jueves, 8 de mayo de 2008

La boda perfecta (y ficticia)

La única razón por la que me casaría sería por reunir a todos mis amigos en el mismo lugar. La cuestión es harto difícil: no hay candidato alguno a la vista, ni creo que lo haya en un plazo razonable; existen serias dificultades familiares que me impiden contraer matrimonio y que no voy a contar aquí pero mis amigos se saben al dedillo y tampoco creo que Dios o el Estado hayan de regular la vida público-privada de cada uno. Pero esto es una fantasía y en las fantasías todo es perfecto.

Y, como todo es perfecto, yo invito a la gente a mi boda porque me ha tocado la lotería y pago billetes, alojamiento, comidas, desayunos, cenas y hasta vestidos y trajes si hacen falta. Y peso veinte kilos menos y estoy espectacular -ejem: no me veo de blanco: obviemos este punto- y estoy enamoradísima de no sé quién -esto también se puede obviar: pongamos que he hecho las paces conmigo misma y me caso con la persona a la que más debería querer, que soy yo-. Pero sí hay una ceremonia, esa especie de rúbrica pública de un compromiso que no se sabe cuánto va a durar pero del que se espera que sea para siempre.

Esto es una fantasía y en las fantasías todo es perfecto. Por eso me casa Jandro, que es la única persona en el mundo que querría que me casara, porque me conoce desde hace catorce años, me ha salvado la vida y la psique en más de una ocasión y se sabe todos los entresijos de un buen ritual.

Antes, los preparativos. Ángel habría diseñado las invitaciones -a su estilo: nada cursi, en buen papel, con un buen sobre y una cartita (mía) personalizada para cada uno-. Reme me habría sometido durante meses a una cura de belleza milagrosa -mesoterapia, chocolaterapia, drenaje linfático, depilación, limpieza de cutis, prueba de maquillaje-. Rafa me cortaría el pelo -tengo cuatro: no hay prueba de peinado que valga: no es posible-. Y el vestido lo diseñaría Pupe, que ya dio buena cuenta de su saber hacer en su propia boda, bajo la supervisión de PeepToe y Raquel, a quienes les dejo los complementos y los zapatos. Esto es una fantasía y en las fantasías todo es perfecto, así que resulta que sé caminar con tacones sin caerme y parezco hasta femenina. Que ya es mucho fantasear.

Así, invitaciones repartidas, cuerpo de infarto; cara, la que tengo; los cuatro pelos colocados y ropa maravillosa, nos plantaríamos en el mejor lugar de la Tierra, los cortados de Aguadú cuando atardece -un atardecer eterno, porque la ceremonia será larga pero no se hará pesada-, con Jandro preparado y en el centro y los amigos.

Miguel conduce el coche. Pablo hace las fotos. Chiquitín graba cada minuto. Más que una boda, parece que exploto a los amigos. En fin.

Las fantasías son perfectas y a ellos no les importa y mi hermano Nacho canta sin que sea preciso emborracharle primero. The Man I Love. Porque me caso con un hombre al que amo, me casa otro hombre al que amo y un tercero, al que no amo menos, abrirá la ceremonia para leer. Un discurso de los suyos, de ésos que tarda cuatro meses en componer pero que luego redondea como nadie.

Después, no sé. No sé qué diría Jandro, pero sí que habría lecturas. De textos propios -Nerea, Maricarmen, Pupe, Sonia-; el Soneto VII de los Sonetos del Portugués, de Elizabeth Barrett Browning; el Toco tu boca, de Julio Cortázar; el Amor a primera vista, de Wislawa Szymborska; el Una mujer y un hombre, de José Manuel Díez (este último no está en la red: repartidlos como queráis, amigos míos) y unos versos de mi hermano Antonio, que leería él porque son suyos. No sé cómo enlazar tantas palabras juntas, pero las fantasías también pasan de puntillas por lo difícil y habría una canción que podría ser una promesa -Eternally- si no fuera porque no me fío de las promesas eternas que hago. No estoy muy segura de querer que haya anillos, pero debería cantarse justo en el momento ése en que a dos les definen como marido y mujer y ninguna otra cosa más.

Habría otra canción, de despedida. Over the rainbow. Comeríamos el menú más perfecto que pudiera elegir cada uno y correrían el vino y el hachís y el baile se abriría con una canción nuestra, de los dos, porque toda pareja tiene una canción que le trae al otro a la memoria. Si no existiera, cosa harto improbable, en el Plan B se contempla el My Way de Sinatra. Y me rodean el resto de las parejas de mi vida y hay lo de siempre: mucho beso, mucho abrazo, muchas canciones -los Beatles, Ray Charles, Sinatra, James Brown, Jackie Wilson, algún tango-, muchas risas, todo el amor del mundo...

