
Al final todo llega. Llegó la noche antes de coger el tren, con el sueño intermitente y ese terror eterno a no despertarse y perder el transporte. Llegó Atocha, y el metro a Puente de Vallecas, Nerea esperándome en la esquina, la tapa en casa, salir a comer, contar los viajes. Ha estado en Grecia, viendo a los Durrell; en Italia y un pueblo de tejados cónicos en el que los habitantes, a pesar de las prohibiciones, arrojan las basuras a una cala que ya no puede acoger más; y en Albania, con su Tirana de casitas de colores y los mercados cochambrosos. Hablamos de la colonización de los espacios, de cómo la llegada del capitalismo impulsó a la gente a comprarse coches y más coches, y de la capacidad de los sistemas políticos para definir unas creencias que luego se quedan en nada, porque hay que vender las granjas para irse a la ciudad y comprarse un BMW.
Recuerdo a Tomaz Pandur, en la presentación de Medea, el año pasado: "Yo soy yugoslavo y Yugoslavia ya no existe". A Nerea y a mí nos faltan conocimientos para entender qué pasó. Cómo se conjugan los héroes de la patria, las estatuas dedicadas a los obreros en armas, la exaltación de la mujer campesina, con los Volkswagen y los Audi en cada puerta. Cómo se consigue que un pueblo desee y crea lo que luego va a dejar de desear y de creer. En un tris.
Madrid también ha sido un paseo hasta el centro, para entrar en Madrid Cómics. Alguien a quien no conozco y a quien no sé si alguna vez tendré la oportunidad de abrazar, me había dejado allí muchas revistas. Internet crea extrañas alianzas. Y en demasiado poco tiempo, apenas una veintena de mensajes cruzados. Siempre me asombrará esa generosidad. Me asombra y me conmueve. No creo que vaya a poder corresponderle nunca.
A Begoña también la conocí por internet, hace casi una década, hablando de Pessoa, de sor Juana Inés de la Cruz y del miedo en las relaciones. Cuatro meses después de aquello, nos tomábamos los primeros vinos en la plaza de Chueca. Desde entonces, Madrid es también esa mujer guapísima y divertida, inteligentemente divertida, admirable para mí por muchas razones, con la que comparto ciertos ritos extraños, como buscar los bares más estrambóticos de la ciudad. Además, me presta a sus amigos, así que visitarla a ella es dejar, también, que Jesús me abrace y me mime.
Hace dos años o así, Jesús y yo nos ventilamos una botella de pacharán de la que sólo íbamos a tomarnos un chupito. Al pacharán le habían antecedido no sé cuántos vinos y algún vermouth, unas gambas, jamón ibérico y mejillones. Yo salí del bar agarrada a él y haciendo eses. De lado a lado. Desde entonces, aquella noche se ha convertido en una anécdota que recordar cada vez que nos juntamos. Jesús jura y perjura que yo no estaba tan mal y yo no me acuerdo de mucho.
Me han picado todos los mosquitos de Madrid y me he levantado tres veces en mitad de la noche.
28 de agosto.
martes, 21 de septiembre de 2010
Al final todo llega
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9/21/2010 08:00:00 p. m.
sábado, 18 de septiembre de 2010
El último trayecto
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Vuelvo a escribir en una estación a la espera de que salga el autobús. Repaso mentalmente: coger ibuprofeno, cortauñas, máquina de afeitar, alguna medicina, todos los papeles, el pasaporte, el dinero, fregar la casa, planchar la ropa, poner dos o tres lavadoras, bajar la maleta, ordenar la mochila de la cámara. Ya llegan los nervios y eso que todavía me quedan por redactar los últimos flecos del viaje. En Madrid quedaré con Nerea y con Begoña, volveré a tomar vinos, Nerea me acompañará al aeropuerto, nos daremos mil abrazos y me contará cómo ha ido siguiendo las huellas de los Durrell por Corfú. Le debo la lectura de unos cuantos libros.
Sabré, también, cómo está Manhattan.
Volveremos a brindar por estar vivas.
Hasta entonces, me queda la visita de mis dos hermanos y de dos cuñadas que son mis amigas, un ensayo y un estreno, despedir al Festival hasta el año que viene con el deseo de que sea muchísimo mejor y volver a convencer a un director general de que la cultura da prestigio, no dinero.
Cinco días que, lo sé, van a guardar minutos que parecerán horas.
22 de agosto de 2010.
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9/18/2010 06:49:00 p. m.
Etiquetas: Nueva York, Viajes
sábado, 28 de agosto de 2010
Los preparativos
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Tardé dos días en comprar el billete de avión. Los suficientes como para navegar por internet durante horas, reservar un vuelo que no estaba disponible y tener que llamar por teléfono por si se les ocurría hacerme el cargo y acordarme de que mi primo David es dueño de una agencia de viajes. Familia y amigos me enviaron sus recomendaciones (todo Dios ha visitado esa ciudad), me prestaron sus mapas y sus guías, me regalaron libros y compré varios más. Después de pasar dos meses preparando concienzudamente muchos documentos que he terminado compartiendo con un montón de desconocidos, puedo asegurar que sé en qué barrio exacto queda calle que me nombren con su esquina correspondiente, dónde escribieron Herman Melville y O. Henry y a qué imprenta envió Walt Whitman sus Hojas de hierba. También qué casas habitaron Billie Holiday, Charlie Parker, Marlon Brando y Elia Kazan y dónde descansa el piano de Cole Porter.
