lunes, 31 de diciembre de 2007

¿Feliz año?

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Imagen de Roby1kenobi.



Todo se soporta en la vida, con la excepción de muchos días de continua felicidad. Eso decía Goethe, que era bastante más listo que yo, así que no sé si desearos feliz año. O no enteramente feliz año. Pero tampoco muchas tristezas, que no tenemos ya salud ni edad para las pérdidas, sean del tipo que sean aunque sucedan por una ley de vida de las que no sabemos nada.

Hace algún tiempo, vi en una librería magnífica de Mérida (la San Francisco) unos cuadernos con títulos tan sugerentes como "Cosas de mi pasado que prometiste no remover" o "Promesas que nunca cumpliste". Yo siempre me hago el mismo propósito para comenzar el año, pero nunca lo cumplo, o lo cumplo sólo unos meses. Me valdría un renglón de la libreta, porque ya no quiero cambiar nada. Soy así de caótica y he aprendido a que me gusten el caos, la irritabilidad y la desidia y la pereza.

Lo del tiempo es una convención, dicen: como vestirse, como visitar a la familia, como quedar con los amigos, como el lenguaje. Acaba un año que ha sido muy bueno. La mayoría de los días he sido feliz y he sido consciente de que era feliz en ese preciso instante y no cuando el momento es ya un recuerdo muy lejano. Me he reído mucho. He descubierto la comida japonesa (y me encanta). He tomado conciencia de estar sola.

Sería bueno poder trazar una línea y que los hechos no se movieran de ahí.


Virgencita que me quede como estoy.

Ups, se me olvidaba...

Feliz año nuevo a todos.

Bueno... A algunos nada más.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Solos

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Imagen de haras1000.


Al final todos estamos solos.

Pero no todos se dan cuenta.

Recuentos

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Recuento las cicatrices y los fantasmas. Un atracador a mano armada, una palma que no me recorrerá el cuerpo, un tipo con acento alemán al que no oiré reírse, esta concepción eterna de que el futuro (me) será siempre incierto; la soledad buscada, impuesta o elegida; la sensación de quedarme atrás, en tantas cosas; la escarcha que me quema cuando sé que te he perdido; la incapacidad para ser un buen soldado.

No son demasiadas, o las olvido, porque siempre me fijé más en los árboles que en el bosque. Pero de vez en cuando atacan, o aparecen.

Me apetecería que me mimaras.

Me apetecería, digo: el condicional me recuerda que nunca me dirigiré a un concreto.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Balance

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Busco palabras que llamen a otras. Me preocupo por la lluvia. Echo de menos la niebla de un puente romano. Intento hacer balance, pero a duras penas recuerdo qué ocurrió el pasado enero: se murió un cura bueno, rescaté textos antiguos, bailé una vez con quien ya no está ni quiere estar ni puede estar, nacieron dos niños (dos, entre todos los nacimientos), conocí a algunos hombres interesantes, conseguí una o dos amistades bloggeras, escuché muchos tangos porque estuve triste muchas veces, me enamoré (pero él no lo sabrá nunca), fui a un entierro, vi cientos de obras de teatro y algún concierto y varias películas, volví a leer a Dickens, Stevenson y Woolf, me saqué el carnet del coche, mi hermano mayor comenzó a viajar, retomé algunas relaciones viejas, me compraron una espada, caminé con mi hermano pequeño por todas las plazas de Pontevedra, vi a Nerea un par de veces, fui a Sevilla, volví a tener miedo de mí y me quedé sin nada que decir, como otras veces.

Nuevo sitio

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Era algo que tenía ya en mente desde hacía mucho tiempo. Evocaciones sirve para imágenes, actualizado como todos, a salto de mata. Pero muchos mensajes que leo y me encantan se pierden en el ciberespacio y no puedo volver a leerlos. De algunos, incluso, los dueños cierran los blogs y, cuando vas a echar mano de ellos, descubres con pavor que Blogger no encuentra la página solicitada. Así que he creado otro blog, se llama Descubierto, y he empezado con uno de los cuentos de Navidad que más me han gustado últimamente (porque yo soy tocona). Se llama Los seres del tacto y es del blog de Paupablo, Ottto en DXC, del que estoy absolutamente enamorada (del blog, digo: a él no lo conozco, ni sé dónde vive ni cuántos años tiene). Ya iré rellenándolo poco a poco con lo que encuentre...

viernes, 28 de diciembre de 2007

Incertidumbre

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Nos pasamos la vida esperando
lo que sabemos que no va a llegar nunca.

De museos y viajes

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Madrid, 20 de diciembre de 2007.

Madrid me mata y me destroza los pies: el Prado es mareante: demasiada gente, pero relativo silencio: en comparación, el Thyssen parece una tasca. No compro ningún catálogo: pesan demasiado. Nerea ha tenido que dejarme dos maletas y no sé cómo voy a acarrear las cosas. Veo los dibujos de Durero y las pinturas de Cranach, el Viejo y el Joven, y algunos otros cuadros de pintores alemanes que me hacen sonreír porque ahora sé de dónde saca la Viuda algunas de sus imágenes contundentes. Ayer fue el turno de Velázquez, la piel de gallina de nuevo cuando veo al Cristo, como me pasó a los 17, y todos agolpados ahora, otra excursión de instituto, delante del Jardín de las Delicias de Hyeronimus Bosch. Después -después de Velázquez, después de los maestros del XIX, después de los Grecos del Prado- paso por delante de Tiziano y Tintoretto, muy rápido porque estoy harta de cuadros y porque el Prado necesita de las horas más despejadas del día, de muchos días, para no saturarte. Pero busco a Van der Weyden, por supuesto, para detenerme un rato ante esas telas de relieve y estudio la composición de algunos lienzos, la regla de los tercios, las líneas de fuga, el uso de la luz. En los dibujos de Durero eso es imposible: son de decorado de película fantástica, mil detalles, aquí un perro, allí un cántaro, allí una hierba, un río desdibujado, una montaña...

Fotos y cuadros y esculturas. Luis Ramón Marín, 1908-1940, Ramón Gómez de la Serna en un circo y Josephine Baker, un cuerpazo, en su camerino, y los desayunos de Alfonso XIII. Como en El Vesubio, de nuevo. Lo complicado que resulta encontrar un sitio donde permitan fumar en Madrid. Debería haber bares con sillones para echar una siesta, sobre todo cuando llueve.

