Está naciendo ahora: supongo que será un parto duro, pero que saldrá bien. La idea ha sido de una compañera de un foro de cocina (sí, le doy a todos los palos) y, como sé que aquí llega gente de muchas partes de España, pues me gustaría que lo dijérais en vuestros sitios por si alguien está en la misma situación.
Os dejo el enlace a su página: sí, es un blog de recetas riquísimas, pero os pongo el enlace en el que habla de la asociación y de Jordi.
Muchas gracias.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Asociación Santa Lucía
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9/11/2008 01:40:00 p. m.
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lunes, 8 de septiembre de 2008
Javi
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9/08/2008 03:36:00 p. m.
Etiquetas: Javi de Palos
domingo, 7 de septiembre de 2008
Desmemoria
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Se me olvidó que te olvidé.
Se me olvidó tanto que paseé por Madrid sin sentirlo, descubriendo calles y más calles desconocidas, tiendas de cómics y delicatessen, un nuevo cansancio en las piernas, unas fotografías geniales. Te recordé con Nerea y, donde antes hubiera habido una charla larga y sondeante, ahora sólo hubo una anécdota mínima, una de esas cosas que tienes que contar porque ella está delante y tenías que contárselo, pero sin rabia, sin pena, sin preguntas.
Se me olvidó que te olvidé.
Se me olvidó tanto que paseé por Madrid y acabé en la Plaza Mayor. Alcé la vista y se me cayó encima, entera, como un yunque: cada uno de los soportales y los arcos, cada una de las mesas de los bares, cada uno de los postigos, la estatua de Felipe III, los escudos. Toda. Me ahogué durante tres segundos y quise reponerme pero sólo dije una frase:
-Vámonos de aquí.
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9/07/2008 03:57:00 p. m.
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jueves, 4 de septiembre de 2008
Gracias
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Inmensamente feliz.
Lo escribo para que no se me olvide esta cosa tonta.
Que ayer fui muy feliz.
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9/04/2008 09:53:00 p. m.
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martes, 2 de septiembre de 2008
Defecto de fabricación
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9/02/2008 09:20:00 p. m.
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Seis eran dieciocho
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Creo que éste ha sido el meme que ha tenido más éxito de todos cuantos circulan por la red. Os recuerdo: seis cosas tontas que te hagan feliz. Ya he dicho que las mías no son tontas. Me lo ha enviado alguien y sus deseos son órdenes. Podría decir muchas más, pero dejad de mandármelo, por favor.
- Llegar a casa de Nerea y hablar, hablar, hablar... y descubrir, hablando, cosas en las que no había pensado antes.
- El abrazo fuerte de Juan Carlos Blasco cuando llego a trabajar. Todos los días.
- Los mojitos con una rubia y una andaluza hablando de vidas y de libros.
- Volverme loca comprando ropa para un niño que no ha nacido aún. Y no quiero ni pensar en qué haré cuando tenga edad de leer...
- El primer abrazo de alguien que te demuestra que ya has entrado en su vida.
- Hacer planes con Pupe, o que surjan.
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9/02/2008 03:24:00 p. m.
Etiquetas: Memes
domingo, 31 de agosto de 2008
Kois
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Cuando le conocí, hace ya varios años, no sé si seis o siete, me habló muy poco pero no se durmió durante la charla. Ese día yo tenía una verborrea incontrolable, como siempre que la timidez me vence (porque a mí la timidez me vence, pero no me impide) y él, que es tímido de verdad, se mantuvo callado mientras yo me agobiaba por momentos. Quizá nos preguntábamos lo mismo: quiénes éramos y por qué nos eligió ella, a él como pareja, a mí como amiga; si nos gustaríamos él y yo o qué podría pasar a partir de entonces.
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8/31/2008 06:29:00 p. m.
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sábado, 30 de agosto de 2008
Planos detalle
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Siempre he tenido una imaginación fragmentada. Nunca recuerdo el todo: sólo planos detalle y sensaciones, sabores, olores, palabras. La curvatura de un hombro dorado; la línea de separación del pecho; unas manos muy sabias, de dedos cuadrados, perfectos, que no se me van de la cabeza; una caricia en la pierna que tuvo el poder instantáneo de hacerme temblar como un preludio; unas pestañas muy largas, muy tupidas, sobre unos ojos que saben escuchar; mi risa ante un ronroneo -no te rías- que fue espontánea porque me alboroza ver cómo alguien disfruta; una piel suave, muy suave, cuyo tacto recuerdan ahora las yemas de mis dedos; la manera de apresar un pezón entre los dientes; los dibujos que me hacían cosquillas en el costado; las palabras que no dije por pudor, vergüenza, bloqueo o -mucho me temo- gilipollez; un sexo muy duro rozándome el muslo al principio y su sabor -muy, muy rico- más tarde; la forma de entornar los ojos en una embestida; un susurro que jadea y un gemido; el color del semen encima del ombligo; un beso en el cuello; una lengua que entra en mi boca como si fuera suya; un cuerpo desnudo en la cocina; un antebrazo con la forma exacta.
Todo eso recuerdo.
También evoco lo que no ocurrió. El sabor terroso, amargo y seco de las ganas de más, desde hace días.
Ahora he descubierto que el tiempo a veces no mitiga: potencia.
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8/30/2008 01:50:00 p. m.
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viernes, 29 de agosto de 2008
Algo contigo
13
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Suena la guitarra de Vicentico y canta una canción que no compuso él. Es la mejor versión que he escuchado nunca de ese bolero. Quizá no sea la mejor, pero a mí su voz me estremece porque una vez me dedicaron este tema, este tema suyo que no es suyo, y me compré ese disco sólo porque ya me sabía la letra de memoria. Lo escuché y creo que lloré, no lo recuerdo, pero supongo que sí, porque en aquel momento todas y cada una de las frases eran reales. Sobre todo una.
Posiblemente, no conozca a muchas de las personas con las que me apetecería tomarme un café. No conocí a Jorge, que me mandó un cuento de Allan Poe para explicarme por qué se iba. Ni a Minerva. Ni a David, que murió y por el que dos seguimos manteniendo un foro de debate que no es lo mismo sin él. No conozco a Náufraga, a pesar de que nos escribimos desde hace ocho años. Ni a Karma7, ciruja, Tuppence o Vertigo y no sé si habrá alguna oportunidad de quedar con Tragamuvis en cualquier lugar del mundo. Tampoco voy a encontrarme nunca con la persona que me dedicó Algo contigo, pero eso ya no duele, o duele mucho menos y sólo duele a ratos.
