miércoles, 28 de julio de 2010

La Malbaie y Cap à l’Aigle

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En nuestro viaje por Charlevoix tuvieron mucho que ver el chaval que nos alquiló el coche (que nos recomendó un establecimiento que tampoco sale en ninguna guía, el Café Chez Nous, de La Malbaie) y el cocinero que allí nos encontramos. Os lo presento. Se llama Aldo:


Aldo cocina un arroz de camarones y una pasta con camarones (langostinos, para que nos entendamos) que son una delicia. También una sopa de verduras a la que le adiviné un poco de curry, supongo, pero de la que no me dio la receta (¡Aldo! ¡Ya sabes! ¡Manda correo!) y que fue una comida de lo más reconstituyente una noche de frío. Él también nos recomendó que fuéramos al Cabo del Águila, a Cap à l’Aigle y la Ile aux Coudres, con una sidrería la mar de curiosa. En teoría en Cap à l’Aigle hay indios, pero no los vimos. Lo que sí vimos fue esto.


También vimos a los barcos de vela navegar por las aguas del río San Lorenzo y un sinfín de flores preciosas. Pasear por Les Jardins de Cap à l’Aigle transmite asombro y tranquilidad. Yo echo de menos eso que nunca ha ocurrido: vivir allí, hacerme amiga de la mujer que cobra la entrada (muy simpática, por cierto), llevarme un libro y sentarme en el banco o en el césped. Si supiera pintar, me llevaría un lienzo, para retratar los cambios en los colores de los árboles y la forma en que las flores se recogen hasta que llega la primavera.


lunes, 26 de julio de 2010

Sainte Anne de Beaupré

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En Sainte-Anne-de-Beaupré vimos los primeros árboles que cambiaban el color. Siempre me había imaginado Canadá como una sucesión de los más bellos tonos del otoño: aquí un ocre, aquí un amarillo y el rojo arce abarcándolo todo, pero llegamos cuando el calor aún no se había ido y el verde de las hojas dominaba. Sainte Anne de Beaupré es un santuario dedicado a la madre de la Virgen María, la santa patrona de los náufragos (no sé si el patrón de los náufragos ha cambiado: santa Ana lo era en 1650, cuando un grupo de marineros, agradecidos por salvar la vida, prometió erigir una capilla en su honor). Los 26 de julio acuden allí más de un millón y medio de personas. Pero la basílica que se adivina detrás de estas hojas se construyó en 1920, el quinto templo que se edificó en el lugar. Santa Ana es también, desde hace siglos, la patrona de Quebec.


Nuestro destino era Baie St Paul, una localidad que aparece nombrada de pasada en las guías (salvo en la muy completa de Lonely Planet) y que es uno de los lugares más encantadores de Charlevoix, una comarca (¿se llaman comarcas en Canadá?) que la Unesco nombró Reserva Natural de la Biosfera. De Baie St Paul son las dos siguientes fotos que existen. Eran casas particulares, en medio de esa población llena, sobre todo, de galerías de arte, porque durante el siglo XIX, los pintores quebequeses se trasladaban a esta localidad pequeñita para pintar paisajes y reivindicar así la hermosura canadiense. Charlevoix tiene 6000 kilómetros cuadrados y tan sólo unos 30.000 habitantes: eso nos da una idea de lo despoblado que está el país. Durante cuatro días, sólo vimos pueblos pequeñitos, pero preciosos, a la orilla del río San Lorenzo. Verde y agua han sido los elementos principales de este viaje a Canadá. Y una indescriptible nostalgia también y el imaginar cómo sería mi vida allí.



viernes, 23 de julio de 2010

Y vuelta la burra al trigo

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Para no tener problemas en un futuro, ni en la red ni en la vida real, es necesario aprenderse unas cuantas reglas:

-Puede que en un futuro muy, muy lejano, o en una realidad alternativa que yo, gracias al Cielo, no voy a visitar, Paulo Coelho o Ken Follet o Stieg Larsson sean grandes clásicos y me los estaré perdiendo por no leerlos.

Aclaro que sí, que he tenido la desgracia de leer a dos de ellos y la suerte de no acordarme de nada de lo que leí a los dos minutos de haber cerrado el libro.

-Si alguien dice que Follet es maravilloso y Cervantes es un truño, es una opinión que debo respetar. Tanto como la contraria.

-Mi opinión, por supuesto, es sólo eso, una opinión, tan válida como otra cualquiera (aunque quien exprese ese "otra cualquiera" no sepa para qué sirven las comas ni las tildes) y no puedo decir que algo (un cantante, una serie de televisión, una película, un libro) es bueno sólo porque me guste a mí. Porque yo no decido qué es bueno y qué no.

-Por supuesto, todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión (y a expresarla en público, además), aunque esa opinión sea poco fundamentada, ignorante, discriminatoria o absolutamente imbécil.

-Tengo que (es decir: estoy obligada a) debatir e intentar razonar con personas que escriben "Viva la ignorancia" (sí, sí, como lo leéis: con dos cojones), porque, si no discuto, soy una fascista y no soy capaz de expresar mis argumentos.

¿Y sabéis qué? Que, encima, esta gente vota.

martes, 13 de julio de 2010

FLaC: 28 de mayo: Celia

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Las bodas siempre me producen un poco de vértigo. Por la seguridad que supone que dos personas quieran compartir sus vidas. Por la capacidad que tienen, esos dos, de concitar en torno a sí la felicidad de otros muchos, mayores y jóvenes, que saben, cada uno, una parte de lo que son. Los padres, los abuelos, los compañeros de la Facultad, los amigos que llegaron luego por las causas más inverosímiles.

Conocí a FLaC en Málaga, hace algunos años más, en un momento de zozobra que parece que ocurrió hace siglos. Ayer, después de comprar aprisa y corriendo unos pantalones negros porque se me habían olvidado los míos en otra ciudad, estuve en su boda para darme cuenta de que todo el mundo sonreía y a todos les brillaban los ojos, para emocionarme cuando bailó con su abuela la canción de apertura, el Take This Waltz, de Leonard Cohen que todos coreamos, para reírme hasta que me dolieron los carrillos con las ocurrencias de sus amigas y para llevarme una foto de los novios, un vídeo de los niños cantando por Camilo Sesto y una botella de ron miel de comercio justo.. Ahora se van de viaje de novios a llevar material escolar a La Habana y Cayo Guillermo. Ahora paseo por Málaga, tres horas caminando, un bolso nuevo con muchos bolsillos, muchas charlas con Raúl y la promesa de una obra de teatro de José María Pou y pescaíto frito en el puerto mañana.

Y me acuerdo de las charlas. De cuando me contó que iría sin corbata y lo vi con pajarita, la barba recortada y una chapa de Ahí lo llevas, un grupo de dos a cuyo cantante, doy fe, imita Iván Ferreiro. De cuando me escribió para decirme: oye, vente. Y de cuando yo no sabía si iba a poder estar. Ver de nuevo a Ale, asombrarme cuando apareció Celia, guapísima y luminosa, escuchar a Virginia y a Eva hablar de los dos por los que estábamos todos allí, estar con Raúl de nuevo, ahora yo en su casa, los abrazos del reencuentro y la copita de antes de la ceremonia. A la que le faltó un micrófono para que fuera perfecta.

Para ellos lo fue. Lo que no sé ahora es qué se siente al estar casados. Yo creo que lo hicieron por la juerga.

