viernes, 24 de mayo de 2013

San Miniato al Monte II

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San Miniato al Monte

El libro Arte y arquitectura en Florencia, de Rolf C. Wirtz, que me dejó mi padre, se ha vuelto imprescindible. Aquí se cuenta que en el año 250 después de Cristo, san Miniato fue martirizado en Florencia durante el reinado del emperador Decio. Cuenta la leyenda que, tras ser decapitado, el santo recogió su propia cabeza y subió hasta la cima de la colina situada al sur del río Arno. Allí se edificó una capilla sobre su tumba en la Alta Edad Media, en algún año entre los siglos VII y IX.

San Miniato de noche


A principios del siglo XI, se hallaron sus restos y se edifició un monasterio benedictino, que luego perteneció a los cluniacenses. En el suelo de la iglesia figura el año 1207 -que yo no fotografío porque esto lo leo después- y suponen los historiadores que el edificio ya estaba terminado para entonces. San Miniato y el Baptisterio de San Giovanni son los ejemplos más sobresalientes del protorenacimiento italiano. Las fachadas de ambos son de mármol blanco y verde oscuro. La de San Miniato se inició en el año 1075. El águila que hay encima del templo es el emblema del gremio de Calimala (los mercaderes de tela), que financió la construcción de la iglesia.

El águila de Calimala
Baptisterio, con el mismo tipo de mármol
El campanario está inacabado: Baccio d'Agnolo lo construyó en 1518 porque el anterior se derrumbó en 1499. Durante el sitio de Florencia de 1529, Miguel Ángel lo hizo rodear de colchonetas para protegerlo de la artillería enemiga.

El campanario, a la izquierda, y San Miniato, a la derecha
Tienda de los monjes
Luego, el gran duque Cosme I convirtió la iglesia en fortaleza porque desde allí se divisa toda la ciudad y, durante la epidemia de peste de 1630, San Miniato funcionó como hospital y luego como asilo para los desamparados. Ahora, los monjes que lo ocupan son benedictinos y visten de blanco. El techo es de madera, los capiteles de las columnas son de varias épocas, algunos bizantinos. En el siglo XIX se restauró el templo y se pintaron escenas en la nave central. El suelo, que no se puede pisar, es una maravilla.

Interior de San Miniato

Escenas en la nave central del siglo XIX
Cementerio de las Puertas Santas

domingo, 19 de mayo de 2013

San Miniato al Monte I

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Subimos -más escaleras- a San Miniato al Monte, en la que hay una tienda de productos que hacen -o venden- los monjes, pero cuyo horario, descubrimos, no se cumple. Entrar en esta iglesia es gratis. Los monjes visten de blanco. Si vas por la mañana (nosotras llegamos a la una) la luz se cuela en forma de haces por la ventana y crea una atmósfera maravillosa. Por la tarde, a partir de las dos y algo, cuando salimos, ya no se ve ese juego de luces.



Pero antes de llegar, de tomar aliento cuando se te acaba subiendo las escaleras, hemos estado tomando fotos de las calles de Florencia. Las calles siempre salen mejor con gente, pero a esas horas no pasa casi nadie. Cuando miro las fotos por el visor de la cámara, me detengo ante una: "Señor gusta", porque le he sacado una foto a un transeúnte que ahora pasa justo por mi lado, me escucha, sonríe y me saluda con la mano. Es un músico: muy guapo, por cierto. Me muero de la vergüenza, pero nos reímos un buen rato.

Señor gusta.

Una de las casas de Florencia
Llamador
Portero automático. Son muy típicos. Hay hasta postales.
Claro que en los nombres de los supuestos habitantes de la casa pone Michelangelo, Donatello, Giotto... 
En San Miniato, cuando bajas a la parte de la iglesia en la que están las reliquias del santo, hay un cartel que ruega que no hagas fotos. La gente las hace hasta con flash y yo comienzo a cabrearme más y más porque todo el mundo debería saber que no se pueden hacer fotos con flash en ninguna parte en la que haya obras de arte. Yo quito el aviso sonoro y las hago igual. Sí, soy así. Sin flash, claro. Con trípode.

Cripta y tumba de San Miniato

Descubro que mi hasta entonces infrautilizado Gorilla Pod es una auténtica maravilla, con su cabezal de rótula y sus patas que se mueven en todas las direcciones posibles. Disfruto como una loca fotografiando esa iglesia hermosa, que me parece la iglesia más bella en la que he estado jamás, por encima de catedrales, por encima de cualquiera. Además, cuando hemos llegado, había un monje en la puerta (otro tipo guapo: qué desperdicio), hablando con una mujer mayor a la que le enseñaba una foto o un documento en el móvil. Y, al entrar, estaban cantando.