Ahora tengo aquí a un anónimo que me escribe versos. Me gustan los poemas que escoge y al principio se me saltaron las alarmas porque pensé que podían ser dos personas. Nunca he sabido que una de ellas leyera poesía y la otra no escribe como él, pero se le parece. Reconozco estilos cuando he leído mucho a alguna gente, aunque no soy infalible y cualquiera puede disimular. Y, si no fuera porque dudo mucho de que mi otro candidato sepa quién es Santos Domínguez, le hubiera dado todos los puntos. Por muchas razones. Hasta que me di cuenta de que podía ser un ella y no un él y de que posiblemente haya llegado a este sitio por casualidad y haya querido comunicarse con las palabras de otros. Quizá un día se vaya también y yo me acuerde a ratos de ese anónimo que me escribía versos.
Sigo escuchando canciones que me recuerdan los encuentros que nunca se produjeron. Antes cantaba Vicentico. Ahora es Calamaro quien grita.
Cuando yo creo que estás en mi poder, tú te vas soltando, te vas escapando de mis propias manos (...) Al final me aclaro que te estás burlando, que te estás riendo, en mi propia cara de mis sentimientos, de mi corazón.
Parece que escojo el principio, pero que nunca soy capaz de elegir los finales.
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8/29/2008 10:47:00 a. m.
domingo, 24 de agosto de 2008
Fernando Hernández Pelayo
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No sé a qué hora nos han dado la noticia, porque estas noticias siempre te las dan. Te las dan y no te las crees y recuerdas, intentas recordar, cuánto tiempo hace que no le ves y fue hace poco pero a ti te parece mucho o qué más da.
Le conocí, no podía ser de otra manera, en una rueda de prensa. Luego nos vimos muchas veces más y, entre comparecencia y comparecencia, me contó que era de Cáceres, que había adoptado a dos niñas chinas, que tenía dos hijos más y que estudió en la Complutense.
Siempre recuerdo las primeras imágenes: un tipo muy grande, orondo, muy guapo, camiseta gris, vaqueros y unas gafas de espejo rarísimas con los cristales naranjas. Llegó a Adenex cantando y, a partir de ahí, comenzamos una especie de rito, cada vez que nos veíamos:
-Fernando, cántame...
Y me cantaba.
Se llamaba Fernando Hernández Pelayo. Nació un 14 de agosto de 1958 y falleció un 23 de agosto de 2008: que es el día en que escribo esto, sin creérmelo aún.
La última vez que le vi, se iba ya y le llamé:
-Hoy no me has cantado nada, pedazo de negligente.
Y, como siempre, me miró. Y me cantó.
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8/24/2008 02:38:00 p. m.
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viernes, 22 de agosto de 2008
Seis eran doce
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Por riguroso sorteo entre sus amigos, me llega de José Manuel Díez un meme que ya hice por encargo de Puntos de Vista: el de las seis cosas tontorronas que te hagan feliz. Y, aunque estoy de acuerdo con él en que ninguna de las cosas que me hacen feliz son tontas, procedo a buscar otras seis:
-Los nervios antes de abrir la puerta cerrada del salón el día de Reyes.
-Sentarme en el sofá de la casa de Maricarmen para hablar con ella y con Javi, leer los periódicos, ver una película, dormitar...
-Cantar. Escuchar a Pupe y mi hermano Nacho cantar. Cantar con Pupe. Cantar con Julia. Tararear canciones en un concierto o gritarlas directamente.
-Curiosear en una tienda en la que vendan cosas que me gustan: libros, cachivaches para la casa, productos gourmet, especias, chocolates...
-Las charlas arreglando el mundo.
-Sonreír porque recuerdas.
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8/22/2008 06:20:00 p. m.
Etiquetas: Memes
jueves, 21 de agosto de 2008
Boquerones fritos
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Si fuera a Madrid por primera vez, no dejaría de visitar la Plaza Mayor, el Madrid de los Austrias, el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía y quizá algún convento. Hace quince años que no piso el Palacio Real y el mismo tiempo que no entro en ninguna de sus iglesias. Salvo en la Almudena, ese monstruo horrible con aquel retrato de San José María Escrivá de Balaguer, canonizado por un Papa muy popular al que yo no le vi nunca maldita la gracia y que nos hace recordar a todos que no sufriremos los rigores del infierno. Si es que existe.
Me quedan pendientes la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Museo Nacional de Artes Decorativas, pero la ciudad que yo habito se mueve siempre entre unos pocos barrios -Chueca, Vallecas, Lavapiés-, en algunos restaurantes de comida internacional -esos vídeos musicales afganos, impagables, Dios-, tres o cuatro cafeterías imprescindibles y varias tabernas con vermú de grifo.
En ninguna ciudad he caminado tanto, en pocas me he emborrachado más a gusto y sólo alguna más tiene ese asombro nuevo de lo cotidiano. Ahora sólo tengo un plan, porque Edward Steichen me espera en el Reina Sofía. Pero eso sí.
Me muero por un café con leche, en taza grande, y una buena tapa de boquerones fritos en el Café Gijón.
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8/21/2008 06:37:00 p. m.
miércoles, 20 de agosto de 2008
Promesas que me hice y se me olvidó cumplir
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No hago propósitos de año nuevo. Miento: sólo una vez, en El Convento, Pupe y yo rellenamos una lista que hemos cumplido sólo a medias. Sin embargo, sí hay proyectos siempre. Proyectos que necesitan tiempo, dinero y ganas. En Facebook he rellenado un mapa con (casi) todos los lugares que he visto. Mi radio de acción se reduce a España (no está mi primera casa), Portugal (tampoco está mi segunda casa, que fue A Portagem) y el Norte de África. También he señalado los lugares a donde quiero ir. Algunos son típicos (Nueva York, Orlando, San Francisco, Los Ángeles, Roma, Venecia, Florencia, Buenos Aires, Santiago de Chile). Otros forman parte de esos viajes que una tiene en la memoria por las lecturas (Rouen, La Rochela, Yukon) y otros son destinos que siempre me atrajeron, aunque no pueda explicar por qué. Soy más urbanita que campestre pero siempre he querido ver los bosques canadienses en otoño. Y siempre, también, Transilvania y Kaz y Oludeniz desde que Neno me habló de ellas, más allá de Estambul.
