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jueves, 7 de noviembre de 2013

Suicidios

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Me suicidé por primera vez a los 25. No lo busqué. No lo busqué, no lo planeé, tuve más frío del que he sentido jamás, descubrí todas las maneras en las que podía actuar como un animal herido que solo busca un refugio calentito pero quiere matarlo todo y quiere matarse a sí. Cuando camino por algunos lugares de Madrid, de vez en cuando, durante algún minuto de esos días caóticos, de repente, por un lugar, o por una charla con una mujer con la que siempre acabo desnudándome del todo, recuerdo a dos personas a las que nunca he visto, a las que nunca veré, que ya no están en mi vida, pero que me suicidaron. Una a los 25. Otra a los 32. También me morí pasados los 30 y a los 35. Yo me muero de a poquitos.



La última vez fui todas y cada una de las cosas que me aterran ser y que desprecio ser.
Dejé de escribir.
Estoy intentando descubrir, en este preciso instante, si lo que no te mata te hace más fuerte.

viernes, 15 de agosto de 2008

Las palabras que son suyas

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Al final descubres que todos tienen el mismo miedo que tú. A ciertos temas de conversación, a determinadas preguntas, a la desnudez real (que a veces se mezcla con la física, pero no siempre y no a la vez), al silencio incómodo, a la soledad impuesta.

Amaso una carne que no está y la recuerdo. Sonrío hasta que me duelen las mejillas. Hablo de las mujeres importantes de mi vida y siento la necesidad de tomarme un café instantáneo con una de ellas en su nueva cafetera rojo Ferrari, para intercambiar vidas, caminos de Santiago, risas, un fin de semana lleno de sensaciones y una borrachera de palabras. Hablo de la invisibilidad, de los sitios donde me he quedado, de los fantasmas y de las heridas. Descubro que no me quedan cicatrices, que me apetece regalar un poema, que no me importa contar si estoy cómoda, pienso en mis canciones recurrentes, en las imágenes que proyectamos y confieso que soy incapaz de encontrarle un defecto, por más que busque, a ciertas personas. Imagino otros lugares y, por vez primera, un viaje acompañada que posiblemente no se produzca nunca. Me veo caminando por calles desconocidas, en paz y muy serena y hay también un prado verde. Y pienso si la madurez será, al fin, un equilibrio que te haga disfrutarlo todo como si todo ocurriera por vez primera. Se me empañan los ojos en el momento de la despedida y no sé en qué se basarán los recuerdos ni el tiempo que transcurrirá hasta entonces. Vuelvo a sentir la ternura y unos brazos. Y sé que callaré las palabras que son suyas.

martes, 8 de julio de 2008

Una isla furtiva

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-Eres la persona más excitante con la que he hablado nunca.

Ni siquiera fue ése el principio. Lo había sido mucho antes, cuando deshacía la cama por una sola y poderosa razón; cuando comenzó a jugar a un juego del que ella ya lo sabía todo, aunque no fuera muy consciente del momento exacto en que había comenzado la partida -siempre estabas muy ocupada; quiero saberlo todo de ti: qué te gusta, qué libros lees, quiénes son tus amigos-. Nunca pensó en nada más, porque siempre había otros (incluso uno que no servía ni para follar ni para llevárselo al teatro ni para ir de viaje, pero que estaba muy perdido en una vida que no quería y de la que no podía salir), porque no existía ningún futuro posible, porque por una vez le daba igual que el futuro no existiera y porque él también disponía de otro cuerpo: un cuerpo soso, un cuerpo que no se dejaba explorar demasiado, un cerebro dentro de un cuerpo que no le atraía lo más mínimo pero con el que había firmado un papel porque se había cansado de estar a salto de mata y fue ella quien le besó primero y quien no permitió que él dejara de besarla más tarde.

Hay personas a las que ni su vida, ni su carácter, ni sus circunstancias, les permiten tomar otras decisiones: se lo dijo una amiga muy sabia antes de que él hubiera aparecido siquiera, hablando de su propia e inolvidable historia, y ella no lo entendió del todo hasta que no le conoció a él y, de pronto, juzgar un comportamiento ajeno dejó de ser tan fácil y la palabra cobarde ya no definía nada. Al final ocurre eso cuando eres capaz de conocer a alguien, cuando te conoces a ti mismo, cuando no te aventuras a pensar qué harías tú de estar en su lugar porque nunca sabes qué respuesta darte, porque en todos hay miedo y necesidad de no estar solos y cierta capacidad de sacrificio y mil y una debilidades -querer levantarte con alguien una mañana, planear unas vacaciones, no tener que preocuparte de con quién irás al cine o a cenar, el íntimo regocijo de echar de menos una vida de soltero que había dejado de gustarte hace tiempo, aferrarte al espejismo de concederte que eres feliz a ratos-.

-Creo que me estoy enamorando de ti- le dijo un día. Y ella sonrió, porque era la primera vez, aunque hubiera habido otra, tres o cuatro años antes, mucho más rotunda (estoy enamorado de ti), una confesión que salió de las manos de un hombre a quien ella amó como a nadie y más que a nadie, con una desesperanza que todavía le asombra al recordar el frío del final, con esa pasión inocente y entregada de las que son primeras veces también. Y volvió a sonreírle, porque ella se lo había dicho también hacía meses -ahora sé que podría enamorarme de ti-, pero no recuerda qué le contestó, aunque sí sabe que le quería mucho, que siempre le ha querido mucho, porque ella era la más fuerte de esta historia, porque no tenía nada que perder, por supuesto, eso siempre te hace más fuerte, pero también porque no quería ganar nada, nunca había querido ganar nada, y sabía que él le decía la verdad, la única verdad posible, la única que podía romper todos los miedos, porque hay palabras que dan mucho miedo: enamorarse, amor, amor mío, mi vida, te quiero.

No se puede proteger a nadie. Eso lo descubrió mucho después, cuando ya se había dado cuenta de que deseaba tenerlo dentro de ella, todo su cuerpo dentro de su cuerpo, esconderlo de todos, volverlo invisible, construir una isla. No se puede proteger a nadie, pero lo intentó de la mejor manera que sabía: escuchar, preguntar, meter a otra persona en su cama, con ellos, después de un polvo fantástico -te follaré como no te han follado nunca, ni te volverán a follar-, porque ella también quería salvarlo todo y quería salvarle, aunque salvarle fuera imposible.

Existe esa clase de amor que consiste sólo en hacer eso mismo: escuchar, preguntar, respetar el ritmo íntimo de otra persona, no pedir lo que no quieres aunque se espere que lo quieras y que lo pidas y en el escozor de la piel y en que la piel se vuelva autónoma, un ente extraño que te pica, millones de alfileres ardiendo y el filo de las uñas intentando calmar sin resultado. Te follaré como no te han follado nunca, ni te volverán a follar. Y fue cierto, todavía hoy sigue siendo cierto, pero hizo más, porque la puso desnuda delante de un espejo, sus manos recorriendo desde atrás todas las esquinas, y ella jugó a que le daba vergüenza, pero miró su reflejo, el de ambos, como si ella fuese otra persona, una mujer a la que no era capaz de intimidar todo aquello porque era muy capaz de dejarse hacer y era muy capaz de abandonarse, que era lo que más le gustaba a él, ese abandono, la manera en que una puede asumir que su mundo está verdaderamente en la exigua superficie de una cama. Y era capaz de cumplir cualquier fantasía, porque todo le parecía divertido, incluso aunque su cuerpo dejara de responderle al cuarto o quinto polvo, porque lo importante era que la cabeza seguía queriendo más y era un descubrimiento que la cabeza siguiera queriendo más aunque no pudieras ni moverte y todos los descubrimientos tienen esa mezcla de curiosidad y de alegría con la que los niños encuentran un tesoro.

Él lo había sabido antes que ella, que no era muy consciente de su poder, porque siempre le había parecido que las demás serían mejores y que lo que ella pensaba, o decía, se encontraba dentro de los más estrictos márgenes de la normalidad, esa media eterna, ni suficiente ni sobresaliente, con la que pretendía juzgarse a diario. Él lo había sabido antes que ella, pero a ella no le asombró oírselo:

-Eres la caña.
-¿Por qué?
-Porque eres el justo punto medio entre la carnalidad y la intelectualidad.

Y eso era verdad porque allí estaban todos esos millones de alfileres ardiendo, todas esas terminaciones nerviosas, el cuerpo al servicio de una imaginación calenturienta y muy sucia, las pruebas de ensayo en las que nunca hubo el más mínimo error, la percepción de la intimidad que son capaces de crear dos cuerpos desnudos cuando el sexo no se ha vuelto un trámite engorroso, las charlas de durante y de después, que siempre han sido las mejores porque nunca preguntó qué tal, nunca se comportó como el macho que precisa de la aprobación de la hembra -has estado magnífico, querido- para convencerse de que es un buen amante y que a ella siempre le resultó patético, esa conciencia de poder usar todos los músculos de tu cuerpo y de notar que eres agua, que te estás cayendo y que, derrumbada y todo, eres muy capaz de seguir riéndote durante y después y de transformarte en un lobo y ser consciente de la humanidad que, al mismo tiempo, te hace estar pendiente de un experimento que siempre sale bien.

Él usaba palabras de otros, a veces, para explicarse y explicarles: Borges, Apollinaire, Blake, Kennedy Toole. Todos los hombres importantes de su vida le han regalado textos. Todos han tenido una biblioteca en casa y esa complejidad acojonante que hace siempre querer apresar en los libros algo de su propia vida, de las vidas que no vivieron ni van a vivir ya nunca y remitirse a la ayuda de otros: otros que vivieron en otra ciudad de otro continente acaso y que hablaban un idioma extraño, pero que sabían que las verdades son siempre las mismas.

Una isla se puede construir con un cuerpo y otro cuerpo, pero al final siempre habrá un náufrago porque hay puertos que no existen y hay barcos que no llegan a ninguna parte.

viernes, 29 de febrero de 2008

Canciones

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Una vez, me pintaron un retrato antes de haberme visto nunca. Otras veces, me han mandado canciones que les recuerdan a mí. Y me reconozco en las historias que cuentan, sin creerme que yo sea ésa del todo... Hoy he buscado una. No la había escuchado antes, pese a que me la escribieron en un foro para sacarme a bailar una Nochevieja.




Las quería escribir, por si acaso algún día se me olvidan... Cada una me llevó a un lugar: a descubrir de mí lo que veían otros. Cada una me trae algún recuerdo: todos agradables, todos con una punzada de dolor por lo perdido, de reconocimiento por lo que viví, de asombro.






Alguna me trajo un cuerpo reconocido, el descubrimiento de las sensaciones de mi propio cuerpo, la ternura y la seguridad de que puedo hacerlo todo. De que siempre voy a tener razón dentro de una cama.



Y otras, simplemente, son la historia de mi vida...


viernes, 8 de febrero de 2008

En marzo hace un año que bailamos esto

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Lookin' back on everything
And all the things that stay
I can count on memories
Cuz they don't go away
Good times were hard to hold
Until she came along
She moves me like a Memphis soul song

I'm not always there I know
But she don't mind at all
As pretty as a picture that hangs on my own wall
She's like Mississippi

When the sun comes up at dawn
She moves me like a Memphis soul song

With an angel on my lefty side and the devil on my right
She's the one who saves me from them dark unholy nights
Of all the ones who've left me it's a wonder she's not gone
She moves me like a Memphis soul song
She moves me like a Memphis soul song

She don't care what the game is
She's always down to play
My world without her seems a million miles away
She don't have to worry
I know where I belong
She moves me like a Memphis soul song

I've been dealt some aces
And I've played them all the same
But she's the only one that keeps me in the game
No fame or fortune could ever keep me gone
She moves me like a Memphis soul song