Ábside de San Miniato
San Miniato al Monte es mágica.

martes, 14 de mayo de 2013

Todo el día en la Piazzale Michelangelo

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Cenamos una calzone en casa, después de buscar infructuosamente algún restaurante en el que nos dieran de comer pasadas las diez de la noche. No, no están cerrados: es sábado: están llenos. Hace frío aquí, estos días, mucho frío, de la clase de frío que cuartea la cara y las piernas. Hacemos fotos nocturnas. Es la primera vez que salgo con el trípode para hacer nocturnas desde Nueva York y descubro que me entusiasma... y que llevo el objetivo equivocado, porque mi trípode es muy bajito y me hace falta el 10-20. Ya saldremos después.

La cúpula del Duomo, de noche
Piazza del Duomo
Nerea en la puerta de Il Papiro

Hoy hemos pasado el día entero en la Piazzale Michelangelo y en San Miniato al Monte. Hemos ido por la mañana y hemos ido por la tarde. No sé cómo demonios puede decir la gente que Florencia la ves en tres días. Es matemáticamente imposible ver esta ciudad no ya en tres días: en siete. Ni siquiera sé si en quince.
Hay que subir una cuesta empinada para llegar.

Acuarelas de Junko Mukai en Via di San Niccolò
La casa donde vivió Andrei Tarkovski
Kiosco en Via di San Niccolò
Via dei Bardi
Cuando vamos camino de la plaza, nos paramos delante de mil escaparates deliciosos: una panadería que tiene productos gourmet, una tienda con ajedreces espectaculares (nota mental: necesito un polarizador), mil papelerías. Compramos acuarelas en una tiendita al final de la cuesta, una miniatura de tienda que nos encanta. Desde la plaza se ve toda Florencia: son sus vistas más famosas y decido que hay que venir por la noche. En la plaza también hay un David completamente verde y puestos ambulantes de souvenirs. En realidad es un aparcamiento.

Piazzale Michelangelo
Reproducción del David
Palazzo Vecchio desde las alturas
Duomo desde Piazza Michelangelo

miércoles, 8 de mayo de 2013

Hablar y curarse

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3 de marzo de 2013

La primera impresión de Florencia no es el estallido de belleza que me espero, ni el asombro. Eso vendrá después: no cuando vea el Duomo, ni la Signoria, sino cuando camine por sus calles empedradas y me vaya haciendo a esta ciudad dividida por un río en la que todos los edificios son de colores. He visto muchas ciudades medievales, mucha construcción de piedra, y el ojo reacciona, pero no ve. Luego ya sí: luego, cuanto más la voy pisando, más me enamora. Y, después de día y medio, he caído completamente rendida.

Llegué a las dos y veinte a Florencia, en el tren de alta velocidad, después de haber visto las colinas nevadas de Bolonia y de haber pedido un asiento de ventanilla que no sirve para nada porque el trayecto está lleno de túneles.

Via Toscanella, muy divertida, con la escultura tapándose la nariz por el olor de los contenedores...

En Florencia me espera Nerea. Paseamos hasta casa, en la via Toscanella. Es un edificio antiguo, en el que hay que subir un sinfín de escaleras y caminar por un pasillo que da a un patio interior encantador, con macetitas por doquier. Comemos en la Osteria Santo Spirito por menos de 30 euros las dos, platos riquísimos y pantagruélicos servidos en platos de loza descascarillados que Nerea se quiere llevar.

Hago fotos de la comida, como siempre, pero he tardado en sacar la cámara porque quería primero apresar la ciudad con los ojos. Hay, en los sitios clave -Duomo, Signoria- una miríada de turistass que, sin embargo, no convierten el lugar en un espacio ruidoso. Constato que aquí debe de ser complicado vivir: hay muchos coches, muchas motocicletas, muchas bicicletas, demasiadas cuestas y escaleras y, en el centro, pocos supermercados. El mercado de San Lorenzo es una sucesión de puestos para turistas llenos de bolsos de piel -aquí todo es piel- o de plasticucho, con inmigrantes por doquier y la misma clase de artesanía que venden en todas partes, desde España hasta Argentina. En Santa Maria della Annunziata vemos otro mercado, de joyas y pendientes con forma de hojas de árbol y cuadernos hechos con papel reciclado, mucho más bonito.

Mi casita
Nerea y yo hablamos. Nos ponemos al día. Le cuento los hechos vergonzosos y dolorosos -alguno, muy doloroso- que me han ocurrido desde que no la veo y me abandono, porque cuando estás con un amigo, puedes hablar de todo el cuarto de atrás (que es inmensamente grande, en mi caso) y acabar riéndoos como dos niñas pequeñas de tu vergüenza y tu dolor. Y de repente está todo bien y ya no duele, ha dejado de doler y tú estás en casa, estás completa y vuelves, solo porque has hablado con esa mujer, vuelves, digo, a sentirte poderosa caminando por las calles de Florencia, llenas de obras y grúas, sin parar de hablar y de reír.
El patio de mi casa, muy particular