También me propuse aprender idiomas, inglés sobre todo, porque queda lejos el tiempo en que abandoné el árabe, el francés y el hindi. El otro día estuve hablando con Sandra Canudas, que ha editado un libro, Manual para viajeras, que ya tengo y que reúne una serie de consejos para mujeres que viajan solas (Europa se despacha en cinco líneas: no hay ningún problema). Porque hay muchas mujeres que viajan solas y, mientras ellas preguntan, sobre todo, por aspectos relacionados con la seguridad, ellos lo hacen sobre si será aburrido hacer planes y ver sitios sin nadie a quien contárselo.
A mí comienza a atraerme ahora, que descubro que poca gente viaja como yo (que soy incapaz de patear y patear para verlo todo en un día porque, qué se le va a hacer, tomar café en un bar me gusta mucho mucho mucho) y también me digo que debería sacarme de una vez el carnet de prensa internacional (otra cuestión pospuesta mucho tiempo), colgarme una buena cámara al cuello y decir que soy fotoperiodista y estoy haciendo reportajes (que siempre dejan entrar en según qué sitios con más facilidad). Y, como sé que viajaré sola, sólo me he marcado destinos en los que supongo que podría desenvolverme a pesar de no saber el idioma (que a ver qué demonios como yo en Rumanía, además de chiorba y sarmale, que al menos sé lo que son): un Estados Unidos poblado de hispanos, una Latinoamérica en la que se habla español...
Por lo pronto me espera Madrid, como siempre. Y Lisboa. Y Granada. Y una boda en octubre. Y unos pocos días de vacaciones que no sé cuándo tendré. Y una cuenta corriente que alimentar para el año que viene. Y una mochila nueva. Para cuando cumpla de una vez todas esas promesas que me hice...
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8/20/2008 04:31:00 p. m.
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sábado, 16 de agosto de 2008
En la retina
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He visto a un yonki meterse aire en las venas; alguna bronca callejera; tres cigüeñas bailando para mí durante un día de resaca; tres países distintos y aquí al lado; una flor de jara en los caminos; la niebla menos veces de la que me gustaría; un cadáver de un hombre al que no conocí; las lágrimas de mis mejores amigas (de ellos, no); varias piedras volando en dirección a mi cabeza; tres pieles que se hicieron mías un ratito; muchos paisajes que ya no recuerdo; alguna paliza; una cárcel asfixiante (como lo son todas); un juicio con la primera absolución en 41 años; un cangrejo con las pinzas de oro. He visto un atardecer en el mar y, en el mismo mar, una luna de plata y a decenas de inmigrantes llegar a las costas de Motril muertos de hambre, de sed y de frío mientras un montón de curiosos los miraban. He visto, y vuelvo a ver, a niños metidos en contenedores de basura buscando algo que comer entre los desperdicios. He visto a una mujer con la cabeza abierta por una paliza que le había dado su ex marido con una barra de hierro. Tenía cara de no haber roto nunca un plato, el hijoputa, y una orden de alejamiento que, por supuesto, no cumplió.
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8/16/2008 11:55:00 a. m.
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viernes, 15 de agosto de 2008
Las palabras que son suyas
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Al final descubres que todos tienen el mismo miedo que tú. A ciertos temas de conversación, a determinadas preguntas, a la desnudez real (que a veces se mezcla con la física, pero no siempre y no a la vez), al silencio incómodo, a la soledad impuesta.
Amaso una carne que no está y la recuerdo. Sonrío hasta que me duelen las mejillas. Hablo de las mujeres importantes de mi vida y siento la necesidad de tomarme un café instantáneo con una de ellas en su nueva cafetera rojo Ferrari, para intercambiar vidas, caminos de Santiago, risas, un fin de semana lleno de sensaciones y una borrachera de palabras. Hablo de la invisibilidad, de los sitios donde me he quedado, de los fantasmas y de las heridas. Descubro que no me quedan cicatrices, que me apetece regalar un poema, que no me importa contar si estoy cómoda, pienso en mis canciones recurrentes, en las imágenes que proyectamos y confieso que soy incapaz de encontrarle un defecto, por más que busque, a ciertas personas. Imagino otros lugares y, por vez primera, un viaje acompañada que posiblemente no se produzca nunca. Me veo caminando por calles desconocidas, en paz y muy serena y hay también un prado verde. Y pienso si la madurez será, al fin, un equilibrio que te haga disfrutarlo todo como si todo ocurriera por vez primera. Se me empañan los ojos en el momento de la despedida y no sé en qué se basarán los recuerdos ni el tiempo que transcurrirá hasta entonces. Vuelvo a sentir la ternura y unos brazos. Y sé que callaré las palabras que son suyas.
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8/15/2008 08:39:00 p. m.
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jueves, 14 de agosto de 2008
Para quedarse
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En mi casa, ahora, están los restos de una visita que no recogeré hasta mañana. Una cama por hacer, un montón de cerveza en la nevera, tres botellas de vino sin abrir, un par de vasos largos en el fregadero, una resaca leve de tabaco y ron y mil palabras rondándome la cabeza.
Un Brugal con frío en la terraza equivocada del teatro, dos charlas hasta las cuatro y media de la mañana, unos planes lentos llenos de piedras viejas, el aljibe con peces rojos en la Alcazaba, bacalao dorado, tortas de la Serena y del Casar, una cripta en el museo, el casco antiguo de Cáceres, Coldplay y los Beatles, Buika y Jorge Drexler, Tom Waits y Coltrane. Una cigüeña que marca el camino, una sonrisa perenne, un abrazo largo de despedida y lo demás. Todas las primeras veces en dos días.
Luego ya sí: luego recogí los restos de la visita, la casa se me hizo grande y eché de menos una voz que se me desdibuja. Y la calma de contarle quién eres a un desconocido que no guarda ideas preconcebidas e inmutables sobre ti, el silencio para paladear las conversaciones, mi mirada huidiza cuando yo hablaba porque si miro mucho no me concentro y decirle que cierre los ojos, que yo guío.
Descubro, de nuevo, que no me gusta que la gente se vaya. Aunque creo que él llegó para quedarse.
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8/14/2008 07:05:00 p. m.
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lunes, 11 de agosto de 2008
Batería de preguntas
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¿Qué zapatos elige? Más que zapatos, marcas. La mayoría no los aguanto ni un cuarto de hora, pero descubrí los Clarks y los Camper, que no me hacen daño. Creo que los Pikolinos tampoco, pero mi última adquisición necesita doma. No soporto los tacones: me duelen muchísimo los pies.
¿Cuál es su lema en la vida? La gente está fatal... pero todos somos gente.
¿Cuál es la cualidad que más valora en una mujer? La conciencia de género.
¿Y en un hombre? Pues lo mismo: que tenga conciencia de género (pero no del suyo: del mío, ojo).
