lunes, 31 de diciembre de 2007

¿Feliz año?

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Imagen de Roby1kenobi.



Todo se soporta en la vida, con la excepción de muchos días de continua felicidad. Eso decía Goethe, que era bastante más listo que yo, así que no sé si desearos feliz año. O no enteramente feliz año. Pero tampoco muchas tristezas, que no tenemos ya salud ni edad para las pérdidas, sean del tipo que sean aunque sucedan por una ley de vida de las que no sabemos nada.

Hace algún tiempo, vi en una librería magnífica de Mérida (la San Francisco) unos cuadernos con títulos tan sugerentes como "Cosas de mi pasado que prometiste no remover" o "Promesas que nunca cumpliste". Yo siempre me hago el mismo propósito para comenzar el año, pero nunca lo cumplo, o lo cumplo sólo unos meses. Me valdría un renglón de la libreta, porque ya no quiero cambiar nada. Soy así de caótica y he aprendido a que me gusten el caos, la irritabilidad y la desidia y la pereza.

Lo del tiempo es una convención, dicen: como vestirse, como visitar a la familia, como quedar con los amigos, como el lenguaje. Acaba un año que ha sido muy bueno. La mayoría de los días he sido feliz y he sido consciente de que era feliz en ese preciso instante y no cuando el momento es ya un recuerdo muy lejano. Me he reído mucho. He descubierto la comida japonesa (y me encanta). He tomado conciencia de estar sola.

Sería bueno poder trazar una línea y que los hechos no se movieran de ahí.


Virgencita que me quede como estoy.

Ups, se me olvidaba...

Feliz año nuevo a todos.

Bueno... A algunos nada más.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Solos

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Imagen de haras1000.


Al final todos estamos solos.

Pero no todos se dan cuenta.

Recuentos

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Recuento las cicatrices y los fantasmas. Un atracador a mano armada, una palma que no me recorrerá el cuerpo, un tipo con acento alemán al que no oiré reírse, esta concepción eterna de que el futuro (me) será siempre incierto; la soledad buscada, impuesta o elegida; la sensación de quedarme atrás, en tantas cosas; la escarcha que me quema cuando sé que te he perdido; la incapacidad para ser un buen soldado.

No son demasiadas, o las olvido, porque siempre me fijé más en los árboles que en el bosque. Pero de vez en cuando atacan, o aparecen.

Me apetecería que me mimaras.

Me apetecería, digo: el condicional me recuerda que nunca me dirigiré a un concreto.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Balance

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Busco palabras que llamen a otras. Me preocupo por la lluvia. Echo de menos la niebla de un puente romano. Intento hacer balance, pero a duras penas recuerdo qué ocurrió el pasado enero: se murió un cura bueno, rescaté textos antiguos, bailé una vez con quien ya no está ni quiere estar ni puede estar, nacieron dos niños (dos, entre todos los nacimientos), conocí a algunos hombres interesantes, conseguí una o dos amistades bloggeras, escuché muchos tangos porque estuve triste muchas veces, me enamoré (pero él no lo sabrá nunca), fui a un entierro, vi cientos de obras de teatro y algún concierto y varias películas, volví a leer a Dickens, Stevenson y Woolf, me saqué el carnet del coche, mi hermano mayor comenzó a viajar, retomé algunas relaciones viejas, me compraron una espada, caminé con mi hermano pequeño por todas las plazas de Pontevedra, vi a Nerea un par de veces, fui a Sevilla, volví a tener miedo de mí y me quedé sin nada que decir, como otras veces.

Nuevo sitio

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Era algo que tenía ya en mente desde hacía mucho tiempo. Evocaciones sirve para imágenes, actualizado como todos, a salto de mata. Pero muchos mensajes que leo y me encantan se pierden en el ciberespacio y no puedo volver a leerlos. De algunos, incluso, los dueños cierran los blogs y, cuando vas a echar mano de ellos, descubres con pavor que Blogger no encuentra la página solicitada. Así que he creado otro blog, se llama Descubierto, y he empezado con uno de los cuentos de Navidad que más me han gustado últimamente (porque yo soy tocona). Se llama Los seres del tacto y es del blog de Paupablo, Ottto en DXC, del que estoy absolutamente enamorada (del blog, digo: a él no lo conozco, ni sé dónde vive ni cuántos años tiene). Ya iré rellenándolo poco a poco con lo que encuentre...

viernes, 28 de diciembre de 2007

Incertidumbre

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Nos pasamos la vida esperando
lo que sabemos que no va a llegar nunca.

De museos y viajes

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Madrid, 20 de diciembre de 2007.

Madrid me mata y me destroza los pies: el Prado es mareante: demasiada gente, pero relativo silencio: en comparación, el Thyssen parece una tasca. No compro ningún catálogo: pesan demasiado. Nerea ha tenido que dejarme dos maletas y no sé cómo voy a acarrear las cosas. Veo los dibujos de Durero y las pinturas de Cranach, el Viejo y el Joven, y algunos otros cuadros de pintores alemanes que me hacen sonreír porque ahora sé de dónde saca la Viuda algunas de sus imágenes contundentes. Ayer fue el turno de Velázquez, la piel de gallina de nuevo cuando veo al Cristo, como me pasó a los 17, y todos agolpados ahora, otra excursión de instituto, delante del Jardín de las Delicias de Hyeronimus Bosch. Después -después de Velázquez, después de los maestros del XIX, después de los Grecos del Prado- paso por delante de Tiziano y Tintoretto, muy rápido porque estoy harta de cuadros y porque el Prado necesita de las horas más despejadas del día, de muchos días, para no saturarte. Pero busco a Van der Weyden, por supuesto, para detenerme un rato ante esas telas de relieve y estudio la composición de algunos lienzos, la regla de los tercios, las líneas de fuga, el uso de la luz. En los dibujos de Durero eso es imposible: son de decorado de película fantástica, mil detalles, aquí un perro, allí un cántaro, allí una hierba, un río desdibujado, una montaña...