Y no importan las pérdidas. Que le den por culo a las pérdidas. Qué me importan las pérdidas si se queda siempre gente como ella.

viernes, 3 de mayo de 2013

Bolonia y la llegada

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Aterrizo en Bolonia y estoy muerta de frío en la estación. He venido en taxi desde el aeropuerto: 16 euros. No os asustéis si el taxímetro no se mueve durante un rato: es completamente normal. El billete a Florencia cuesta 26: el próximo, porque hay varios trenes, pero éste es de alta velocidad. Un capuccino en la máquina, muy rico, por cierto (he venido a una tierra de grandes amantes del café. Como yo), 0,80. El taxista escuchaba música de los 60 y nos hemos entendido en una mezcla de italiano, español e inglés, idioma que he hablado sin problemas con la chica que me ha ayudado a sacar el billete de la máquina. Bolonia es muy bonita, por cierto: lo poco que he visto. Las típicas construcciones mastodónticas de piedra de colores anaranjados, las cúpulas verdes y palomas por doquier. Lo malo es que en la estación no hay ni un asiento y estoy aquí con la espalda doblada, escuchando las mil llamadas de megafonía en el idioma musical de los italianos. Me preguntan varias cosas algunos transeúntes. Digo "no sé" en español, con la esperanza de que me entiendan: si no el lenguaje, sí mi cara de pasmo. El cielo está completamente gris y yo intento colocarme en una posición más cómoda, porque llevo más de cinco kilos de equipo fotográfico a las espaldas y la mochila es incómoda para ciertos menesteres, por más que me haya acostumbrado a que sea una extensión de mí en todos los viajes.

Tapenade con pan toscano

Un viaje es esperar y esperar en varios lugares donde la gente no interacciona. A mi lado, una mujer con Il Corriere della Sera. A mis pies, más palomas, gordísimas. Tengo que bajarme en Santa Maria Novella. Allí me espera Nerea. Necesito una cámara pequeña, porque la mía no la he sacado aún de la bolsa, ni ganas que tengo: no pretendo hacerlo hasta que no llegue a Florencia.

No me da miedo viajar sola.

Ravioli con salsa de nuez

Comemos en la Osteria Santo Spirito, en la plaza del mismo nombre. Menestra di farro y ravioli con salsa de nueces: 7 y 9 euros. La camarera me explica que el café macchiato es el cortado y el café con leche, café latte, es un café con leche tamaño catedral.

Lo primero que fotografío es la comida.

Minestra de farro. Esto está de muerte.

sábado, 27 de abril de 2013

La OEX y dos cubatas

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Beñat Arrieta. Imagen de la Orquesta de Extremadura.
A pesar de algún móvil que sonó y del señor que no paraba de hacer un rulo con su programa de mano justo detrás de mí, ayer comprendí de qué manera se gesta, y se percibe, la energía que emana de un público entero y cómo esa respuesta silenciosa puede cambiar una manera de interpretar. No lo había descubierto hasta ayer y aseguro que llevo unos cuantos conciertos y unas cuantas obras de teatro a mis espaldas.

También me sirvió, la música -Haydn, Donizetti, Hindemith: cada uno a su modo- para pensar en mi vida, en mis relaciones, en la forma que tengo de inhibirme y desaparecer. Aplaudimos. Aplaudimos mucho. Beñat estuvo mágico.

Yo fui allí después de una semana de perros, pensando en ver un concierto, largarme a casa y levantarme más o menos temprano antes de ir a la reunión del cine club. No estaba en el mejor momento -tampoco en el peor- y me di cuenta de cuánto echo de menos oírlos tocar más a menudo. Que la música me calme, o me desespere.

Me quedé para saludar a Álvaro después:
-¿Tienes planes?
-Ninguno.

Cena, ron, gin tonics.

Nos dieron las tres de la mañana.

A mí me gusta mucho estar con él. Me gusta mucho estar con él, me gusta mucho entrevistarle, me gusta mucho oírle hablar de música y me gusta la sensación de que estoy aprendiendo sobre otros modos de trabajar. De intentar crear.

Recuerdo una escena de Treme. Antoine Batiste le dice a una alumna que lea una partitura y la letra que la acompaña y le pide que piense en cómo esa letra le pide a ella que interprete la canción. Al final es eso: que el músico sepa que no es un mero ejecutante, sino un creador, que no tenga miedo a volar, a conseguir un sonido, a adquirir una voz; y que participe de una voluntad colectiva.

Hacía mucho que nadie me decía que soy brillante (y me hacía falta oírlo).

Hacía mucho, también, que no intercambiaba ideas con nadie. Porque la creatividad hay que estimularla y yo había dejado de tener ideas, de acariciar un proyecto, de pensar en posibilidades, de ilusionarme y, sobre todo, de creer que yo, por ser yo y solo yo, podía aportar algo -y aportarlo, además, en una materia de la que no sé absolutamente nada y que la persona que me escucha, que sí sabe y que estudia, escuche, pregunte, comparta-. Sirvió de desahogo y de descubrimiento.

