domingo, 23 de noviembre de 2008

El amor, el dolor, el frío















Hemos hablado sobre el amor. Sobre la imposibilidad de olvidar a quien no se ha ido. Sobre la firmeza de quienes se marchan cuando se lo pides. Sobre la incapacidad de conjugar la realidad y el deseo y la debilidad que nos hace seguir intentándolo las noches de zozobra. Hemos hablado, también, sobre los cuerpos. Sobre quienes son vírgenes aunque hayan dormido quince años con una persona de la que se enamoraron ciertamente. Sobre lo anormal y lo normal de ciertas prácticas para esa mayoría en la que no estamos. Sobre el dolor y el frío que hacen que te ahogues cuando recuerdas. Sobre la incpacidad de comprender perfectamente a alguien sin tener en cuenta la incoherencia en los afectos y en las ganas; sobre el desconocimiento y todos los porqués del mundo. Hemos analizado cada resquicio sólo para volver a quedarnos sin palabras.


Jamás podré meterme en la cabeza de nadie a pesar de toda mi empatía. Jamás sabré qué sentiste y qué pensabas: sólo alcanzo a disculpar lo que yo fui, todas las maneras de ser de las que me arrepiento. Siempre hay otra manera: lo que ocurre es que yo la desconozco. Eso tampoco me salva. Lo que sí sé es la pena que me dan ciertos futuros que puedo imaginar pero que no conoceré nunca. Y ni siquiera te di las gracias por marcharte porque la realidad, ahora, es que nunca quise que te fueras.


Imagen de funadium.

12 comentaron:

Random Harvest dijo...

Quizá esa petición de que se fuera no era más que instinto de protección. Yo siempre parto de la base de que lo que se hace por instinto bien hecho está, aunque el corazón le lleve la contraria.

Si pediste a alguien que se fuera sí que querías hacerlo, al menos en ese momento. Luego puede venir el arrepentimiento pero para mí, al menos, si se hizo algo era porque lo gritaban las entrañas. Tarde o temprano tendrías la misma sensación.

Hago este comentario de manera genérica, no tengo ni idea de qué hablas, pero espero que sirva para algo.

Arwen dijo...

¡Qué triste me ha resultado! No tengo tan claro como Random que pidieras que se fueran. Pero si es ahora cuando te das cuenta de que no querías que se fuera, si tardaste quizás al final no debería pesarte tanto, ¿no? No sé. Sólo un gran gran abrazo.

Ricardo Colomer dijo...

¿debemos pedir disculpas por lo que fuimos?


Un besazo

Palmiralis dijo...

Veo doble... eso sí, ¡la foto es espectacular!

glauka dijo...

Mire usté, iba yo a decirte lo que a bote pronto se me ocurrió: que esos descubrimientos a posteriori nos dejan desmadejados porque es contra nosotros mismos (y sé de qué hablas, por desgracia) pero ... mientras lo escribía, más elaborado y explicado of course ;) me di cuenta de que no, de que si entonces querías que se fuera no estabas equivocada para nada, entonces sí querías que se fuera, es el maldito tiempo que todo lo maquilla y distorsiona lo que te hace creer hoy que no querías que se fuera.
No hagas caso que lo de ahora son visiones: si pediste que se fuera era porque eso querías ... entonces y sólo entonces. Hoy, con ma´s información en la mano, que no se sabe si verz o no dada la desfiguración que es capaz de operar el transcurso del tiempo en todos nosotros, te gustaría que no se hubiera ido. Pero me da que de no haberse ido entonces hoy las cosas las verías de otra manera muy distinta a la que las estás viendo.

Besos guapetona!

Suntzu dijo...

Cada uno es lo que es. No pidas disculpas ni te arrepientas. Y probablemente habrá algún futuro distinto y maravilloso esperándote. Uno que no hayas imaginado ni soñado siquiera.O no. Eso es lo bueno del viaje, el no saber.

siouxie dijo...

Y si nó, pues siempre se puede rectificar..
Es de sabios, ¿o no?

Ulyanov dijo...

Es muy difícil llegar al mundo que son los otros. A veces casi imposible. Por eso es tan duro tener que abandonarlo y salir. Un beso

Los viajes que no hice dijo...

Random: te aseguro que tú, casi mejor que nadie, sabes de quién te hablo...

Arwen: la verdad es que sí: es una historia muy triste. El abrazo me lo das cuando te vea, que ya falta poco.

Ricardo: por lo que fuimos o por cómo fuimos...

Palmiralis, no andas tan desencaminada viendo doble...

Glauka, niña, eres sabia. Me encanta que me hagas ver las cosas de otra manera: de LA manera.

Suntzu, habrá un futuro genial. Lo está habiendo. Los futuros, los presentes, siempre son geniales. O no. Pero también es hermoso.

Siouxie, cuando la opción de rectificar la marca otra persona, a veces se vuelve complicado. O poco sabio.

Ulyanov: ese mundo fue mío. Sali de él. No volveré a entrar. Lo que ocurre es que, qué se le va a hacer, una es lenta. Rematadamente lenta.

Random Harvest dijo...

Entonces acerté en mi primera corazonada. Luego las etiquetas me despistaron y al releer el texto lo vi como demasiado profundo, como si hablaras de un ser físico amigo a quien has abrazado, besado, con quien has compartido la vida.

Y reconozco que también pensé en qué demonios tendrías tú en la cabeza para pedirles a dos personas diferentes que se fueran en tan poco tiempo. Ahora veo que lo primero que pasó por mi mente era lo correcto.

De todas maneras, y ahora que sé de lo que hablo, resígnate. Tal vez ahora lo veas como que no querías, pero porque has dejado de vivir una situación insostenible. Si volvieras a vivirla, a vivir jugando a su juego, volverías a la misma conclusión y se te hincharían los cojones (es horario nocturno) como lo hicieron antes. Eso es cíclico. Volverías a pedirle lo mismo, aunque de vez en cuando te ataque la nostalgia y ésta se pelee con un "vete a tomar por culo" que le dices después a la pared de enfrente como si fuera esa persona porque la nostalgia crea eso, un cabreo interno de proporciones épicas. Más cuando tú eres "la culpable" de esa nostalgia; eso es algo que, amiga mía, la mente humana no puede vencer así como así: la hipótesis de que habría pasado si... "no le hubiera pedido que se marchara".

Los viajes que no hice dijo...

Random, qué bien me comprendes, sija...

Random Harvest dijo...

Me alegro, carajo, me alegro...

No es que te comprenda, es que he vivido algo parecido y, para bien o para mal, soy tan fría para las sensaciones humanas que tiendo a racionalizarlas y a hacer enciclopedias de sentimientos.