No se me asusten: escribí el texto en un bar, como siempre, el día 29 de mayo. Sí: soy tardona.

lunes, 12 de julio de 2010

El partido

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Foto: EFE

Ayer lo vi. Iba a irme a un bar, pero en mi casa se estaba mejor, con mis Coca-Colas, mis paquetes de tabaco (no sé cuántos cayeron: qué nervios), mi televisión con su TDT (hacía siglos que no lo usaba: sólo veo series), mi aire acondicionado y mi sillón orejero que no he ocupado durante dos semanas.

No distingo un penalti de un geranio. Tampoco sé qué es un córner. En el Alemania-España, aprendí por qué se produce un fuera de juego. Pero entiendo lo suficiente de buenas prácticas como para saber que darle patadas en el pecho a un contrincante no es la mejor manera de ganar. El partido de la semifinal me gustó mucho. Este, lo sufrí. Me dio mucho asco y me dio mucha pena. Hasta que marcó Iniesta y me descubrí gritando Gol y palmeando. Feliz.

Yo, hasta ayer, no sabía quién era Iniesta. Luego me he enterado de que perdió a su mejor amigo, Dani Jarque, del Espanyol. Y que llevaba mucho tiempo queriendo marcar para recordarle.



España también ha ganado el premio Fair Play. Y acaban de llegar, los chavalines, contentos, como estamos todos. Y qué quieren: hemos tenido pocos momentos para estar felices, todos juntos, últimamente.

Y qué quieren también. Yo estoy monotemática.
El Empire State, con la bandera de España.

miércoles, 23 de junio de 2010

New York, New York

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Dentro de un par de meses, me voy a Nueva York. Mi único plan (que no le pase nada) es ir a un concierto de Sonny Rollins, el 10 de septiembre: celebra su cumpleaños. Ochenta. Estará con amigos. Veré a un señor que anda despacito y que toca como anda: un amigo mío le escuchó en Sevilla hará un par de años. Ahora, me vuelvo loca planeando un viaje al que iré con la única compañía de dos cámaras de fotos, algunos cuadernos y varios bolígrafos. He visto 14 museos imprescindibles (aunque el Museum for African Art está cerrado, porque va a cambiar de edificio); dos cementerios en los que están las tumbas de gente que amo (como Ralph Waldo Emerson, Miles Davis o Duke Ellington; aunque en el Cementerio del Bronx, para hacer fotos, es necesario un permiso), alguna iglesia interesante (como la Trinity Church, a la que iba George Washington), muchas calles, alguna taberna histórica y varias rutas literarias... También he copiado las direcciones de las panaderías interesantes; de los restaurantes japoneses imprescindibles y de varios vegetarianos con comida macrobiótica, que no sé qué es, pero habrá que probarla algún día. Tengo en la cabeza cientos de edificios históricos, un plano de metro, otro de autobuses y la imagen de la Estatua de la Libertad. Haré un picnic en Central Park al atardecer, me estiraré en la hierba, fumaré donde me dejen y escribiré mucho.

Prometo contarlo después.

A lo mejor le tengo que cambiar el nombre al blog.

viernes, 18 de junio de 2010

José Saramago

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Saramago fue, primero, una referencia a Adrián Huici, uno de los mejores maestros que he tenido jamás, en los Cuadernos de Lanzarote. Luego fue Ensayo sobre la ceguera, y mi hermano Nacho leyéndolo hasta las cinco de la mañana. Y El Evangelio según Jesucristo y Norman Mailer. Y su voz en la radio, con su cerrado acento portugués, y Luis Pastor contándome que siempre que iba a su casa, José le regalaba un libro. Y mi hermano Antonio, con toda su obra. Y un Todos los nombres sin abrir aún, El año de la muerte de Ricardo Reis, que es de Tabucchi aunque sea de Saramago. Y una crítica velada de Javier Marías que nunca entendí. Y el análisis de un cuadro. Y el descubrimiento de que siempre lloraremos porque nos harán daño y por ninguna otra razón.

Hay escritores que no son sólo palabras.
Son recuerdos.

miércoles, 9 de junio de 2010

Cómo se gestiona el dolor

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Llevo mucho tiempo conmigo misma. El suficiente como para saber de qué manera actúo cuando algo me daña y la mejor de hacer que pare.
Contarlo.
Hay quien lo llama sacarlo a pasear.
Hay quien no lo ve bien.
Lo siento por ellos.

A mí me iba peor antes.
Mucho peor, dónde va a parar, cuando era silenciosa y nadie sabía nada.
Si lo escribo, lo expulso, porque generalmente a estos temas, con mis amigos y delante de un café, les doy quince minutos antes de sentirme completamente estúpida.
Hablar no se me da.

Imagen de Linda Cronin.

lunes, 7 de junio de 2010

You've got a friend

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Estos últimos días, he escuchado esta canción una y otra vez. En muchas versiones. He elegido esta porque el día 4 salió a la venta James Taylor y Carole King Live at the Troubadour. Ella le regaló a él su mejor canción. Y lo cuidó cuando se enganchó a la heroína y supongo, porque fabulo, que estaría también cuando el primer divorcio y el segundo y el tercero... Que estarían los dos. Y que quizá Carole King sea, para él, la mujer más importante de su vida, a pesar de los amores o a favor de ellos.

Gracias por cantármela, chicos.

When you're down and troubled
And you need some loving care
And nothing, nothing is going right
Close your eyes and think of me
And soon I will be there
To brighten up even your darkest night

You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running to see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there
You've got a friend

If the sky above you
Grows dark and full of clouds
And that old north wind begins to blow
Keep your head together
And call my name out loud
Soon you'll hear me knocking at your door

You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running to see you
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there

Ain't it good to know that you've got a friend
When people can be so cold
They'll hurt you, and desert you
And take your soul if you let them
Oh, but don't you let them

You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running to see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there
You've got a friend

jueves, 3 de junio de 2010

Por la mitad

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Hace mucho que no escribo. Que no publico aquí, iba a decir, pero en realidad hace mucho que no escribo nada. Cuando no escribo, no vivo. O vivo peor, que es igual.

Dejará de doler. Sé que dejará de doler, que tardará mucho en dejar de doler, que tengo buena memoria y que no olvido. Sé que me di y que cuidé. Que quise mucho. Que quiero mucho, porque el amor no se va en dos días, aunque se vaya. También sé que esta será una historia más de las muchas que no cerré porque nadie quiso cerrarlas por mí. Que regresarán el sueño y el apetito. Que dejaré de meterme paquete y pico de tabaco entre pecho y espalda, para aventar el miedo y los nervios y la ansiedad. Que abrazaré a Pupe y que no lloraré con ella porque yo no lloro delante de nadie. Y que no le encontraré el sentido nunca, por más que sepa -gracias, Princesa- que a veces la gente no sabe cómo hacer las cosas. Que quizá el otro no es malo, sólo es débil. O cobarde.

Me han partido por la mitad y también sé que no soy buena para desprenderme de las cosas.

Imagen de Diana Bas.

miércoles, 21 de abril de 2010

Mark Twain

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Les voy a confesar algo. Creo que los que tenemos ahora poco más de treinta años, conocimos a Tom Sawyer antes por esta serie de televisión de los ochenta que por las palabras de Mark Twain. Era el tiempo en que nos acercábamos a algunos clásicos por los dibujos animados. A D'Artagnan y los otros. A Phileas Fogg. A Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Luego ya nos enamoramos. Yo me enamoré de Huck. Y, sobre todo, de un párrafo de Huck en el que habla del lenguaje, cuando le prohíben jurar y blasfemar. Pero también de ese chico que era capaz de coserse el cuello de la camisa para que su tía no descubriera que se había ido a bañar al río.