Me di cuenta de todas las razones.

lunes, 22 de abril de 2013

Mi fantasma

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Hubo un chico, una vez. Muy tímido. Muy roto por dentro. No podrido: roto: hay matices. Muy guapo. Ser guapo y tímido no está permitido. Ser guapo y tímido y no confiar en nadie tampoco.

Había una chica, también. Se encontraron en un bar, primero. Luego en un cumpleaños de amigos comunes. Un día, ella entró en su casa: él se había roto una pierna, pasó a saludar, tímida también. La visita de cortesía de diez minutos se transformó en un café de horas. Y a ese día siguió otro y otro más y todos los días sin faltar ni uno que él estuvo enfermo, hasta que se fue y volvió.

Fue fácil para ambos, hasta que ella se rompió, porque a veces la gente se rompe y, por el camino, acaba destrozándolo todo, también, y él no supo recomponer ni actuar tampoco. Fue fácil hablar. Era fácil compartir el tabaco y los mecheros, bailar canciones que dolían, acabar buscándose, acabar quedándose solos. Resultó fácil mostrar todas las miserias, en todas las direcciones, reírse, ver partidos de fútbol, ir a Garciaz a limpiar una casa, entrar en su habitación cuando él estaba dormido para despertarle, confiar, compartir lo que uno es: las luces, las sombras, las oscuridades. Y que no importara.

Ha pasado mucho tiempo. Pero ella sabe, porque lo sabe, que su vida, la de él, hubiera sido mejor si ella se hubiera quedado.

De vez en cuando, ella recuerda. Aparecen fogonazos: dos cubatas encima de una barra de bar, la primera salida con las muletas, un plato de pasta que él le cocinó, llegar a su casa a las cinco de la tarde y que, de pronto, fueran las siete de la mañana.

Han pasado diez años y ella nunca ha vuelto a confiar en nadie así.

El dolor es el de todos los exilios.

domingo, 21 de abril de 2013

Mechuque

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14 de noviembre de 2012. 

Escribo en la cocina de la tía Berta, que es la tía de Anita. Ella vive en Mechuque, que es una isla chilena en la que solo hay luz desde las siete de la tarde hasta las doce de la noche. Está en el archipiélago que forman las islas Butachauques: aquí vivían también indígenas. Llegamos desde Puerto Montt en un colectivo que nos conduce hasta Ancud, una población en la isla Chiloé a la que se arriba en transbordador. Nos vinieron a buscar la prima de Anita y su marido, que nos condujeron a Quicaví, con parada en Quemchi: las poblaciones de este sitio tienen nombres muy sonoros. En Quicaví nos esperaba Lalo, con una lancha para cruzarnos el océano hasta Mechuque. El bote saltaba, el agua nos mojaba enteras y nos reíamos como si tuviéramos tres años, las tres.

Mechuque


Unos señores nos llevan las maletas hasta casa. Y menos mal, porque la arena está llena de piedras y no somos capaces de acarrearlas.

La casa de la tía es la más antigua del pueblo, está hecha de madera de alerce, ha sobrevivido a dos terremotos sin inmutarse y tiene unas escaleras matadoras. Es inmensamente grande, está pintada de colores preciosos y en la cocina se está muy calentito porque hay una estufa de leña. La isla huele a leña quemada, a flores y a salitre.

martes, 16 de abril de 2013

Esquel es Héctor, es María, es Cati...

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Kiosco El Chucao

Esquel es Héctor, es María, es Cati, pero también es Romina y es Óscar, que son la hija y el hermano de María, una de las hijas y uno de los hermanos. Llegamos a las seis y media de la mañana, en un micro coche-cama (hay cama y semicama) en el que nos dieron de cenar una cantidad pantagruélica de comida (pollo y patatas con salsa, arroz con verduras, ensalada, carne fría, pastel de carne, flan con dulce de leche) y en el que, en el primer tramo del viaje, te morías de frío y en el siguiente, te asfixiabas. En la estación de ese pueblito que nos regaló el amanecer rosado de los Andes estaba Héctor, el hermano de Adriana, para darle un abrazo a ella y otro abrazo a mí. También estaba María, igualmente cariñosa. Cati, que es quien me falta, es la hija de Héctor y Gabriela, la hermana de Nico. Tiene 32 años. Su padre ha montado un kiosco y ahora trabaja allí. En Argentina, en el kiosco no se vende prensa: se vende todo lo imaginable, menos periódicos y revistas: chucherías, tabaco, bebidas, pañuelos de papel, cacao para los labios... Hay uno o dos en cada esquina.

viernes, 12 de abril de 2013

Los ojos de otros

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Lo que yo voy a ver lo vieron los ojos de Dostoievski y de Rilke que, frente al Perseo de Cellini, descubre que ha de vivir ahora las preguntas. Ese poema, que me aprendí, me lo copió Jandro hace más de una década, cuando él tenía un camino marcado que luego abandonó y yo no sabía, entonces como ahora, qué iba a ser de mí. Vive ahora las preguntas. Rilke se hizo viejo aquí: planeó proyectos, supo qué quería hacer. Hay gente con una sensibilidad honda que yo no sé si tengo. Nerea, que llegó a caballo entre dos años para quedarse tres meses, me escribió para decirme que su primera impresión de la ciudad es que estaba infestada de turistas (seguimos teniendo la costumbre de salir del país en fin de año) y que todo era carísimo.