Intenté hacer un planning. Un planning organizado: ahora veo esto, ahora aquello, hoy toca el MoMA y dentro de dos días el ICP... pero, después de cuatro días intentando cuadrar las horas sin conseguirlo y sin saber dónde poner los tiempos muertos, el viaje dejó de ser algo apetecible para empezar a transformarse en una condena. Voy 18 días y medio: no me hace falta más planning que saber en qué cafetería quiero desayunar cada mañana, qué horarios tienen los museos y en qué fechas cae Rosh Hashaná este año.
Ya decidiré qué quiero ver sobre la marcha. El día anterior. Los planes no se me dan bien.
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8/28/2010 01:02:00 a. m.
Etiquetas: Nueva York, Viajes
jueves, 26 de agosto de 2010
Mi viaje de despecho
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La mayoría de vosotros sabe cómo surgió este viaje. Es más: algunos habéis estado recogiendo los pedazos. En septiembre, yo debería haberme ido a Alemania. A pasear a orillas del Rhin y a dispararle a la catedral de Colonia con un 18-55.
Pero me traicionaron.
Debería haberlo supuesto, de todas formas. Nunca he fraguado un plan que se cumpliera con semejante tiempo de antelación. Aun hoy, a días de irme, me dan ataques de pánico: es la historia de mi vida.
A mí el dolor no me dura mucho, quizá porque el recuerdo me dura eternamente. Después de mandar varios correos incendiarios y algún que otro mensaje muy cabrón, me acordé del encuentro con mi amiga Vane en Málaga: "Si alguna vez vas a Nueva York..." Fue una decisión muy rabiosa: yo no me quedaba sin vacaciones, me iba a pegar el viaje del siglo y la única ciudad en la que podría estar varios días -muchos- sin que se me agotara, tenía que ser una ciudad sin casco histórico. En la otra punta. Con mucha vida cultural, mucho museo y muchos bares.
La vida cultural que me interesaba no iba a ser tal porque la temporada de ópera comienza a finales de septiembre y el American Ballet Theatre anda de gira con sus zapatillas de punta por la otra orilla del país. Pero Sonny Rollins celebra en Nueva York su octogésimo cumpleaños y Twyla Tharp ha dibujado la coreografía de Come fly away. El museo de arte africano cierra por reformas hasta 2011 pero en el Guggenheim se ha programado una exposición de Kandinsky y Malevich que me va a recordar mucho a Nerea.
Vayáse lo uno por lo otro.
Desde que decidí irme, lo llamo, con mucha sorna, mi viaje de despecho.
Las ciudades se llevan dentro, pero yo no me llevo ya ningún dolor. Sí mucha curiosidad, muchas ganas y un equipo fotográfico que pesa cuatro kilos y que le debo a la generosidad de mis amigos.
También varias libretas, una buena provisión de bolígrafos y la idea de sentarme a escribir en cualquier sitio donde pongan buen café.
Prometo contarlo todo después.
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8/26/2010 10:35:00 p. m.
Etiquetas: Nueva York, Pedro, Viajes
martes, 24 de agosto de 2010
Foro de Nueva York
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Yo soy carne de foro. Desde que, hace más o menos diez años, escribí un texto en la página de Chueca (entonces era Elrond, parece que hace siglos) para comentar una noticia que acababa de publicar uno de mis más queridos amigos. Aquello acabó como el rosario de la aurora, pero me dio a unos cuantos -Barcelona, Madrid, Buenos Aires- que me acompañan desde entonces.
Luego ha habido otros. Creo que en el único en el que no he entrado haciéndome notar ha sido en el de Canonistas, porque me obligaron a quedar con ellos a los pocos días de presentarme (suelo necesitar bastantes meses antes de un café con un desconocido. En algún caso han pasado años). Llevo el suficiente tiempo moviéndome por la red como para saber quién me gusta al primer vistazo: en todos hay mesías, camarillas y luchas por un poder que no existe. También sé que mi manera de escribir, a mandoblazos, no me ayuda en nada, pero la gente a la que le hago gracia ha seguido quedándose después.
El foro de Nueva York es mucho menos anónimo que el resto y se establecen relaciones más cercanas en un tiempo mucho más exiguo del que se necesita en otros foros, porque a los dos días sabes datos como dónde viven, cuál es el nombre y en qué profesión trabajan de las personas que te interesan. Ha habido, como en todas partes, rayos, truenos y centellas, pero eso sirve también para comprobar reacciones.
Los que me gustan siempre han reaccionado bien.
Es un lugar terriblemente divertido y muy tierno a veces, con participantes muy irónicos. Todos acaban comiendo en los mismos sitios y tocándole los huevos al Charging Bull, pero al final cuentan experiencias únicas porque cada forma de mirar lo es. Vuelvo a suscribirme a blogs que narran aventuras, debato sobre fotografía, observo el puente de Brooklyn por la noche y hay diez o doce nicks a los que busco.
