martes, 22 de abril de 2008

Repeticiones

Las historias siempre se repiten y siempre de la misma manera. Una bicefalia, celos profesionales, la cuerda que se rompe por el lado más débil, la falta de ganas, la necesidad de luchar, el cansancio. El infinito cansancio. Las borracheras, los porros, la indignación, los amigos.

Varios años antes de que la palabra mobbing apareciera por primera vez en un periódico, a mí me despojaron de todas las áreas que llevaba -bienestar social, menores, inmigración, economía, cultura, juventud, asociaciones, algún que otro partido político, Delegación del Gobierno, religiones, defensa-, para repartirlas entre los becarios. Hay acosos que no se pueden denunciar porque no se van a demostrar nunca: uno así; una discriminación por ser mujer si no se está embarazada o se tiene un hijo; una ley de Extranjería profundamente machista. Menudencias. El castellano, además, es una maravillosa fuente de eufemismos: reestructuración del trabajo, reasignación de tareas, regulación de empleo, paraíso fiscal. Por no hablar de los discursos asumidos: los violentos (1), los partidos democráticos (2).

Varios años antes de que la palabra mobbing apareciera por primera vez en un periódico y yo le pusiera nombre a lo que me ocurrió, estaba conmigo una mujer. La misma mujer de la que intenté aprender lo poco que sé del oficio y que siempre me dará mil vueltas, porque escribe mejor, porque es certera en los análisis y porque siempre adopta el mismo punto de vista coherente y único. Tú por mí y yo por ti. Lo que me resulta irónico es que estemos viviendo otra vez lo mismo. Con el mismo discurso -resistir, luchar, mantenerse, jugar las cartas-; con los mismos mecanismos para intentar minimizar la derrota -los bares, los amigos, hablar hablar hablar-; con las mismas preguntas -¿habrá la suficiente fortaleza psicológica? ¿merece la pena el desgaste? ¿a qué precio se paga una situación laboral así? ¿la pasión que se siente por el trabajo será bastante?-.

Han pasado ocho años. Ha pasado una semana. Y todo regresa. Y a mí se me vienen a la mente mil noches en Aguadú fumando porros y cantando a La Unión; cuatro carreteros -uno de ellos va a ser padre- con un coche y unas pipas, los abrazos, las terapias de té moruno y tarta y jeringos, la mudanza, el sentimiento de culpa -el acosado llega a creer que merece el acoso-, la convicción de que era algo que había que callar -miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo-, el renacimiento, la herida. Todo el lastre.

Al final la cuerda se rompe por el lado más débil. Y el derecho laboral, eso ya lo sabemos, no existe, porque se ha perdido la base que lo sustentaba y ahora el trabajador y el empresario están al mismo nivel: son iguales, se piensa. Aquí se pierde siempre. El trabajador siempre pierde.

Eso lo sé. No me hacen falta más pruebas.

Pero también sé otra cosa: que resistir, hasta que se pierde, es la mejor forma de ganar. Que resistir, hasta que se rompe la cuerda por el lado más débil, es la única manera que tenemos algunos de no acumular una derrota inmerecida. De poder vencer.

(1) Aquí se llama "violentos" a los jóvenes del denominado "entorno etarra". Que lo de la denominación de "violentos" se me escapa. No sé si tiene que ver el fin del acto y no el acto en sí, porque quemar un contenedor en una calle de San Sebastián no es lo mismo que quemarlo en Granada.

(2) Aquí se llama "partidos democráticos" a todos los partidos excepto a ANV. Que, hasta donde yo alcanzo, es un partido democrático que ocupa varias alcaldías del País Vasco gracias a los votos democráticos de unas elecciones democráticas. Se da la paradoja, también, de que ANV no es considerado un partido democrático, pero sí lo es otro cuyo presidente saliente elige a su presidente entrante a dedo y sin votaciones internas. Y yo ya no sé qué significa la palabra, a pesar del DRAE. Y no me os lancéis a la yugular, que estoy hablando de conflictos laborales y acosos, a ver si os vais a poner a responder a las notas al pie, que quieren decir exactamente lo que quieren decir.