Como sola, una lasaña. Al lado hay un grupo de chicos que hablan de cine: de Spielberg, de Tarkovsky. Uno lleva la voz cantante, cigarro tras cigarro, muy guapo, muy apasionado; dos no abren la boca en el tiempo que dura la comida y él se va, me sonríe, le dice a sus amigos que vean Beau Geste y desaparece. Me quedo sola con un grupo de chicas enfrente, pero su conversación es mucho menos interesante: creo que trabajan en una revista o en un medio de comunicación, porque una dice que ha hecho una entrevista y otra habla del departamento de diseño gráfico. Dentro de tres horas he quedado con Nerea y, aunque el ensayo de viajar sola no ha sido tal, porque he estado acompañada la mayor parte del tiempo, creo que tendré que empezar por países hispanoparlantes para no perderme -Begoña se ha quedado enamorada de Argentina y quiere volver más pronto que tarde- y que el agua caliente con sal va a ser la mejor compañera de mis pies.


Primera pintura: Retrato de una dama, de Hans Baldung Grien.
Segunda pintura: El Descendimiento, de Roger van der Weyden.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El plan es sólo arte

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Madrid, 19 de diciembre de 2007.


El plan es sólo arte. La mejor pinacoteca del mundo, el claustro de los Jerónimos, la ampliación de Moneo, las Fábulas de Velázquez y la colección general. Me hace falta un carnet de prensa, constato. Veo a Sorolla, Goya, Madrazo y descubro los retratos fuertes de Vicente López, a quien no conocía.

La imagen es el retrato que Vicente López pintó de Francisco de Goya.

domingo, 23 de diciembre de 2007

A mí sí me gusta

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Y qué. Eso iba a decir. Que a mí sí me gusta la Navidad, y qué. Porque a nadie le gusta, ya sabes, y aun más: hay quien la odia directamente y quien se burla de la bondad que otros dicen que se manifiesta en estas fiestas, como si la bondad fuera algo de lo que burlarse o como si fuéramos todos unos cabrones malpensados, maledicentes y malhechores todos los días del año y los buenos deseos sólo fueran hipocresía. Y hay, en fin, a quien no le gustan los regalos, ni hacerlos, ni pensar en otros, ni esforzarse por encontrar algo que les guste ni las cartas a los Reyes ni la llegada de ese señor gordo vestido de rojo que nos trajo la Coca-Cola y que dibujó, hace ya mucho tiempo, Thomas Nast.

Me gusta la Navidad. Ya lo dije el año pasado. Que me gustan ciertos ritos, incluso los que ya no existen, pero fueron. Como esos whiskies con los que había que emborrachar a mi hermano mayor para que cantara (tiene la voz más hermosa del mundo). Como los juegos en el patio grande de casa de mis abuelos, la espera a que llegara Papá Noel y las anécdotas de infancia que recordamos todos, cada uno a su modo, cuando todos los primos dormíamos juntos la noche del 24 de diciembre, apiñados como podíamos. Crecer es una mierda en muchos aspectos: éste es uno de ellos y otro, que ya no nos ponemos las botas katiuskas para saltar en medio de los charcos, porque cuando uno se hace grande, ciertas cosas no están bien vistas: divertirse de según qué maneras no está bien visto. Pero en fin, que yo hablaba de la Navidad.

De que me gusta.

Ya veré qué le pido a los Reyes este año...


Feliz Navidad a todos.


Imagen de Thomas Nast.

sábado, 22 de diciembre de 2007

La plaza y libros

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Me pierdo buscando la Plaza Mayor, que quería ver de noche y en la que ya no dejaré ningún beso. Hace demasiado que no vuelvo a Madrid, porque antes me sabía el camino de memoria y hoy he acabado frente a la puerta del Thyssen. Me duelen los pies desde hace tres días, pero camino sin parar y me detengo en el Canal de Isabel II para ver las fotografías de Don McCullin, que se anuncian con un gran: "¡¡Atención!! algunas imágenes pueden herir su sensibilidad" y yo me pregunto qué sensibilidad escapista tan fácilmente herible tienen algunos. Le han descrito Susan Sontag y John Le Carré. Fotografía hasta los paisajes en blanco y negro y la negrura de África y las muertes de SIDA y el llanto seco de un niño huérfano -¿cuántos años tendrá hoy, si es que vive?- y la matanza de Sabra y la guerra de Vietnam y Chipre en guerra y la construcción del muro de Berlín y el Checkpoint Charlie. Subo para ver todas las fotos, a pesar del vértigo -no te quedes clavada en medio de la escalera, no te vas a caer, sigue subiendo, respira, no mires abajo- y vuelvo a comprar el catálogo de la muestra y hago recuento: me falta el Prado, me falta el Thyssen, me falta Mapplethorpe, me falta comprar más libros (mi hermano vuelve a pedirme a Samuel Johnson), me quedan dos días, me estoy cayendo de sueño y son las siete y diez de la tarde, dentro de hora y media cojo el metro, podría pasarme por la Fnac y terminar las compras y seguir revolviendo libros y seguir fundiéndome la paga extra en bibliotecas...

Imagen de Don McCullin.

Aprendo a mirar II

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También están la lluvia y el frío y las paradas para comer (Madrid es muy sano, demasiado sano: no permiten fumar en casi ningún sitio) y el aire que se cuela en las rendijas y los carteles grandes, las firmas de ropa con ropa prohibitiva, el metro caluroso y esta forma de aprender a viajar sola sin estar sola del todo, porque llama Arwen, porque llama Sonia, porque son las cuatro y media de la tarde y a las nueve he quedado con Begoña. Pero sola veo Ocultos y sola veo las esculturas poderosas de Camille Claudel y sola leo sus cartas y como en Vitamina un buffet libre de ensaladas y en el mercado de Fuencarral me hago socia de Greenpeace y vuelvo a sacar mi libreta de Shakespeare para hablar de estas vacaciones en Madrid cerca de la Navidad.

Vuelvo a aprender a mirar. En el metro hay un señor que se parece a Tomás Segovia. Me encuentro en Trafis con un tipo al que conozco de alguna manifestación por una vivienda digna, Kois explicándome qué camino había que tomar si la policía cargaba, y conozco a Íñigo, que trabaja en todo, desde buzo para obras bajo el agua hasta porteador y que construye altillos -lo que me costó robar esas maderas- y hablo un poco con quien me encuentro y descubro que, en esta ciudad impersonal, la gente sonríe si tú sonríes primero.


Imagen de la página Escribir es vivir.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Aprendo a mirar

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Madrid, 18 de diciembre de 2007.

Veo a la Camille Claudel atormentada y a una mujer de rodillas ante una chimenea -El pensamiento profundo- y el corazón se paraliza y me oprime porque hay historias de amor que te mantienen encerrada durante treinta años, a pesar del orgullo, la dignidad -no se pase más por mi taller- y el tormento.