Yo quiero a este señor al que me he ido encontrando en películas, en cuentos de superhéroes (por uno de ellos me enteré de que su nombre era Samuel Langhorme Clemens), en libros y más libros. Príncipe y Mendigo, Un yanqui en la corte del rey Arturo. Me sé algunas escenas de memoria.

Desde que leí a este hombre por primera vez, quiero surcar el Mississippi en un barco de vapor.

(Hoy se cumplen 100 años de la muerte de Mark Twain).

martes, 23 de marzo de 2010

Cine y fotos. Una excusa

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No sé si aprendemos realmente cuando se muere alguien. Si después, una vez pasados el dolor y la pena (hoy es 2 de febrero, aunque esto lo cuelgue más tarde y ni el dolor ni la pena se han ido), no actuamos como si no hubiera ocurrido nada. Un cabreo laboral aquí, un chisme allá, un correo que no se responde porque no tenemos tiempo, una afición que no se cultiva porque tampoco disponemos de horas suficientes, los pequeños actos de egoísmo, un alzarle la voz a alguien a quien quieres y de quien no sabes si estará mañana o no estará mañana.

La muerte de Tragamuvis a mí me ha servido, sobre todo, para hablar con Vértigo. Vértigo o Vertigen es un asiduo de los foros de cine, muy amigo de don Traga, con unos ojos verdes impresionantes y un acento mallorquín muy hermoso. Veinte minutos de charla, comentando lo que éramos para Jorge, muchas anécdotas sobre actrices de las que les gustan a los dos y un tú cómo estás.

Pero también me he acordado de otra gente. De la gente que se fue y de la que está ahora. Esos grumos bajo el sol de los que hablaba Manolo en Pincel & Pixel hace un tiempo en un mensaje emocionante. A muchos de ellos sí los conozco en persona: a los del grupo de Canonistas de Extremadura que viven en Badajoz, porque quedamos para hacer fotos con cualquier excusa. A otros no y no sé si habrá oportunidad de conocerlos.

Y, sin embargo, nos llevamos bien. A base de mensajes privados, comentarios en Flickr, algún mensaje en los blogs y diálogos en alguno de los hilos de un foro muy lleno en el que, de todos modos, vas haciendo un grupo de afinidades un tanto extraño. Está Pertur, por ejemplo, con un bebé en casa que vino antes porque tenía mucha prisa. O Carlos, que escribe como Dios y que está como siempre, estable dentro de la gravedad, y que me recuerda mucho, mucho, a ShooCat, porque es igual de inteligente y de irónico y tienen el mismo humor y viven en la misma ciudad y tienen la misma edad y son igual de atrayentes (sigo pensando que son la misma persona, lo juro). O Gayolópez, que se ríe –y no me extraña– de los retratos que me “perpetran” (lo dice así: “vaya retratos que te perpetran”) los chicos de Canonistas de Badajoz, Almeida a la cabeza. O Silvia.Z., que me comenta las fotos y las mira con calma y me dice que le gustan y me anima mucho para seguir aprendiendo, cuando pueda. O Alemonic, que me dedicó un texto e intentó enseñarme (sin resultado, todavía) qué demonios es la distancia hiperfocal. O Sokar, al que le presenté mis respetos una vez y al que seguiría presentándoselos siempre que tuviera la ocasión, porque me gusta mucho ese muchacho. O al Miguel, privado va, privado viene, esto no me funciona, me encanta esta foto del Nico aunque esté desenfocada y que se ha encargado de la organización de una QDD Nacional a la que, nuevamente, no podré ir. O Pere Larrègula, al que un día entrevistaré, no sé con qué motivo, sólo para oírle la voz y que me enseñe algo de fotografía y de su manera de ver el mundo (que me gusta más que las fotos que hace). O Gomendio, que es todo amabilidad. O Wamba, que siempre contesta a los comentarios. O Gala, que me mostró una vez cómo se cuenta una historia con una imagen y que está a 274 kilómetros de la persona a la que más le gusta retratar. O la gente a la que siempre lees, aunque sea en silencio: Hamilin, Bigdani, Ignatius Reilly, Dani, Bruno Abarca, Angharad, Vampyressa.

Y los míos.

Yo creo que nunca les agradeceré bastante a los inventores de la red la oportunidad que nos han dado a muchos de estar en el mismo espacio y de fijarnos los unos en los otros. A quienes crearon una página de cine, una de fotografía, sólo con la intención de compartir lo que tenían o lo que sabían y que ni siquiera pensaron, en sus inicios, supongo, que el cine y las fotos se transformarían a veces en eso.

En una excusa para reconocerte en otros.

viernes, 19 de marzo de 2010

Hacer las cosas bien

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Hacer las cosas bien es no dar portazos. Que no te rujan las tripas cuando ves algo injusto: que te rujan menos cuando lo injusto te toca a ti. Saber respirar hondo y calmarse. Pensar antes de hablar, contar hasta siete o diez, no enviar un correo que no va a servir de nada aunque te haya costado la vida escribirlo (incluso aunque quieras que él lo lea porque siempre has sido así de imbécil). No esperar una respuesta, ni un nombre, ni un gesto.

También es vestirte de frío. No sentir amor y agradecimiento y ternura. Dejar de despedirte de quien nunca estuvo porque no le importabas. Saber olvidar. Que no te duelan ciertas soledades. Mantener el equilibrio.

Yo no sé hacer las cosas bien.

Imagen de 27147.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Estoy escuchando tangos

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Estoy escuchando tangos, niño. Al Calamaro, que es argentino y del que todo el mundo piensa que no sabe cantar tangos. Casi te estoy oyendo: “Pero Olguita” (“sacrílega, pedazo de sacrílega”). Luego vienen el Piazzolla y Edmundo Rivero y Osvaldo Pugliese. Así que quédate tranquilo. Con mis gustos, ya sabes, pasa lo mismo que con los de Karma7: son inviolables.

En las épocas tristes de mi vida, siempre me han acompañado los tangos. Para el desamor, la zozobra y las ausencias. Escribirte es mi manera de recordarte. Y de contarte, de nuevo, las cosas cotidianas. A vuelapluma y sin pensar.

Recuerdo un poema de Emily Dickinson, creo que te lo copié, o que lo leíste, el que empieza: “Fuera de casa he estado muchos años / y ahora, ante la puerta, a entrar yo no me atrevo” y termina diciendo “Busco aquí una vida que dejé: ¿aún sigue en esta casa?”. He vuelto al lugar en el que te conocí. Han cambiado algunas salas. Allí ya no habita gente que estuvo. No sólo tú, que ya no habitarás nunca lugar alguno (¿sabes? Ése es el pensamiento que más trabajo me cuesta) sino gente que se fue, o se mudó.

Estoy intentando averiguar dónde están los muebles, he llevado algunos cojines con forma de palabras, mías o de otros, porque las palabras son lo único que puedo aportar (no: no son poco: a ti te bastaron). Hay otros inquilinos: muchos a los que no conozco y ya sabes que a mí la gente, en general, me da un pánico terrible (y muchísima pereza) y también sabes que añoro relaciones que fueron pero que no volverán a ser nunca. En dos años se cambia mucho, pero la inseguridad permanece: cómo volver, de qué manera volver, cuando sabes que no se puede volver, que eso no va a ocurrir nunca. Así que intento envainarme el dolor, sin conseguirlo.

Por eso escucho tangos. Por eso me pongo al Calamaro recitando y ahora que estoy frente a ti, parecemos, ya ves, dos extraños. Lección que por fin aprendí: cómo cambian las cosas los años. Ha pasado mucho tiempo, Jorge. Yo ya no soy parte de la que fui, pero eso nadie tiene manera de saberlo. El problema es que sigo con las mismas heridas: ya cicatrizaron, pero la raja pica de vez en cuando y es muy honda. Y me da pena. No se me nota, pero me da mucha pena.