Con uno de ellos no he coincidido y no sé si habrá la oportunidad de hacerlo, porque dejó de escribir justo cuando llegué. Me gusta mucho cómo escribe. Lo que dice también, pero el cómo, aún más. Creo que es porque me recuerda a David, que murió antes de que nos hubiéramos tomado unos vinos en Madrid o en La Vera. La misma calma, la misma templanza, la misma rectitud, cada palabra en su sitio y la franqueza.
Yo le llamo el manhattanés.
He acabado bebiéndome todos sus mensajes.
También los de otros. A alguno, incluso, lo tengo en mi firma, en espera de que acabe su relato de una vez.
Siempre va a asombrarme la irrefrenable simpatía que siento por alguien a quien solo conozco detrás de un teclado.
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8/24/2010 05:42:00 p. m.
lunes, 23 de agosto de 2010
Mi 34 cumpleaños
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El fin de semana que cumplí los 34 años, me regalaron un atardecer lleno de viento en el fin del mundo. Con paisajes maravillosos para hacer fotografías y pescadores que venden la faena diaria en la orilla del mar. La noche anterior nos bebimos una botella de vino y marcamos ciertas reglas. Algunas las cumplimos. Otras no. Antes, ella se había tomado el trabajo de hacer un cuadernillo detallado de la ruta.
Yo le debo todavía el regalo del año pasado.
He hablado muchas veces aquí de esa mujer y con nadie como ella tengo la certeza real de que me da mucho más de lo que jamás podré ofrecerle (entre otras cosas, porque mi mente no es capaz de idear planes geniales). La tarde del sábado, una pared de niebla caía a plomo, vertical, sobre el Atlántico. No nos extrañó nada que, 600 años antes, los barcos no se atrevieran a adentrarse en el océano, por el temor a los monstruos y a que no hubiera nada al otro lado. Cenamos en un indio con un camarero que era también prestidigitador, observamos asombradas la colonización de espacios que produce el turismo (pueblos enteros tomados por bares ingleses que sólo sirven hamburguesas y no tienen bacalhau) y nos reímos a todas horas.
Cuando la vi por primera vez, no supe averiguar lo que ella sería. Ni siquiera recuerdo cómo fui descubriéndola. Sólo sé -es una convicción diaria- que puedo estar rota y sin rumbo y, cuando llega, me sonríe (a veces siento impulsos de ir a buscarte y besarte los labios como si fueramos dos niñas revoltosas descubriendo la ternura) y me abraza, se vuelve un dios sanador y omnipotente. Esa mujer es entusiasta en el dolor y en la alegría. Y me encanta que se le ocurran estos planes...
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8/23/2010 05:18:00 p. m.
Etiquetas: Pupe
jueves, 19 de agosto de 2010
Trece años
12
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Tiene 13 años y la mirada viva. Sólo la he visto dos veces, las suficientes como para que me recuerde mucho a mí, a su edad. Con los vaqueros y las camisetas negras -la mía tenía una Harley-. Sospecho, sólo sospecho, que se lleva mejor con ellos que con ellas y que el resto de las chicas -maquilladas, en clase, vi a muchas por entonces: octavo de EGB y pintadas como una puerta- le parecen, o de otro planeta, o directamente despreciables. Recuerdo, también, que cuando yo tenía trece, me puse una falda y mis compañeros me hicieron desfilar. Quizá luego se pregunte, como yo, qué es eso de la femineidad, desdeñe las armas de mujer (que no sé qué son, ni me interesa, a estas alturas) y descubra a un puñado de iguales que tampoco sepan andar con tacones y se rían de la costumbre absurda de ponerse guapas para que los demás las miren.
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8/19/2010 08:00:00 a. m.
Etiquetas: M.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Cinco años
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Hoy es 18 de agosto de 2010.
Hace cinco años comencé UnaExcusa.
Con un texto que, casualidades de la vida, había escrito cinco años antes, en un periódico melillense.
¿Se celebra que un blog cumple años, como un niño pequeño?
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8/18/2010 09:00:00 a. m.
Etiquetas: Diario de navegante
domingo, 8 de agosto de 2010
La primera vez...
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8/08/2010 09:00:00 a. m.
Etiquetas: Hugo, La primera vez
jueves, 5 de agosto de 2010
Espacio/Espaço Escrito
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8/05/2010 10:06:00 p. m.
Etiquetas: Angel Campos Pámpano
miércoles, 28 de julio de 2010
La Malbaie y Cap à l’Aigle
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7/28/2010 04:37:00 p. m.
lunes, 26 de julio de 2010
Sainte Anne de Beaupré
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7/26/2010 09:00:00 a. m.
viernes, 23 de julio de 2010
Y vuelta la burra al trigo
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7/23/2010 07:27:00 p. m.
Etiquetas: Internet
martes, 13 de julio de 2010
FLaC: 28 de mayo: Celia
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7/13/2010 07:43:00 p. m.
Etiquetas: FLaC
lunes, 12 de julio de 2010
El partido
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Foto: EFE
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7/12/2010 03:29:00 p. m.