Pero lo primero que le mira es... Lo que más destaque: en unos los ojos, en otros las manos, o los labios o la sonrisa... No, no me fijo en el culo.
Cuélguese una medalla. Es media medalla. Escucho. Pero sólo a quien me interesa. Quizá sea una medalla entera: antes escuchaba a todo el mundo.
¿Qué rasgo de su apariencia cambiaría si pudiese? Huy, casi toda yo, salvo algunas partes de mi cuerpo que me gustan mucho.
¿Cuál es el defecto propio que más deplora? Mi absoluta falta de sentido de la oportunidad.
¿Y su mayor virtud? Yo es que no creo en virtudes ni defectos; al menos, no en el sentido que les da el común de los mortales. Si tengo que decir un rasgo mío que me guste, supongo que la capacidad de análisis y de autoconocimiento y de lucha (interna) que me ha llevado a ser lo que soy.
¿En qué consiste la felicidad? En que no haya dolor. Claro que si no hay dolor, pero tampoco alegrías, más que ser feliz, eres un corcho andante. Así que reformulo: en que no haya dolor y sí alegrías. Digo.
¿A qué le tiene miedo? ¿Yo? A casi cualquier cosa. A las alturas, a los insectos (menos a las moscas, a todos los demás), a la gente en general, a los conflictos...
¿Qué le aburre? Una charla de cosas de chicas. Es decir, una charla de estética y cosas así en plan: qué guapa estoy y qué mona me veo... No es que me aburra, me pone de los nervios y me dan ganas de matar. Me irrita soberanamente.
Dígame algo a lo que jamás renunciaría. A escribir. Las épocas en las que no lo he hecho, se me han olvidado del todo.
¿Qué hecho histórico le hubiese gustado vivir? ¡Todos! Me hubiera gustado estar en un sinfín de sitios. Quizá no "vivir", pero sí "ver", desde arriba, para saber qué pasó o cómo vería yo lo que pasó.
Posar para alguien... ¿vestida o desnuda? He posado vestida y desnuda: depende de quién sea.
Comida y bebida preferidas. Canelones de mi madre (no puedo comerlos, engordan muchísimo); tiramisú -o cualquier postre, aunque ése por encima de todos los demás-; Coca-Cola; vino o Brugal-cola. Depende de dónde y con quién.
Un disco o una canción. Como siempre, depende de la época. Ahora me ha dado por Miénteme bien, de Concha Buika.
Un libro. Hay cientos de ellos. No podría elegir uno.
¿Y el que nunca ha conseguido terminar? Tengo muchos pendientes, me pasa como con las películas: muchos clásicos: Thomas Mann, Stendhal, Cervantes... La lista es infinita. Ahora, si de terminar se trata, nunca he conseguido acabar ninguno de Victor Hugo. No me pregunten por qué.
¿Cuál es su personaje de ficción preferido? Merry Brandigamo, Akela, Grimya, Sidney Carton, Aslan, Lobezno...
¿Qué talento le gustaría tener? Escribir bien. Saber tocar cualquier instrumento (pero sin estudiar). Saber idiomas (pero sin estudiar). Saber bailar (soy un pato mareado). Saber hacer todos los deportes (soy un pato mareado: ah, eso ya lo he dicho).
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8/11/2008 06:00:00 p. m.
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domingo, 10 de agosto de 2008
Los libros que cambiaron tu vida
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El País publica hoy una lista de 100 escritores que escogen, cada uno, 10 libros que les cambiaron la vida. Las listas van cambiando y, además, considero que los libros que tienen ese poder lo ejercen, sobre todo, en la infancia y la adolescencia, cuando estamos descubriendo el poder de la lectura. Por eso, entre tanta sesudez, me encanta encontrarme con un Javier Marías que destaca La isla del Tesoro, o con quienes no son sospechosos de profesar religión alguna y nombran La Biblia, cuyo Eclesiastés yo sigo nombrando a la menor ocasión. La he guardado, para que me sirva de guía, pero me encantaría un porqué. Qué tuvieron esos libros que no tienen ninguno de los demás para poder cambiar a alguien, si es que ese cambio ha sido real y no se basa en una mera relación de títulos para la galería. Quizá los que yo nombre no sean mis preferidos, pero sí tuvieron ese poder.
1.- Rebelión de verano. No recuerdo el autor, según internet y si no hay ningún libro que se llame igual -en teoría no, pero en la práctica existen- pueden ser Bill y Vera Cleaver. Yo sólo sé que lo leí cuando tenía seis o siete años, que terminé llorando a moco tendido y que, cuando lo terminé, volví a abrirlo por la primera página para releerlo. Hablaba de la malaria y, sobre todo, hablaba de los dependientes ("el dependiente" se llamaba Luke), de quienes necesitan siempre a alguien al lado. Luego descubrí que soy dependiente a ratos, pero que la dependencia enfermiza de mí me provoca ahogo y angustia.2.- La Historia Interminable, de Michael Ende. Fue el primer (y único) libro que he leído al alimón. Mi hermano mayor y yo, antes del desayuno, cuando aún dormíamos juntos, nos levantábamos para cotejar nuestra visión de Atreyu, Bastian y Fújur; para imaginarnos cómo seguirían esas otras historias que deberían ser contadas en otra ocasión y para disfrutar como pocas veces he disfrutado más tarde de un libro -por lo que tenía de primera vez y de descubrimiento-.
3.- La isla del tesoro y El Club de los Suicidas, de Robert Louis Stevenson. Porque, leyéndolos, me di cuenta de que se podía envidiar a un escritor: yo, que siempre me he vanagloriado de no sentir envidia alguna de nadie. Sólo me ocurre con él y ni siquiera pienso que sea el más genial de los escritores que frecuento. Pero, cuando una lee cierto párrafo del Club de los Suicidas y comienza a insultar a su autor, al final ha de colegir que eso es envidia de la mala.
4.- Corazón, de Edmundo d'Amici, ese señor que decía que el destino del hombre depende de que en su casa paterna haya habido, o no, una biblioteca. Porque tenía razón y porque he crecido con Garrone y con el Albañilito y con ese personaje aprendí a que me gustara la suciedad que procede del trabajo.
5.- Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, porque de ahí viene mi concepto del honor.
6.- Trilce, de César Vallejo, porque lo leí con once o doce años y fue el primer libro de poemas que me emocionó.
7.- Cualquiera de los libros de Louise Cooper, que fue mi primer acercamiento a la literatura fantástica y a la que le debo, en mucha parte, la manera que tengo de preguntar cuando el tema es doloroso para mi interlocutor. Me falta la segunda parte de El Señor del Tiempo y Timun Mas los tiene descatalogados. Cabrones.