Ya ves. Los tangos: zozobra, desamor y ausencias.

Te sigo llorando. Ya no con lágrimas: las lágrimas se fueron. Pero el corazón se me pone pequeñito y se me sube hacia la garganta y luego, a veces, también sonrío. Me lo he tomado como un homenaje, volver. A la memoria. A las horas que se compartieron. A las palabras. A esos otros modos de relacionarse que muchos no comprenden. También a los abrazos y los vinos que nos hurtó la distancia.

Te escribí un correo. No sé si te dio tiempo a darle tu contraseña a alguien para que los leyera por ti. Fue una idiotez, pero te mandé un correo. Para decirte lo que tú ya sabías.

Esto tampoco lo leerás. Pero ya sabes. Escribir, siempre, es escribir una carta a alguien. Yo hoy escucho tangos y te escribo. Para decirte que he vuelto a casa y que, ya lo suponía, la casa está mucho más fría sin ti.

Olga.

PD: Esto lo escribí hace días. Hoy te digo que las lágrimas no se fueron.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes

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Este señor lleva en mi casa desde que nací. Desde antes de nacer yo, vive este señor en mi casa. Primero, en la habitación de mi madre. Luego, en la mía. Todos sus libros, todos, todos, sin faltar ni uno, uno detrás de otro, en ediciones de bolsillo y lujosas, con las páginas amarillas y como si se acabaran de recién comprar. Puedo recitar sus títulos uno por uno, de memoria. Y recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que lloré con Señora de rojo sobre fondo gris, que me parece el más íntimo relato de amor que haya escrito alguien jamás: "Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente". "Ahora no tendré a nadie a mano cuando me asalte el miedo".

Señor: le espero a almorzar en mi camareta a la una del mediodía.

Imagen de Daniel Mordzinski.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Rubio

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Jamás he visto llover en Sevilla como ese día. Y jamás me habían cerrado los bares tan pronto, a mí, que en esos mismos bares y en esa misma plaza he visto amanecer más de un día. Él ha creado un personaje, lo hemos creado entre todos: un personaje del que se espera lo más irreverente, lo más jocoso, lo más original. Le vi con dos amigos más y cumplimos, de nuevo, el rito de tomar unas croquetas en el Eslava, apretujados los cuatro en una mesa, con el vino corriendo y las cervezas y la charla: sobre política, sobre partidos, sobre música, sobre nosotros. Volví a reírme con Elena y a escucharla y a alegrarme de que el azar, o yo qué sé, la haya puesto en el camino (para las croquetas, para las librerías, para las anécdotas, para las series y la condescendencia cómplice cuando se embalan hablando de gente que no controlamos). Volví a abrazar a Juan y a contarle todas las cosas que me pregunta, aunque no quiera saber las respuestas. Y me encontré con Jacob, o lo busqué: “Rubio, dime que sí. Ningún rubio me ha dicho que sí nunca”, sólo para intentar descubrirle y formarme una imagen, al principio. Se me da mal, de todos modos, eso de formarme imágenes. Eso de intentar conjugarlas con lo que ya sé, porque nunca conozco del todo a alguien hasta que no he leído algo que haya escrito, pero las palabras por sí solas (sin una voz serena, sin unos ojos) nunca son suficientes.

Me preguntó, después, por la primera impresión. Sólo pude escribírsela un día más tarde, muy rápido: “Guapo. Inteligente. Interesante. Cariñoso”. Cuatro palabras, nada más. Y el deseo de que la próxima vez ni haya tormenta ni nos cierren los bares.

jueves, 25 de febrero de 2010

Le Cirque du Soleil

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Una de las noches que estuvimos en Quebec vimos al Cirque du Soleil. Hacían un espectáculo callejero, gratuito, durante los meses de verano: partían tres tribus desde tres partes distintas de la ciudad y confluían en un espacio que hay debajo de unos puentes, lo suficientemente grande como para montar un escenario central y otros varios. No sé cuántas personas podía haber allí viéndolos: sentadas en gradas, de pie, cientos. Y, sin embargo, entre el público, unos señores dirigían a la gente a un lado y a otro, para que no se perdieran nada. El problema, por supuesto, era hacer las fotos. Por eso tienen tanto ruido (bueno, y es que mi cámara no da para más, por mucho cariño que yo le tenga).



Había malabaristas magos del diábolo, un señor que, con un cuadrado vano de metal, derrotaba los límites y lo transformaba en círculos de colores: tan rápido lo giraba. También había música, percusión… y canto:





Sí, le he cortado la mano: salió así, ya he dicho que las condiciones no eran las mejores. De hecho, este mensaje es puramente testimonial.

Y había, además de los malabaristas, los funambulistas y un sinfín de colores y disfraces, este columpio. ¿Veis la parte derecha de la fotografía? Es una tela: cuando el columpio llegaba a esa altura, uno de sus integrantes se tiraba a la tela… mientras el público contenía la respiración. Luego subían la tela, la volvían a tensar y se tiraba otro. Así hasta que no quedaba nadie. Y volvían a subirse. Y sonreían. ¿Cómo puede uno sonreír mientras se tira a semejante altura?



No puedo describir bien el espectáculo, porque mientras escuchábamos a una mujer cantar, a nuestro alrededor había circenses vestidos de azul, como si fueran de nieve, o quitándose máscaras para saludar. Mientras una mujer se sostenía con sus manos sobre unas columnas pequeñísimas, otro señor, entre el público, prendía fuego a una espiral inmensa, se la ponía en la boca y comenzaba a moverla para que las llamas nos hipnotizaran. Salimos sin hablar, hasta que comenzamos a comentar todo lo que había ocurrido allí, durante más de una hora.



He visto al Circo del Sol. Y lo he visto en casa.

lunes, 22 de febrero de 2010

Una ciudad que es un río

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Quebec es también el río San Lorenzo. Es una ciudad y una provincia: de la provincia vimos poco, (es la más grande del Este: inabarcable en quince días), pero la ciudad nos la pateamos a base de bien, salvo los barrios residenciales de las afueras. Es el corazón del Canadá francés y el corazón del nacionalismo francófono. Ha habido dos referéndum para independizarse de Canadá, pero en los dos ha salido el No. Por poco. De hecho, el lema de Quebec es Je me souviens, yo me acuerdo. Me acuerdo de dónde vengo, quiere decir. Me acuerdo de los míos. Y los míos son los franceses. Bien podían ser los miembros del pueblo iroqués, que eran quienes vivían allí antes de la llegada de Samuel de Champlain y los suyos, pero llevan a gala su pasado como tierra conquistada y mantienen una cultura más europea: en las construcciones de las casas, en el idioma y en la comida. Se come mejor aquí que en cualquiera de los otros lugares donde estuvimos. Hay pintadas donde pone: “Quebec libre”, ante la que enarcas invariablemente las cejas. A mí los nacionalismos, los localismos y los regionalismos me producen últimamente muchísimo hastío, así que lo único que dije cuando vi la frasecita, muy cerca del Petit Coin Latin, donde comimos un estofado de caribú, fue: “definitivamente, la gente está fatal”. Por suerte, Quebec no es sólo eso. También tiene la posibilidad de tomar un café en La Place Royale.