Etiquetas: Deportes
miércoles, 23 de junio de 2010
New York, New York
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Dentro de un par de meses, me voy a Nueva York. Mi único plan (que no le pase nada) es ir a un concierto de Sonny Rollins, el 10 de septiembre: celebra su cumpleaños. Ochenta. Estará con amigos. Veré a un señor que anda despacito y que toca como anda: un amigo mío le escuchó en Sevilla hará un par de años. Ahora, me vuelvo loca planeando un viaje al que iré con la única compañía de dos cámaras de fotos, algunos cuadernos y varios bolígrafos. He visto 14 museos imprescindibles (aunque el Museum for African Art está cerrado, porque va a cambiar de edificio); dos cementerios en los que están las tumbas de gente que amo (como Ralph Waldo Emerson, Miles Davis o Duke Ellington; aunque en el Cementerio del Bronx, para hacer fotos, es necesario un permiso), alguna iglesia interesante (como la Trinity Church, a la que iba George Washington), muchas calles, alguna taberna histórica y varias rutas literarias... También he copiado las direcciones de las panaderías interesantes; de los restaurantes japoneses imprescindibles y de varios vegetarianos con comida macrobiótica, que no sé qué es, pero habrá que probarla algún día. Tengo en la cabeza cientos de edificios históricos, un plano de metro, otro de autobuses y la imagen de la Estatua de la Libertad. Haré un picnic en Central Park al atardecer, me estiraré en la hierba, fumaré donde me dejen y escribiré mucho.
Prometo contarlo después.
A lo mejor le tengo que cambiar el nombre al blog.
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6/23/2010 05:29:00 p. m.
Etiquetas: Nueva York, Viajes
viernes, 18 de junio de 2010
José Saramago
20
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Saramago fue, primero, una referencia a Adrián Huici, uno de los mejores maestros que he tenido jamás, en los Cuadernos de Lanzarote. Luego fue Ensayo sobre la ceguera, y mi hermano Nacho leyéndolo hasta las cinco de la mañana. Y El Evangelio según Jesucristo y Norman Mailer. Y su voz en la radio, con su cerrado acento portugués, y Luis Pastor contándome que siempre que iba a su casa, José le regalaba un libro. Y mi hermano Antonio, con toda su obra. Y un Todos los nombres sin abrir aún, El año de la muerte de Ricardo Reis, que es de Tabucchi aunque sea de Saramago. Y una crítica velada de Javier Marías que nunca entendí. Y el análisis de un cuadro. Y el descubrimiento de que siempre lloraremos porque nos harán daño y por ninguna otra razón.
Hay escritores que no son sólo palabras.
Son recuerdos.
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6/18/2010 04:09:00 p. m.
Etiquetas: José Saramago, Palabras
miércoles, 9 de junio de 2010
Cómo se gestiona el dolor
17
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Llevo mucho tiempo conmigo misma. El suficiente como para saber de qué manera actúo cuando algo me daña y la mejor de hacer que pare.
Contarlo.
Hay quien lo llama sacarlo a pasear.
Hay quien no lo ve bien.
Lo siento por ellos.
A mí me iba peor antes.
Mucho peor, dónde va a parar, cuando era silenciosa y nadie sabía nada.
Si lo escribo, lo expulso, porque generalmente a estos temas, con mis amigos y delante de un café, les doy quince minutos antes de sentirme completamente estúpida.
Hablar no se me da.
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6/09/2010 10:00:00 a. m.
Etiquetas: Diario de navegante
lunes, 7 de junio de 2010
You've got a friend
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Estos últimos días, he escuchado esta canción una y otra vez. En muchas versiones. He elegido esta porque el día 4 salió a la venta James Taylor y Carole King Live at the Troubadour. Ella le regaló a él su mejor canción. Y lo cuidó cuando se enganchó a la heroína y supongo, porque fabulo, que estaría también cuando el primer divorcio y el segundo y el tercero... Que estarían los dos. Y que quizá Carole King sea, para él, la mujer más importante de su vida, a pesar de los amores o a favor de ellos.
Gracias por cantármela, chicos.
And you need some loving care
And nothing, nothing is going right
Close your eyes and think of me
And soon I will be there
To brighten up even your darkest night
You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running to see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there
You've got a friend
If the sky above you
Grows dark and full of clouds
And that old north wind begins to blow
Keep your head together
And call my name out loud
Soon you'll hear me knocking at your door
You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running to see you
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there
Ain't it good to know that you've got a friend
When people can be so cold
They'll hurt you, and desert you
And take your soul if you let them
Oh, but don't you let them
You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running to see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there
You've got a friend
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6/07/2010 05:24:00 p. m.
Etiquetas: Carole King, James Taylor, Música
jueves, 3 de junio de 2010
Por la mitad
18
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Hace mucho que no escribo. Que no publico aquí, iba a decir, pero en realidad hace mucho que no escribo nada. Cuando no escribo, no vivo. O vivo peor, que es igual.
Dejará de doler. Sé que dejará de doler, que tardará mucho en dejar de doler, que tengo buena memoria y que no olvido. Sé que me di y que cuidé. Que quise mucho. Que quiero mucho, porque el amor no se va en dos días, aunque se vaya. También sé que esta será una historia más de las muchas que no cerré porque nadie quiso cerrarlas por mí. Que regresarán el sueño y el apetito. Que dejaré de meterme paquete y pico de tabaco entre pecho y espalda, para aventar el miedo y los nervios y la ansiedad. Que abrazaré a Pupe y que no lloraré con ella porque yo no lloro delante de nadie. Y que no le encontraré el sentido nunca, por más que sepa -gracias, Princesa- que a veces la gente no sabe cómo hacer las cosas. Que quizá el otro no es malo, sólo es débil. O cobarde.
