viernes, 30 de septiembre de 2005

Incertidumbres

0 comentaron

Fechas. Días. Octubre y el otoño. Dos horas que pueden cambiar el curso. Una prueba que mide a quién conoces, con quién te acuestas, cuántos padrinos tienes. Seguridad. Inseguridad. Incertidumbre. Y en medio de todo eso, tú, sin ver las hojas; tú, sin cambiar el punto de vista; tú, sin tomar las riendas; tú, sin saber cómo hacerlo. Cómo escapar, cómo salir, qué decir, cómo actuar, cómo pensar.
¿Habrá algo mejor al final del camino?
Debí quedarme en Nunca Jamás...

viernes, 16 de septiembre de 2005

Domingos

0 comentaron

Son distintos, y peores, los domingos sin ti. Distintos y peores sin ron y sin gin tonics, sin preguntas íntimas de las que no te convence la respuesta, sin descubrimientos forzosos, sin charlas literarias. Se me hacen raros, los domingos, cuando llegan las once de la noche y me descubro sin esperarte en ningún bar, sin escribir para que el tiempo se me pase más rápido hasta que llegues, sin usar la palabra como excusa. Porque ya no me pillas en medio de una frase y porque ya no te abrazo una vez por semana, los domingos han vuelto a ser iguales a cualquier otro domingo de mi vida y un trámite hasta el lunes. Un lunes en el que no me despierto amodorrada ni con ojeras ni con resaca de tabaco ni con la bendita sensación de haber aprendido lo indecible la noche antes. Son peores y distintos porque no suena Serrat en tu coche hablando de amores imposibles, porque no te pregunto si me dejas hablar, porque no me mientes diciendo que hablas poco y porque no disfruto de tus oídos ni de tu lengua. No se marcan con rojo en el calendario, bien redondos, ni me emborracho con palabras, ni enarcas las cejas, ni me cortas en medio de una conversación para salpicarla de comentarios irónicos que me descolocan, ni hablamos del miedo a estar solos ni del pánico que nos produce el resto de la gente, ni apagas el motor en la estación para apurar la charla un rato más ni me dices que nos veremos, como tarde, el próximo domingo.
Por eso te escribo. Para decirte que esta noche, que debería estar contigo, es mucho peor sin ti.

A Antonio

A veces...

1 comentaron

... se pueden ver cosas bonitas en esta ciudad.
Quizá sólo haya que salir a encontrarlas...

La creatividad

0 comentaron


Edito fotos de lugares a los que no sé si iré un día, que me prestan mis amigos para que los conozca más a ellos, a su modo de viajar, a su modo de mirar la realidad, que es lo que yo quiero aprender, lo que siempre he querido aprender, luchando contra la certeza de que nunca he sabido cómo apresarla, porque se me escapa. Porque es demasiado amplia.

Por eso ensayo con programas fotográficos: por eso salgo con la cámara a todas partes ahora y hago retratos, que siempre me salieron más o menos bien, y busco encuadres, y aprendo la regla de los tercios y luego selecciono, doy a mil botones, busco efectos... Para tener otra manera mía de ver las cosas: para que mi manera sea única y distinta; para que se convierta en otra extensión de mí: para no repetir lo de siempre, los mismos esquemas, las mismas palabras vacuas, los mismos errores.

domingo, 21 de agosto de 2005

De la mentira y los errores

0 comentaron

"Te voy a ser sincero", nos dice alguien. Y nos echamos a temblar, porque lo que en realidad quiere decir es: "voy a ser un bestia". "Voy a decirte la verdad", dice otro y también nos aterra, porque sus palabras significan que ha ocurrido algo que ni nos hemos olido.

Si pienso que todos nos sustentamos en un sistema de creencias, ¿qué es la verdad? No voy a hacer un discurso de entelequias sobre ella, a mí me basta con poseer mis pequeñas parcelitas de verdad diarias y éstas se corresponden con la manera de ver el mundo que mantengo.
Pero, si bien puedo no saber qué es la Verdad, sí sé (y muy bien) lo que son las mentiras. El concepto de verdad, entonces, se manifiesta a través de su contrario. Y nos sostienen demasiadas mentiras a través de los tiempos, mentiras que incluso aceptamos como un cuasi dogma de fe. Y contra ellas vas luchando, como puedes y te dejan. Contra las mentiras que te vierten sobre el sexo (por ejemplo), sobre las relaciones, sobre el amor o sobre la cultura.
Sé qué es una mentira y sé que es una media verdad y que a veces guardar silencio es lo mismo que mentir.