En Quebec hay avispas. Sé de más de uno de cierto foro de fotografía que hubiera disfrutado como un enano, porque se posan en tu vaso tan tranquilas y los lugareños dicen que no pican, pero yo no me detuve a comprobarlo. En Quebec hay una estatua de un guiñol en plena calle, muchas iglesias, una calle llena de artistas vendiendo cuadros hermosos y la Terrasse Dufferin para tomar un helado o escuchar a un señor mayor tocando una Gibson. También está el Marché du Vieux Port, con sus puestos de fruta y verdura, sus mieles, sus mermeladas y sus jaleas, sus jabones artesanales y su sirope de arce. Y la Citadelle, un fuerte que comenzaron los franceses y terminaron los británicos. Desde el camino que sube a ella está tomada la foto panorámica que hay al principio de este mensaje. El edificio que está en el centro de la imagen, que parece un castillo, es el Chateau Frontenac, el hotel más fotografiado del mundo. Y, sin embargo, una de las construcciones que más me gustó fue Au Coeur du Saint Roch, una Iglesia situada fuera del foco turístico del Viejo Quebec en cuya plaza se nos acercó un señor con pinta de mendigo (no sabemos si lo era: no pidió dinero ni quiso tabaco porque no fumaba) que nos contó la historia de ese templo gris lleno de vidrieras preciosas.

jueves, 18 de febrero de 2010

Atravesando el puente

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Gatineau no es Ottawa, aunque se las confunda porque están cerca. Está en la orilla opuesta del río y hay un puente que une las dos ciudades. Allí, en Gatineau, está el Museo de la Civilización, que ofrece un recorrido interesantísimo por la historia del país. El arquitecto fue Douglas Cardinal y quería que las fachadas de los dos edificios reflejaran el paisaje canadiense: por eso son curvos. Se puede ver también, dominando el paisaje, cuando uno visita la Colina del Parlamento de Ottawa. Y, al contrario, camino del Museo hay unas vistas espectaculares del Parlamento:


Sin embargo, además de las vistas, hay algo asombroso en ese trayecto. Luego descubrimos que existía en más ciudades: los parques, perfectamente limpios, perfectamente podados, en los que dos chavales, con corbata, se habían quitado la chaqueta y descansaban del trabajo echándose un partido de pelota, en el césped, que es de uso común. Las calles, sin papeles, sin pintadas (hay mucho grafitti, se pueden ver sobre todo en Toronto: pero un grafitti no es lo mismo que una pintada). Y las flores. Flores por todas partes.


En Quebec también hay flores.

sábado, 13 de febrero de 2010

La Policía Montada del Noroeste

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El edificio del Parlamento domina todo Ottawa, que es una ciudad bien pequeñita cuya vida se acaba a las nueve y media de la noche. El primer día sólo nos dio tiempo a cenar y emborracharnos: lo primero lo hicimos en un local que se llama Sir John A. Sir John A. es Sir John A. McDonald, que ha pasado a la historia por ser primer ministro: el primero del país recién nacido como nación. Y por ser un alcohólico audaz, muy inteligente, con un gran sentido del humor y tener una vida personal francamente difícil. También ha pasado a la historia por crear la Policía Montada del Noroeste, en 1873, debido a los crecientes enfrentamientos entre los contrabandistas de alcohol y los nativos del Oeste del país. Fueron demasiado crecientes: hubo una masacre en los montes Cypress. La historia de estos hombres es curiosa y llena de anécdotas. El jefe de la Policía Montada fue a hablar con Toro Sentado, jefe sioux, enemigo histórico de los pies negros y los cree: el inspector James M. Walsh consiguió el fin de las hostilidades. Crowfoot, el jefe de los pies negros, dijo de él: “Nos han protegido como las plumas de un ave la protegen del invierno”. James M. Walsh murió hace mucho tiempo, pero ahora, este cuerpo de hombres y mujeres se dedican desde a recontar aves migratorias hasta detener policías extranjeros. En la puerta del Parlamento, por supuesto, hay dos: un hombre y una mujer, él a caballo, muy amable, muy apuesto, muy guapo. Y, sin embargo, a pesar de todo eso, el retrato que más me gusta de todos los que le hice es éste:

domingo, 7 de febrero de 2010

En medio de un erial

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El viaje en tren hacia Ottawa nos dio la oportunidad de ver el perfil de Toronto desde lejos, de saber cómo son las estaciones que están a la entrada de los pueblos (con sus tejados rojos y su hoja de arce siempre) y de hablar con una revisora simpatiquísima, que nos contó cómo teníamos que salir del vagón en caso de emergencia, que había aprendido español con la ayuda de un libro y viajando y que se iba a Italia este verano. Ontario está lleno de campos de labor y de lagos y nosotros estábamos deleitándonos con el paisaje, tan distinto y tan reconocible a la vez, cuando ella suspiró: “No sé cómo podemos vivir aquí”.


Cuando la reina Victoria escogió a Ottawa como la capital del país, Ottawa (que se pronuncia Ochua: nos lo dijo otro inmigrante que vendía los billetes en la estación de tren) se llamaba Bytown y era un lugar de mala muerte. En realidad, la escogió por un acuerdo entre Montréal y Toronto (una francesa, una inglesa), que se disputaban el honor. A mediados del siglo XVIII, Bytown era un campamento de trabajo conocido en toda América del Norte. La reina de la región era la madera y la capital de la madera era Bytown, llena de bandas rivales del tamaño de regimientos formadas por hombres de baja clase social que se dedicaban a pelearse cuando se emborrachaban, que era siempre. Y en medio de estas calles turbias y peligrosas se erigieron los edificios del Parlamento, como una perla en medio de una pocilga.

viernes, 5 de febrero de 2010

Por qué decidí volver

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Comencé firmando como Hermana de Coursodon, con un solo nick, hasta que me preguntaron por qué no me registraba. Eso fue hace mucho tiempo: había una portada con un shout, que es una cajetilla que hace las veces de chat y que el servidor no soportaba (demasiada gente dándole a F5 a la vez para actualizar la página) y estaban las trillizas aún y no se había cerrado el registro de usuarios y se debatía mucho, sobre cine, sobre la situación de la mujer, sobre baloncesto, sobre arte, sobre historia, sobre fotografía.

Que internet es como la vida real lo he dicho muchas veces. El problema es que es una vida real magnificada: el que está colgado, está mucho más colgado en la red. Y los que no tienen en cuenta que hay una persona detrás, con unos dedos, dándole a la tecla para escribir un mensaje, posiblemente también respeten poco a los demás en su vida diaria. En un foro, estableces tus afinidades por la manera de escribir de los demás. Por lo que dicen, por cómo lo dicen.

A mí hubo gente que me gustó. Me gustaron Tuppence, que es una mujer sabia y clarividente; me gustó la inteligentísima y sensible Dooddle; me gustó mucho KeyserSoze, que me regaló una piruleta, con un escorpión dentro, cuando hice la filmografía de Michael Curtiz. No me perdía un mensaje de CKDexterHaven; ni un debate en el que participaran Vértigo, Tragamuvis o Ciruja. Wagnerian me hizo un juego copiando mi anterior blog para ver si daba con el nuevo. Karma7 me enseñó fotos y me dio mucho cariño, muchísimo. El_Salmonete fundó una radio con esa música rara que le gusta a él y que yo no conozco. Pickpocket clamaba por un subforo de animación que por fin ha conseguido. Conocí a los gatos de FLaC antes que a él y me divertí con elPadrino y debatí con Hattusil muchas veces. David_Holm me enseñó que en lo raro radica la belleza y no concebía el día sin una charla con m0ntaraz.