Me han partido por la mitad y también sé que no soy buena para desprenderme de las cosas.
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6/03/2010 11:10:00 p. m.
Etiquetas: Pedro
miércoles, 21 de abril de 2010
Mark Twain
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Les voy a confesar algo. Creo que los que tenemos ahora poco más de treinta años, conocimos a Tom Sawyer antes por esta serie de televisión de los ochenta que por las palabras de Mark Twain. Era el tiempo en que nos acercábamos a algunos clásicos por los dibujos animados. A D'Artagnan y los otros. A Phileas Fogg. A Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Luego ya nos enamoramos. Yo me enamoré de Huck. Y, sobre todo, de un párrafo de Huck en el que habla del lenguaje, cuando le prohíben jurar y blasfemar. Pero también de ese chico que era capaz de coserse el cuello de la camisa para que su tía no descubriera que se había ido a bañar al río.
Yo quiero a este señor al que me he ido encontrando en películas, en cuentos de superhéroes (por uno de ellos me enteré de que su nombre era Samuel Langhorme Clemens), en libros y más libros. Príncipe y Mendigo, Un yanqui en la corte del rey Arturo. Me sé algunas escenas de memoria.
Desde que leí a este hombre por primera vez, quiero surcar el Mississippi en un barco de vapor.
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4/21/2010 10:33:00 a. m.
Etiquetas: Mark Twain, Palabras
martes, 23 de marzo de 2010
Cine y fotos. Una excusa
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No sé si aprendemos realmente cuando se muere alguien. Si después, una vez pasados el dolor y la pena (hoy es 2 de febrero, aunque esto lo cuelgue más tarde y ni el dolor ni la pena se han ido), no actuamos como si no hubiera ocurrido nada. Un cabreo laboral aquí, un chisme allá, un correo que no se responde porque no tenemos tiempo, una afición que no se cultiva porque tampoco disponemos de horas suficientes, los pequeños actos de egoísmo, un alzarle la voz a alguien a quien quieres y de quien no sabes si estará mañana o no estará mañana.
La muerte de Tragamuvis a mí me ha servido, sobre todo, para hablar con Vértigo. Vértigo o Vertigen es un asiduo de los foros de cine, muy amigo de don Traga, con unos ojos verdes impresionantes y un acento mallorquín muy hermoso. Veinte minutos de charla, comentando lo que éramos para Jorge, muchas anécdotas sobre actrices de las que les gustan a los dos y un tú cómo estás.
Pero también me he acordado de otra gente. De la gente que se fue y de la que está ahora. Esos grumos bajo el sol de los que hablaba Manolo en Pincel & Pixel hace un tiempo en un mensaje emocionante. A muchos de ellos sí los conozco en persona: a los del grupo de Canonistas de Extremadura que viven en Badajoz, porque quedamos para hacer fotos con cualquier excusa. A otros no y no sé si habrá oportunidad de conocerlos.
Y, sin embargo, nos llevamos bien. A base de mensajes privados, comentarios en Flickr, algún mensaje en los blogs y diálogos en alguno de los hilos de un foro muy lleno en el que, de todos modos, vas haciendo un grupo de afinidades un tanto extraño. Está Pertur, por ejemplo, con un bebé en casa que vino antes porque tenía mucha prisa. O Carlos, que escribe como Dios y que está como siempre, estable dentro de la gravedad, y que me recuerda mucho, mucho, a ShooCat, porque es igual de inteligente y de irónico y tienen el mismo humor y viven en la misma ciudad y tienen la misma edad y son igual de atrayentes (sigo pensando que son la misma persona, lo juro). O Gayolópez, que se ríe –y no me extraña– de los retratos que me “perpetran” (lo dice así: “vaya retratos que te perpetran”) los chicos de Canonistas de Badajoz, Almeida a la cabeza. O Silvia.Z., que me comenta las fotos y las mira con calma y me dice que le gustan y me anima mucho para seguir aprendiendo, cuando pueda. O Alemonic, que me dedicó un texto e intentó enseñarme (sin resultado, todavía) qué demonios es la distancia hiperfocal. O Sokar, al que le presenté mis respetos una vez y al que seguiría presentándoselos siempre que tuviera la ocasión, porque me gusta mucho ese muchacho. O al Miguel, privado va, privado viene, esto no me funciona, me encanta esta foto del Nico aunque esté desenfocada y que se ha encargado de la organización de una QDD Nacional a la que, nuevamente, no podré ir. O Pere Larrègula, al que un día entrevistaré, no sé con qué motivo, sólo para oírle la voz y que me enseñe algo de fotografía y de su manera de ver el mundo (que me gusta más que las fotos que hace). O Gomendio, que es todo amabilidad. O Wamba, que siempre contesta a los comentarios. O Gala, que me mostró una vez cómo se cuenta una historia con una imagen y que está a 274 kilómetros de la persona a la que más le gusta retratar. O la gente a la que siempre lees, aunque sea en silencio: Hamilin, Bigdani, Ignatius Reilly, Dani, Bruno Abarca, Angharad, Vampyressa.
Y los míos.
