
Saramago fue, primero, una referencia a Adrián Huici, uno de los mejores maestros que he tenido jamás, en los Cuadernos de Lanzarote. Luego fue Ensayo sobre la ceguera, y mi hermano Nacho leyéndolo hasta las cinco de la mañana. Y El Evangelio según Jesucristo y Norman Mailer. Y su voz en la radio, con su cerrado acento portugués, y Luis Pastor contándome que siempre que iba a su casa, José le regalaba un libro. Y mi hermano Antonio, con toda su obra. Y un Todos los nombres sin abrir aún, El año de la muerte de Ricardo Reis, que es de Tabucchi aunque sea de Saramago. Y una crítica velada de Javier Marías que nunca entendí. Y el análisis de un cuadro. Y el descubrimiento de que siempre lloraremos porque nos harán daño y por ninguna otra razón.
Hay escritores que no son sólo palabras.
Son recuerdos.
Crisis humanitarias y de humanidad
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Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican
a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución se reduce a
ap...
Hace 3 semanas



