domingo, 7 de febrero de 2010

En medio de un erial

El viaje en tren hacia Ottawa nos dio la oportunidad de ver el perfil de Toronto desde lejos, de saber cómo son las estaciones que están a la entrada de los pueblos (con sus tejados rojos y su hoja de arce siempre) y de hablar con una revisora simpatiquísima, que nos contó cómo teníamos que salir del vagón en caso de emergencia, que había aprendido español con la ayuda de un libro y viajando y que se iba a Italia este verano. Ontario está lleno de campos de labor y de lagos y nosotros estábamos deleitándonos con el paisaje, tan distinto y tan reconocible a la vez, cuando ella suspiró: “No sé cómo podemos vivir aquí”.


Cuando la reina Victoria escogió a Ottawa como la capital del país, Ottawa (que se pronuncia Ochua: nos lo dijo otro inmigrante que vendía los billetes en la estación de tren) se llamaba Bytown y era un lugar de mala muerte. En realidad, la escogió por un acuerdo entre Montréal y Toronto (una francesa, una inglesa), que se disputaban el honor. A mediados del siglo XVIII, Bytown era un campamento de trabajo conocido en toda América del Norte. La reina de la región era la madera y la capital de la madera era Bytown, llena de bandas rivales del tamaño de regimientos formadas por hombres de baja clase social que se dedicaban a pelearse cuando se emborrachaban, que era siempre. Y en medio de estas calles turbias y peligrosas se erigieron los edificios del Parlamento, como una perla en medio de una pocilga.

2 comentaron:

Random Harvest dijo...

Cuánto hablas de Canadá últimamente...








:mrgreen:

Los viajes que no hice dijo...

Es que no había hecho la crónica del viaje... :oops: