lunes, 8 de abril de 2013

Que el ojo vea: no que el ojo reconozca

Nunca veo muchas fotos de los lugares que voy a visitar. No me gusta llegar a los sitios con la sensación de que ya he estado allí, y, además, no tengo memoria "fílmica": habré visto mil y una películas de Nueva York y, hasta antes de ir, cuando me estuve preparando la guía, ni siquiera sabía cómo era el Empire State. De Florencia no he buscado más que los lugares desde los que fotografiar la ciudad desde las alturas. Como siempre, llevo dos guías en el bolso, más -en esta ocasión- un libro de arte y el libro electrónico cargado con 38 documentos que busqué por internet.

Siempre compro planos, pero, lo reconozco, no sé leer los mapas. Walter Benjamin decía que importa poco no saber orientarse en una ciudad, pero perderse por sus calles, como quien se pierde en un bosque, requiere aprendizaje. La mitad de las veces, yo acabo dando vueltas en círculo. Como si me perdiera en un bosque.

Al final, una busca los pequeños lugares que la van a hacer sonreír o emocionarse (como ocurrió en Nueva York cuando vi, sin esperarlo, la casa de Elizabeth Cady Staton). Cuando Dostoievski escribió El Idiota, miraba los muros del Palazzo Pitti y sabía -él, que finalmente no murió en Siberia-, de la muerte de su primera mujer, Maria Dimitrievna, de la muerte de su hermano Mijail.



Quiero averiguar, también, si sé mirar bien los frescos de la capilla Brancacci, donde Masolino permitió trabajar a su alumno, Masaccio, y el alumno pintaba de tal manera que no se distinguían sus estilos, hasta que logró desligarse de las ataduras de la imitación y voló y superó no solo a su maestro, sino también la época de su maestro.

Todo eso no lo he visto nunca. Sí el Duomo, el David, la Venus naciendo de Botticelli... los he visto y los he estudiado.

Lo demás no. Ni siquiera sé -no he querido mirar- cómo es la fachada de la Santa Croce. A mí me gusta que el ojo vea, no que el ojo reconozca. Cuando se quieren hacer fotos, eso es una renuncia: siempre te dicen que veas muchas, muchas fotos, de las ciudades para saberte los edificios de memoria y conocer las esquinas desde las que quieres disparar. Yo, como no tengo excesivas pretensiones (salvo, sí, hacer nocturnas y vespertinas, cosa que siempre me prometo que voy a hacer en todos los viajes y que al final, por una razón u otra -cansancio, lluvia- nunca hago) obvio el trámite de aprenderme la ciudad antes de verla por primera vez.

3 comentaron:

pelicedu dijo...

Con tu relato me han entrado ganas de viajar a Florencia, ya te pedriré que me diseñes la guía de viaje.

Alejandro R. García dijo...

Si te enfrentas a una fotografía sin haberla preparado ganaras en frescura y al menos en originalidad, ya que no estarás contaminada. Aunque al final harás la fotografía mas cómoda, como hacemos todos.

Los viajes que no hice dijo...

Encantada, Peli.

Ale, yo he hecho las fotos típicas tópicas. Pero he vuelto a recuperarle el gusto a esto...