Yo creo que nunca les agradeceré bastante a los inventores de la red la oportunidad que nos han dado a muchos de estar en el mismo espacio y de fijarnos los unos en los otros. A quienes crearon una página de cine, una de fotografía, sólo con la intención de compartir lo que tenían o lo que sabían y que ni siquiera pensaron, en sus inicios, supongo, que el cine y las fotos se transformarían a veces en eso.
En una excusa para reconocerte en otros.
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3/23/2010 09:00:00 a. m.
Etiquetas: Canonistas, DXC, Tragamuvis
viernes, 19 de marzo de 2010
Hacer las cosas bien
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Hacer las cosas bien es no dar portazos. Que no te rujan las tripas cuando ves algo injusto: que te rujan menos cuando lo injusto te toca a ti. Saber respirar hondo y calmarse. Pensar antes de hablar, contar hasta siete o diez, no enviar un correo que no va a servir de nada aunque te haya costado la vida escribirlo (incluso aunque quieras que él lo lea porque siempre has sido así de imbécil). No esperar una respuesta, ni un nombre, ni un gesto.
También es vestirte de frío. No sentir amor y agradecimiento y ternura. Dejar de despedirte de quien nunca estuvo porque no le importabas. Saber olvidar. Que no te duelan ciertas soledades. Mantener el equilibrio.
Yo no sé hacer las cosas bien.
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3/19/2010 09:44:00 p. m.
Etiquetas: m0ntaraz
miércoles, 17 de marzo de 2010
Estoy escuchando tangos
14
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Estoy escuchando tangos, niño. Al Calamaro, que es argentino y del que todo el mundo piensa que no sabe cantar tangos. Casi te estoy oyendo: “Pero Olguita” (“sacrílega, pedazo de sacrílega”). Luego vienen el Piazzolla y Edmundo Rivero y Osvaldo Pugliese. Así que quédate tranquilo. Con mis gustos, ya sabes, pasa lo mismo que con los de Karma7: son inviolables.
En las épocas tristes de mi vida, siempre me han acompañado los tangos. Para el desamor, la zozobra y las ausencias. Escribirte es mi manera de recordarte. Y de contarte, de nuevo, las cosas cotidianas. A vuelapluma y sin pensar.
Recuerdo un poema de Emily Dickinson, creo que te lo copié, o que lo leíste, el que empieza: “Fuera de casa he estado muchos años / y ahora, ante la puerta, a entrar yo no me atrevo” y termina diciendo “Busco aquí una vida que dejé: ¿aún sigue en esta casa?”. He vuelto al lugar en el que te conocí. Han cambiado algunas salas. Allí ya no habita gente que estuvo. No sólo tú, que ya no habitarás nunca lugar alguno (¿sabes? Ése es el pensamiento que más trabajo me cuesta) sino gente que se fue, o se mudó.
Estoy intentando averiguar dónde están los muebles, he llevado algunos cojines con forma de palabras, mías o de otros, porque las palabras son lo único que puedo aportar (no: no son poco: a ti te bastaron). Hay otros inquilinos: muchos a los que no conozco y ya sabes que a mí la gente, en general, me da un pánico terrible (y muchísima pereza) y también sabes que añoro relaciones que fueron pero que no volverán a ser nunca. En dos años se cambia mucho, pero la inseguridad permanece: cómo volver, de qué manera volver, cuando sabes que no se puede volver, que eso no va a ocurrir nunca. Así que intento envainarme el dolor, sin conseguirlo.
Por eso escucho tangos. Por eso me pongo al Calamaro recitando y ahora que estoy frente a ti, parecemos, ya ves, dos extraños. Lección que por fin aprendí: cómo cambian las cosas los años. Ha pasado mucho tiempo, Jorge. Yo ya no soy parte de la que fui, pero eso nadie tiene manera de saberlo. El problema es que sigo con las mismas heridas: ya cicatrizaron, pero la raja pica de vez en cuando y es muy honda. Y me da pena. No se me nota, pero me da mucha pena.
Ya ves. Los tangos: zozobra, desamor y ausencias.
Te sigo llorando. Ya no con lágrimas: las lágrimas se fueron. Pero el corazón se me pone pequeñito y se me sube hacia la garganta y luego, a veces, también sonrío. Me lo he tomado como un homenaje, volver. A la memoria. A las horas que se compartieron. A las palabras. A esos otros modos de relacionarse que muchos no comprenden. También a los abrazos y los vinos que nos hurtó la distancia.
Te escribí un correo. No sé si te dio tiempo a darle tu contraseña a alguien para que los leyera por ti. Fue una idiotez, pero te mandé un correo. Para decirte lo que tú ya sabías.
Esto tampoco lo leerás. Pero ya sabes. Escribir, siempre, es escribir una carta a alguien. Yo hoy escucho tangos y te escribo. Para decirte que he vuelto a casa y que, ya lo suponía, la casa está mucho más fría sin ti.
Olga.
PD: Esto lo escribí hace días. Hoy te digo que las lágrimas no se fueron.
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3/17/2010 04:54:00 p. m.