With an angel on my lefty side and the devil on my right
She's the one who saves me from them dark unholy nights
Of all the ones who've left me it's a wonder she's not gone
She moves me like a Memphis soul song
She moves me like a Memphis soul song

There's a magic down in Memphis
That never seems to fade
Even now them voices carry
Like a lonely serenade
It's the memories that still and always will be on my mind
They move me every time

She see's the good in everything there is to see
Sometimes I wonder what she ever see's in me
I'm not always right you know
But she's never led me wrong
She moves me like a Memphis soul song

In all my travels I've never found a way
To find the words that say the things I'd like to say
I've sang some melodies but she's my favorite one
She moves me like a Memphis soul song
With an angel on my lefty side and the devil on my right

She's the one who saves me from them dark unholy nights
Of all the ones who've left me it's a wonder she's not gone
She moves me like a Memphis soul song
She moves me like a Memphis soul song

Uncle Kracker

domingo, 30 de diciembre de 2007

Recuentos

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Recuento las cicatrices y los fantasmas. Un atracador a mano armada, una palma que no me recorrerá el cuerpo, un tipo con acento alemán al que no oiré reírse, esta concepción eterna de que el futuro (me) será siempre incierto; la soledad buscada, impuesta o elegida; la sensación de quedarme atrás, en tantas cosas; la escarcha que me quema cuando sé que te he perdido; la incapacidad para ser un buen soldado.

No son demasiadas, o las olvido, porque siempre me fijé más en los árboles que en el bosque. Pero de vez en cuando atacan, o aparecen.

Me apetecería que me mimaras.

Me apetecería, digo: el condicional me recuerda que nunca me dirigiré a un tú concreto.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Sabía que te irías

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No me equivoqué contigo. Sabía que te irías, tarde o temprano, que yo no te buscaría, que no podría buscarte, que me ampararía en el respeto, que sólo sería posible algún correo electrónico que espera una respuesta que no va a llegar porque no puede llegar.

Recuerdo tu voz llena de tabaco. Las ganas de querer que te escondieras en mí. La sonrisa grande, el abrazo, la caricia. Veo tus manos de la misma forma en que las siento, porque nadie tiene tiempo de recorrerte el cuerpo lentamente. Releo algún mensaje ("es genial bailar contigo"), memorizo la mirada del primer encuentro, mi temblor de piernas, la danza lenta de una canción de Uncle Kracker, deshacer la cama con un motivo durante meses, desear una palabra...

Sólo espero que, en una de éstas, no se me olvide tu cara.

Imagen de Contra-Diction.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Ahí te va

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miércoles, 30 de mayo de 2007

Comprar un billete...

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...ir a un hotel, no salir de las cuatro esquinas de una cama, comenzar a ser agua muchas veces, descubrir el cuerpo, arañar las horas, hablar, hablar, hablar. Perder la memoria. Ser piel. Despedirte rápido y para siempre. Volver a la estación, caminar lento, sentir el dolor punzante de los músculos. Refugiar un adiós en la risa. En la risa, los abrazos, los besos en la boca... y en la mejor palabra que se puede decir, que se puede escuchar.
Cuéntame. Cuéntame ahora mismo.
Y desnudarte de nuevo, mil veces.



Después del baño. Desnudo secándose el costado. Degas.

lunes, 28 de mayo de 2007

.

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domingo, 1 de abril de 2007

Él dijo:

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"No quiero pensar que no volveré a saber de ti y que fuiste como una especie de estrella fugaz que pasó por mi vida"

sábado, 31 de marzo de 2007

Después

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Después quedan la culpa y la espera.

No saber qué lugar ocupas.
No querer preguntar.
No poder preguntar.
No poder comunicarse.
Querer mirar a los ojos para nada.
La calma.
Y menos mal que hay calma.

domingo, 25 de marzo de 2007

Volví a bailar contigo

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Volví a bailar contigo y cambié un bolígrafo por un mechero. Siempre me traigo algo. El picor en la piel, las risas, los recuerdos y el fuego que uso para encender los cigarros con los que escribo.

Volví a bailar contigo y esto es una isla. Pero en la isla no existe nada más.

