martes, 28 de septiembre de 2010

Ellis Island




They asked us questions. How much is two and one? How much is two and two? But the next young girl also from our city, went and they asked her How do you wash stairs, from the top or from the bottom? She says, I don't go to America to wash stairs.


Pauline Notkoff, judía y polaca, 1917.

No comienzo mi viaje por Nueva York, por el Nueva York de Manhattan, sino por la antigua puerta de entrada de todos los que buscaban una vida mejor. Los mohicanos la llamaban Isla Gull, Isla Gaviota, que en su lengua se decía kioshk. Por los pájaros.



En Ellis Island hay maletas, vestidos, un piano viejo y muchos testimonios y fotografías. Ahora te toman las huellas dactilares y te hacen una foto. Antes preguntaban el nombre -algunos serían un trabalenguas ininteligible para los americanos- y te retenían cinco horas para hacerte toda clase de pruebas médicas. Por aquí pasaron, según cuentan, la anarquista Emma Goldman, el gángster Lucky Luciano o la futura estrella de cine que luego se llamó Rodolfo Valentino. También deportaban a gente. También los rechazaban: tres mil de ellos se suicidaron allí mismo. Cerca del 40 por ciento de los estadounidenses, nos cuentan, puede encontrar a cualquier antepasado emigrante en los registros de Ellis Island.



En el barco que me lleva allí, que sale desde Jersey City, también hay gente de todas las nacionalidades. Cuando pretendo bajar, noto que alguien (alguien pequeñito), me coge de la mano. Es un niño oriental (¿chino? ¿japonés? ¿coreano?) que, cuando descubre que soy una desconocida, se asusta muchísimo y se esconde tras su padre:

-I am good!-le digo. Al cabo de cinco minutos de carcajadas a coro (su padre, su abuela y yo) me mira y me sonríe. Luego vuelve a esconderse. Por si acaso.



Es asombroso, pero no me siento sola. A pesar de que a mi alrededor todo el mundo va en grupo. En pareja, al menos, pero también hay familias enteras, con sus carritos de bebé, bajo este sol de justicia. Todos haciendo fotos.



Qué distinta es la entrada a Ellis Island de la que hicieron Pauline Notkoff y los suyos. Qué miedo tuvieron que pasar, pienso, viendo todo aquello. Intentando responder en un idioma que no era el suyo, sometiéndose a exámenes médicos (dibuje un diamante, dígame qué letras son éstas, qué correspondencia hay entre estos dibujos) y con la esperanza de salir adelante: tener trabajo, poder comer. Por dos dólares al día: mineros, granjeros, carpinteros, sastres. Entre 1892 y 1954 entraron en Estados Unidos casi doce millones de personas. Algunos años antes, en 1886, Francia le regaló a América una estatua de 151 pies que todo el mundo conoce.

30 de agosto.

Las fotos son: 


-El Liberty State Park de Jersey City, desde donde se coge el ferry a Ellis Island.
-La Central Railroad Station, donde se compran los billetes.
-La sala principal de Ellis Island.
-La sala de las maletas de Ellis Island.
-La Estatua de la Libertad.


Son mías todas.

6 comentaron:

Random Harvest dijo...

Yo no entré, esperé en el ferry. Estaba muy cansada y me daba muy mal rollo todo lo del control de inmigración. Me recordaba más a la entrada a un campo de concentración que al "país de las oportunidades".

Los viajes que no hice dijo...

La verdad es que impacta, pero a mí me producía curiosidad. Y el edificio es precioso. La parte que más me gustó, sin embargo, es una de la que no hablo: los pianos rotos, las cosas viejas que se encontraron cuando comenzaron a restaurarla...

migrante dijo...

No la conocia pero no me extraña su historia. Los sitios de "cuarentena" fueron atroces, y conocer sus historias conmueve.
Muy buenas fotos y gracias por compartir!.
Besos.

Los viajes que no hice dijo...

Sí. No estamos exentos de ellos ahora tampoco... :(

Muchas gracias, guapa.

Álvaro González dijo...

Yo no visité Ellis Island, pero me ha gustado mucho tu relato. Sobre todo me quedo con la tercera foto.

Los viajes que no hice dijo...

Para otra vez, porque a Nueva York dicen que siempre se vuelve. Me gusta que te guste mi foto.

(A mucha gente le gustó la primera: la verdad es que tengo tantas que no sé cuál elegir... Bueno, hay muchísimas que descarto directamente porque da vergüenza verlas...)