8.- Dumas. Los tres mosqueteros, Veinte años después y El Conde de Montecristo, porque fueron los primeros personajes (junto con Tarod, del Señor del Tiempo, de Louise Cooper) de los que me enamoré físicamente. Taquicardia me entra cuando los leo, oigan.
9.- El libro de la selva (que en la edición que yo tengo se llama El primer libro de las Tierras Vírgenes y El segundo libro de las Tierras Vírgenes) que me hizo darme cuenta, cuando los leí, (también era muy pequeña: ¿veis? los libros que cambian la vida, al menos a mí, son los de infancia) del daño que ha hecho Disney y de que la falsa modestia no sirve de nada. Y qué carajo, porque siempre quise ser Bagheera.
9.- Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz, porque me lo sé de memoria y me sigue emocionando. Cada vez que lo recuerdo se me pone la carne de gallina. No sé en qué me cambió la vida, pero supongo que si despierta en mí todo eso, es que algo debió de hacer en favor de mi sensibilidad.
10.- Matar un ruiseñor, de Harper Lee y Rebeca, de Daphne du Maurier: los dos por la misma razón: por mostrarme, al más puro estilo David Lynch, que las cosas no son lo que parecen.
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8/10/2008 05:29:00 p. m.
Etiquetas: Palabras
sábado, 9 de agosto de 2008
Crudeza
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En este juego de las imágenes, me dicen, parezco bastante cruda. Escribo con frases cortas, no me gustan los rodeos -por muy seductores que parezcan, pero ése (el de la seducción) es un lenguaje que no sé utilizar- y pregunto a bocajarro. No es nada nuevo: siempre he contrarrestado la timidez yéndome hacia el impudor. Puedo ser implacable, en según qué situaciones, según con quién y según con qué temas que no aguanto más de dos minutos sin estallar, pero eso no suele ocurrir demasiado a menudo. Siempre me excuso: no sé escribir de otra manera. Para eso se inventaron los emoticonos: para paliar la ausencia de voz y de mirada, pero a mí nunca me han gustado demasiado. No me queda más remedio que usarlos: un chat y una selección de correos apresurados los precisan para que el otro sepa cuándo hay ironía o cuándo estás de broma. Pero, hasta que me di cuenta de su necesidad, siempre había pensado que escribo suficientemente claro y que mi interlocutor sabía, perfectamente, lo que yo quería decir, y más importante aún, cómo lo decía. No es cierto: lo he comprobado mil veces. Sobre todo, cuando la relación es estrictamente internauta. Se mezclan demasiadas cosas: que no sabes quién es quien está al otro lado, para empezar (por eso no aguanto los anónimos); la natural reserva y la natural protección, también; el deslumbramiento que produce este medio y, además, el hartazgo que me produce que gente que no te conoce ni te ha visto en la vida se permita erigir juicios sobre lo que te ocurre o lo que eres, por mucho que hayan creído adivinarte por lo que escribes. Que no sé ser graciosa, ni divertida, ni dulce, ni tierna con un bolígrafo en la mano -ya me gustaría, pero no escribo tan bien- y que no hay susurros, ni miradas, ni tacto. Luego toca -ha tocado muchas veces- explicar el tono que les das a las frases o a ciertas preguntas más o menos íntimas. Porque, a pesar de todas las trabas, sí hay gente a la que intuyes y con la que sabes que conectaríais muy bien cara a cara. Hay un sexto sentido para eso, que va mucho más allá de desdeñar a quien escribe en lenguaje XAT. Por eso, al final, un encuentro se hace inevitable, cuando se han traspasado ciertas barreras.
Pero hay algunos que eso no lo entienden nunca.
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8/09/2008 06:50:00 p. m.
Etiquetas: Internet
viernes, 8 de agosto de 2008
Un té en Málaga
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Les vi a los dos a la vez, hace más de un año, cuando él había tomado el camino más difícil -ahora sé que le salió bien, o que le salió como tenía que haber salido- y cuando del otro no sabía más que unas pinceladas, lo mismo que sé ahora. Les vi a los dos a la vez, digo, pero no es del todo cierto, porque comimos los tres juntos, pero antes me tomé una caña con el segundo y hablamos de las relaciones -que, al final, son lo único que importa-, de los amigos, de las novias inaguantables de los amigos. Y con el primero, que es de quien quería hablar, me tomé un té largo, caminé por Málaga -que me pareció muy destartalada, pero igual de abarcable que cuando la recorría con Luci- e intercambiamos exposiciones y arte y modos de ver la vida, las relaciones de nuevo, el tiempo, el dolor.
Supongo que los asocio por eso: por una comida conjunta que tuvimos en el Clandestino, una ensalada con mango, creo, y manzana, que estaba muy rica; una charla en la que se rompe el hielo y hay silencios y uno arranca a hablar y luego, como pasa siempre que dos o tres se reconocen, todo fluye y es cómodo.
Ahora, que viene a verme el segundo de ellos, me acuerdo del primero, que anda por festivales y de verano y que tiene plaza cerca de casa por un curso y se me vienen a la cabeza su manera de expresarse y de describir lo que sentía, esa facilidad de palabra que te hace desgranar cada uno de los procesos de un estadio de tu vida y que yo no tengo en una charla hablada. Y no se lo dije, o no se lo dije así, pero me admiró mucho. No sólo por la claridad sino, sobre todo, por la apertura y lo fácil que resultó escucharle y quedarme con el poso de la charla mucho tiempo después.
No hemos vuelto a hablar. Nos conformamos con mensajes de blog, sms y palabras sueltas en un foro de cine. No me gusta el teléfono, pero me gustan mucho el té y su charla y firmaría por uno ahora mismo, sin prisas, un vaso grande con hielo y su mirada.
Imagen de José Miguel.
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8/08/2008 10:11:00 a. m.
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jueves, 7 de agosto de 2008
Una muñeca pelona
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De la importancia de las peluquerías ya han hablado Tupp y Suntzu en alguna ocasión. Yo tengo mis dos peluqueros de cabecera, pero están una en Valencia de Alcántara y el otro en Sevilla, así que no me queda más remedio que ir probando, con mejor o peor fortuna. Lo bueno es que, al fin, el pelo crece y el mío crece muy rápido (pero no instantáneamente, claro está). Lo malo es que tengo cuatro.