Después de la isla, sí.

Dentro, nunca. A no ser los abrazos urgentes, la necesidad de que te escondas en mí (sí, lo sé: es lo más bonito que te han dicho nunca), de ser un refugio o una balsa...

Dentro, me redescubrí. Redescubrí la apertura, la confianza, la entrega.

Vuelvo a repetirlo, porque lo constato. Es genial bailar contigo.

domingo, 22 de octubre de 2006

Quiero bailar contigo

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Me buscas y te busco. Te busco mientras tiemblo. No existen las palabras. Quiero bailar contigo.

Te aprendes mi piel. La piel que no sabía que era mía. Observas mis reacciones. Quiero bailar contigo.

Tu cabeza en mi vientre. Mi pierna entre tus piernas. Mi mano en tu espalda. Quiero bailar contigo.

Susurro tu nombre. Tú gimes el mío. Quiero bailar contigo.

Me refugio en tu brazo. Me abrazas la barriga. Quiero bailar contigo.

Me acaricias con la palma abierta. Con la punta de los dedos. Quiero bailar contigo.

Aprendo tu olor, tu sabor, tus lunares. Los dibujo con mis yemas. Quiero bailar contigo.

Me lames el cuello. Me indicas que confíe. Permanezco inmóvil. Quiero bailar contigo.

Escucho tus latidos. Recuerdo sus ritmos. Quiero bailar contigo.

Se mezclan nuestros cuerpos. Compartimos chocolate. Quiero bailar contigo.

Me embistes y sonrío. Quiero bailar contigo.

sábado, 21 de octubre de 2006

A favor de tu piel

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A favor de tu piel,

tengo de testigo la luna,
jugué mi inocencia,
gané tu locura.

Derechito al Edén,
sin paradas y sin regreso;
si esperan tus besos,
quién para ese tren.

A favor de tu piel,
que aprendí mejor que la mía,
llené mi cuaderno
con tu geografía.

Se borró la ciudad.
Ya sólo eras tú mi paisaje,
mi sur, mi viaje,
mi punto final.

No hay un sitio mejor,
preso y a tu merced,
yo rendido a favor
de tu piel.

A favor de tu piel,
de todos los mundos posibles,
viví entre tu pecho
y tu boca infalible.

Te podría tocar
con los dedos de la memoria.
Contar nuestra historia
lunar por lunar.

A favor de tu piel
ahora ya sin prisa ninguna
pasé aquella noche
de las mil y una.

Pero no pudo ser.
Se perdió un pasaje del cuento,
un golpe de viento,
un no y un por qué.

El poniente sopló,
mi fortuna se fue
y rendido a favor de tu piel.

No hay un sitio mejor,
preso y a tu merced,
yo rendido y a favor de tu piel.

Si hay un sitio mejor,
no lo quiero saber:
yo rendido a favor de tu piel.

Javier Ruibal

viernes, 20 de octubre de 2006

Noches

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Recuerdo una canción. Una sola, difícil de conseguir, una que me trae memorias de ruptura y de encuentro. Es genial bailar contigo. Sólo me queda un bolígrafo de esos días, que robé para tener algo material a lo que asirme, aunque me hubiera quedado su olor, sus manos, su saludo recurrente, mi temblor de piernas, el descubrimiento de un cuerpo evolucionado y cambiante.

Conocí a alguna gente a destiempo y en un lugar equivocado. Supe que no podía ser, que nada podía ser, y me resistí. Me enredé en historias inacabadas. No quise pensar -no quiero pensar- si habría -si habrá- una segunda vez, una tercera, o un hasta cuándo.