A mí, lo mismo que a muchos, me inculcaron desde pequeña (padres y ciertos libros) que mentir es de cobardes y tengo reacciones físicas bastante incontroladas ante las mentiras, los secretos y los juegos sucios. Alguien me dijo una vez: "Los que no son claros, viven mejor. Los que somos claros, dormimos mejor... pero vivimos peor". Y suscribo completamente esa frase, porque me encuentro a cada hijo de puta marrullero y chafardero en los más altos puestos empresariales o gubernativos que me levanto todos los días pensando: "¿En qué demonios me equivoqué yo?"
"La mentira tiene las patas muy cortas", dice un refrán. Pero estoy comenzando a caer en la suposición de que los errores las tienen muy, muy largas...

La lucha

0 comentaron

Luchar, desgraciadamente en esta vida tenemos que luchar todos. Luchan los ricos para incrementar su fortuna, y los pobres por sobrevivir. Luchan las mujeres contra las absurdas y ancestrales pretensiones de los hombres, y ellos a su vez para no perder sus privilegios...La vida es una continua lucha (revolución) del bien contra el mal, de lo justo contra lo injusto, contra los opuestos (el Yang y el Yin )...

Sé que "de lo dicho al hecho va un trecho", y del cansancio que se va acumulando a través del tiempo, en una lucha que muchas veces nos parece baldía, nos pesa como una losa y a veces hasta nos aplasta. Solo desde la convicción más firme de nuestro corazón podemos encontrar consuelo y sentido a nuestra lucha diaria.

J.L. Borges dice:

El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro,
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Guaya

jueves, 18 de agosto de 2005

Cadáveres en el armario

2 comentaron

Cada uno tiene su propia historia de miedos, de complejos y de creencias absurdas. Cada cual guarda sus cadáveres en el armario, muertos que los demás no entienden y pensamientos que no se narran por destructivos. Vamos como barcazas sin viento, encontrando a gente con las mismas heridas ocultas, intentando sanar lo que no podemos, escuchando terrores, manteniendo prejuicios, eligiendo a quienes nos acompañan durante un rato que se vuelve eterno mientras dura. Siendo dependientes a ratos, rechazando el contacto, tocando y abrazando lo inasible. Levantamos barreras que nos tiran, puentes que nos separan, espacios que nos alejan. Mantenemos los secretos bien guardados, contando lo narrable, sin desnudarnos más que a solas, para que no se nos olvide cómo hacerlo. Nos comunicamos sin palabras, nos protegemos atacándonos. Nos reímos de nosotros mismos, con una crueldad aplastante, tan sólo como una forme de defendernos de las burlas ajenas, que no llegan nunca, o que acaso sí llegan y no nos cogen preparados.
Todo eso no nos fue dado sin más al nacer. Lo aprendimos a base de relacionarnos con otros miedos iguales, que se hicieron uno con los nuestros. Personas que son sólo un puntito en la memoria, porque los verdaderos, quienes te enseñaron a quererte cuando consiguieron que te vieras con sus ojos, tomaron algunos de tus temores y los destruyeron pacientemente, con una violencia casi ingenua.
De vez en cuando, uno se pone al borde del camino para que la gente lo vea y se acerque, porque intuye que sólo con una de las personas que pasen por allí puede recuperar parte de su historia, hasta que aprenda a aceptarla y a saber que no sólo es lo que le ocurre. Se rememora de nuevo lo quqe nunca se quiere contar, los sucesos avergonzantes sobre los que no tuvimos ningún control, pero que se han vuelto cicatrices absurdas. Comenzamos a andar de nuevo, gracias a ese ejercicio que consiste en confiar pese a las traiciones. Y descubrimos que tenemos pasado sobre todo, pero no pese a todo, y que el futuro es incierto, claro, aunque habrá que pelearlo en compañía, como siempre.