Rilke.
Quizá después de dos meses allí haya aprendido, como los florentinos, a no fijarse en ellos. Que, ciertamente, somos una plaga. Pero no importa: solo habrá que levantarse un poco más temprano para intentar caminar por calles medio desiertas y saber, como en cada viaje, que veré lo que pueda y como buenamente pueda.

Porque yo soy lenta. Soy tan lenta que siempre me asombro de lo rápido que viajan los demás. Y no solo eso: también me asombran las recomendaciones: voy a una ciudad con más artistas locales que ninguna otra, con más obras de arte por metro cuadrado que ninguna, con más sabores que muchas y que exige un cierto tipo de detenimiento. Florencia se ve en tres días, me dicen. Marco me mira: en una semana no te da tiempo, dice, pero puedes disfrutar de muchas cosas. Ve a Siena: en un día la ves, dicen. Marco me mira: no vayas a Siena, Siena necesita más de una semana, te vas a venir con los dientes largos.

Marco es italiano, cuando habla de la región a la que pertenece dice "mi casa" y vivió en Florencia cuatro años. Ahora va a tener un niño que nacerá escuchando violines todo el rato: sus dos padres son violinistas y, por lo visto, igual de lentos para viajar que yo.

Porque es que a mí me gustan los bares y me gusta escribir en los bares y me gusta mucho el café y me gusta observar a la gente, preguntarme cómo serán, qué hacen allí, si son felices. Siempre me produce un cierto tipo de extrañeza comprobar que las ciudades existen al margen de mí, que sus habitantes estaban allí antes de que yo llegara y les observara por primera vez, porque siempre tengo la impresión de que son mis ojos, al mirarlos, los que les han dado vida, los que los han convertido en reales.

Peking y Helen McAllister. Barcos viejos en Nueva York.


Una ciudad no es nada sin la gente que la vive y me resulta casi mágico percatarme de que creo que yo di vida a la miriada de habitantes de Toronto cuando la vi por primera vez pero que, si pienso en una ciudad más antigua ("en el puerto de Nueva York hay barcos antiguos", le dije a Robert. "No. Hay barcos viejos. Antiguos, en Europa") siempre la imagino de noche, con hombres con sotana y capas, vestidos de negro o púrpura, caminando muy rápido con alguna nueva o vieja intriga en la mente, casi invisibles. Puede que algunos de los momentos más decisorios de la vida de las personas ocurran en una casa o en una cama, pero yo siempre he creído que las ciudades se transforman al anochecer gracias a todas las cosas que han transcurrido y transcurren cuando el sol desaparece, porque nadie quita y pone reyes a plena luz del día, nadie tiene una amante a plena luz del día.

lunes, 8 de abril de 2013

Que el ojo vea: no que el ojo reconozca

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Nunca veo muchas fotos de los lugares que voy a visitar. No me gusta llegar a los sitios con la sensación de que ya he estado allí, y, además, no tengo memoria "fílmica": habré visto mil y una películas de Nueva York y, hasta antes de ir, cuando me estuve preparando la guía, ni siquiera sabía cómo era el Empire State. De Florencia no he buscado más que los lugares desde los que fotografiar la ciudad desde las alturas. Como siempre, llevo dos guías en el bolso, más -en esta ocasión- un libro de arte y el libro electrónico cargado con 38 documentos que busqué por internet.

Siempre compro planos, pero, lo reconozco, no sé leer los mapas. Walter Benjamin decía que importa poco no saber orientarse en una ciudad, pero perderse por sus calles, como quien se pierde en un bosque, requiere aprendizaje. La mitad de las veces, yo acabo dando vueltas en círculo. Como si me perdiera en un bosque.

Al final, una busca los pequeños lugares que la van a hacer sonreír o emocionarse (como ocurrió en Nueva York cuando vi, sin esperarlo, la casa de Elizabeth Cady Staton). Cuando Dostoievski escribió El Idiota, miraba los muros del Palazzo Pitti y sabía -él, que finalmente no murió en Siberia-, de la muerte de su primera mujer, Maria Dimitrievna, de la muerte de su hermano Mijail.



Quiero averiguar, también, si sé mirar bien los frescos de la capilla Brancacci, donde Masolino permitió trabajar a su alumno, Masaccio, y el alumno pintaba de tal manera que no se distinguían sus estilos, hasta que logró desligarse de las ataduras de la imitación y voló y superó no solo a su maestro, sino también la época de su maestro.

