miércoles, 8 de abril de 2009

Tierra


-¿Te apuntas? ¿Te vienes?
-Por supuesto que sí, claro que voy, donde tú me digas.

Los viajes comienzan siempre mucho antes. El mío tiene fecha y hora: un 9 de marzo a las diez menos diez de la noche. Un correo electrónico, unos días que pasaron muy lentos hasta la confirmación definitiva y dos guías de Canadá que casi no me atrevía a abrir encima de mi mesa.

Hay pocos ingleses preparados para descubrir esta tierra, que avanza lentamente pero sin pausa, que consigue que las diferencias entre sus gentes queden atrás y sean pronto olvidadas, que alienta al espíritu emprendedor personal y colectivo a formar un Estado robusto y vital, sin una pizca de debilidad ni enfermedad, con el vigor y la salud latiendo en su firme pulso; esta tierra rebosa de ilusiones y esperanza.


Eso lo escribió Charles Dickens y quien me conoce, a poco que me haya leído, sabe que estoy enamorada hasta los tuétanos de ese escritor de folletines que consigue que sea la propia espina dorsal la que hable y al que cito en conversaciones de café como si fuera un viejo amigo. Esta tierra rebosa de ilusiones y esperanza. Como los viajeros. Como los exploradores.

Javier Reverte, que prepara un libro sobre Alaska y Canadá que no se editará antes de que yo pise su suelo por vez primera, dice que un viajero es aquél que sabe cuándo parte, pero no cuándo regresará. A los demás nos define la ruta el tiempo que disponemos de vacaciones. Yo ya no distingo entre viajeros y turistas: creo que, al final, lo más que hacemos, unos y otros, es desplazarnos por este territorio tan grande y tan exiguo que es el mundo, intentando apresar lo que podemos con todo el bagaje, mucho o poco, que arrastramos desde el punto de partida.

Esta vez yo estoy curada. No hago un viaje para huir de mi rutina. No tengo el corazón hecho pedazos. No hay ninguna ciudad, ningún lastre, que vaya a llevarme conmigo a otro país. Ningún viejo amor, ningún conflicto, ningún desequilibrio, ninguna desazón. No hay tormentas, no hay frío, no hay naufragios. Sólo ilusiones y esperanza.

Voy a ser tierra.

Imagen de Polilla.

7 comentaron:

Maritoñi dijo...

Me alegro mucho que haya una verdader motivación, no una huida.

Muchos besos con azúcar glasé y mucha suerte.

TITA dijo...

Para viajar no hacen falta razones, solo ganas de ver, conocer, compartir o simplemente el gusto de cambiar de aíres.
Saludos, buen viaje y buen regreso.

Cable Hogue dijo...

Eso de citar a Dickens como si fuera un viejo amigo me ha ganado, me encanta.

belita dijo...

Me ha encantado eso de viajar sin lastres, disfruta de ello.

Besos

iliamehoy dijo...

Coincidencias en el tiempo, hacen que se encienda una chispa de complicidad. Sin fecha aún, pero con distinto destino, iniciaré un nuevo "viaje", en el que si llevaré adheridas penas, alegrías, huidas, dolores y melancolías...no para soltar, si no para poder entender, guardar, y así avanzar sin olvidar.
Espero....
Una sonrisa con guiño de complicidad

Luc, Tupp and Cool dijo...

Dickens también es íntimo mío. Me encantan "Los papeles póstumos del Club Pickwick". Hubo domingos en que nos volvíamos a la cama después de desayunar, para leer en alto las peripecias de esos viajeros impenitentes. Reíamos a carcajada limpia.

Y en cuanto a la preparación del viaje, estupendo. Disfrutala a tope. Un buen viaje siempre comienza antes de la salida, y termina después del regreso. A veces, no termina nunca.

Y ese equipaje que llevas, el mejor para ir a cualquier sitio.
:)

Los viajes que no hice dijo...

Maritoñi, creo que la mía es la mejor motivación para viajar...

Tita, la verdad es que es cierto: sólo ganas, ganas, ganas...

Cable, no sólo lo hago con Dickens: lo hago con más gente. Pero Dickens gana. Qué lindo eres.

Belita, muchísimas gracias. No habrá lastres que soltar.

Iliamehoy, bienvenida. A veces esos viajes también vienen bien. Yo recuerdo uno que hice a Segovia, Ávila y Toledo: las dos que íbamos teníamos lastres, muchos lastres... Y nos vino de lujo.

Tupp, tengo pendiente "Los papeles póstumos del Club Pickwick" en mi casa. Creo que lo leeré antes de irme a Canadá. Lo disfrutaré. Ya verás: luego lo contaremos todo...