Volví a bailar contigo y cambié un bolígrafo por un mechero. Siempre me traigo algo. El picor en la piel, las risas, los recuerdos y el fuego que uso para encender los cigarros con los que escribo.
Volví a bailar contigo y esto es una isla. Pero en la isla no existe nada más.
Después de la isla, sí.
Dentro, nunca. A no ser los abrazos urgentes, la necesidad de que te escondas en mí (sí, lo sé: es lo más bonito que te han dicho nunca), de ser un refugio o una balsa...
Dentro, me redescubrí. Redescubrí la apertura, la confianza, la entrega.
Vuelvo a repetirlo, porque lo constato. Es genial bailar contigo.
Una entrevista que me hicieron
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Sigo dedicando algún tiempo al activismo en favor de los Derechos Humanos.
Con mayor o menos intensidad desde principios de los años 90 del pasado
siglo...
Hace 5 días



2 comentaron:
Sin palabras. Tan sólo: yo también quiero volver a bailar con mi propio 'contigo'.
Bailar y amar dos verbos muy sinónimos
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