jueves, 23 de diciembre de 2010

El último día



Espero a Robert en Legal Grounds. Hemos ido a Liberty State Park ("aquí empezó todo, ¿te acuerdas?"). A Nueva York hoy lo cubren la niebla y las nubes. Él mira el perfil de Manhattan:

-Despídete.

Luego me dejará sola, en el Legal, para que me despida de los niños. En casa abrazo a Boule, que no me hace ni caso porque está comiendo. Voy a buscar a D. No sé cómo despedirme, pero él me ayuda cuando me tiende los brazos. Mientras me abraza, me susurra:

-I'll miss you.

Y yo empiezo a llorar ya.

Lloraré más cuando me abrace X.

-¿Volveré a verte?
-No lo sé. Si usted viene, no vendrá antes de un año...

No lo sé, pienso. Quizá sí.

-Bueno. Si no estás aquí, iré donde estés.

La última imagen que veo de Nueva York es la primera que vi. El perfil de Manhattan como un lego y la Estatua de la Libertad.

-Hey, ahí está la niña.

Robert me sonríe.

Hoy he desandado todos los lugares. El Liberty State Park, el Legal Grounds, la casa de Robert, cerrar la puerta por última vez; please, don't let the door slam; abrazar a Boule y acariciarle a contrapelo.

Así comenzó y así acaba.

-No sé para qué te llevo al aeropuerto-dice Robert-: tu taxista debe de haber regresado ya de las Bahamas.

Ya sé por qué me gusta tanto verle conducir. Porque conduce igual que Pupe, cambiando de marcha de la misma forma. Casi no hablamos. A mí me da el aire en la cara y me alborota el pelo y le miro mucho. El rizo rebelde, las arrugas de alrededor de los ojos cuando sonríe, como ahora, la forma de agarrar el volante.

Se lo dije a Roy el miércoles: jamás imaginé que me resultaría tan duro despedirme de esta ciudad. En el bolso, la bolsa de la Strand, llevo un muffin de canela: hoy me han hecho un desayuno especial, un crepe de salchicha, con fruta. Antes de despedirme de Boule, Robert se ha largado a pasearlo sin decir nada. Y yo he sonreído, pensando en que tenía que adelantarme él en la salida, por última vez.

Ayer se lo pregunté:

-¿Te podré dar un abrazo cuando me vaya?
-Claro.

Y me abraza, flojito, la primera vez.

Qué quieres, pienso. Es americano.

Pero luego regresa. Y vuelve a abrazarme. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces.

-Espero que te lo hayas pasado bien.

Asiento porque no puedo hablar. Y vuelve a abrazarme. Y se va al coche porque llegará tarde al trabajo y yo le miro porque, cuando al fin he podido decirle "gracias", se me ha quebrado la voz.

Me hace reír. Para variar. Saca una botella de agua con la colilla que metí allí dos días antes, cuando fuimos a cenar con Marwan y nos dejó fumar en el coche:

-¿Qué es esto?

Y me río y lloro a la vez. Él se da cuenta:

-¡No te emociones!

Demasiado tarde.

2 comentaron:

Luis Carlos dijo...

Volverás.
Pero no será lo mismo, será mejor.

Abrazos

Los viajes que no hice dijo...

Será mejor, porque no iré a ver una ciudad. Iré a ver a gente. Y caminaré por esa ciudad como si fuera una vieja conocida, que lo es.

Abrazos. Que tengo ganas de dártelos en persona, niño.