jueves, 6 de junio de 2013

El sector impenetrable

El periodismo cultural es muy raro. Siempre habrá personas, en la misma redacción, en cualquiera de las redacciones en las que puedas trabajar, que cuestionen cuál es tu concepto de eso tan amplio que se llama "cultura": por qué no incluyes gastronomía, moda o toros. Por qué quieres una entrevista con Manolo Escobar pero no con David Bisbal. Por qué Carlos Cano sí, siempre y por qué Pío Moa no, nunca. Por qué algo merece ser incluido y con otros algo ni te lo planteas. Por qué este poeta que ha publicado tres libros sí y aquél que lleva diez nunca aparece. Si las cosas son buenas solo porque a ti te parecen buenas.

Cuando entrevistas a alguien (y yo llevo unos cuantos pesos pesados, desde Antonio Gamoneda a Federico Luppi, desde Antonio Colinas a Achille Bonito Oliva, desde Gervasio Sánchez a José María Pou, Tomás Segovia, Blanca Portillo, Clara Janés, Román Gubern, Amparo Baró, Rafael Chirbes, Enrique García Asensio), siempre sabes que esa persona es mucho más lista que tú. Es más lista, es más inteligente, está acostumbrada a que le pregunten idioteces y siempre lo mismo y se enfrenta a las entrevistas porque la promoción es necesaria.


Nunca se nota. Gamoneda me miró un día y me dijo que le había hecho una pregunta muy inteligente; Luppi suspiró y dijo que mi primera cuestión era bastante compleja de contestar; Antonio Colinas salió de la entrevista y le preguntó a Luis Sáez, asombrado, de dónde habían sacado a esa niña. Ángel Campos Pámpano se asombró de que una becaria de 22 años supiera tanto de poesía y escribiera tan bien.

Esos son mis triunfos. Mis palmadas en la espalda. Las cosas que recuerdo cuando me enfrento a un tema o cuando me entra -porque me entra, porque yo soy insegura- el pánico terrible al "buenas noches" y a tener que empezar una charla con alguien con quien no he hablado nunca.

Alguno se asombra porque debe de estar acostumbrado a hablar con periodistas que no se han leído su libro. Nadie da por hecho que yo no haya leído nada en la vida. O que no sepa el significado de la palabra "expresionismo".

Salvo en un apartado.

El cómic.

El primer libro del que tengo conciencia es un volumen de El Hombre Enmascarado por el que supe qué era el ámbar gris. Me lo puso en las manos un señor de cincuenta y largos, supongo, que hizo las veces de abuelo y que murió. También me regaló a Flash. Luego, cada vez que nos poníamos enfermos, mi madre traía a casa a Spiderman, El Caballero Luna, Capa y Puñal, El Castigador, Batman, La Patrulla X, Los Vengadores, Ojo de Halcón, El Motorista Fantasma, El Capitán América, Spirou o Corto Maltés.

Esa gente es mi familia. Crecí amando a Wanda Maximoff y odiando a Cíclope. La primera vez que me di cuenta de que un tío era guapo fue viendo una viñeta de Spiderman, con un Peter Parker ya crecidito, vestido con un jersey azul de cuello vuelto, cuando Veneno no era Veneno siquiera. Recuerdo, como si fuera ayer, la primera vez que vi la cara del Doctor Muerte, de qué manera exacta se da cuenta Bernie Rosenthal de que Steve Rogers era el Capitán América y asistí con pavor infantil a la primera pelea de Ororo y Kitty Pride. Quise ir a Nueva Orleans y supe qué era un cajún gracias a Gambito, mucho antes de haber escuchado nada de jazz y, por supuesto, mucho antes de Treme y de Louis Armstrong. Crecí leyendo nombres como Chris Claremont, Stan Lee, John Buscema, Joe Kubert, Jack Kirby, Frank Miller, Alan Moore, Julián Clemente y Trajano Bermúdez.

Cuando estoy jodida, respiro y me repito como un mantra una frase de Lobezno.



El volumen más antiguo que se conserva en mi casa, de mi infancia, es El vástago de los 4 fantásticos, que se publicó en 1980.

Yo tenía cuatro años.

Según mis padres, llevaba un año y medio leyendo. Este mes hago 37. He leído cómics desde que puedo recordar y nunca he dejado de leerlos. Nunca. Jamás. Si no los compraba porque no los encontraba, los releía. Me sé Dios ama, el hombre mata de memoria.