Aprendo a mirar. Compro una libreta con las letras tachadas de William Shakespeare. Escribo en los bares, de nuevo. Recuerdo lo que han dado de sí tres días y medio: la desazón de las Vidas Minadas de Gervasio Sánchez, leer títulos de libros (y comprarlos: ensayos de Virginia Woolf, los dos volúmenes que me faltaban de Memoria del Fuego, de Galeano y varios otros que no puedo nombrar porque son regalos de Reyes; tres catálogos de exposiciones -la de Claudel, la de Gerva, la del paisaje que reúne a Pollock, Nolde -me he enamorado-, Munch, van Gogh, Constable- y alguno más, que dejo en Traficantes de Sueños -William Wordsworth: volveré). Y un café en el Café Gijón lleno de cuadros, la foto de Alfonso a la izquierda, cerillero y anarquista; tres ancianos hablando a borbotones, con la mirada lúcida y un vermú de grifo. Y un concierto divertido, emocionante, de los Flying Pickets, la voz como instrumento más bello del mundo; los nervios de Nerea con una hipoteca a nombre de su hermana y una posible nueva vida y un crédito ICO para un ordenador con el que ver películas y el Círculo de Bellas Artes y Bergman, y el Hostal Olga, donde eché mi primer polvo, y mil letreros divertidos en las calles (José Luis y sus Chaquetillas, Sailor y Lula) y el metro que te lleva a todos lados...

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Ensayos solitarios

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Madrid será un ensayo solitario, sin cámara de fotos réflex esta vez pero con cuaderno y bolígrafo siempre, para algunos de los viajes que vendrán. No, yo no tengo el afán pionero de aquellas mujeres que viajaban solas, como Alexandra David-Neel, que decía que la aventura era el único motivo de su existencia. Porque soy de las que piensan que ver Notre-Dame, el Coliseo o la avenida Corrientes sin poder comentar la jugada o fumarte un cigarro con alguien es de lo más triste. Y tampoco me gustan los viajes organizados (una es muy anárquica para eso) ni las agencias para singles, solteros, impares o independientes; no suelo acercarme a desconocidos (aunque hable con cualquiera). Pero más triste que viajar sin nadie, o que viajar con la persona equivocada (que eso es peor aún) es no viajar. Y que quienes siempre van a todas partes en parejas de dos te aseguren que viajar sola es maravilloso y que algún día lo harán...

Madrid será un ensayo. Pero da igual: aunque desafine, el año que viene cojo un avión. Me da igual a dónde. Bolígrafo, cuaderno, cámara de fotos, algo de dinero, zapatillas y ojos abiertos: es el único equipaje que necesito. Bienvenida, yo.

martes, 11 de diciembre de 2007

Lo que estábais esperando

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Algunos han confesado su hartazgo, pero sólo he escrito sobre ello dos veces: una, cuando comencé las prácticas. Otra, cuando no pasé el examen por cuarta vez. Vamos, que son impacientes, digo yo, porque si he hablado dos veces de algo, no es como para estar hartos, señores.

Pero ahora, tachán tachán tachán...

¡Ya tengo carnet!

Brrrmmm, brrrmmm....

lunes, 10 de diciembre de 2007

Regalos

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La Navidad siempre ha sido una biblioteca.


Otra etapa más

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Hace no tanto tiempo, le escribí un mensaje. Hoy me ha llegado otro, al móvil: una fotografía de un niño guapo, que nació ayer, con tres kilos 860 gramos, almeriense -crecerá viendo el mar, cuatro calles y una alcazaba hermosa-. Se llama como su padre, que es mi amigo, y le he oído llorar mientras buscaba en su madre comida. No sé cuándo le veré, porque Almería está muy lejos (y no me apetece nada volver a esa ciudad), pero supongo que no me pesarán las diez horas y media en autobús cuando vuelva a conseguir más de cuatro días libres. "Otra etapa más de la vida", me ha dicho. He asistido a unas cuantas de las suyas. Y me va a gustar ésta, aunque sea como hoy: de lejos, con fotos y con una llamada de teléfono para oír el llanto de un niño que me gusta.

Imagen de losiek.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Se acabó

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Nombrar algo es poseerlo. Yo no te puedo nombrar. No te voy a poder nombrar nunca. Si viera una esquela, no sabría que eres tú. No podré asociarte a una palabra. No iré a ningún entierro, no me meteré en tu cama, no escucharé tu voz, ni te miraré los ojos, ni te contagiaré la risa, ni te daré un abrazo, ni caminaré contigo por Madrid. Me voy a quedar sin saber en qué trabajas, cómo te vistes, qué comida te gusta, qué música escuchas cuando tienes frío, quién es tu mejor amigo, cómo juegas con tus sobrinos (no sé si tienes sobrinos), la manera en que caminas, si sonríes socarronamente o qué cara pones cuando te asombro.
Ya me ocurrió una vez.
Duele menos.
Por supuesto que duele menos.
Pero duele.
No sólo duele. Ojalá sólo doliera.
El resto me lo ahorro.
Total, a nadie le importa.

Imagen de Diana Bas.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Agenda para unas vacaciones de frío

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Me voy a Madrid una semana, acabo de decidirlo y de hablar con mi partenaire, que tiene que trabajar (pero que sacará tiempo para mí). Y, como además de pasarme por la 8 1/2 y de trastear en librerías, me apetece una visita culturo-festiva, apunto aquí lo que tengo que ver y a dónde tengo que ir para que no me ocurra como con la exposición de Roy Liechtenstein, que la última vez fui a verla justo el día que cerraba el Museo...



1.- Don McCullin. Sala de Exposiciones Canal de Isabel II -Santa Engracia, 125. Es uno de los mejores fotoperiodistas del mundo y me apetece mucho una exposición fotográfica.
  • Hora: Martes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:30h; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00h; lunes, cerrado.
  • Precio: Visitas guiadas gratuitas los sábados de 12:00 a 14:00 horas y de 18:00 a 20:00 horas y los domingos de 12:00 a 14:00 horas.
2.- Museo del Prado, para las Fábulas de Velázquez, los pintores del XIX, la ampliación de Moneo y las puertas de Cristina Iglesias. Y para detenerme, otra vez y de nuevo como siempre, ante El Descendimiento de Van der Weyden, que es mi cuadro favorito.
  • Los Grecos del Prado
    Fecha de inicio: 04/12/2007
    Fecha de fin: 10/02/2008
    Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
    Precio: General, 6 euros. Reducida, 3 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.
  • El siglo XIX en el Prado
    Fecha de inicio: 31/10/2007
    Fecha de fin: 20/04/2008
    Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
    Precio: General, 6 euros. Reducida, 3 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.

  • Fábulas de Velázquez: Mitología e historia sagrada del Siglo de Oro
    Fecha de inicio: 20/11/2007
    Fecha de fin: 24/02/2008
    Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
    Precio: General, 8 euros. Reducida, 4 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.

3.- Durero y Cranach. En el Museo Thyssen-Bornemisza.

