Nombrar algo es poseerlo. Yo no te puedo nombrar. No te voy a poder nombrar nunca. Si viera una esquela, no sabría que eres tú. No podré asociarte a una palabra. No iré a ningún entierro, no me meteré en tu cama, no escucharé tu voz, ni te miraré los ojos, ni te contagiaré la risa, ni te daré un abrazo, ni caminaré contigo por Madrid. Me voy a quedar sin saber en qué trabajas, cómo te vistes, qué comida te gusta, qué música escuchas cuando tienes frío, quién es tu mejor amigo, cómo juegas con tus sobrinos (no sé si tienes sobrinos), la manera en que caminas, si sonríes socarronamente o qué cara pones cuando te asombro.
Ya me ocurrió una vez.
Duele menos.
Por supuesto que duele menos.
Pero duele.
No sólo duele. Ojalá sólo doliera.
El resto me lo ahorro.
Total, a nadie le importa.
Imagen de Diana Bas.
Matonismo
-
En las escuelas siempre había un matón, alguien que se creía con el poder
de amedrentar a quien le diera la gana y que contaba con el apoyo y el
aplauso ...
Hace 17 horas



0 comentaron:
Publicar un comentario