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viernes, 12 de marzo de 2010
Miguel Delibes
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Este señor lleva en mi casa desde que nací. Desde antes de nacer yo, vive este señor en mi casa. Primero, en la habitación de mi madre. Luego, en la mía. Todos sus libros, todos, todos, sin faltar ni uno, uno detrás de otro, en ediciones de bolsillo y lujosas, con las páginas amarillas y como si se acabaran de recién comprar. Puedo recitar sus títulos uno por uno, de memoria. Y recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que lloré con Señora de rojo sobre fondo gris, que me parece el más íntimo relato de amor que haya escrito alguien jamás: "Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente". "Ahora no tendré a nadie a mano cuando me asalte el miedo".
Señor: le espero a almorzar en mi camareta a la una del mediodía.
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3/12/2010 09:50:00 a. m.
Etiquetas: Miguel Delibes, Palabras
miércoles, 10 de marzo de 2010
Rubio
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Jamás he visto llover en Sevilla como ese día. Y jamás me habían cerrado los bares tan pronto, a mí, que en esos mismos bares y en esa misma plaza he visto amanecer más de un día. Él ha creado un personaje, lo hemos creado entre todos: un personaje del que se espera lo más irreverente, lo más jocoso, lo más original. Le vi con dos amigos más y cumplimos, de nuevo, el rito de tomar unas croquetas en el Eslava, apretujados los cuatro en una mesa, con el vino corriendo y las cervezas y la charla: sobre política, sobre partidos, sobre música, sobre nosotros. Volví a reírme con Elena y a escucharla y a alegrarme de que el azar, o yo qué sé, la haya puesto en el camino (para las croquetas, para las librerías, para las anécdotas, para las series y la condescendencia cómplice cuando se embalan hablando de gente que no controlamos). Volví a abrazar a Juan y a contarle todas las cosas que me pregunta, aunque no quiera saber las respuestas. Y me encontré con Jacob, o lo busqué: “Rubio, dime que sí. Ningún rubio me ha dicho que sí nunca”, sólo para intentar descubrirle y formarme una imagen, al principio. Se me da mal, de todos modos, eso de formarme imágenes. Eso de intentar conjugarlas con lo que ya sé, porque nunca conozco del todo a alguien hasta que no he leído algo que haya escrito, pero las palabras por sí solas (sin una voz serena, sin unos ojos) nunca son suficientes.
Me preguntó, después, por la primera impresión. Sólo pude escribírsela un día más tarde, muy rápido: “Guapo. Inteligente. Interesante. Cariñoso”. Cuatro palabras, nada más. Y el deseo de que la próxima vez ni haya tormenta ni nos cierren los bares.
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3/10/2010 04:27:00 p. m.
Etiquetas: DXC, el_salmonete, Jacob, Tyrion
jueves, 25 de febrero de 2010
Le Cirque du Soleil
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Una de las noches que estuvimos en Quebec vimos al Cirque du Soleil. Hacían un espectáculo callejero, gratuito, durante los meses de verano: partían tres tribus desde tres partes distintas de la ciudad y confluían en un espacio que hay debajo de unos puentes, lo suficientemente grande como para montar un escenario central y otros varios. No sé cuántas personas podía haber allí viéndolos: sentadas en gradas, de pie, cientos. Y, sin embargo, entre el público, unos señores dirigían a la gente a un lado y a otro, para que no se perdieran nada. El problema, por supuesto, era hacer las fotos. Por eso tienen tanto ruido (bueno, y es que mi cámara no da para más, por mucho cariño que yo le tenga).
Había malabaristas magos del diábolo, un señor que, con un cuadrado vano de metal, derrotaba los límites y lo transformaba en círculos de colores: tan rápido lo giraba. También había música, percusión… y canto:
Sí, le he cortado la mano: salió así, ya he dicho que las condiciones no eran las mejores. De hecho, este mensaje es puramente testimonial.
Y había, además de los malabaristas, los funambulistas y un sinfín de colores y disfraces, este columpio. ¿Veis la parte derecha de la fotografía? Es una tela: cuando el columpio llegaba a esa altura, uno de sus integrantes se tiraba a la tela… mientras el público contenía la respiración. Luego subían la tela, la volvían a tensar y se tiraba otro. Así hasta que no quedaba nadie. Y volvían a subirse. Y sonreían. ¿Cómo puede uno sonreír mientras se tira a semejante altura?
No puedo describir bien el espectáculo, porque mientras escuchábamos a una mujer cantar, a nuestro alrededor había circenses vestidos de azul, como si fueran de nieve, o quitándose máscaras para saludar. Mientras una mujer se sostenía con sus manos sobre unas columnas pequeñísimas, otro señor, entre el público, prendía fuego a una espiral inmensa, se la ponía en la boca y comenzaba a moverla para que las llamas nos hipnotizaran. Salimos sin hablar, hasta que comenzamos a comentar todo lo que había ocurrido allí, durante más de una hora.
He visto al Circo del Sol. Y lo he visto en casa.