Cuatro pelos mal contados, a los que un día les voy a tener que poner nombre y que, en situaciones de estrés (y he tenido algunas en los últimos meses) se me cae, como a todo hijo de vecino. He tenido experiencias de todo tipo: desde los cardados imposibles para dar mucho volumen que te hacen parecer una señora de 70 años, hasta los cortes a lo chico que te dejan las orejas al aire y un casco por flequillo.
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8/07/2008 08:52:00 p. m.
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martes, 5 de agosto de 2008
Ellos
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Ayer estuve cenando con quien es mi territorio, mi orientación y mi cordura y otra mujer de 20 años. Hablando de hombres. Esos completos desconocidos. Con lo de la amistad entre los dos sexos ocurre lo mismo que con la religión: es cuestión de fe y hay quien piensa que es imposible. Nunca me había parado a pensar en el papel que podrían haber desempeñado mis dos hermanos (varones) en el hecho de que yo haya tenido amigos siempre, pero ayer me di cuenta -cuando ellas dos dijeron que, con hermanos, era más fácil- de que yo salía siempre con ellos y sus amigos cuando era pequeña -una pandilla de once tíos en la que sólo estábamos dos chicas- y luego fue fácil incorporar a otros a mi vida, en el instituto, en la Facultad, en los trabajos.
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8/05/2008 01:18:00 p. m.
domingo, 3 de agosto de 2008
Lo que no escribo nunca
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Dije por ahí que hay temas que me importan, pero de los que no escribo nunca. Uno, la incapacidad para informar (y menos aún formar) a nadie en medio minuto. Dos: la legitimación que se hace del statu quo cuando das noticias con muertos y más muertos que nunca son aquí, sino en esos otros sitios subdesarrollados en los que tenemos la suerte de no vivir (dicho por una parte en serio y por otra en tono de ironía). Tres, la excarcelación de De Juana Chaos. Cuatro, el fin de semana que me he pasado oyendo burradas.
Unos se preguntan cómo es posible que salga de la cárcel. Yo me pregunto cómo es posible que entrara. Le condenaron por unos artículos que escribió en Gara -"Gallizo" y "El Escudo"-. Los he repasado de nuevo: ya lo hice cuando ingresó en prisión. Y sigo pensando lo mismo: que hay que hilar muy, muy, muy fino para ver amenazas: o eso, o que yo no sé leer.
(Y también me pregunto por qué un tío puede verter públicamente opiniones discriminatorias sobre los moros o los homosexuales y no pasa nada: ni cárcel ni multa).
Ha salido, porque ha cumplido. Y ésa es una frase jodida, porque yo la he tomado siempre como una verdad inmutable. Uno comete un delito y paga. Y, cuando paga la deuda, se va a su casa. Pasa con todos: pasa con los ladrones, pasa con los violadores, pasa con los pederastas. Y ninguno de ellos ocupa las portadas de los periódicos y las aperturas de los informativos durante dos días seguidos, aunque a mí me creen la misma alarma que un etarra en la calle.
Por esa alarma me he pasado dos días oyendo burradas: sobre el endurecimiento de las penas, para empezar (y porque no queda fino, que si no alguno habría solicitado garrote vil o la horca). La cadena perpetua efectiva -es decir, que alguien pase toda su vida en la cárcel- a mí me parece inhumana. Niega la capacidad de cambiar, la capacidad de asunción de lo hecho, la capacidad de volver a vivir de nuevo. Y se asemeja mucho, pero mucho, mucho, a la tortura. Yo la rechazaré siempre, como rechazo la pena de muerte, por la misma razón. Por exactamente la misma razón. ¿Qué delitos la merecerían? ¿Quiénes? Imaginen: un etarra que mata a una persona y un alcohólico que mata a otra. ¿No es el mismo, el delito? El resultado al menos sí: alguien ya no vive más (no comprendo demasiado bien las diferencias entre asesinato y homicidio). ¿Al etarra cadena perpetua y al alcohólico no? (A uno de mis yonkis, alcohólico, 41 entradas en la cárcel con 41 años que tenía, lo enchironaron por homicidio. Es una de las personas más dulces que he conocido nunca). No puedo averiguar dónde está el límite: ¿por qué para un etarra sí y para un violador no? Hablan de arrepentimiento y de que van a volver a delinquir. El uno y el otro, digo yo, con casi total seguridad. ¿Quién decide eso?
Y, sobre todo, ¿por qué la gente no piensa antes de lanzar sus palabras a un micrófono? Que luego la que se lo tiene que escuchar es la menda. Hartita de tó.
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8/03/2008 10:40:00 p. m.
Etiquetas: Periodismo
Como las olas
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Hay personas que se te escapan, como las olas, y hay gente de la que sabes que, si algún día llegan a irse, te quedarás un poco más sola y más vacía. Ese dolor no desaparece: sólo se hace más sordo, hasta que vuelve a renacer con una canción, con un texto encontrado por azar o con el recuerdo de lo que jamás hicisteis juntos. Son presencias que el tiempo no borra porque se han quedado dentro... y no se definen por los años de convivencia, sino por la intensidad.
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8/03/2008 10:05:00 p. m.
Etiquetas: m0ntaraz
sábado, 2 de agosto de 2008
Así pasen 20 años
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Hay algunos que hacen que parezca muy fácil.
Él se levanta todos los días, desde hace veinte años, para hacerle el café. Ella dice que él es su eje, su columna vertebral y su templanza. Ellos dos caminan por las calles de Lisboa, o de Alcalá, llenos de risas, coqueteando como si se acabaran de conocer, aunque fueron el primero el uno para el otro, hace ya también dos décadas, cuando iban a entrar casi en la adolescencia. Dicen que el truco es hablar mucho, escuchar, preguntar y no dar nunca nada por sentado, olvidar esa tendencia a pensar en la pareja como en la propia sombra.
Siempre he sido sola, todavía me asombro cuando oigo a la gente hablar en plural (hemos ido, vamos a viajar, pensamos... ¡Pensamos! ¡Dios, qué pérdida de individualidad: ¿qué significa pensamos?!) y a mi alrededor hay parejas para todos los gustos: están aquéllas en las que uno es el amante y el otro es el amado, que se deja querer porque no ha llegado nadie aún que le suscite una pasión loca; están los que siguen juntos por la costumbre y por el miedo a no tener a nadie con quien hacer planes; los que se divorcian porque conocieron a alguien por internet que luego no fue como pensaban; los que no se separan jamás pero se acuestan con todo aquel que pillan; los que luchan por ser aceptados por los hijos del otro sin conseguirlo casi nunca; las que renuncian a cualquier cosa que les haga feliz porque a él las aficiones de ella no le gustan y ellas van a pasarse toda la vida sin viajar a ningún lado; los que se casan porque ella les da un ultimátum y ellas van felices al altar mientras las demás nos echamos las manos a la cabeza; los que dicen querer mucho a sus legítimas pero divertirse más follando con otras; los que parecen mosquitas muertas pero llevan durante años una doble vida y engañan y mienten; y los que acatan órdenes y más órdenes sin plantearse nunca cuáles son sus deseos.