Me resisto. Es genial bailar contigo.

miércoles, 15 de febrero de 2006

Hay quien no sabe decir no.
Hay a quien no le dejan ni sus circunstancias ni su carácter ni su vida.
El ovillo los enreda; los demás deciden por ellos; se dejan arrastrar y ni siquiera puede decirse que no se estén dando cuenta. A los demás no nos queda ese consuelo. Porque saben lo que hacen: conocen de qué manera se meten en la boca del lobo y cuál sería la mejor manera de salir antes de que fuera demasiado tarde.
El único problema es que son incapaces.
Y ni siquiera sé por qué.
Pero duele. De todos modos, duele.

domingo, 12 de febrero de 2006

Caminos

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Soy capaz de tantas cosas y no se dan cuenta. O no quieren darse cuenta. O hacen todo lo posible por no darse cuenta. Necedades. Dicen que la vida se puede recorrer por dos caminos: el bueno y el malo. Yo no creo eso. Yo más bien creo que son tres: el bueno, el malo y el que te dejan recorrer. El bueno lo he intentado andar y no me ha ido bien. Juro que ha sido así. De pequeño hice todo lo que consideré correcto y lo que está bendita New Orleáns, con sus acordes de ébano y sus insoportables chaquetas a rayas me inducía a hacer. Estudié profundamente y traté de trasladar mis conocimientos con pasión. Los estudiantes saben eso. También escribí encerrado en un pequeño mundo cuarto juntando frases, frustrándome ante las huidizas buenas palabras y las no menos resbaladizas imágenes, comparaciones, situaciones, personajes, diálogos. Asumí estar en ese camino porque es ese el modo como se consiguen los sueños. Al menos eso creía hasta un día, cuando tenía todo acabado y faltaba la confirmación de que había decidido bien, no hubo recompensa. No hubo zanahoria, Ahí me di cuenta de que ya estaba caminando, lejos de mi voluntad, por la otra senda. Esa que no es la buena ni la mala. Porque está claro que la buena es buena porque es una opción propia. La mala es mala porque también es tu opción. Pero la otra no es algo que hayas escogido, por lo cual no pueden decir que es ciertamente buena o ciertamente mala. Es ciertamente ajena, impropia. Por ese camino involuntario caminé, llevado de las narices, arrastrado como un palo sin poder animarme. Tuve que resignarme a ser como ellos me ordenaban, a aceptar sus juicios y sus rechazos. A comprobar una vez más que no todos pueden ver más allá de su aliento. A ser víctima de un sistema que hace de gente como yo infelices zombies o incomprendidos. Y hay que tener el espíritu muy bien templado, tal vez como acero damasquino o más, para afrontar semejante fuerza.

John Kennedy Toole. La conjura de los necios.

martes, 1 de noviembre de 2005

Before Sunset / Before Sunrise

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La manera en que crecemos, la manera en que vivimos. La forma en que uno puede, a veces, transmitirlo todo y mirar a los ojos de alguien y saber que ese alguien sí conoce quién eres. Que sí podría ser. Que sería posible. Que el deseo existe y que es bueno y que existe la añoranza y es terrible.
Uno se pasa la vida despidiéndose. Diciendo adiós a personas sin las que no cree poder vivir y descubriendo más tarde que era cierto, que después de que se marcharan no ha hecho nada a derechas, aunque el recuerdo se diluya porque la memoria no nos atenaza siempre. Intenta repetir las mismas historias, intenta sentirse vivo y completo y profundo, dulce, amoroso, ocurrente, divertido y sensual... Y lo consigue a ratos -días, meses, años incluso- para después darse la vuelta, pararse un momento para mirar atrás y pensar en cómo caminar hacia adelante y darse cuenta de que ha ganado mil formas de perder el tiempo. Mil maneras de no ser extraordinario.
¿Y ahora qué? Todas las teorías por la borda, un sinfín de teorías que se acaban cuando aparece alguien, que comienzan cuando se marcha, una y otra vez, repetidas, marchitas. Porque ya no sostienen, porque nunca fueron nada, porque ni siquiera la experiencia puede salvarnos de equivocarnos de nuevo, porque estamos llenos de verdades inmutables de un segundo.
¿Es eso, al final, lo único importante? ¿La conexión que puedes lograr con alguien a quien nunca tendrás porque hay historias que empiezan sin futuro?
Hoy sé que voy a pasarme el resto de la vida, el resto de las historias, deseando estar con otra persona...