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2/25/2010 09:00:00 a. m.
lunes, 22 de febrero de 2010
Una ciudad que es un río
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Quebec es también el río San Lorenzo. Es una ciudad y una provincia: de la provincia vimos poco, (es la más grande del Este: inabarcable en quince días), pero la ciudad nos la pateamos a base de bien, salvo los barrios residenciales de las afueras. Es el corazón del Canadá francés y el corazón del nacionalismo francófono. Ha habido dos referéndum para independizarse de Canadá, pero en los dos ha salido el No. Por poco. De hecho, el lema de Quebec es Je me souviens, yo me acuerdo. Me acuerdo de dónde vengo, quiere decir. Me acuerdo de los míos. Y los míos son los franceses. Bien podían ser los miembros del pueblo iroqués, que eran quienes vivían allí antes de la llegada de Samuel de Champlain y los suyos, pero llevan a gala su pasado como tierra conquistada y mantienen una cultura más europea: en las construcciones de las casas, en el idioma y en la comida. Se come mejor aquí que en cualquiera de los otros lugares donde estuvimos. Hay pintadas donde pone: “Quebec libre”, ante la que enarcas invariablemente las cejas. A mí los nacionalismos, los localismos y los regionalismos me producen últimamente muchísimo hastío, así que lo único que dije cuando vi la frasecita, muy cerca del Petit Coin Latin, donde comimos un estofado de caribú, fue: “definitivamente, la gente está fatal”. Por suerte, Quebec no es sólo eso. También tiene la posibilidad de tomar un café en La Place Royale.
En Quebec hay avispas. Sé de más de uno de cierto foro de fotografía que hubiera disfrutado como un enano, porque se posan en tu vaso tan tranquilas y los lugareños dicen que no pican, pero yo no me detuve a comprobarlo. En Quebec hay una estatua de un guiñol en plena calle, muchas iglesias, una calle llena de artistas vendiendo cuadros hermosos y la Terrasse Dufferin para tomar un helado o escuchar a un señor mayor tocando una Gibson. También está el Marché du Vieux Port, con sus puestos de fruta y verdura, sus mieles, sus mermeladas y sus jaleas, sus jabones artesanales y su sirope de arce. Y la Citadelle, un fuerte que comenzaron los franceses y terminaron los británicos. Desde el camino que sube a ella está tomada la foto panorámica que hay al principio de este mensaje. El edificio que está en el centro de la imagen, que parece un castillo, es el Chateau Frontenac, el hotel más fotografiado del mundo. Y, sin embargo, una de las construcciones que más me gustó fue Au Coeur du Saint Roch, una Iglesia situada fuera del foco turístico del Viejo Quebec en cuya plaza se nos acercó un señor con pinta de mendigo (no sabemos si lo era: no pidió dinero ni quiso tabaco porque no fumaba) que nos contó la historia de ese templo gris lleno de vidrieras preciosas.

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2/22/2010 09:00:00 a. m.
jueves, 18 de febrero de 2010
Atravesando el puente
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Gatineau no es Ottawa, aunque se las confunda porque están cerca. Está en la orilla opuesta del río y hay un puente que une las dos ciudades. Allí, en Gatineau, está el Museo de la Civilización, que ofrece un recorrido interesantísimo por la historia del país. El arquitecto fue Douglas Cardinal y quería que las fachadas de los dos edificios reflejaran el paisaje canadiense: por eso son curvos. Se puede ver también, dominando el paisaje, cuando uno visita la Colina del Parlamento de Ottawa. Y, al contrario, camino del Museo hay unas vistas espectaculares del Parlamento:
Sin embargo, además de las vistas, hay algo asombroso en ese trayecto. Luego descubrimos que existía en más ciudades: los parques, perfectamente limpios, perfectamente podados, en los que dos chavales, con corbata, se habían quitado la chaqueta y descansaban del trabajo echándose un partido de pelota, en el césped, que es de uso común. Las calles, sin papeles, sin pintadas (hay mucho grafitti, se pueden ver sobre todo en Toronto: pero un grafitti no es lo mismo que una pintada). Y las flores. Flores por todas partes.
En Quebec también hay flores.
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2/18/2010 09:00:00 a. m.
sábado, 13 de febrero de 2010
La Policía Montada del Noroeste
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El edificio del Parlamento domina todo Ottawa, que es una ciudad bien pequeñita cuya vida se acaba a las nueve y media de la noche. El primer día sólo nos dio tiempo a cenar y emborracharnos: lo primero lo hicimos en un local que se llama Sir John A. Sir John A. es Sir John A. McDonald, que ha pasado a la historia por ser primer ministro: el primero del país recién nacido como nación. Y por ser un alcohólico audaz, muy inteligente, con un gran sentido del humor y tener una vida personal francamente difícil. También ha pasado a la historia por crear la Policía Montada del Noroeste, en 1873, debido a los crecientes enfrentamientos entre los contrabandistas de alcohol y los nativos del Oeste del país. Fueron demasiado crecientes: hubo una masacre en los montes Cypress. La historia de estos hombres es curiosa y llena de anécdotas. El jefe de la Policía Montada fue a hablar con Toro Sentado, jefe sioux, enemigo histórico de los pies negros y los cree: el inspector James M. Walsh consiguió el fin de las hostilidades. Crowfoot, el jefe de los pies negros, dijo de él: “Nos han protegido como las plumas de un ave la protegen del invierno”. James M. Walsh murió hace mucho tiempo, pero ahora, este cuerpo de hombres y mujeres se dedican desde a recontar aves migratorias hasta detener policías extranjeros. En la puerta del Parlamento, por supuesto, hay dos: un hombre y una mujer, él a caballo, muy amable, muy apuesto, muy guapo. Y, sin embargo, a pesar de todo eso, el retrato que más me gusta de todos los que le hice es éste:
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2/13/2010 09:00:00 a. m.
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