace años. Y recuerdo el justo momento en que mis padres compraron el vinilo de Usa for Africa. Y lo que simbolizaban unos guantes blancos, unos calcetines blancos y unas tiritas en los dedos. Y la de veces que escuché She's out of my life. Y a mi primo Popi pinchando por las mañanas cuando se levantaba Man in the mirror, porque si uno quiere cambiar el mundo tiene que empezar por la persona que le mira en el espejo. Eso fue este hombre. La boca abierta cuando lo veía bailar, algunas lágrimas con ciertas canciones, el acercamiento al hard-rock que luego me gustó tanto, una voz infantil, una emoción.
Y el resto de lo que se cuenta de él, a mí me da exactamente igual.
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6/29/2009 12:45:00 p. m.
Etiquetas: Michael Jackson, Música
viernes, 26 de junio de 2009
Jacko
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Qué quieren. Yo era fan.
Pero hoy sigue siendo mi cumpleaños. Miren la entrada siguiente y felicítenme, carallo, que 33 no se cumplen todos los días.
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6/26/2009 12:27:00 p. m.
Etiquetas: Michael Jackson, Música
33
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Hoy cumplo 33 y me voy de vacaciones, con una cámara, un trípode (gracias, JLAtance, y a ver si actualizamos la galería), dos objetivos y varias tarjetas de memoria. También me voy con ganas.
No hago balance en los cumpleaños. Intento hacerlos en diciembre, pero tampoco me salen las cuentas: recibo mucho y tengo mucha suerte. Nunca pensé en cómo iba a transcurrir mi vida y en qué iba a estar haciendo en según qué decadas y, de todos modos, la experiencia me ha demostrado que, en mi caso, es mejor no hacer planes, porque se me desbaratan.
Llego a los 33 habiendo aprendido a mirar lo externo, con un nuevo círculo social ampliado y con la misma capacidad de asombro. Ahora sí hay proyectos: decidir una ruta, mirar hoteles en pueblos canadienses, disfrutar de los días y las novedades. Sin prisas. Sin agobios. Con serenidad. Llego, también, con una cabeza en la que caben todos los esquemas y todas las posibilidades y eso, que antes hubiera sido un signo de incoherencia, es lo que lo está volviendo todo tan divertido.
Me sigue gustando mucho todo esto.
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6/26/2009 07:00:00 a. m.
Etiquetas: Cumpleaños
lunes, 22 de junio de 2009
Ninguna imagen buena
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Leo, leo, leo. Me fijo. He visto más fotografías en dos meses que en toda mi vida anterior y eso que, antes de que me diera por comprarme la cámara, me fui a Madrid a ver Ocultos, con fotos de Man Ray, Salgado, Lucien Clergue, Cartier-Bresson y Mapplethorpe; Vidas Minadas, de Gervasio Sánchez; las fotos de guerra de Don McCullin: tengo los catálogos en casa. Y Luis Ramón Marín. Y Edward Steichen. Fui a Madrid sólo para ver a Steichen (por cierto, a ver cuándo aprenden a iluminar fotografías con cristales en los museos).
Es lo único que hago ahora: aprendo qué es la proporción áurea, olvidada en mis apuntes de Historia del Arte del instituto; aprendo qué marca que un objetivo tenga más luminosidad; me fijo en el color del cielo y de los edificios y veo belleza en todas las ciudades. No sé encuadrar esa belleza, ni acotarla aún, ni quitarle lo que sobra, ni valorar qué revelado o qué procesado podría quedar mejor. Intento trabajar en Photoshop sin conseguirlo (hay quien es capaz de quitar a los turistas o de pintarle un nervio a una hoja o de darle luz a la mirada y a nada más). Tengo tantos datos en la cabeza que me mareo y ni siquiera sé para qué demonios sirve el filtro de paso alto ni cómo hacer un balance de blancos en condiciones.
Y, cuanto más leo y más aprendo, más cuenta me doy de que en Gerona, a donde me voy en pocos días, o en Canadá, donde parto en dos meses y poco, no voy a sacar ninguna imagen medianamente digna, a no ser que me suene la flauta por casualidad como al burro de la fábula.
Definitivamente, en la ignorancia yo era más feliz.
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Los viajes que no hice
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6/22/2009 03:44:00 p. m.
Etiquetas: Fotografía
viernes, 19 de junio de 2009
Vicente Ferrer
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6/19/2009 05:57:00 p. m.
Etiquetas: Actuar, Vicente Ferrer
jueves, 18 de junio de 2009
Tom Sawyer
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En mi mente, Tom Sawyer tiene la pinta de los dibujos animados de mi infancia. Huck también. El sábado pasado, ese niño ocurrente volvió a salvarme. Me enseñó, de nuevo, que cierto tipo de lenguaje hace que las palabras no signifiquen nada y que lo que más quieres es lo que más cuesta conseguir porque somos así de estúpidos. Ahora recuerdo una charla, hablando sobre los escritores que te cambian la vida. Yo nombré a Dumas. "¡Dumas, no! ¡Dumas te entretiene!". Supongo que Mark Twain está en el mismo saco. Y Rafael Sabatini. Y Stevenson.
Me hace gracia esa división. Literatura entretenida, literatura elevada. Porque acabas pensando: "Dios, Twain es un clásico. Como Kafka. Algo tendrá. ¿O seré yo? ¿Estoy infantil, yo? ¿Es Twain peor que Kafka?" Y aún más: "¿Le pasa esto a Twain porque es americano o porque cometió la audacia de hablar de niños?".
No he releído Príncipe y Mendigo desde antes de la adolescencia, pero podría contar la historia entera y alguna anécdota, como la del sello real que servía para cascar las nueces. También he leído algún best seller. Los pilares de la tierra (menudo coñazo). El alquimista (horroroso). La sombra del viento, que me enganchó y me lo bebí (está hecho para eso). Todos se han ido. Ni recuerdo la trama, ni los personajes siquiera. Otros permanecen. Huckleberry Finn. Tom Sawyer. Athos. Aslan. Edmundo d'Antés. La Pimpinela Escarlata. Scaramouche.
También se quedan otros. Gregor Samsa. Sidney Carton. Los poemas de Juana Inés de la Cruz y de San Juan de la Cruz y de Quevedo. Las reflexiones literarias de Virginia Woolf. El Lazarillo de Tormes (¿eso es de aventuras, también?). Atticus Finch.
Me entretienen, todos. Toda la literatura que leo es literatura de entretenimiento. Ensayos incluidos. Si no me entretiene un libro, lo cierro. Y sí: Dumas te cambia la vida y Tom Sawyer te la salva un sábado cualquiera de un mes de junio.
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6/18/2009 10:40:00 a. m.
Etiquetas: Mark Twain, Palabras