Luego llegaron los demás. Llegó Seth y llegó Ware y llegó Satrapi y llegó, claro que llegó, el Watchmen y el From Hell, y Enrique Corominas y Carlos Giménez -a los que también he entrevistado- y Paco Roca y Fermín Solís y Harvey Pekar y Pablo de Santis y Juan Sáenz Valiente. Y no llegó Will Eisner porque también crecí con Spirit. Y con Blueberry. Y con Astérix y La pequeña Lulú.



Nunca lo vi raro. Ni cuando mis amigas se asombraban porque yo leía cómics de superhéroes y jugaba a indios y vaqueros. Ni cuando seguía coleccionando en la Facultad. Ni cuando, ahora, me recorro las tiendas de cómics con Nerea, en cuya casa están Píldoras azules o El Vecino, amén de muchos otros. La primera persona que me habló de Persépolis fue Begoña.

Todos mis amigos lectores leen cómics, novelas gráficas, tebeos o como lo queráis llamar. Los no lectores no leen.

Para mí es tan natural como abrir un libro de Pessoa. Me enamoro de Athos lo mismo que me enamoré de Danielle Moonstar.



Pero siempre que entrevisto a un comiquero da por hecho, siempre, que yo no he leído cómics en la puta vida.

No sé por qué es. No sé si es porque tengo 37, porque me río en las entrevistas y me lo paso muy bien, porque soy mujer, por mi voz. No tengo ni la más remota idea.

Pero ocurre. Desde el editor que te dice: "Pero los que leemos cómics tenemos otro punto de vista diferente a los que no leéis" hasta el que te responde a una pregunta con un "es que si no estás acostumbrada a leer novela gráfica, a lo mejor los tebeos te cuestan". O el que se asombra porque he nombrado a, yo qué sé, Vindicador.

La primera vez me sentí tan ofendida que pusieron mis balbuceos en un resumen de gazapos de la radio.

Luego te acostumbras.

Te acostumbras, pero te jode igual.

Y también piensas, que es mucho peor: y yo para qué coño hago esto. Para qué llamo a tres tíos distintos cuando se muere Moebius para una noticia de un informativo de mediodía en una cadena regional y generalista en la que podría hablar de Bisbal, es un poner. Porque yo trabajo en Extremadura, con unas características socioeconómicas que no hace falta explicar. Trabajo en una comunidad en la que, si pongo "semiólogo" en un titular, me lo corrigen y escriben "autor".

Y, trabajando aquí, para un público de aquí, elijo hablar del Graf, que se celebra en Barcelona, a.k.a. donde Cristo perdió el mechero. Y cierro un informativo con la muerte de Josep Maria Berenguer y siempre, siempre, hablo de los Eisner y de los Harvey, lo mismo que hablo de los Oscars y reseño el Salón del Cómic de Barcelona. Cosa, por cierto, bastante complicada, porque en los medios generalistas, de los que me nutro, nunca se habla de autores y sí de exposiciones y tonterías, así que termino completamente cabreada y pensando que la imagen que va a tener la sociedad, si yo no lo remedio, es que un Salón del Cómic es un carnaval lleno de niñas pintadas como japonesas y vestidas con minifaldas.

Imagen de La Vanguardia.

Hago todas esas cosas en mi trabajo, hablo de tebeos quinientas veces más de lo que hablo de danza o de fotografía, pero, cuando hablo con alguien que edita cómics, hace cómics o guioniza cómics, da por sentado que yo no tengo ni puta idea.

Bueno, sí: no sé quién entintó Días del futuro pasado. Ni sé en qué año se publicó el primer Tintín. Ni me importa una mierda.

Nunca me ha hecho falta decir que sé cómo se escribe e. e. cummings o que sé quién es Auden y que he leído a San Juan de la Cruz 538 veces cuando hablo de poesía con un premio Hiperión. Tampoco me ha hecho falta decir que leo ensayos, columnas periodísticas, artículos, relatos cortos, tratados filosóficos de Heidegger sobre arte o fanzines. Nadie da por hecho que yo estoy fuera. Salvo en el cómic.

Eso me dijo una vez uno: "Los que estáis fuera".




Pero luego, en los blogs de cómics, lees que hay que conseguir nuevos lectores, casi como un imperativo legal. Porque al cómic le pasa lo que le pasa a la poesía ("es que escriben raro") o a la música clásica ("es que tienes que saber  solfeo para escuchar a Rimsky-Korsakov"). Con el añadido de que, en un magazine, te tienes que poner a explicar que los tebeos no son para niños, lo mismo que explicas por qué Tom Sawyer es, y no es, una lectura de infancia únicamente. Qué se le va a hacer: hay gente así.

