viernes, 9 de mayo de 2008

Una historia cualquiera


Lo aprendí en mi primer trabajo: la calidad no importa. Importa que el producto salga a la calle. No cómo. Nadie me ha demostrado después lo contrario.

A ella tampoco.

Tiene 50 años, lleva treinta trabajando, es una de las mejores profesionales que conozco y hace nada le ofrecieron un contrato humillante y le dijeron que la dignidad se la tenía que guardar. No firmó.

El mercado laboral, el capitalismo y el patriarcado la llevaron derecha al psicólogo.

Lo lleva como puede.

Yo tengo veinte años menos y voy repitiendo la misma historia.

Al menos podemos mirarnos al espejo sin sentir asco.

Pero eso no consuela.


Imagen de >>Driver<<.

3 comentaron:

paupablo dijo...

Que ella no haya firmado demuestre que todavía la calidad, creo, importa.

Arwen dijo...

Buscaba palabras de consuelo, pero es que, en realidad, de lo que me entran ganas es de prenderle fuego a tantas empresas... O debería decir a los organismos que deberían velar porque eso no pasara... En fin, que ánimo, que un abrazo, y que suerte, que, por desgracia parece la única solución al mundo laboral, tener suerte y no valía.

Los viajes que no hice dijo...

Paupablo, le importa a ella: no sé si la calidad o mirarse al espejo todas las mañanas. A quienes tendrían que contratarla, no. O le importa, también, no vender su trabajo por cuatro duros, que sería como venderse, en fin.

Arwen, estoy de acuerdo en esto. En la suerte. Claro que unos nacen con estrella y otros nacemos estrellados, qué se le va a hacer...