  • Pases: De martes a domingo, de 10:00 a 19:00h; lunes, cerrado.
  • Precio: Precio exposición temporal: 5 euros. Estudiantes, jubilados y mayores 65 años: 3,50 euros. Exposición temporal + Colección permanente, 9 euros. Reducida, 5 euros para estudiantes y mayores de 65 años. Exposiciones de la serie Contextos de la Colección permanente son gratuitas. La taquilla cierra a las 18:30 horas. Venta anticipada de entradas en las taquillas del Museo y en centros El Corte Inglés.
  • Hora: Martes a sábado, de 11:00 a 20:00h; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00h; lunes, cerrado.
  • Precio: Entrada gratuita. Reserva de visitas guiadas para grupos en el teléfono 91 374 66 53

5.- Gervasio Sánchez. Vidas Minadas. Diez años después. Instituto Cervantes. Alcalá 49.

  • Hora: De lunes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00h; domingos y festivos, de 11:00 14:00h.

6.- Día 15 de diciembre. Shuarma. Sala Caracol. C/ Bernardino Obregón, 18.

  • Hora: 22:30 horas.
  • Precio: 15 euros.

7.- Día 16 de diciembre. Flyin Pickets. Sala Galileo. C/ Galileo, 100.

  • Hora: 19:30 horas.
  • Precio: 10 euros.

8.- Día 18 de diciembre. Dayna Kurtz en la Sala Clamores. Calle Alburquerque, 14

  • Hora: 21:30 horas.
  • Precio: 12 euros.

9.- La abstracción del paisaje. Fundación Juan March. Calle Castelló, 77. Es decir, aquí Turner, aquí Rothko, aquí Richter, aquí mi queridísima O’Keefe y mis no menos queridos Pollock, Gottlieb, Constable, Van Gogh, Klee, Munch o Kandinsky (mi partenaire se acordará de los debates que se marcaba, carta va, carta viene, con sus teorías sobre "De lo espiritual en el arte").

  • Hora: Lunes a Sábado: 11.00 a 20.00 hs. Domingos y festivos: 10.00 a 14.00 hs.
  • Visitas guiadas gratuitas: Miércoles y jueves: de 11.00 a 13.30 hs. Viernes: de 16.30 a 19.30 hs. Las visitas guiadas comenzarán cada 30 minutos, cada una para un máximo de 15 personas, por orden de llegada.

10.- Roma S.P.Q.R. Centro de Arte Canal. Paseo de la Castellana, 214.

  • Hora: de lunes a domingo, de 10:00 horas a 21:00 horas.
  • Precio: general, 6 euros.

11.- Exposición Ocultos. Son fotos de culos. De Robert Capa, Cartier-Bresson, mi Mapplethorpe querido, Man Ray...

  • Hora: de 11.00 a 20.00 h. Miércoles de 11.00 a 15.00 h.
  • Días: del 3 de octubre de 2007 al 6 de enero de 2008.
  • Lugar: Sala de exposiciones de la Fundación Canal (Mateo Inurria, 2).
  • Precio: Entrada libre.
¿Por qué? Pues porque este año me he encontrado con dos meses de vacaciones, de los que no he disfrutado ningún día porque he tenido que estudiar un examen suspenso. Porque hace mucho que no voy a Madrid. Porque me apetece atracarme de arte. Porque me apetece tomarme un vermú. Porque tengo ganas de vacaciones...

Y porque me gusta el estrés de ocio.

Las fotos son mías, de una de mis últimas visitas a Madrid. No seáis muy crueles, que las he escogido de entre lo mejor.

No tengo tiempo

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No tengo tiempo, pero hablo con Tomás Segovia. No tengo tiempo, pero me tomo un café telefónico con Luis Mateo Díez. Sigo sin tener tiempo, pero aprendo qué es un coro de cámara, le echo un cable a un artesano, escucho a Montserrat Caballé, consigo el móvil de Juan Echanove (y no le llamo); arreglo el mundo después del trabajo; hablo de libros con Alicia Hermida y Miguel Ángel Lama me habla de libros, veo más teatro que nunca, rastreo películas clásicas, planeo la comida del día siguiente, busco piezas de Dvorak, Mendelssohn, Beethoven, Debussy; lo mismo pincho a Bucéfalo que a Alfredo Kraus; hago malabares para ir al gimnasio, le pregunto a la gente qué lee, qué ve y qué escucha; busco párrafos de libros, me capturan las voces de Doris Lessing, Juan Gelman, Álvaro Mutis, Fernando Fernán Gómez -chicos de Documentación, qué haría sin vosotros-, se me acumula la ropa por planchar en la cama de arriba, me intereso por la Ley del Cine, le pregunto por el urbanismo a Gerardo Ayala, busco qué es un pas de deux y Cecilia Figaredo me habla de su amor por la danza, como en veinte minutos, grabo una entrevista y ocho noticias diarias y entro en dos o tres programas en directo, mientras sigo buscando temas que me interesen para el cuarto, para mi media hora mía, pero no mía del todo; el fin de semana no me alcanza, tengo atrasadísimo el archivo de los cortes de voz, no me da tiempo.

No tengo tiempo, pero disfruto como nunca.

Imagen de PrASanGaM.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Ruiseñores de nuevo

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En el gran cielo de la poesía,
mejor dicho
en la tierra o mundo de la poesía que incluye cielos
astros
dioses
mortales
está cantando el ruiseñor de Keats
siempre
pasa Rimbaud empuñando sus 17 años como la llama de amor viva de San Juan
a la teresa se le dobla el dolor y su caballo triza el polvo enamorado Francisco de Quevedo y Villegas
el dulce Garcilaso arde en los infiernos de John Donne
de César Vallejo caen caminos para que los pies de la poesía caminen
pies que pisan callados como un burrito andino
Baudelaire baja un albatros de su reino celeste
con el frac del albatros Mallarmé va a la fiesta de la nada posible
suena el violín de Verlaine en la fiesta de la nada posible
recuerda que la sangre es posible en medio de la nada
que Girondo liublimará perrinunca lamora
y girarán los barquitos de tuñón contra el metal de espanto que abusó a Apollinaire
oh Lou que desamaste la eternidad de viaje
el palacio del exceso donde entró la sabiduría de Blake
el paco urondo que forraba en lamé la felicidad para evitarle fríos de la época
mientras Roque Dalton trepaba por el palo mayor de su alma y gritaba.

Juan Gelman



Imagen de
Mor (bcnbits)

Sobre el control...