Es bastante agotador. A mí me ha resultado, con los años, tan agotador, tan cansino, que la mitad de las veces dejo el cómic y su mundillo para los cierres de los informativos y, en el programa, me dedico a entrevistar a los que ya saben que yo no me encontré una viñeta ayer. Y entonces agradezco íntimamente -y en público- que la vida me haya puesto en el camino a un Enrique Flores, a un Fermín Solís, a un Gol, a un Pedro Camello, a un Borja González Hoyos o a un Fran Aguilera.



E intento analizar. Por qué la gente del mundillo se pone tan contenta cuando el Salón del Cómic es portada de la sección de cultura de un periódico generalista, aunque solo hablen de exposiciones y de robotitos, pero luego es tan impenetrable. El 90 por ciento de las veces pienso que la gente quiere algo así como un mundo del cómic de gran tirada en el que se venda mucho para que la industria esté sana y lozana pero en el que, por supuesto, haya un reducto de gente que es, desde luego, la que verdaderamente sabe de cómics. Como si esto fuera un universo paralelo al arte y la literatura conocidos, con unos códigos ininteligibles a los que alguien se puede acercar, que alguien puede rozar, pero no penetrar. Porque, por lo visto, hay que saber física cuántica para leer un dibujo y unas palabritas en un bocadillo cuando a mí nadie me explicó nunca que una nube significaba que el personaje estaba pensando.

Es cierto que ahora se habla de cómics en los medios generales. Muy a menudo, eso sí, en secciones distintas al resto de la información cultural, cosa que rechazo por muchas razones que no me voy a poner a explicar aquí porque creo que he dejado claras muchas cosas antes. Pero al menos se habla. Mi problema, como periodista cultural, es que, la mayoría de las veces, cuando me quiero informar de algo para contarlo (e informar de algo que sucede a miles de kilómetros) tengo que tirar de blogs especializados, que, salvo alguna excepción, están dirigidos precisamente a la gente del mundillo. Que aquí pasa como con los poetas: todo dios se conoce. Mucho dato. Poco feeling. Y, aunque sé que alguien me matará por decir esto, mucho intentar demostrar que uno, por favor, tiene un bagaje y, sí, conoce quién tradujo el decimoctavo cómic de Batman que se publicó en España y por qué este crossover no funcionó.





Pero tú, que estuviste todo el día morriñosa cuando se murió Joe Kubert lo mismo que estuviste morriñosa cuando se murió Delibes (con la salvedad de que, de Delibes, sí te atreviste a escribir y Dios te salvara de escribir algo sobre Kubert, a pesar de que lo conozcas mejor), lo sigues intentando porque... bueno. Cuando llegan los Reyes y tu hermano te regala Crónicas de Jerusalén y Malas ventas y tu madre llega toda emocionada porque ha visto Todo Umpah-Pah en la librería y te mandan correos para preguntarte qué cómic le comprarías a un tipo al que le gusta x o y, o qué te has leído últimamente y tú aprovechas para meter lo último que te entusiasmó de Astiberri o de La Cúpula, pues está todo igual de bien que cuando le recomiendas a un poeta que no lee novela que se pimple ahora mismo Como amigo, de Forrest Gander.

Porque esas son las cosas que tú haces aunque sepas que un programa de cultura no lo escucha ni Dios.

14 comentaron:

Manuel Barranco dijo...

Olga: eres Dios hecho mujer...¿no?

Los viajes que no hice dijo...

Y por qué dices eso?

Luis Palazuelos dijo...

Tiene que ser duro, la verdad... Pero, eh, lo sabes, y sabes que lo sabes. Apreciar esa cualidad tuya no es fácil, realmente, y menos aún en este pais: hay tanto reloj falso, que cuando se ve uno auténtico también se le da por malo. Gran artículo, me ha encantado.

Los viajes que no hice dijo...

Duro no es. Es ofensivo y cabrea. Mucho. Nadie tiene por qué saber que yo leo o no leo. Pero, si una periodista de cultura, estando tú en Barcelona o Madrid, te llama desde Extremadura, para hacerte una entrevista para un programa cultural, al menos deberías entender que quiere hablar del tema porque le interesa. Y no dar por hecho que no tiene ni idea. Eso es lo que me desespera.

Marta Alonso Berná dijo...