Luego el foro se desmadró, echaron a Vértigo en plena quimioterapia, protesté y me fui. Vi una invitación de Jacob casi dos meses después. Que si quería ocuparme del foro de filmografías, las mismas filmografías que yo abandoné después de haber hecho más de una decena de ellas. Estoy en plena temporada de estudio (sin conseguir estudiar, todo sea dicho) y bueno. Al fin y al cabo, una comunidad la forma la gente y, si la gente no se implica, si coge lo que quiere pero no aporta, la comunidad se muere. No sé si será posible revitalizar la página: eso no sé siquiera si se puede hacer, sin Raúl, sin Keyser, sin Thug_Life, sin bluegardenia. Pero se ha muerto Tragamuvis, cuyos mensajes releo con una sonrisa. Y pensé que allí, hablando con esta gente a la que no conozco, salvo a unos pocos, yo fui muy feliz.

Vuelvo a encontrarme seudónimos que me despiertan la sonrisa, como El rey de las cartas, con quien he discutido una y mil veces pero a quien me alegra ver de nuevo (aunque seguramente volvamos a discutir), Dardo, Di, Diluvio, Marlowe, roisiano o Gastón. Veo que Jacob sigue en su línea, con ese personajillo que creamos de él entre todos, aunque ahora sea un administrador con todas las letras y de rojo. Quiero que Coursodon, que es mi hermano, vuelva a decir algo más que Pincho, pauso, gracias, porque es la persona que más sabe de cine de todas las que conozco (y conozco a mucha gente que dice saber de cine: él no, él es de los que se confiesa absolutamente ignorante en la materia, pero tuvo una profesora de crítica en un máster que le dijo una vez que le gustaba mucho su manera de escribir de cine, pero sobre todo le gustaba la manera que tiene de pensar el cine y que a los demás les había dicho que esperaba que hubieran aprendido algo, menos a él, a quien era consciente de que no podía enseñarle nada). Y también sé que voy a estar pensando en Tragamuvis cada vez que asome por la página y echándole de menos terriblemente en muchos debates, con su verborrea implacable y sus mil referencias a gente que yo no conocía.

Ya sé que no va a ser posible que ese lugar sea lo que fue. Pero yo estoy sintiendo que he vuelto a casa.

martes, 2 de febrero de 2010

Jorge Camboni - Tragamuvis

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Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca,
Pero no importaba.
Julio Cortázar.

Lloro. Escribo mientras lloro y paro de escribir para llorar y sorbo y salen todas las lágrimas que he tenido que reprimir esta mañana, en la que la vida sigue, y he entrevistado a Carlos Giménez, y me he ido a comer, y no le he mandado un correo a nadie, salvo a Vértigo, para compartir la pena.

Ese hombre que está ahí se llamó Jorge Camboni. Primero fue un nick: Tragamuvis. Un tipo uruguayo, que vivía en Dallas, irónico, ácido, de verborrea implacable y versos prestos, que me mandó como regalo con todo el pudor del mundo, una vez. Con una foto suya y de su perro. Le conocimos, todos los que le queríamos (mucho) a este lado del charco, por Internet, hablando de películas y de arte y de libros y de mujeres hermosas y de países y de política. Yo le oí la voz. Me mandó dos mensajes grabados, que comenzaban igual: “Hola, Olguiiiita”, con su acento dulce, que nunca escuché en una charla porque me lo propuso, un día, te llamo y echamos un rato, pero tenía que ser a un fijo, mi madre estaba en el salón porque en casa no hay inalámbrico y me dio vergüenza, porque soy así de gilipollas, y le dije que no.

Eso no me vuelve a pasar.

Internet tiene estas cosas. Que un día conoces a un tipo muy culto, muy inteligente, con el que primero te intercambias mensajes privados por un foro y luego por correo y después, porque las relaciones se tejen de manera rara, te enteras de que tiene cáncer y que se ha tenido que ir de Estados Unidos porque allí no le atienden si no hay dinero para el seguro y la mujer que ama, que se llama Yolanda y de la que te sabes la vida, no tiene tampoco plata para irle a ver a México. Y os organizáis y hacéis una colecta y yo me encargo, a mi estilo, de decirle: “niño, que te vamos a mandar un giro, que a ti cómo se te da esto de aceptar dinero ajeno”. Y luego te cuenta, que se ha quedado en estado de shock, que le ha dado algo a sus hijos, que también lo estaban pasando mal, y que se fueron a comer y bueno. Que fíjate con qué poco se puede hacer feliz a alguien.

No llegó a la Navidad y yo me he enterado hoy. De su enfermedad no hablaba mucho: que seguía noctámbulo y que comía poco, pero que estaba bien. Enviaba correos con noticias. Los dos últimos no se los respondí porque eran muy largos y yo no tenía los conocimientos suficientes para debatir con él de la situación política mexicana o de la de Honduras. Le conté que me iba a Canadá con Ciruja, me dijo: “Ciruja es un suertudo” y yo me encuentro pensando ahora en las percepciones tan distintas que pueden tener los demás sobre nosotros mismos: “ya que vais a coger un avión, pasaos por México”, me dijo. Me lo dijo varias veces: y cómo nos vamos a pasar por México, si vamos a la otra punta… Y, sin embargo, lo pensé, alguna vez: en cómo sería un encuentro, una comida, un café largo, una charla, con ese tipo culto de voz dulce.

Ya no será. Vivir es un poco raro. Haces planes que no se cumplen. No respondes un correo porque no tienes tiempo de debatir. No hablas por teléfono porque te da vergüenza. Y dos minutos después de enterarte de la noticia, de la noticia más horrible del mundo, que es la muerte de alguien a quien quieres, te centras en que tienes que hacer una entrevista porque has quedado con Carlos Giménez a las doce y se te vuelven a saltar las lágrimas y escribes un mensaje apresurado en los dos foros de cine en los que se te conoce, pero en los que ya no estás: “Yo he perdido a un amigo”. Y te vas a comer y vuelves a trabajar y haces un programa de radio de una hora y después, cuando te vas a casa, le mandas un mensaje a tu hermano para decirle “Nacho, se ha muerto Tragamuvis” y te echas a llorar en medio de la calle porque se ha ido un hombre bueno al que al que tú le gustabas mucho.

Yo tuve un amigo. No nos vimos nunca, pero no importaba.


Tango para un uruguayo que se fue
Gracias
Tragamuvis, Jorge, Geo

jueves, 28 de enero de 2010

El banco de House on McGill

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Fue el primer sitio en el que me senté en Toronto. La primera mañana que pasé en Canadá, me levanté temprano, me hice un café, cogí el tabaco, la cámara de fotos y una rebeca y me fui allí, a sentarme un rato, para ver las ardillas y para buscar un encuadre que le hiciera justicia a esa casa del siglo XIX. Ya había vida: no sé qué debió de pensar una vecina que vio a esa turista en pijama, despeinada y creo recordar que en calcetines, pero me saludó amablemente, yo le dije “good morning”, sonreí y me dediqué a disfrutar de la calle y de uno de los cafés con leche más ricos que he probado jamás. El secreto está en la leche: el café de Canadá es una bebida insufrible y aguada, tanto que me aboné al Starbucks, porque un Macchiato siempre será un Macchiato, en cualquier parte del mundo.