Todo eso no lo he visto nunca. Sí el Duomo, el David, la Venus naciendo de Botticelli... los he visto y los he estudiado.

Lo demás no. Ni siquiera sé -no he querido mirar- cómo es la fachada de la Santa Croce. A mí me gusta que el ojo vea, no que el ojo reconozca. Cuando se quieren hacer fotos, eso es una renuncia: siempre te dicen que veas muchas, muchas fotos, de las ciudades para saberte los edificios de memoria y conocer las esquinas desde las que quieres disparar. Yo, como no tengo excesivas pretensiones (salvo, sí, hacer nocturnas y vespertinas, cosa que siempre me prometo que voy a hacer en todos los viajes y que al final, por una razón u otra -cansancio, lluvia- nunca hago) obvio el trámite de aprenderme la ciudad antes de verla por primera vez.

martes, 2 de abril de 2013

Dios

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No se de quién es esta imagen, que lleva en uno de mis hogares ni se hace cuánto tiempo...


Hace exactamente ocho años y cuatro días, ocurrió algo que escribí, para rememorarlo, cuatro años más tarde.

Tenía el acento dulce, no nos conocíamos de nada y me enseñó que seis horas pueden ser definitivas.

Las mejores mitades de mí le llaman Dios.

Hoy he vuelto a hablar con Él.



 

martes, 26 de marzo de 2013

San Carlos de Bariloche como parada

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El Cóndor de los Andes

Escribo en El Cóndor de los Andes, que es un hostel para mochileros en San Carlos de Bariloche, sin pretensiones, muy sencillo, pero con una atención exquisita. Carolina se llama la recepcionista: un encanto. Hemos ido a la montaña, ascendiendo en colectivo hasta el lago Gutiérrez, que todavía guarda la ceniza del volcán Puyehue, de Chile, y se ve nebuloso, nebuloso. Y luego, de nuevo en colectivo, hasta Puerto Pañuelo. San Carlos de Bariloche está a los pies del lago Nahuel Huapí. Más bien, el lago Nahuel Huapí está a los pies de Bariloche, hecha en la montaña, con esos autobuses urbanos en los que hay que sentarse teniendo un sitio delante, para poder agarrarse y no caerse al pasillo, de tantos bandazos que dan los conductores. Es una ciudad muy turística, puntera en esquí y, cuando comienza la temporada, me cuenta Anita, los esquiadores bajan la montaña al anochecer, con antorchas.

Intendencia de San Carlos de Bariloche


A mí me parece demasiado turístico y con no pocos problemas: cuando el micro (el bus interurbano) viene de Esquel, se ve el basurero y se ven las casas de chapa, de metal, de uralita, una detrás de otra, hechas con maderitas también, por gente muy pobre. Me lo advirtió Héctor, antes de venirnos, después de pasar dos días en su casa, en Esquel. Se me ha hecho el primer nudo en la garganta del viaje, nudo y lágrimas, mientras los veía a los dos en la estación, a Héctor y a María, María con un mate prestado, los dos sonriendo y yo pensando que no sé cuándo volveré a verlos...

Lago Gutiérrez, tras las cenizas del volcán

viernes, 22 de marzo de 2013

Una civilización luminosa

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Florencia es la cuna de una civilización luminosa de la que supongo que nacemos, aunque yo tenga la impresión de que hemos recorrido un camino de vuelta que va a impedirnos tener, de nuevo, otra época tan fecunda. Han pasado siglos y seguimos mirándonos en Miguel Ángel, Giotto, Leonardo, Alberti, Dante, Maquiavelo, Bruneleschi, Donatello, Ghirlandaio, Boccaccio...

Miguel Ángel retratado por Marcello Venusti

Ahora, dicen, la ciudad ya no es una ciudad, sino un enclave turístico convenientemente señalizado pero incapaz de hacer frente a las demandas de la vida urbana moderna.

Pero en el siglo XVI había un puñado de hombres (¿y mujeres? ¿las hubo?) que abandonaron la oscuridad medieval, creyeron a la vez en Dios y en la ciencia (pero, oh, sí, era otra clase de Dios), investigaron y escribieron poesía al tiempo que pintaban, esculpían, redactaban tratados de filosofía, superaban a sus maestros y querían hacer del hombre la medida de todas las cosas.

martes, 19 de marzo de 2013

Florencia

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2 de marzo. Barajas.

Stendhal
Hay un cierto tipo de hombre, cincuentón, atlético, con el pelo entrecano, barba corta casi blanca, mirada inteligente, que siempre me encuentro en el aeropuerto. En todos los aeropuertos. Generalmente vengo sola, cargada de guías, me quemo la lengua con el primer café de la madrugada, pienso en una primera frase. 

