lunes, 22 de febrero de 2010

Una ciudad que es un río


Quebec es también el río San Lorenzo. Es una ciudad y una provincia: de la provincia vimos poco, (es la más grande del Este: inabarcable en quince días), pero la ciudad nos la pateamos a base de bien, salvo los barrios residenciales de las afueras. Es el corazón del Canadá francés y el corazón del nacionalismo francófono. Ha habido dos referéndum para independizarse de Canadá, pero en los dos ha salido el No. Por poco. De hecho, el lema de Quebec es Je me souviens, yo me acuerdo. Me acuerdo de dónde vengo, quiere decir. Me acuerdo de los míos. Y los míos son los franceses. Bien podían ser los miembros del pueblo iroqués, que eran quienes vivían allí antes de la llegada de Samuel de Champlain y los suyos, pero llevan a gala su pasado como tierra conquistada y mantienen una cultura más europea: en las construcciones de las casas, en el idioma y en la comida. Se come mejor aquí que en cualquiera de los otros lugares donde estuvimos. Hay pintadas donde pone: “Quebec libre”, ante la que enarcas invariablemente las cejas. A mí los nacionalismos, los localismos y los regionalismos me producen últimamente muchísimo hastío, así que lo único que dije cuando vi la frasecita, muy cerca del Petit Coin Latin, donde comimos un estofado de caribú, fue: “definitivamente, la gente está fatal”. Por suerte, Quebec no es sólo eso. También tiene la posibilidad de tomar un café en La Place Royale.


En Quebec hay avispas. Sé de más de uno de cierto foro de fotografía que hubiera disfrutado como un enano, porque se posan en tu vaso tan tranquilas y los lugareños dicen que no pican, pero yo no me detuve a comprobarlo. En Quebec hay una estatua de un guiñol en plena calle, muchas iglesias, una calle llena de artistas vendiendo cuadros hermosos y la Terrasse Dufferin para tomar un helado o escuchar a un señor mayor tocando una Gibson. También está el Marché du Vieux Port, con sus puestos de fruta y verdura, sus mieles, sus mermeladas y sus jaleas, sus jabones artesanales y su sirope de arce. Y la Citadelle, un fuerte que comenzaron los franceses y terminaron los británicos. Desde el camino que sube a ella está tomada la foto panorámica que hay al principio de este mensaje. El edificio que está en el centro de la imagen, que parece un castillo, es el Chateau Frontenac, el hotel más fotografiado del mundo. Y, sin embargo, una de las construcciones que más me gustó fue Au Coeur du Saint Roch, una Iglesia situada fuera del foco turístico del Viejo Quebec en cuya plaza se nos acercó un señor con pinta de mendigo (no sabemos si lo era: no pidió dinero ni quiso tabaco porque no fumaba) que nos contó la historia de ese templo gris lleno de vidrieras preciosas.

6 comentaron:

FLaC dijo...

En Quebec casi 6 millones de personas tienen el francés como lengua materna y... conociendo a los francófonos un poquito, pues no, como que no se olvidan. Por cierto, ¿seguro que no es "Je m'en souviens"? Es que sin el pronombre me suena un poco raro.

ps. Vete a Londres.

Los viajes que no hice dijo...

No, no, segurísimo. Tengo no sé cuántas fotos del lema de Quebec... Je me souviens.

Tengo que ir a Londres, tengo que ir a Londres... A ver a Dickens por sus calles.

Elías dijo...

Pues pásame alguna de esas fotos de "je me suoviens". Ya sabes cuánto me gustan los "me acuerdo".
Un beso, guapa.
Elías

Los viajes que no hice dijo...

Elías, pues no sé si están aquí, que está el álbum de fotos de Canadá. Pero si no las he colgado, las busco y te las paso, claro que sí...

manolo dijo...

Qué envidia de viajecito. Y qué fotos, qué bien.

Los viajes que no hice dijo...

¿Te gustan? Gracias, guapo.