Cuando regresamos a Toronto, muchos días después, ese banco me pareció infitamente más destartalado que la vez primera. Estuvimos allí dos noches más y ahora sé que era la tristeza de la partida. Sí: tiene la madera carcomida y es tan cómodo como puede serlo cualquier asiento de madera sin cojín, pero, si me preguntaran en qué sitios querría estar de Canadá, sólo podría decir dos: ese banco, con toda la capital económica del país a mis pies y por descubrir, y un pequeño pueblo que se llama La Malbaie y que está a orillas del río San Lorenzo. Pero de La Malbaie hablaremos más tarde.

sábado, 23 de enero de 2010

Odio las entrevistas

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Odio las entrevistas. El periodista cultural se mueve en un terreno pantanoso. No sabe nunca todo lo que debería saber y siempre habla con personas mucho más cultas: filósofos, historiadores, literatos. Fuera la tercera persona: YO hablo siempre con gente mucho más sabia… de la que, generalmente, no he leído nada más que unas cuantas palabras, muchas más entrevistas (si se da el caso: hay personas que no se prodigan en los medios de comunicación y resulta muy complicado encontrar alguna en la que intentar aprehender quién es ese señor que va a estar contigo dentro de seis horas. Lo único que queda es sudar e intentar parecer inteligente). Y, además, está la propia percepción del periodista (éste sí, en tercera persona: quien le ha entrevistado antes que tú). Así que me encuentro con sorpresas: “es de pocas palabras”, dicen de alguien que no para de hablar. También están los que psicoanalizan todos y cada uno de los personajes de los libros del autor, para que éste les note que los ha leído, y transforman el diálogo en un “a ver quién sabe más”. Y los temas de siempre: las influencias, las críticas literarias, el mercado editorial, por qué se escribe (algún día alguien me responderá la única verdad posible: “Y yo qué sé, señorita”) y todos los lugares comunes de los que se tira cuando no se sabe qué decir porque no hay un café delante ni una cara ni unos ojos. El micrófono tiene magia, dicen: un bar tiene magia, señores. El micrófono es un obstáculo.

Preparar una entrevista es mucho esfuerzo, durante todo el proceso: buscar la documentación, leer poemas a contrarreloj, tirar de fuentes secundarias y terciarias (gracias, blogs literarios), intentar que se me ocurra alguna reflexión medianamente coherente; ese miedo eterno, mientras escribo, al hecho de que mi interlocutor, sin duda, me va a notar todas las lagunas (que son ríos, mares, planetas enteros llenos de agua) el cigarro de antes, el cigarro de después, la ansiedad eterna, la inseguridad, el pavor ante los grandes nombres (y ya van muchos), la certeza de que, mientras estoy escuchando, tengo que pensar en algo que decir después, justo después, porque a la radio no le gustan los silencios y así, sin silencio, no hay quien piense… Luego las escucho y las disfruto, pero es después, días después, cuando aprendo y saco, para mí, lo que debí descubrir si tuviera más rapidez mental en el justo momento en el que me hablaban.

Ya lo sé: que nadie puede haberlo leído todo, que nadie puede haber escuchado toda la música del mundo, ni saber la historia de todos los países. Pero eso no me pasa sólo con lo que desconozco: si tuviera delante a Dickens tampoco sabría qué preguntarle. Hago dos entrevistas al día, a veces tres, debo de llevar más de cien a mis espaldas, supongo que podría escribir tres libros con todas ellas, bien voluminosos y, sin embargo, siempre tengo la sensación de que este miedo escénico no se me va a ir nunca.

A no ser que lo escriba, como ahora, que lo estoy aventando, para estar lista cuando regrese mañana.

domingo, 17 de enero de 2010

Yo no olvido

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Escuchar su voz ha sido volver a lo que fui.

Yo no olvido. Se me da mal olvidar y lo que se va es que nunca pasó. De todos modos, ya lo sabía de antes, desde hace quince años, que es el tiempo que ha transcurrido desde que sus palabras me conforman. Las escritas y las dichas.

He entrevistado a un amigo. David fue una elección. Yo lo supe un día, me rogó que me quedara para tomar un café. Estaba Alejandra y estaba, por supuesto, Josemari. Le habían ofrecido una beca de dos millones de pesetas, pero quería escribir y enseñar a escribir y publicar (sólo había publicado un libro: Chrauf. Puedo recitarlo de memoria). No aceptó: esa parte de la historia la conocemos todos y quizá el mundo se haya perdido a un antropólogo magnífico. Un tiempo después, mucho tiempo después, a mí me entró un ataque de vértigo insuperable y sólo pude contárselo a él, por escrito primero, hasta que me arrastró de los pelos a la alegría y al desahogo. Había otra gente más, por supuesto, siempre he tenido buenos compañeros de viaje, pero del vértigo y del abismo David sabía más que cualquier otro en ese momento y fue un faro.

David es también Josemari recitándome Adictos, que no es de Josemari, sino de David, durante un cumpleaños, de madrugada. Y alguna revista canalla. Y muchos momentos compartiendo la palabra encima de un escenario. Tantos que, cuando voy a un recital de poesía, siempre me sorprendo de que no esté él. Pero es mucho más, aún, porque algunas palabras significan otra cosa desde que David, y Josemari, le dieron otro sentido, mucho más tierno, más verdadero, más íntimo: lluvia, gato, bar, bruja. También es el camino que alguno debió andar si se hubiera convencido, como él, de que lo que escribía valía para alguien.

Por eso me resultó tan difícil preguntar. Porque él me hablaba y yo estaba en Sevilla, en el Guirigay, en la Pila del Pato, en el Lokal, en el Lisboa, en el Sirena, en el Brujas, en la Imperdible, en el Salvador, en la calle Viriato. En la Alameda. Y bueno, lo he dicho antes, le debo a ese tipo mucho de lo que soy, mucha de la parte de mí que me gusta mucho. Yo no olvido. Hay cosas que no podría olvidarlas nunca.

martes, 12 de enero de 2010

Y más

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Consideramos imprescindible la retirada de la disposición final primera de la Ley de Economía Sostenible por los siguientes motivos:

1 -Viola los derechos constitucionales en los que se ha de basar un estado democrático en especial la presunción de inocencia, libertad de expresión, privacidad, inviolabilidad domiciliaria, tutela judicial efectiva, libertad de mercado, protección de consumidoras y consumidores, entre otros.

2 – Genera para la Internet un estado de excepción en el cual la ciudadanía será tratada mediante procedimientos administrativos sumarísimos reservados por la Audiencia Nacional a narcotraficantes y terroristas.

3 – Establece un procedimiento punitivo “a la carta” para casos en los que los tribunales ya han manifestado que no constituían delito, implicando incluso la necesidad de modificar al menos 4 leyes, una de ellas orgánica. Esto conlleva un cambio radical en el sistema jurídico y una fuente de inseguridad para el sector de las TIC (Tecnología de la Información y la Comunicación). Recordamos, en este sentido, que el intercambio de conocimiento y cultura en la red es un motor económico importante para salir de la crisis como se ha demostrado ampliamente.

4 – Los mecanismos preventivos urgentes de los que dispone la ley y la judicatura son para proteger a toda ciudadanía frente a riesgos tan graves como los que afectan a la salud pública. El gobierno pretende utilizar estos mismos mecanismos de protección global para beneficiar intereses particulares frente a la ciudadanía. Además la normativa introducirá el concepto de “lucro indirecto”, es decir: a mí me pueden cerrrar el blog porque “promociono” a uno que “promociona” a otro que linka a un tercero que hace negocios presuntamente ilícitos

5 – Recordamos que la propiedad intelectual no es un derecho fundamental contrariamente a las declaraciones del Ministro de Justicia, Francisco Caamaño. Lo que es un derecho fundamental es el derecho a la producción literaria y artística.

6 – De acuerdo con las declaraciones de la Ministra de Cultura, esta disposición se utilizará exclusivamente para cerrar 200 webs que presuntamente están atentando contra los derechos de autor. Entendemos que si éste es el objetivo de la disposición, no es necesaria, ya que con la legislación actual existen procedimientos que permiten actuar contra webs, incluso con medidas cautelares, cuando presuntamente se esté incumpliendo la legalidad. Por lo que no queda sino recelar de las verdaderas intenciones que la motivan ya que lo único que añade a la legislación actual es el hecho de dejar la ciudadanía en una situación de grave indefensión jurídica en el entorno digital.