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Iba a comenzar diciendo que yo no me controlo, Adela, que yo soy de las que se muerden la lengua, cuando se la muerden. Pero no es del todo cierto, porque me he pasado la vida controlándome. Controlo las lágrimas, controlo las ganas de mandar un correo; me levanto por las mañanas con los dedos picándome, porque querría hacer esa llamada que no haré nunca. Intento no cerrar el blog desde que he perdido el necesario anonimato que me hacía sentirme más o menos libre al escribir -vivo en una región que es un pueblo-. Cuido las palabras en una charla, a no ser que me embale; a veces me gustaría estamparle a alguien la cara contra la pared -dos o tres por semana y siempre la misma- y controlo la frustración que me producen ciertas relaciones, hasta que me sale por los poros y entonces lo que intento manejar como buenamente puedo es el asco que me da cierta parte de mí. Tampoco se me nota el miedo que le tengo al resto de la gente. En mi oficio, además, la autocensura es la más peligrosa de las prácticas. Mis bajones, irreales y absurdos, los conocen dos o tres personas y me arrepiento al punto de lo poco o lo mucho que cuento porque soy de las imbéciles que comienza enseñando el cuarto de atrás y proyecto una imagen con la que no me identifico, o no del todo.

Lo que ocurre con esto es que, también, me he pasado años tratando de interiorizar la diferencia -sutil, quizá- entre el control y la represión. Y ningún diccionario me ayuda.


Imagen de jonwild.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Sobre la desesperanza del amor que debe ser esperanzado

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Arwen me hace un encargo que no sé cómo cumplir. Yo de amores no entiendo, lo he dicho ya alguna vez. Sí de esperas, me paso la vida esperando lo que no va a suceder nunca. Por eso no puedo escribir "del amor que debe ser esperanzado": porque no sé si debe serlo, porque no sé de correspondencias, porque no sé qué nombre dar a lo que ella siente -puedo llamarlo dolor, añoranza, miedo, pérdida; pero tampoco será bastante-, porque a mí los ritos se me escapan y porque ya sé que nunca entenderé lo que no he vivido nunca.


¿Quién considera amor, y no suicidio, a lo que sólo fluye en una dirección? Si hay desesperanza, no es amor ya: es otra cosa: un final, un cierre, un cumplimiento. La esperanza es volver a amar -tú volviste a amar: ocurrió de nuevo: ocurrió que te amaron mientras amaste, la misma persona a la que amabas te amó: lo demás no es amor: es frustración, indignidad, quiebro-. Quizá por eso dices que debe ser esperanzado: como sentimiento último, abstracto, posible. A ti no se te ha negado esa esperanza: no se te va a negar nunca, porque la buscarás, más pronto que tarde.

Lo que no sé es qué hago contándote lo que tú ya sabes.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Bito-meme

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Cuando la gente está aburrida, se inventa memes. Yo no, que conste. Yo los copio. Pero también los uso cuando no tengo nada que decir o cuando no me apetece que se lea lo que tengo que decir o cuando no sé ponerlo en pie o cuando sé perfectamente cómo hacerlo pero también sé que preocuparía o que haría daño. Éste es un meme para los lectores. Ya lo hizo Glauka, cambiando un poquito de allí, otro poquito de allá y yo también lo adapto. Hay por ahí una pregunta que dice: "¿Tendría usted sexo con él (que, en este caso, es ella)? ¿durante cuánto tiempo? ¿se lo cobraría?" y que me ahorro porque ya conozco las respuestas.

Así que aquí va. Tómense un café y su tiempo.



1. ¿Cómo llegó usted a Una Excusa?

2. ¿Recuerda cuál fue el primer post que leyó?

3. ¿Qué pensó de su autor cuando lo leyó?.

4. ¿Con qué personaje de ficción identificaría a UnaExcusa?

5. Si tuviese que invitar a UnaExcusa a cenar ¿qué le prepararía?

6. ¿Qué cambiaría del diseño de este blog? y lo que es mejor ¿cómo se hace para cambiarlo? (si lo sabe, claro)

7. ¿Sobre qué le gustaría que escribiera?

8. ¿Sobre qué está harto de que escriba?

9. Si UnaExcusa fuera una atracción de feria ¿montaría en ella? ¿pagaría por montar en ella? (Esta pregunta es de lo más equívoca, teniendo en cuenta los diversos significados de "montar" en este idioma nuestro tan bonito. Pero en fin: la dejo. Ahora, eso sí: estamos hablando de una atracción).

10. Si decidiese mandar a UnaExcusa a algún sitio ¿a dónde sería?

Hay otra pregunta que pide un consejo. A mí los consejos no me gustan: no me gusta que otro me diga qué tengo que hacer con mi vida: me pone nerviosa, le coloca en una situación de superioridad que me revienta y me sale un sarpullido cuando oigo eso de "tú lo que tienes que hacer es...".

Pues nada, ahí os va, para quien guste.

Imagen de Leandro Marco.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Y esto es así

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Qué duros se me hacen algunos caminos.
El de mi vida, por ejemplo.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Incertidumbres II

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En octubre de hace dos años, me examiné. Un puesto de trabajo medio estable, ya sabéis, bolsa de empleo, compañeros nuevos, nuevos proyectos y nuevos ritos, como el café de las siete y diez de la mañana con las mujeres de la redacción -el mejor rato del día: lo sé porque ahora no acudo-; darle la coña a tu jefe diez días más tarde -"quiero Cultura, quiero Cultura, quiero Cultura"- hasta que un mes después me dijo que sí, que Cultura y Educación eran mías (que son casi las únicas áreas que realmente me interesan), llegaron los subidones de adrenalina en forma de noticias, entrevistas, colaboraciones o reportajes, vinieron algunos nuevos amigos, y apareció la sensación, un tanto irreal, como todas las que tengo, de que por fin podía tomar, medianamente, las riendas de mi vida o de lo que yo pretendo que sea mi vida (que se resume en viajes, cafés, charlas y compartir).

Hice un examen ayer, para una plaza que no es una plaza sino una prueba de selección de un trabajo que llevo desempeñando más de año y medio sin queja alguna y con un nivel de calidad y compromiso, creo (y digo "creo" por parecer modesta), por encima de la media. Me queda otro más, o dos más. Y sigo con la misma sensación que hace dos años... O peor, porque antes no tenía nada que perder: sólo algo que encontrar (no sabía qué, ni si encajaría -soy muy anárquica en el trabajo-) y ahora sé que pierdo, que puedo perder, que posiblemente pierda (crucemos los dedos) lo que ya conozco. Y lo que conozco me gusta. Me gusta mucho. Me gusta lo que hago. Lo hago bien. Soy feliz haciéndolo.

Pero eso, obviamente, a un examinador no le importa una mierda.

Imagen de fanz.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Lo sé

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Sólo habrá una taza en esta mesa...

viernes, 23 de noviembre de 2007

Ergo uma rosa

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Alzo una rosa y todo se ilumina...
José Saramago

jueves, 22 de noviembre de 2007

Quiero

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ver estos colores contigo

Imagen de Jovivebo.

Tomás Segovia

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Acabo de entrevistar a Tomás Segovia. Ahora mismo, hace diez minutos. Doce de charla: sobre el exilio, la paternidad, el sexo, los tacos, el enamoramiento, las palabras que se dicen, o no se dicen, en una cama... Yo hablo poco: me río más, porque es lúcido y divertido y lindo y tiene una voz hermosa en la que puede uno esconderse.