Por eso, cuando veo a los de los veinte años, les pregunto siempre cómo hicieron.
La respuesta, también, es siempre la misma: No sé.
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8/02/2008 07:37:00 p. m.
Etiquetas: Ale, Karmele, Pili y Miguel Ángel
viernes, 1 de agosto de 2008
Madrid
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Madrid es una mujer de voz dulce, que ve películas a las doce de la noche, en versión original: Bergman, Tarkovski, Antonioni, Tavernier, Dreyer. Es una mujer que descubre pizzerías, que me acompaña a conciertos, que es capaz de beberse conmigo una botella de vino y reírse y reírse y reírse y mirarme con ojos dulces y abrazarme mientras duerme y cuando nos damos los buenos días. Madrid es una habitación con una cama roja que es mi casa, porque ella es mi casa desde hace catorce años, y porque cuando llego parece, como siempre, que nunca me he ido. Y es un libro de Cortázar y una canción de Silvio y un tema de Rachmaninov para los porros y un ordenador lleno de collages de fotografías y una asamblea para hablar de asociacionismo, del compromiso social, de cómo demonios podemos cambiar el mundo, o alguna de nuestras circunstancias, de cómo se pueden tomar las calles, de qué necesidades puede tener un barrio.
Al final, Madrid siempre me espera.
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8/01/2008 08:46:00 p. m.
miércoles, 30 de julio de 2008
Feliz
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Puntos de vista me manda un meme. Seis cosas que hagan feliz. Cosas sin importancia. Cosas tontas, supongo, pero que a ti te gusten...
-Estar con mis amigos. Me da igual un paseo por Madrid, un café en mi casa, un viaje lleno de arte sacro, una visita, una siesta conjunta, una tarde de compras, una cena en Granada, ver Sevilla en coche, ir al japonés o pasar la tarde en un sofá jugando a la Wii y viendo películas. Me gustan mis amigos, me gustan mucho, me encanta la gente con la que comparto la vida, no sé qué demonios he hecho para tener al lado a personas tan interesantes, tan leales, tan sabias, tan divertidas y tan entregadas. Y por eso me gusta mucho estar con ellos.
-Una charla con un desconocido en la que acabas contándole tu vida. Como ésta, que fue la última, pero no la primera.
-El momento de llegar a casa, coger la pluma y escribir a mano.
-Algunas frases de muchos libros. Esto se podría sustituir por un: "el momento en que descubro que alguien ha escrito justo lo que yo pienso, o siento, o espero, o deseo, pero que jamás he sido capaz de expresar".
-Fantasear.
-Que me abracen. Es lo que más me gusta del mundo.
Debería pedir que lo hicieran seis personas: nombraré a FLaC, que luego se me enfada... No se me ocurren seis personas, que no sean las de siempre, para que hagan un meme así.
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7/30/2008 11:17:00 p. m.
Etiquetas: Memes
Planes
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Repaso mentalmente la lista de la compra: vino blanco, vino tinto, San Miguel, Cola-Cao, leche, ron Brugal, limón. Tomo un café con una amiga para hablar de las parejas que vemos, del respeto a uno mismo, de lo que deseamos y de las cosas a las que no estaríamos dispuestas a renunciar jamás. Descubro que tener tres días libres hace que te entre la mayor pereza del mundo cuando te toca ir a trabajar, pero que es maravilloso poder hacer planes para ir a Madrid a ver exposiciones y cenar con una mujer a la que amo y comprar un par de catálogos de Edward Steichen. Repaso, también, la lista de bares y restaurantes que conozco (los de siempre: las tascas de vino y tapas y alguno que deslumbra). Me llega una invitación de boda. Compro sábanas (no sé qué hice con unas: las lavé a 40 grados y encogieron), toallas nuevas, cojines, una alfombra de baño, un revistero, unas sandalias, polvos, máscara de pestañas, gloss, dos jaboneras. Me hago un horario: plancharé a las diez de la noche el jueves y el viernes, pondré lavadoras a la hora de comer, plancharé el siguiente jueves, el sábado limpiaré la casa, el sábado anterior iré al cine. Recupero un foro que tiene ocho años y descubro que yo era una niña entonces, pero me siguen emocionando los cuadros y los poemas. Cuento mi miedo, lo peso, lo mido y no dejo que me impida actuar. Riego mi segundo cactus. Releo correos antiguos. Llamo a una amiga para cancelar la reserva de unas entradas y reservar otras. Pienso en los temas que me importan y que no escribo nunca.
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7/30/2008 10:09:00 p. m.
Etiquetas: Diario de navegante
lunes, 28 de julio de 2008
Citas
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Supongo que tendremos tiempo de descubrirnos en un par de días, más allá de las dos horas que nos vimos por primera (y única) vez. Hemos hablado un par de veces por teléfono (no más de cinco y muy espaciadas) y algún chat apresurado (muy pocos). Le he leído mucho, eso sí, y me caía bien antes de conocerle. De ese primer encuentro hace casi dos años.
Ahora viene a mi casa. Y yo pienso en el anfiteatro, en el teatro, en la Casa del Mitreo a la que nunca he ido, en ver si encuentro el Foro y el Templo de Diana, con lo mal que me oriento, y en restaurantes para comer y para cenar y en jamón ibérico y Torta de la Serena y posibles temas de charla, que es lo que menos me preocupa porque a mí hablar me gusta mucho y escuchar me estimula más aún.
Vivo sola, viene a casa un tío y mi madre, que ya sabe que le conozco de internet y que he comido con él una vez hace siglos y que se extraña de que su hija haga estas cosas pero no se mete en nada, me hizo la pregunta:
-¿Es gay?
-Eh... Pues creo que es hetero. Pero la verdad es que no lo sé.
Ni siquiera recuerdo si tiene la dirección de este blog.
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7/28/2008 11:14:00 p. m.