7 – Finalmente consideramos que la propuesta del gobierno no sólo es un despilfarro de recursos sino que será absolutamente ineficaz en sus presuntos propósitos y deja patente la absoluta incapacidad por parte del ejecutivo de entender los tiempos y motores de la Era Digital.

La disposición es una concesión más a la vieja industria del entretenimiento en detrimento de los derechos fundamentales de la ciudadanía en la era digital.

La ciudadanía no puede permitir de ninguna manera que sigan los intentos de vulnerar derechos fundamentales de las personas, sin la debida tutela judicial efectiva, para proteger derechos de menor rango como la propiedad intelectual. Dicha circunstancia ya fué aclarada con el dictado de inconstitucionalidad de la ley Corcuera (o ley de patada en la puerta). El Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, respaldado por más de 200 000 personas, ya avanzó la reacción y demandas de la ciudadanía antes la perspectiva inaceptable del gobierno.

Para impulsar un definitivo cambio de rumbo y coordinar una respuesta conjunta, el 9 de enero se ha constituido la “Red SOStenible” una plataforma representativa de todos los sectores sociedad civil afectados. El objetivo es iniciar una ofensiva para garantizar una regulación del entorno digital que permita expresar todo el potencial de la Red y de la creación cultural respetando las libertades fundamentales.

En este sentido, reconocemos como referencia para el desarrollo de la era digital, la Carta para la innovación, la creatividad y el acceso al conocimiento, un documento de síntesis elaborado por más de 100 expertos de 20 países que recoge los principios legales fundamentales que deben inspirar este nuevo horizonte.

En particular, consideramos que en estos momentos es especialmente urgentes la implementación por parte de gobiernos e instituciones competentes, de los siguientes aspectos recogidos en la Carta:

1 – Las/os artistas como todos los trabajadores tienen que poder vivir de su trabajo (referencia punto 2 “Demandas legales“, párrafo B. “Estímulo de la creatividad y la innovación”, de la Carta);

2 – La sociedad necesita para su desarrollo de una red abierta y libre (referencia punto 2 “Demandas legales“, párrafo D “Acceso a las infraestructuras tecnológicas”, de la Carta);

3 – El derecho a cita y el derecho a compartir tienen que ser potenciado y no limitado como fundamento de toda posibilidad de información y constitutivo de todo conocimiento (referencia punto 2 “Demandas legales“, párrafo A “Derechos en un contexto digital”, de la Carta);

4 – La ciudadanía debe poder disfrutar libremente de los derechos exclusivos de los bienes públicos que se pagan con su dinero, con el dinero publico (referencia punto 2 “Demandas legales“, párrafo C “Conocimiento común y dominio público”, de la Carta);

5 -Consideramos necesaria una reforma en profundidad del sistema de las entidades de gestión y la abolición del canon digital (referencia punto 2 “Demandas legales“, párrafo B. “Estímulo de la creatividad y la innovación”, de la Carta).

Por todo ello hoy se inicia la campaña INTERNET NO SERA OTRA TELE y se llevarán a cabo diversas acciones ciudadanas durante todo el periodo de la presidencia española de la UE.

Consideramos particularmente importantes en el calendario de la presidencia de turno española el II Congreso de Economía de la Cultura (29 y 30 de marzo en Barcelona), Reunión Informal de ministros de Cultura (30 y 31 de marzo en Barcelona) y la reunión de ministros de Telecomunicaciones (18 a 20 de abril en Granada).

La Red tiene previsto reunirse con representantes nacionales e internacionales de partidos políticos, representantes de la cultura y legaciones diplomáticas.

Firmado Red SOStenible

http://Red-SOStenible.net

La Red Sostenible somos todo. Si quieres adherirte a este texto, cópialo, blogguéalo, difúndelo.

viernes, 1 de enero de 2010

Pan

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A mí amasar me devuelve a la tierra. No sé si por la herencia de la cultura mediterránea, no sé si porque los egipcios también amasaban el pan a la orilla del río o tampoco sé si es porque la inmensa mayoría de los panes que compro (salvo los de la Ecotahona del Ambroz, pero el grupo de consumo de Mérida está ya más que completo) no merecen el nombre.

Así que el 2009 me trajo, a últimos, las ganas de hacer pan. Hice tres. El primero, con levadura de repostería, que no sirve para hacer pan, así que el resultado fue una especie de pan ácimo, con la miga muy compacta, pero comestible. El segundo (las dos veces fueron minibarritas) tuvo un problema: la forma. Darle forma a un pan es bastante complicado: se necesita mucho tiempo de práctica y que alguien te enseñe a hacerlo. Por eso me he comprado los dos libros que veis. El de Xavier Barriga te enseña a hacer una masa madre (en verano, eso sí) y cuidando mucho las temperaturas (no sé cómo se puede pasar de 40º a 25º sin tener que poner el aire acondicionado dos días enteros -me iba a salir carísima, la masa madre-, pero alguna idea se me ocurrirá). El de Peter Reinhart es una especie de Biblia (junto con los de Richard Bertinet) y tienen alguna masa más primaveral y más sencilla.

Las masas madres duran mucho. Hay panaderías ecológicas francesas que usan la suya desde hace 150 años. Yo todavía no tengo una y no creo que ninguna vaya a durarme tanto... Hay que darles de comer, cada ocho, cada tres días, y pretendo irme de vacaciones. Es como tener un perro en casa, pero sin tener que sacarlo a pasear.

Mi tercer pan fue integral. Con una miga muy compacta, algo dulce (se le echa azúcar: la próxima vez, le echaré menos) y muy rico tostado. De estos panes que llenan. Y con la garantía de que no tiene excesivos aditivos químicos (excesivos, digo, porque las harinas de fuerza que he comprado los traen de serie: en España, mucho trigo, mucho trigo, pero no tenemos cultura harinera).

Y sí: he hecho trampa. Todos los hice con La Cocinera. Pero, en cuanto me llegue el pedido que le he hecho al Amasadero (rodillo de aluminio, banetones, algún molde) intentaré amasar a mano. Intentaré, digo, porque amasar a mano por lo visto tiene su ciencia: hay que estirar la masa, golpearla contra la encimera, hacerla volar un poco, conseguir que atrape aire y aplastarla muchas veces).

Ya os iré contando...

jueves, 31 de diciembre de 2009

Año viejo / Año nuevo

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No. Ni siquiera he escrito mi post de Navidad tradicional y no sé tampoco si escribiré carta a los Reyes Magos. Estoy completamente apática, como si me hubiera venido la astenia primaveral en medio de las granizadas y el frío gélido de este invierno raro: no leo (por placer: por trabajo leo mucho); no he recuperado la vida cultural, salvo algún par de obras de teatro; he abandonado las sesiones en la Filmoteca y ocupo mi tiempo en cosas que no me hagan pensar, sin mucho resultado. Por eso tampoco escribo: para no encontrarme. No me apetece.

Pero hace poco fui a ver a una amiga. Una amiga que ha tenido un annus horribilis, en todos los aspectos. Me emborraché con ella, por supuesto y como siempre. Y, mientras comíamos jamón (que es una buena manera de cenar, no me digan), me miró y me dijo: "Hay que celebrar que estamos vivos".

Espero que este año vuelvan las ganas y se vaya el cansancio.

Y que seáis felices y lo compartamos. Como siempre.

La foto es mía. Es una chorrada, son huellas de un perrito trazando un camino, pero me gusta.