miércoles, 14 de mayo de 2008

Preguntas absurdas

A estas alturas, ya no me disculpo por los libros que me gustan y menos aún por los que me dejan fría. Hubiera dado un brazo por escribir el diálogo de Athos y D'Artagnan en la Plaza Real, por un final como el de El Club de los Suicidas -Stevenson siempre me ha dado verdadera envidia, a pesar de Woolf- o por construir un personaje como Sidney Carton. Uno tiene que escoger a quién servir y yo tengo muy claro a quién sirvo.

El carácter se te moldea con tus lecturas, más que con ninguna otra cosa. Más que con las circunstancias, más que con las decepciones, más que con el desamor. Porque te ofrece todos los conceptos a los que podrás asirte, y la defensa. El honor, la lealtad, la amistad, el valor, la coherencia. La adopción de un punto de vista político, histórico, social. Te moldea el gusto, te eleva y te desclasa y, al fin, puedes divertirte con unos textos que serían farragosos para otros. Puede que no sirva para nada, o para sentirte como un bicho raro a los 13 cuando están Vallejo, Whitman, Ovidio. Puede que sólo para el placer, para no encajar más que con algunas personas, para no inscribirte en ningún grupo o para esta visión de la realidad extraña. O para plantearte preguntas absurdas.

Ahí está, por ejemplo, la Plaza Real. No me canso de leer ese párrafo y digo yo que habrá millones mejores -ah, perdón: a estas alturas, ya no me disculpo por los libros que me gustan-. Acabo de (re)leer -¿cuántas veces van ya?- el mejor canto a la amistad que se ha escrito nunca y allí un hombre se desmaya cuando envenenan a su amor y a otro le sirven los abrazos y las caricias de sus amigos en la adversidad y otro, ya mayor, más de sesenta, mira a su amigo de más de treinta años en la despedida: "¡Si supieras cuánto te he querido!". Todos ellos señores de la guardia del rey, del cuerpo de mosqueteros, que desenvainan la espada a la menor ocasión y que salvan reinas, seducen, comparten el dinero y se emborrachan.

Lo escribió Dumas y digo Dumas y no Maquet porque la genialidad es de Dumas y al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Lo escribió Dumas y tuvo éxito, así que deduzco que esos hombres -cuatro mosqueteros capaces de ganar ellos solos una batalla a un ejército inglés, cuatro tipos fuertes y leales y duros- no estaban tan lejos de los hombres reales que les leían: quizá sí en la profesión, pero no en el carácter. Ésos que lloran, digo, y se abrazan y se tocan y se dicen sin rubor "a nadie más he querido en este mundo".

Leer te sirve para eso, decía. Para hacerte preguntas absurdas.

¿De dónde viene la imagen de macho insensible, cerril y de cemento que nos acompaña hoy?

Y no: no le echen toda la culpa al cine.

10 comentaron:

Arwen dijo...

Buena pregunta. Cuando encuentres la respuesta me la dices y le buscamos un remedio a la raíz del problema.

FLaC dijo...

Yo también reivindico clásico de aventuras, pero más en el cine. En cuanto a lectura, creo que estoy mucho más cerca escritores contemporáneos generacionales. Lo que no impide que me enfangue en un proyecto de proporciones inconmensurables como es leer la historia de los Rougon-Macquart, 23 libros de Zola acerca de una familia que vivió bajo el segundo imperio en Francia y cuyo punto culminante es, en mi opinión, Germinal, pero ese el libro 16 y aún me queda para llegar y releerlo.

alelo dijo...

Jooder, tú con los Mosqueteros y yo con Don Benito "garbancero". Estamos "apañaos".

Todos para unoooo.... y uno para todooos.

Los viajes que no hice dijo...

Arwen, vale. Pero piensa un poco, anda, que yo quiero respuestas...

FLaC, nunca me atreví con Zola: no me atrae, no sé por qué. O me atrae pero siempre lo pospongo, que es lo mismo. Si tengo que leerme tochos, buscaré a Proust (¿cuántos libros de tiempo perdido eran? un montón ¿60 y algo?). Pero ¿y mi pregunta?

Alelo, viva la aventura y vivan los episodios. ¿Y mi pregunta, qué?

Por si no ha quedado claro: ¿qué hay de mi pregunta.

Hatt dijo...

Pues si no tiene la culpa ni el cine ni la literatura, pues supongo que, en gran medida, la culpa está en la falta de cine y literatura en los que potencian y se creen -y crean- esa imagen...

Un saludico.

alelo dijo...

¿De dónde viene la imagen de macho insensible, cerril y de cemento que nos acompaña hoy?

¿Era esa tu pregunta? ¿He acertao? ¿Paso a la siguiente fase otra vez?


Es que yo no la he contestado porque aún siendo macho, no conozco a ninguno insensible, cerril o de cemento. Cavernícolas sí, pero eso no viene a cuento ahora.

Juanma Ríos dijo...

Genial el texto, muy tipo Pérez-Reverte.

Respecto a la pregunta, sé que hay de esos "machos" que comentas, pero por suerte no conozco yo a muchos de ellos. Imagino que la imagen ésa viene precisamente por la incultura, porque los jóvenes cada vez leen menos, ven peores películas y no entienden el arte, y, lo que es peor, no quieren entenderlo. No se preocupan por saber el por qué de las cosas, dan por sentado que hay libros donde está escrito y películas que lo reflejan, con eso se conforman.

No puedo imaginarme a uno sólo que le guste la cultura y sea insensible. Son dos cosas completamente opuestas.

Un besote.

Los viajes que no hice dijo...

Hatt, puede. ¿Pero no existe esa imagen? ¿Ésa de “los chicos no lloran”?

Alelo, sí, ésa era la pregunta. Sí, has acertado. Sí, pasas a la siguiente fase. Y no, yo hablaba de imágenes. De dónde viene la imagen de macho. No que los machos que yo conozco sean así… De dónde viene la imagen de “tipo duro”…

Juanma, es que al Reverte también le gusta Dumas. Pero creo que es una imagen que no tiene nada que ver con la juventud, sino que la tiene gente de mi edad (31) y mayor… Imagen: no realidad.

Ay… ¿tan poco se me entiende, eh?,

Álvaro Nuevo dijo...

Aunque me encantan Los Tres Mosqueteros (de Dumas-Maquet, qué más da; era habitual en la época tener negro)los hombres que el folletín retrata poco tienen que ver con los de la realidad, me temo. El inmenso corazón de Athos sólo sirve para dar un contraste machista a la maldad viperina de Milady y todos ellos, con Aramis a la cabeza, se vuelven un poco más patanes en "20 años después".

Para los que los tomamos como modelo en nuestra adolescencia fue frustrante comprobar que, en la vida real, ser así sólo nos servía para que nos dieran vino de Anjou una vez y otra, y otra. ¡Luis y Rocroi! pero ninguna Constance de ojos dulces no espera tras los muros del Louvre.

Los viajes que no hice dijo...

Tienen poco que ver con la realidad ahora. ¿Y antes? Me refería sólo, única y exclusivamente, a la expresión de los sentimientos. Eso que dicen que es tan femenino.
Tampoco sé cómo son los hombres en la realidad. A los de la peor calaña sólo los intuyo (no me da tiempo a comprobarlos: no me lo permito).
Hay una sonrisa en mi boca cada vez que te leo.