11 comentaron:

princesadehojalata dijo...

Me temo que tienes razón en todo, pies de página incluidos.
Besos.

Luc, Tupp and Cool dijo...

Yo también creo que tienes razón en todo.

Como también tienes un problema, te digo tres cosas: Resiste, resiste, resiste.

Un abrazo.

Arwen dijo...

Antes que ambas pudiéramos darle nombre yo lo sufrí en el mismo periódico que luego tú lo sufriste. Es terrible, es asqueroso y es una puta mierda porque, como bien dices, el trabajador pierde.
Lo siento y lamento no ser de esos violentos que queman cosas para ir y quemar unas cuantas cosas...
Besos y abrazo fuerte fuerte fuerte. Y si quieres que nos veamos, aunque sea media hora, pasa de mi mail y dímelo.

Carlos Sánchez dijo...

No sé si me he perdido algo en estos días que no te he podido atender como me hubiera gustado...

¿Hay cosas nuevas de contar de por ahí?

Los viajes que no hice dijo...

Tengo mucho que contestar porque no tengo tiempo, pero no es a mí a quien se lo están haciendo pasar mal. Creía que quedaba perfectamente claro en el tercer párrafo.

Me voy a hacer una entrevista. Agur.

glauka dijo...

Hay otro "mobbing" peor que el oficial: el que ejerce el que ni tan siquiera es consciente de estar haciéndolo porque considera que es "normal".
Sí, hay algunos empresarios (suelen ser allegados del empresario sin EGB siquiera claro) que abren el corre de sus trabajadores, -aunque sean abogados obligados por el secreto profesional- porque es SU empresa y allí hacen lo que les da la gana; o que insultan a gritos a un trabajador cuando cree que se ha equivocado, y echan las manos a la cabeza cuando el trabajador le para los pies y le dice que así no le habla ni su padre, porque no se lo consiente, asique ya está cambiando el vocabulario; o que a pesar de que el convenio diga que en verano se trabajan 35 horas (durante 4 meses) en su casa se trabajan 40 porque a él le da la gana (2 semanas al año curra el trabajador de gratis pues); o le "premia" y exige reverencias comprándole una silla carísima (230 euros) porque el servicio de prevención dice que o se le pone otra silla o no vuelve a trabajar (la silla vieja tiene unos 20 años); exige a un trabajador que recuper los 20 millones de pesetas que ingresó indebidamente allá por el 90 (hace 18 años, sí) y cuya devolución se solici´to hace 6 añós por él pero, en otra delegación ministerial (es lo que tiene ser tan ignorante, que pedimos al ayuntamiento cuando hay que pedirle a Hacienda estatal, pro ejemplo), y grita grita grita amenazando con despido si le dice el trabajador que eso es imposible, que no la hubiera "cagado" pidiendo donde no era y fuera de plazo ... podría seguir, pero creo que te haces una idea de que es peor, mucho peor, cuando creen que eres UN ESCLAVO, aunque se haya abolido en su casa, no.

FLaC dijo...

Un abrazo y mucho ánimo, Olga.

KUKA dijo...

Mucho ánimo, muchas veces siempre hay un "capullo" que se podía quedar muertecito un rato y dejarnos a los demás. Mucho ánimo..

Ricardo Colomer dijo...

Siempre, siempre, muerde el perro al que lleva los pantalones rotos.

Un beso y ánimos

El Sagutxo solitario dijo...

Me ha encantado la segunda no ta (la primera también).

No sé cuál es el caso ni tenog intención de saberlo ni creo que nunca lo sepa, pero cualquier forma de humillación es deleznable. Es una de las cosas que más me ofenden y que no tolero cuando yo estoy delante: humillar a otra persona. No lo soporto. De la manera que sea.

Los viajes que no hice dijo...

Gracias por las palabras a todos. Espero que las lea... Y Glauka, tienes tú también razón en todo...