Bueno, lo mejor será que ignores este tipo de respuestas y sigas para delante, uno de las barreras que se encuentra el avance de la cultura son los prejuicios, la gente del cómic los tiene a cienes porque ellos o nosotros padecemos en nuestras carnes la mirada extraña del otro a diario, todo el rato, empezando por la familia y acabando por el panadero, así te vuelves suspicaz y te pones a la defensiva a la primera, automáticamente. Lamentablemente que seas periodista cultural no es suficiente garantía, pero en cuanto hables un poquito de lo que conoces, nada un par de referencias, el sujeto a entrevistar sabrá que eres de los suyos o nuestros y todo fluirá ... porque lo bueno de los cómics es que todo el mundo esta ahí por entusiasmo puro, porque le flipa lo que hace...

Los viajes que no hice dijo...

Es que yo no quiero que el entrevistado tenga que saber por huevos que yo he leído cómics para que me trate bien.

Quiero que el mundo del cómic se ponga las pilas. Si uno va pidiendo perdón por lo que lee (aunque lea a Moebius o Chris Ware), como si fuera un niño de teta que sigue pensando que le van a mirar raro porque los cómics son para críos, ¿qué te crees que va a pensar un oyente? ¿Cómo consigo yo nuevos lectores y modelar mentes, que al fin y al cabo, es mi trabajo? ¿Con semejante ayuda? El mundo del cómic se fagocita porque vais pidiendo perdón por leer cómics y escribir de cómics.

Yo no pido perdón por leer a San Juan de la Cruz.

Siempre me cabreo con mis compañeros periodistas cuando tratan a los oyentes como si fueran tontos. He hablado con filósofos sobre el lenguaje de Heidegger, con el creador de la transvanguardia; he hablado sobre Thoreau, sobre Silitoe, sobre net-art.

Nadie da por hecho que yo soy tonta.

Nunca.

Y, desde luego, nadie da por hecho que ser periodista cultural no es una garantía de que, al menos, una sabe deletrear Cervantes.

Menos en el cómic. En el mundo del cómic tiene que sonar tu nombre de los blogs. Tienes que ser "elegida" por el sanedrín.

No, gracias. No estoy en una secta. No tengo que gritar "¡Eh! ¡Trátame bien! ¡No soy imbécil! ¡Soy de los tuyos!"

¿Soy "de los tuyos"?

Pero esto qué es.

Marc Ambit dijo...

Pues yo te propongo que, a partir de ahora, cuándo algún entrevistado dude de tus facultades comiqueras te le pongas un poco en plan "anitapástor". No sé, mételes un poco de caña, no? Que se lo merecen por ser tan "prejuiciantes" y "elitisteros".

Me encanta tu post, enterito (tal como me gustó tu comentario del otro día en aquel post, que veo que fue la semilla).

Por cierto, un día tienes que dejarme entablar una conversación comiquera contigo. No conozco a nadie más que, sabiendo mucho de cómics, tenga un enfoque tan cercano, humilde y natural como el tuyo. Y el tema que te quiero plantear es un poco espinoso, así que creo que eres perfecta para ello.
Pronto :D

Por cierto... Manuel Barranco tiene razón.

Los viajes que no hice dijo...

Me estás intrigando!!!
Mándame un correo, o chateamos o lo que sea.
Pero no ahora, que estoy escuchando a Muñoz Molina.
Besote!

Paco Cerrejón dijo...

Pero que buen artículo!!!!!

Anónimo dijo...

Muy bueno. Felicidades... y muchas gracias.
Manolo Poy

Mayte Carapeto Ayuso dijo...

¡Me ha encantado Olga!

Los viajes que no hice dijo...

¡Muchas gracias!
¡Mayte, guapa! A ver si nos vemos antes de Reyes, por Dios.

Floro dijo...

Me he sentido identificado... con el panoli que da por hecha tu ignorancia sobre el noveno arte, porque no concibo la idea de una chica profesional, culta, y lectora de tebeos. Porque sigo entablillado con esa ideología de calcetines blancos y bollicaos con regalo.

Gracias por abrirme los ojos; si en el futuro me encontrara contigo o alguien como tú, procuraría no ser el memo que parezco. Avisado quedo.

Los viajes que no hice dijo...

Huy, yo leo la palabra "profesional" y siempre pienso que las mujeres "profesionales", la "profesional", básicamente, era una puta...

No entiendo eso, la verdad. Todas mis amigas lectoras leen tebeos :)

Bien es cierto que conozco a más gente que no lee. Qué se le va a hacer.