... y un cansancio que te hace dormir mil horas seguidas.

La noche de bodas la dejamos para otro día, que yo hoy estoy muerta.

A petición de Tupp.

Imagen de Santidd. Imagen de Trainspotting. Imagen de Carlos Porto.


10 comentaron:

Juan Carlos dijo...

Ni siquiera he llegado al final de la entrada, pero quería hacer un comentario.

En la boda perfecta tú no pagas todo, sino que tú invitas a quien quieras y todos están tan contentos que hacen lo que haga falta por ir, incluso si hay que pagar un mísero billete de avión.

Sé de que hablo porque me casé en Berlín...

Un saludo

Luc, Tupp and Cool dijo...

¡Esa si qué sería una boda para no perderse! Habría que pensar en cómo ubicarnos a los blogueros que venimos por aquí. Sugiero también algún hotelito discreto, para alojar a un grupo de amigos cantantes, que se desplazarían ex-profeso para hacerle los coros a Nacho, y de paso cantar para vosotros alguna cosilla...

Me alegro que lo hayas escrito :)

Los viajes que no hice dijo...

En la boda perfecta pago yo, Juan Carlos, porque tengo amigos que tienen un niño y cobran 500 euros al mes y otros que tienen tres niños y pasan en poco de los 1000. Te aseguro que no podrían pagar un billete de avión, un traje y una noche de hotel para tres o cinco personas. Y uno de ellos es quien me tendría que casar.
No tengo amigos ricos. Es lo que tiene este mercado laboral. Yo hubiera podido estar muy contenta con tu boda en Berlín, pero no hubiera podido pagar un traje de boda, bolso, zapatos (no tengo nada de eso), un hotel, un billete de avión y el desplazamiento hasta el aeropuerto.

Tupp, es una fantasía, así que el hotelito discreto para ti y los cantores enterito...

Juan Carlos dijo...

Mi comentario no pretendía molestar, sobre todo porque yo tampoco soy rico y en los casos que comentas entiendo perfectamente tu postura. Pero y aquéllos que sí se lo podían permitir y no hicieron el esfuerzo?

Un saludo

Alfredo dijo...

Me ha encantado, genial!!!! Oye, yo soy tu amigo y soy un poco rico...

Los viajes que no hice dijo...

Juan Carlos entonces es que no querían estar contigo ese día. Digo. No me has molestado: sólo te explicaba ciertas circunstancias: por eso decía que esto era una fantasía y que todo era perfecto.

Alfredo, entonces tú te lo pagarías todo. Y me harías un regalo alucinante y yo te abrazaría y te besaría y... (Y hablaríamos de guarradas: qué ganas tengo de verte, Dios).

Maghenta Comunicación dijo...

Me ha encantado venir de invitada a esta boda...Estoy por intentar pillar el ramo de la novia y tener otra igual¡¡

B x C

* Que sea a petición de Tupp, me hace sonreir. Una petición que derrocha creatividad.

Los viajes que no hice dijo...

Cuéntame la tuya, Maghenta. A lo mejor hacemos una maravillosa compilación de bodas ficticias que serán mucho mejor que las reales.

Adela dijo...

Una boda preciosa. Ojalá todas fueran así, en sueños al menos. Hay quien ni siquiera aspira a eso en su propia ficción.

He asistido a unas cuantas bodas en los últimos años, y sólo me han emocionado dos.

No sé por qué, pero estoy convencida de que, si tú llegas a casarte, conseguirás hacer vibrar a los invitados. Quizás haya aspectos que has escrito que no puedan cumplirse, quizás los más materiales... Pero la esencia, los sentimientos, las canciones, los poemas, los amigos... Son los que hacen el momento!

Prefiero un gazpacho a un bogavante si puedo ver chispas...

Por cierto, "My Way", quizás en versión flamenquita... (Para mí)Indispensable.

"Amor a primera vista", debo decirte que lo acabo de descubrir gracias a tí... Y que estará presente en mi boda -si llega a haberla-. No sabes cómo define mi reciente historia...

"Una mujer y un hombre", ojalá pueda recitarla in situ el propio autor.

Quizás algún día escriba sobre mi boda (perfecta e imaginaria)... Aún no me he parado a pensar en los detalles. Sólo sé que quiero que sea DIFERENTE. En muchos sentidos...

De momento, sólo sé con qué canción quiero aparecer en el restaurante-playa-campo... Donde sea que celebre el "banquete"...

La Húngara y Melendi.

Si no puedo sentir esa canción, no me casaré nunca. Aunque puede ser que la sienta... Y no me case.

Los viajes que no hice dijo...

Pues mira, es movidita, la de la Húngara y Melendi. Y si significa cosas para ambos, mejor esa canción que cualquier otra. Será divertida, tu boda.
O tu no boda.