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domingo, 27 de julio de 2008
A vueltas con la actitud
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Nunca he podido separar la actitud de las percepciones, de ese juego de realidades en el que todos nos hallamos: están lo que tú eres y la imagen que tienes de ti y la imagen que los otros tienen de ti y la imagen que tú tienes de la imagen que otros tienen de ti. Conjugarlas todas, desechar algunas, hacer que sean algo digno, algo abarcable al menos, a mí me costó muchísimo tiempo. Y también me costó aceptar todas mis contradicciones, todas las yoes que puedo ser y que a menudo son hasta antagónicas, aunque ya reconozca esos rasgos como propios y sepa que a veces no tienen que ver el uno con el otro, los unos con los otros, pero se entremezclen de una manera perenne. A saber:
-cierta necesidad de aprobación que se mezcla, al mismo tiempo, con un buen concepto de mí misma y con, además, la absoluta indiferencia que me produce lo que otros opinen de mí, siempre en la vida que llamamos real y no en la de internet -en la que la injusticia campa a sus anchas- porque, aunque pienso -y es literal- que yo no conozco a nadie hasta que no le he leído, tampoco se me escapa que con unas letras solas es imposible hacerte una idea de alguien, o que esa idea será intuitiva pero le faltará siempre la rotundidez de la corporeidad.
- cierta curiosidad por saber la imagen que proyecto -porque nunca, jamás, ha coincidido con la que yo creía (cuando yo creo que es de bruta, me dicen que soy muy tierna y así)- con la misma capacidad para no enterarme de nada de lo que de mí se dice, aunque sepa que se dice. No es que lo oiga y me dé igual: es que ni siquiera lo percibo.
- el miedo que confieso tenerle a la gente, en general, y lo absolutamente desenvuelta, extravertida y abarcable que soy, de tal modo que sólo los que me conocen muy bien saben, y porque yo se lo he dicho, que la gente, en general, me produce auténtico pánico. No creo necesitar ninguna solución, porque no se nota, nunca se ha notado, jamás lo pensarían: tardo dos días en integrarme en un grupo hecho, puedo quedar perfectamente con un desconocido y hacer que la charla se alargue hasta la madrugada, acojo a los nuevos, tengo varios grupos de amigos -distintos y que no se conocen entre sí- en cada ciudad en la que habito, me relaciono con gente que me lleva años sin ningún pudor y sin desentonar y hay unas cuantas personas a las que puedo recurrir cuando zozobro, que es de vez en cuando. Y, sin embargo, ante un grupo de desconocidos, no soy capaz de controlar el agarrotamiento de los músculos, la permanente sensación de alerta, la garganta sin aire y cierta mirada huidiza. Hay una razón para eso, todo tiene una razón, desde luego, pero ya no la cuento porque, de pronto, para los demás, esa razón parece ser la que domina todo mi carácter y yo ya estoy muy mayor para que me asignen etiquetas ramplonas.
Y, sin embargo, esa razón ha sido la causa de la otra imagen que tengo de mí y todavía no he sido lo suficientemente inteligente como para crearme una imagen a medida, libre de toda contaminación externa, porque mi actitud siempre ha tenido mucho que ver con lo que otros opinaban, gente a la que yo no conocía, gente de la que no he sabido sus nombres salvo en muy pocos casos; gente, en fin, de encuentros fugacísimos: mensajes de esa gente sólo y de ninguna otra porque -ya lo he dicho- a mí lo que opinaran quienes creían conocerme pero no me conocían me ha dado siempre exactamente igual.
Tampoco creo que yo haya asumido una actitud consciente, pesada, medida, planeada y, sin embargo, salió bien, salió todo lo bien -eso lo sé ahora, pero también lo supe hace diez años- que podía haber salido, porque -ya lo he dicho- yo pude ser de otra manera, de una manera infinitamente peor y más callada y más cobarde y mucho más patética y no lo fui porque, desde que tenía 13 años puse mucho cuidado en no serlo, aunque tampoco pudiera sustraerme de esas percepciones ajenas a mí. No hay una fórmula mágica y, cuando alguien dice que no te tiene que afectar lo que otros digan de ti, es que no se ha planteado nunca que ellos pudieran tener razón. Y jamás fui tan autosuficiente ni tan ciega como para permitirme esa licencia porque además -y esto es lo más gracioso- sí que tienen razón y la han tenido siempre.
Actué sobre la única parcela de mí sobre la que podía tener un auténtico control, que soy yo misma, mi personalidad y mi carácter -que es abierto y expansivo, que no perdona una cena y unas copas y un cine y que es capaz de ordenarle al cuerpo que se vista y salga de casa aunque haya planeado pasar la tarde leyendo-. Lo hice lo mejor que pude y de la manera más implacable que sabía porque nunca he sido con nadie tan dura como lo he sido conmigo y, sin embargo y a pesar de todo, sé que la percepción de los demás es la correcta y qué se le va a hacer, porque tampoco creo que la actitud -al final- sea lo que más influya en tu vida. De hecho, le daría el cuarto puesto en una hipotética lista de influencias en las que le preceden, y por este orden, la lectura, la escritura y algunos amigos. Porque salir a comerte el mundo no va a hacer que te lo comas, ni trabajar mucho y trabajar bien te va a asegurar un puesto de trabajo, ni pensar que vas a acabar en la cama con el tío más interesante que conoces va a hacer que esa noche termines follándotelo en cualquier parte, ni salir de una peluquería o maquillada y viéndote perfecta va a hacer que los demás te vean perfecta, salvo los cuatro que advierten el cambio. Ni convencerte de que no tienes miedo va a hacer que no lo tengas, aunque no se note.
Le reconozco, pues, cierta influencia a la actitud, pero no la capacidad de ser una varita mágica que cambie tu realidad con un golpecito gracioso. Ni siquiera de hacer que no te afecte lo que te va a afectar de lleno, hasta que no seas capaz de defenderte de eso. Y defenderse sólo es defenderse: no irse al extremo contrario, ni pisar fuerte en terreno pantanoso, ni creer que todos están equivocados menos tú, aunque conseguir creerlo te evitara mil problemas -y te los evitara, sobre todo, si estuvieras sola en el mundo y no hubiera ningunos otros-.
Pero también hay otra razón para que a mí la palabra actitud me provoque la misma mueca de desprecio que la palabra asertividad. He conocido a un par de ellos -fueron ellas-: un par de personas maduras, inteligentísimas, positivas, brillantes, seguras de sí mismas, tan perfectas que lo único que hacían era echarte en cara tu propia imperfección -mírame a mí-. Y, al final, he descubierto que ninguna persona totalmente independiente, totalmente autosuficiente, totalmente fuerte, me va a merecer nunca la pena, porque nunca he aguantado a un mentiroso.
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Los viajes que no hice
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7/27/2008 11:01:00 p. m.
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