Acabo de entrevistar a Tomás Segovia y todavía estoy babeando.




Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.

Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.

Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:

mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

A la mierda la dieta

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Como quizá algunos de por aquí no se pasen por un blog que, a veces y sólo a veces, cuenta cosas muy interesantes y, como tengo permiso de su autor para enlazarlo, como ya hice con un texto sobre la belleza, que sepan todos que, en cuanto he leído el texto, me he planteado seriamente no perder los kilos que me sobran.

Pueden leerlo aquí mismo y disfrutarlo, sobre todo las de volúmenes rotundos y redondeces exuberantes.

Gracias, maestro.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Lo tengo que contar

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Es que no me resisto, oigan.

Me han plagiado un texto del blog en un foro de putas de lujo. Scorts, o escorts, las llaman. No sólo a mí: también a Reflexiones en blanco y negro y a mi querido Platinum.

Como dice un amigo mío: No acredito.

Tampoco acredito la respuesta que se me ha dado: que como esto es un blog público y yo no soy Shakespeare ni José Luis Borges (sic), se puede coger lo que se quiera. Sin necesidad de decir el autor y, por supuesto, atribuyéndose como propios los textos ajenos.

Lo que hay que leer.


Fotografía de Michael G. Magin que procede del blog de Platinum precisamente.

El joven eterno

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Camino hacia los 92 años y ya noto el aliento de la muerte en mi nuca. Mientras tanto, vivo y recuerdo, que es una forma de vivir dos veces. A la edad de uno de mis nietos perdí a mi padre y me hice adulto de golpe. A la edad de otro de mis nietos, estudiante universitario, yo tenía que tomar decisiones en un estado mayor del ejército de la República. Ahora me hablan de una memoria histórica que para mí es realidad vivida, mi propia historia. En mi corazón apenas hay a estas alturas espacio y tiempo para la reivindicación, para la revancha: sigo viviéndome y reviviéndome más allá de leyes, conmemoraciones, titulares o debates políticos. Con Neruda, confieso que he vivido. O mejor, confieso que he sobrevivido. He vivido una vida que no elegí: me vino impuesta, pero siempre le fui leal y fiel. Como un ciprés, todavía estoy aquí, dando sombra y cobijo a los pájaros que anidan en mis ramas. 92 años dan para mucho, pero parece que el tiempo se ha detenido en mis 21 años. Soy un imperativo categórico: ¡Sobrevive! ¡Vive! ¡Recuerda! Mientras llega el cumplimiento de mi vida, pienso, escribo, leo, recuerdo, rezo y vivo, como corresponde al joven que nunca he dejado de ser, al joven eterno que ya soy.

Ignacio M. Muñiz. Alicante.

Carta publicada en el XL Semanal 1001. Del 1 al 6 de enero de 2007.

Imagen de Robert Capa.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Ocho

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Me encantan los memes porque no te hacen pensar mucho y te permiten actualizar el blog sin que te cueste demasiado esfuerzo. Arwen me manda uno.

Las reglas son las siguientes:

1. Cada jugador comienza con un listado de 8 cosas. Da igual las que sean, pero que sean 8.
2. Tienen que escribir esas 8 cosas en su blog junto con las reglas del juego.
3. Tienen que seleccionar a 8 personas más,
invitarlas a jugar
y anotar sus nombres o el nombre de su blog.
4. No olviden dejar un comentario en los blogs respectivos
desde los que han sido invitados a jugar.


Yo siempre me salto las reglas, porque la gente a la que más me gustaría conocer ni siquiera tiene un blog. Y porque me hace gracia que todo el mundo piense que tienes a mucha gente bloggera con la que hay la suficiente confianza para invitarlas a rellenar memes... Yo no. Así que obvio la tercera, pero cumplo todas las demás. Hace tiempo hice un inventario de motivos contra la desilusión...

Ocho cosas que no he hecho últimamente o nunca y que me apetecen.

1.- Vivir completamente sola en un espacio abierto que pueda considerar propio. Y no me refiero a comprar una casa. Yo con un piso amueblado (pero amueblado bien: nada cutre) me conformo.

2.- Viajar. Viajar sola. Que eso es un problema, porque soy mujer. Me refiero a viajar, no a desplazarme para ver a los que están lejos. Y me refiero a viajar sola porque no tengo pareja y me temo que no voy a tener a nadie con quien viajar.

3.- Ponerme a dieta. Tener la suficiente fuerza de voluntad para ponerme a dieta y perder los treinta kilos que me sobran (que todo el mundo dice que no son tantos, pero son treinta, os lo digo yo, que soy la que los peso) y estar monísima de la muerte. Bueno, monísima no. Delgada. Que es distinto. En fin: que esto no me apetece una mierda, pero tengo que hacerlo.

4.- Tener un trabajo de lo más estable, con unos horarios definidos, con tiempo libre para ir al gimnasio, leer, cocinar y asumir lo que pienso que es "una vida adulta" y que algunos de mis amigos (algunos de mis amigos con casa propia, pareja y queriendo tener niños, que tiene bemoles la cosa) definirían como "una vida burguesa".

5.- Leer. Leer sin que nadie ponga la tele, sin que nadie te moleste porque estás muy callada (¡coño, estoy leyendo!) y escribir en las mismas condiciones.

6.- Aprender a mirar para hacer fotos (que debería ser cuando tenga un trabajo estable por fin y pueda ahorrar para comprarme una cámara digital réflex).

7.- Ir a Suiza y tomar un café con una persona a la que no voy a ver nunca. Esto lo quiero desde hace siete años y no va a ocurrir, pero lo sigo queriendo. Antes vivía en Madrid, ahora en Suiza, así que me cae más lejos. Pero tuve la mala suerte de conocerle por internet y él no conoce a nadie en la vida real a quien haya encontrado por la red. Así que me moriré sin oírle la voz ni ir con él al cine ni mirar un atardecer extremeño lila. Y la verdad es que genera una frustración horrorosa. Se pasa con el tiempo, porque ya hace siete años y no afecta tanto. Pero desgasta que es una barbaridad. A él no, digo: te desgasta a ti. Que es peor, dónde va a parar.