Reviso las notas que tomé con Marco. Que fuera a Fiésole y a la Piazzale Michelangelo, que no me perdiera el mercado de Sant'Ambrogio ni los barrios de San Frediano y Santo Spirito, ni una iglesia pequeñita que está cerca de la casa de Dante.

El 22 de enero de 1817, Stendhal visitó la Santa Croce: "Absorto en la contemplación de la belleza sublime, había llegado a ese punto de emoción en el que se concentran las sensaciones celestes producidas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Al salir de Santa Croce, me palpitaba fuertemente el corazón, se me había agotado la vida y andaba temeroso de caerme".

domingo, 17 de marzo de 2013

Torturas

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El País publica hoy una noticia. España en Irak, dice: del error al horror. Es una información, ha denunciado Gervasio Sánchez, que viene con ocho años de retraso. La firma Miguel González, que viajaba, ha dicho Gerva, en lugar preferencial con el ministro de Defensa. Los hechos los denunció, por activa y por pasiva, el fotoperiodista, sin que nadie le hiciera ni puto caso. Para variar. El artículo que he enlazado es de 2009.

Comienza así:

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Un hombre entra en un cuartel militar. Es interrogado, golpeado violentamente en múltiples ocasiones, objeto de trato inhumano y degradante, obligado a pasar horas de pie de cara a la pared con una capucha en la cabeza y a dormir en el suelo como si fuera un perro.

El suplicio dura cuatro días (hoy domingo 22 de marzo se cumple cinco años) hasta que es trasladado a un penal de máxima seguridad, donde pasa once meses de su vida. Es liberado porque no existe una sola prueba contra él.

Estos hechos no pasan en una prisión estadounidense ni en la isla de Guantánamo ni tampoco en un país dictatorial africano ni en un centro para criminales reincidentes.

Ocurren en un acuartelamiento español, exactamente en Base España de Diwaniya (Irak) entre el 22 y el 27 de marzo de 2004. La víctima se llama Flayeh al Mayali, un traductor muy conocido entre los militares y periodistas españoles.


Entre los documentos hay una carta de Al Mayali, que termina diciendo:

Aqui quiero plantear las siguientes pregunta ¿Existe una ley en el mundo que puede proteger los derechos de los oprimidos? ¿Cuando respetamos los principios de la democracia, la libertad y la justicia? ¿A quién puedo dirigirme para conseguir mis derechos legítimos despues de 11 meses de injusta detencion?
Aquí debajo, los tuits de Gerva Sánchez denunciando este tema.

Yo no tengo nada más que decir. No sé qué más decir: desde que le he leído, mientras desayunaba, solo siento vergüenza (más vergüenza todavía de la que ya sentía por el país en el que tuve el azar de nacer, que os aseguro que es mucha) y asco.

Mucho asco. Y mucha rabia.

Actualización: Gerva Sánchez publicó en El País el artículo ¿Un traductor traidor?

Miguel González publicó que el PP ocultó al juez la detención del único acusado del asesinato de los agentes del CNI. Se puede leer aquí. También publicó que Amnistía pidió que se investigara este asunto.

