Madrid es, también, los cafés que no bebí, los porros que no me fumé, el vino y las copas que jamás se compartieron, el tabaco rubio, el tabaco negro, Madrid Rock, Malasaña. Sentir que tú no mereces que se rompan las reglas. Los lugares que pisaron otros con él, pero no tú. Este Madrid es también un no. Un no que nunca se asume, pero que siempre se podrá comentar con Nerea, hasta que ya no duela y ya no importe. Madrid es ella, sobre todo, y es su casa, y es su cama, y es su olor, aunque también sean otras personas a ratos, más reales que el recuerdo de lo que nunca sucedió y de lo que ya no ocurrirá jamás.
Bondades y maldades
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Desde finales del año pasado he venido leyendo con atención en estas mismas
páginas algunos textos sobre la bondad y la maldad de quienes habitan esta ...
Hace 1 semana



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