8.- Esto... No se me ocurre nada. Aprender. Ésa es la octava. Aprender muchas cosas. Más bien, aprender todas las cosas, porque desde hace no sé cuántos años -no lo quiero ni pensar- estoy completamente plana y estancada.

martes, 13 de noviembre de 2007

Segundas partes nunca fueron buenas

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Hace algunos años, muy pocos, salí de una historia que me devastó. Después de la devastación, uno sigue con vida. Ya no eres tú, nunca serás tú del todo, pero continúas yendo a trabajar, o buscando un empleo, comes, bebes, sales con los amigos, sigues empuñando un bolígrafo para verte desde fuera y te vuelves a inventar los días, como buenamente puedes, porque no dejaste de respirar a pesar del frío y de la asfixia. Uno puede quedarse sin aire y seguir aspirando y espirando varias veces por minuto. Aprendes a vestirte de cenizas, como Alejandra Pizarnik, y descubres, para tu sorpresa, que sigues siendo confiada, que no te resulta demasiado difícil abandonarte de nuevo y que tu patrimonio, lo que quedará al final, es esa manera de darte cuando el otro es atrayente y tú estás cómoda.

"Tú no te permites no sentir". Me lo dijo Nerea en aquella época. La misma en la que podía llorar hasta agotarme, la misma de la frustración y los vaivenes, la misma en que abominé mil veces del verde y la esperanza, porque no es verdad que la esperanza sea lo último que se pierde, pero sí es verdad que sigues esperando lo que sabes que no va a llegar nunca, el pinchazo en el globo imperceptible por donde se colará lo que quieres, aunque no haya ni un alfiler cerca y aunque sepas que las palabras nunca y jamás son los adverbios más claros de tu vida.

Me encantaría ser mental. Fría. Correcta. Distante. Tener un carácter un poquito menos primario, menos tumultuoso, muchísimo más pausado, más pensado, menos loco. Me encantaría no tardar tanto en darme cuenta, ser bastante más analítica, más observadora, más lejana. Pero tengo 31 años y a veces elijo la ceguera porque estoy a gusto viendo sólo una parte. La cuestión es que cuando la ves entera, ya sólo queda romperlo todo. Total, tampoco van a intentar recomponerlo.

A veces, para algunos, las reglas son más importantes que las personas. Y, cuando eso pasa, cuando no hay excepciones, ni resquicios, ni esperanza, la única deducción posible es que tú nunca fuiste demasiado. A pesar de la intimidad, a pesar de todas las horas de todos los días de años. A pesar del humor, de las risas, de la excitación y de todas las palabras, porque las palabras a veces no valen absolutamente nada. No valen ni el recuerdo que evocan porque no hay un encuentro que evocar -hay por aquí alguien que entenderá esta frase igual que yo- y tampoco sirven para otra cosa que para el arrepentimiento. Debí decir menos o no decir nada. Pero no valgo para eso.

Quizá sí para poder, ahora, a la segunda, desterrar la esperanza y creerme que nunca, que jamás.

Y para preguntarme por qué carajo no le hice caso a Pupe hace dos años, cuando me dijo que otra vez no y yo le dije -qué ilusa soy a veces- que quizá esta vez fuera distinto.


Imagen de riazorenho

Imagen de L4ur4

lunes, 12 de noviembre de 2007

Qué bien sienta

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... tener poder sobre una persona, decidir cada paso que va a dar, saber qué entregarás y qué no; definir qué va a dar ella; otorgarte tú con cuentagotas, mientras la deshaces, la desmadejas y la destrozas.

... darte cuenta de la imbecilidad de alguien, o de la inocencia, o de la apertura y utilizarla, según quieras, según tu compás.

... crear mil reglas, hacer que las reglas sean más importantes que las personas, arrugar la mano, tirar los papeles.

Alguien se está riendo a carcajadas esta tarde de mí.

Imagen de Kaoruzitah

domingo, 11 de noviembre de 2007

Charlas pequeñas

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Voy al cine y encuentro tres llamadas perdidas a la vuelta. Son de una de esas cuatro mujeres de mi vida, la que está más lejos: se le ha estropeado el ordenador al instalar un programa que sería más un virus que otra cosa: el disco duro con sus proyectos -es arquitecto-, con fotografías y, sobre todo, con películas. Por eso llamaba, desesperada: "¡No puedo ver cine!" y me he recordado en sus casas de Madrid y de Alcalá, la cama grandísima, el porrito de antes de acostarse, las mantas, la lámpara, cerveza, Coca-Cola y los cedés: ahora Bergman, ahora Antonioni, ahora Woody Allen, ahora Tarkovsky, Linklater, Fellini o Truffaut. Yo me duermo antes de que acaben o en la primera escena: suele ocurrirme si pretenden que vea algo a las dos de la mañana, pero es una costumbre hermosa y necesaria: un libro -"estoy leyendo mucho", me dice: como si hubiera dejado de hacerlo alguna vez- y una peliculita para finalizar el día. Nos reímos -"se ha muerto el ordenador en mis brazos"- y me pregunta.


Tiene la capacidad de hacerme resumir mi vida en cuatro frases: lo peor de ella. Porque nunca le resumo mi vida, al final. Sólo le hablo de lo que esa vida me provoca, de los sentimientos que suscita, de la irritabilidad, las ganas de largarme de un lugar del que no me voy a ir nunca por ahora, el cansancio, la incredulidad, la frustración, los ataques indiscriminados y lo idiota que puedo llegar a ser.

Cuando acabo, lo de siempre. Nos reímos, nos mandamos besos y nos decimos que nos queremos, con o sin palabras -hoy ha sido sin ellas-. Luego, sigo sintiendo: que quiero volver a estar en esa cama calentita con el ordenador encendido, viendo películas en versión original y acurrucada, besarla, patear Madrid, caminar durante horas por Madrid sólo por el gusto de descubrir que esa ciudad es abarcable, entrar en librerías, buscar un restaurante, pagar una botella de vino, reírnos, hacer muecas, oírla recordarme quién soy y pedirle que me abrace.


Imagen de Javier Saracho.

Pereza

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No me apetece. Tengo que meterme no sé cuántas leyes para el cuerpo (entre ellas, la Constitución a.k.a Los mundos de Yupi; o el Estatuto de los Trabajadores a.k.a El Planeta Imaginario); he de leerme los periódicos todos los días (hasta las noticias de Deportes, que bien poco me interesan); he de repasar apuntes sobre el sonido, la imagen y Teoría de la Información. Es un temario tan absurdo que no hay quien lo entienda, porque todavía no capto por qué, en cualquier oposición se incluyen leyes que puedes buscar tranquilamente en Google en cuanto tengas una duda, que no te servirán de nada en tu trabajo y que se te olvidarán tres minutos después de haber hecho el examen. Tengo mucha memoria, cierto, pero jamás se me dio bien estudiar nada de memoria: yo soy de contextualizar, explicar y explayarme, no de elegir entre a), b), c) o d).


Y la semana que viene comienzo con turno partido, saldré a las ocho de la tarde de trabajar, no tendré tiempo de casi nada, comienzo un programa nuevo del que no sé muy bien que se pretende y que me llevará más horas de las precisas, al menos al principio, y los plazos se van agotando.