Tweets

  1. Señoras y señores.El periodismo es sagrado. Se lo están cargando personajes y periodistas que sólo buscan no perder el asiento prreferencial
  2. Miguel González (y sus jefes de nacional e internacional) tenían la obligación de investiga el caso Al Mayali. ¿Por qué no lo hicieron?
  3. Miguel González viajaba siempre en lugar preferencial con el ministro de Defensa. ¿Quizá por ello sólo escribía lo que gustaba? POR SUPUESTO
  4. Miguel González entrevistó varias veces a Jorge Dezcallar. Jamás le preguntó por el caso Al Mayali.¿Entrevistas pactadas? POR SUPUESTO
  5. Hay periodistas que trabajan en funcuón de agendas políticas. Que no investigan cuando hay que hacerlo y alardean cuando les dan la orden
  6. Amnistía Internacional debería denunciar los silencios permanentes de los gobiernos españoles desde el 2003. Hay responsabilidad penal
  7. Se me olvidaba. Mañana Amnistía Intenacional debería presentar una querella contra los responsables de los hechos ocurridos en Diwaniya.
  8. El periodismo vale la pena a pesar de tanta cobardia, prepotencia, absurdo y mentiras. Espero que mis tweets les haya aclarado el panorama.
  9. Siento dejarles pero estoy en Burgos dando un taller y me debo a mis alumnos a los que tengo que convencer que el periodismo vale la pena
  10. Antes de despedirme les recomiendo que compren hoy El MagazineLa Vanguardia. Hay un reportaje mío sobre Iraq. Mi traductor ha sido Al Mayali
  11. Espero que a los periodistas de El País (ya saben quiénes son) se les caíga la cara de vergüenza y llamen a Al Mayali para pedirle perdón.
  12. Espero que a los miniestros de Defensa Trillo, Bono, Alonso y Chacón se les caíga la cara de vergüenza y aclaren por qué no hicieron nada.
  13. Espero que al general Fulgencio Coll se le caíga la cara de vergüenza y admita que sabe lo que estaba pasando en Diwaniya.
  14. Espero que a Jorge Dezcallar se le caíga la cara de vergüenza y aclare ahora dónd están las contudentes pruebas contra Al Mayali
  15. Espero que al juez Fernando Andreu se la cambia la cara de vergüenza. Si él hubiera actuado en 2005 todo esto se hubiera sabido antes.
  16. Para que el CNI aclare sus vergüenzas El País debería liderera una campaña periodística. Pero antes debería pedir perdón a Al Mayali
  17. Durante estos años he recibido recaditos del CNI ("Gervasio está jugando con fuego"). Lo que debería hacer es aclarar qué pasó con Al Mayali
  18. Sacar una historia con ocho años de retraso es despretigiar el periodismo. Insisto. En El País tenía conocimiento desde al menos 2005.
  19. Lo que no puedo consentir es que militares adscritos al CNI violen la ley y un general con Fulgencio Coll diga que no sabía nada
  20. No tengo nada contra las Fuerzas Armadas.Durante 20 años siempre ha cubierto las misiones internacionales con responsabilidad
  21. El País tenía que haber movido cielo y tierra para ayudar a su traductor. No se hizo nada de nada. Escribo esto al borde del llanto.
  22. Todo lo que explico son hechos. No es antiPP, antiPSOE, antiEl País. Al Mayali amaba España y se le hizo de algo que no hizo.
  23. La historia de un país democrático se consolida cuando se conoce lo que ocurre en sus zonas más ocultas. Ha habido una ocultación general
  24. Por favor, os ruego que leáis este texto y todos los documentos (). No se trata de PP o PSOE sino de posibles torturas
  25. Aznar es culpable de una guerra brutal. Defensa es culpable de haber escondido la verdad. EL PSOE es culpable de mirar a otro lado.
  26. Flayeh al Mayali fue detenido durante el gobierno del PP (ministro Trillo) pero hasta mayo de 2004 no se supo que estaba en Abu Graib.
  27. Diwaniya fue nuestro Guantánamo particular. Periodistas, políticos, jueces, militares miraron a otro lado. Una vergüenza para nuestro país.
  28. Espero que el juez Fernando Andreu (que no me hizo ni caso en 2005) reabra de una vez la investigación sobre los 7 CNIs asesinados.
  29. Espero que los parlamentarios tengan las agallas el martes de preguntar a Feliz Sanz sobre estas vergüenzas en la comisión parlamentaria
  30. Ya advertí en 2005 que al menos una decena de iraquíes habían sido maltratados en Diwaniya y nadie me hizo caso.
  31. Me abochorna que las mismas personas que no investigaron ahora firmen informaciones en primera en El País. No me extraña nuestra mala imagen
  32. Durante meses advertí a El País, ministerio d Defensa, Audiencia Nacional, Presidencia del gobierno de lo que había pasado. Se rieron de mí.
  33. Si El País hubiera investigado en 2004 el ex ministro José Bono no hubiera mentido cuando Al Mayali acusó al CNI de trato inhumanos.
  34. Si El País hubiera investigado el caso Al Mayali jamás Fulgencio Coll hubiera tenido la carrera meterórica que ha tenido.
  35. Si El País hubiera investigado en su momento Jorge Dezcallar, entonces director del CNI, no hubiera tenido la carrera meteórica que hatenido
  36. EL País tenía la obligación moral de haberse preocupado por aydar a su traductor. Cubrieron la actuación del CNI con un manto de silencio
  37. Flayeh al Mayali, un hombre honesto, fue utilizado por el CNI como chivo expiatorio para evadir responsabilidades por el asesinato de 7 CNIs
  38. El País tenia que haber utilizado su influencia para ayudar a su traductor durante casi un año y no permitir quepasara 11 meses en la cárcel
  39. El CNI golpeó a Al Mayali y lo acuso de manejar dinero de origen incierto. Miguel González dio publicidad a esta versión mentirosa
  40. Miguel González dio publicidad a la versión mentirosa del CNI a pesar de que sabía por mí queAl Mayali tenía contratos conel Ejércitoespañol
  41. Miguel González, la misma persona que firma esta información ()dio publicidad en 2004 a la versión mentirosa del CNI.
  42. Durante meses pedí a los responsables de El País que investigaran lo ocurrido con su traductor. No me hicieron ni caso.
  43. En marzo de 2004 el traductor de El País, Flayeh al Mayali, fue detenido en Diwaniya. Sufrió tratos inhumanos y degradantes por el CNI.
  44. El País presenta esta información con ocho años de retraso. Sabían desde el 2005 lo que había pasado en Diwaniya.

Actualización: Gervasio Sánchez ha publicado, en su blog, otro artículo explicando el porqué de sus tuits ayer.