Mientras tanto, en la mesilla, lo que realmente me apetece: Vida y destino, de Grossman; Viaje por España, de Andersen; Tiempos difíciles y Barnaby Rudge, de Dickens; El regreso, de Joseph Conrad; El hereje, de Miguel Delibes; tres antologías de poemas de Wislawa Szymborska, Ana Ajmátova y Marina Tsvetáieva y las cartas que se escribieron Hanna Arendt y Mary McCarthy, de la que encima acaban de publicar un libro al que también, por supuesto, le tengo unas ganas tremendas.

Las mismas, o menos, de que todo esto acabe...

De morbo, asombros y bellezas varias

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Afirma la Academia que el morbo es un interés malsano. De la atracción sexual irrefrenable, oculta, sucia y perdida no dice nada. Me piden por ahí que continúe la lista que nunca empecé.



La lista del morbo.


Con el número 1, indiscutiblemente, desde tiempos inmemoriales y por los siglos de los siglos amén, este señor. Se llama Willem Dafoe y, si lo veo en una pantalla, lo más probable es que no me entere de la película. Lo mío con él es morbo animal.



A Elias Koteas le vi en Crash, con sus coches, sus comportamientos sexuales extraños, ese poderío de macho con testosterona, qué bueno un hombre que parezca un hombre y no una jovencita andrógina sin tetas. Y me enamoré, también, qué quieren.



Pero después llegó él. Calixto Bieito, director de teatro y hombre de mirada dulce y sonrisa fácil. Un retaquito achaparrao que piensa mientras habla y al que es un gusto entrevistar aunque te quedes sin palabras porque tú ya estás harta de oírte. De él no sólo da morbo el físico: también su cabeza. A los demás no tengo el gusto.


Y también hay una mujer. La única mujer. Cecilia Roth, con la voz aguardentosa y ese cuerpo y ese escote...


Y sí: si hiciera una lista con los hombres que me parecen más guapos, no estaría Dafoe, ni estaría Koteas, ni estaría Bieito. Hablamos de morbo, no de belleza. Pero prefiero el morbo a la belleza para según qué cosas. Para hacer una lista, por ejemplo.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Miedo escénico

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No soy mitómana. No tengo especial interés en entrevistar a nadie: si acaso por escuchar a algunos. Tampoco me atrae conocer a ningún famoso. Cuando acaba una conferencia, me levanto y me voy, mientras los demás hacen cola para firmar un libro o dar las gracias -le sigo desde siempre, no estoy de acuerdo con lo que ha dicho antes-. Me da vergüenza acercarme a la gente que no conozco. No se me ocurrirían preguntas ni para los escritores de los que he leído casi todo. Luego funciona, ya lo he dicho, cuando se apaga la grabadora y no me tengo que preocupar de parecer inteligente ni medio culta ni tampoco de que quien está enfrente no piense que está perdiendo el tiempo. Y de vez en cuando funciona muy bien y me quedo un par de horas con Alicia Hermida o con Pau Miró y me enamoro y suelo gustar y todo eso, pero me supone un esfuerzo sobrehumano.

No sé cómo hacerlo porque además es siempre lo mismo: cuál es el argumento de la novela, de qué trata la obra, qué problemas ha encontrado usted, por qué eligió este texto, qué se van a encontrar los espectadores, véndame su trabajo. Véndame su trabajo, véndeme la noticia y yo, perdón, no soy comercial. No podría convencer a nadie de la bondad de nada, porque para eso tendrías que ser yo y quizá a ti Dickens te parezca un coñazo o no te guste la poesía.

Quién carajo me mandaría a mí pedir llevar Cultura.

Imagen de Gebauer.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

19:23

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19:23 horas. 23 grados, 45 y 60. Él dibuja líneas en el cielo. Yo tapo las luces de las farolas con las manos. A esa hora justa, con precisión matemática, desde luego, porque estaba predicho, se mueve algo luminoso, allá arriba, muy lejos, se ilumina más aún, sigue caminando en las alturas y desaparece. Es, me explica, un satélite iridium.

No sé si alguien más lo vio.

Fueron los dos mejores minutos de mi día de ayer.

domingo, 4 de noviembre de 2007

El café de los domingos

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El rito más sano del mundo es el café de los domingos. Ahora suenan a alianzas, trajes de novia, invitaciones que no se quieren hacer pero que son ineludibles, la diferencia entre la famila y los amigos y los precontratos con un salón de comidas. Llego con mil cosas en la cabeza que no me apetece contar porque son absurdas y ya me sé todas las respuestas posibles. Así que me zambullo, entre un partido de fútbol, un café, una menta poleo, en mil charlas sobre las dietas que las tres estamos haciendo porque casi ninguna de mis amigas cumple los cánones de belleza (aquí, o se habla de comida, o se habla de sexo) y me río y escucho e intento centrarme en temas de los que no entiendo.


Porque ciertamente nunca me he fijado, salvo lo imprescindible, en los vestidos de novia, en los ramos o en alianzas. Nunca he tenido que disponer unas mesas, la única razón por la que me casaría sería por poder reunir a todos mis amigos en un mismo lugar durante unas horas y nunca he sabido de las reglas mínimas de vestimenta protocolaria (mañana, vestido corto; noche, vestido largo: es lo máximo que alcanzo) y los precios de un menú me parecen desorbitadísimos.

Ahora me queda casi un año para acostumbrarme. Se casan el año que viene dos de mis mejores amigas: una en mayo (tengo seis meses para quitarme treinta kilos de encima, gramo arriba, gramo abajo) y otra en octubre (y otros cuatro para no volverlos a engordar) y aquí estoy yo, hablando de fechas de entregas de pisos, viajes de lunas de miel y con mi complejo de Peter Pan a cuestas. Y con cierta soledad que se hace una montaña en determinados momentos, cuando miras a tu alrededor y ves a los demás con una vida hecha que tú distas mucho de elegir, de querer elegir, de poder elegir, pero que no te importaría probar a veces. Como un experimento analítico, aunque sólo fuera para poder escribirlo, para poder adentrarte.

Escucho. Pongo condiciones. Porque me he perdido, también, mil ritos en mi vida (liarse con alguien cuando tienes quince; acabar un fin de año borracha; echar un polvo en un coche) y no me apetece perderme alguno más. Así que les digo que no tengo hermanas y no las voy a tener nunca y que quiero hacer cosas tontas: ir a que se prueben trajes de novia, mirar alianzas, preparar una despedida de soltera (el plan perfecto: cena y copas y charla), seguir opinando de lo que no sé -escotes tipo barco o palabra de honor -que a ver de dónde viene el nombre-, trajes con corte medieval, mantillas, calados y telas de nombre impronunciable o contundente, como tafetán -qué palabra más bonita-). Asisto a dos historias que culminarán en mayo y en octubre y que me siguen asombrando.

A veces me asombran los desenlaces lógicos.

Imagen del café de Sogno Lucido.

Imagen de boda de MadeInItaly.