Fotos y cuadros y esculturas. Luis Ramón Marín, 1908-1940, Ramón Gómez de la Serna en un circo y Josephine Baker, un cuerpazo, en su camerino, y los desayunos de Alfonso XIII. Como en El Vesubio, de nuevo. Lo complicado que resulta encontrar un sitio donde permitan fumar en Madrid. Debería haber bares con sillones para echar una siesta, sobre todo cuando llueve.

Como sola, una lasaña. Al lado hay un grupo de chicos que hablan de cine: de Spielberg, de Tarkovsky. Uno lleva la voz cantante, cigarro tras cigarro, muy guapo, muy apasionado; dos no abren la boca en el tiempo que dura la comida y él se va, me sonríe, le dice a sus amigos que vean Beau Geste y desaparece. Me quedo sola con un grupo de chicas enfrente, pero su conversación es mucho menos interesante: creo que trabajan en una revista o en un medio de comunicación, porque una dice que ha hecho una entrevista y otra habla del departamento de diseño gráfico. Dentro de tres horas he quedado con Nerea y, aunque el ensayo de viajar sola no ha sido tal, porque he estado acompañada la mayor parte del tiempo, creo que tendré que empezar por países hispanoparlantes para no perderme -Begoña se ha quedado enamorada de Argentina y quiere volver más pronto que tarde- y que el agua caliente con sal va a ser la mejor compañera de mis pies.


Primera pintura: Retrato de una dama, de Hans Baldung Grien.
Segunda pintura: El Descendimiento, de Roger van der Weyden.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El plan es sólo arte

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Madrid, 19 de diciembre de 2007.


El plan es sólo arte. La mejor pinacoteca del mundo, el claustro de los Jerónimos, la ampliación de Moneo, las Fábulas de Velázquez y la colección general. Me hace falta un carnet de prensa, constato. Veo a Sorolla, Goya, Madrazo y descubro los retratos fuertes de Vicente López, a quien no conocía.

La imagen es el retrato que Vicente López pintó de Francisco de Goya.

domingo, 23 de diciembre de 2007

A mí sí me gusta

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Y qué. Eso iba a decir. Que a mí sí me gusta la Navidad, y qué. Porque a nadie le gusta, ya sabes, y aun más: hay quien la odia directamente y quien se burla de la bondad que otros dicen que se manifiesta en estas fiestas, como si la bondad fuera algo de lo que burlarse o como si fuéramos todos unos cabrones malpensados, maledicentes y malhechores todos los días del año y los buenos deseos sólo fueran hipocresía. Y hay, en fin, a quien no le gustan los regalos, ni hacerlos, ni pensar en otros, ni esforzarse por encontrar algo que les guste ni las cartas a los Reyes ni la llegada de ese señor gordo vestido de rojo que nos trajo la Coca-Cola y que dibujó, hace ya mucho tiempo, Thomas Nast.

Me gusta la Navidad. Ya lo dije el año pasado. Que me gustan ciertos ritos, incluso los que ya no existen, pero fueron. Como esos whiskies con los que había que emborrachar a mi hermano mayor para que cantara (tiene la voz más hermosa del mundo). Como los juegos en el patio grande de casa de mis abuelos, la espera a que llegara Papá Noel y las anécdotas de infancia que recordamos todos, cada uno a su modo, cuando todos los primos dormíamos juntos la noche del 24 de diciembre, apiñados como podíamos. Crecer es una mierda en muchos aspectos: éste es uno de ellos y otro, que ya no nos ponemos las botas katiuskas para saltar en medio de los charcos, porque cuando uno se hace grande, ciertas cosas no están bien vistas: divertirse de según qué maneras no está bien visto. Pero en fin, que yo hablaba de la Navidad.

De que me gusta.

Ya veré qué le pido a los Reyes este año...


Feliz Navidad a todos.


Imagen de Thomas Nast.

sábado, 22 de diciembre de 2007

La plaza y libros

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Me pierdo buscando la Plaza Mayor, que quería ver de noche y en la que ya no dejaré ningún beso. Hace demasiado que no vuelvo a Madrid, porque antes me sabía el camino de memoria y hoy he acabado frente a la puerta del Thyssen. Me duelen los pies desde hace tres días, pero camino sin parar y me detengo en el Canal de Isabel II para ver las fotografías de Don McCullin, que se anuncian con un gran: "¡¡Atención!! algunas imágenes pueden herir su sensibilidad" y yo me pregunto qué sensibilidad escapista tan fácilmente herible tienen algunos. Le han descrito Susan Sontag y John Le Carré. Fotografía hasta los paisajes en blanco y negro y la negrura de África y las muertes de SIDA y el llanto seco de un niño huérfano -¿cuántos años tendrá hoy, si es que vive?- y la matanza de Sabra y la guerra de Vietnam y Chipre en guerra y la construcción del muro de Berlín y el Checkpoint Charlie. Subo para ver todas las fotos, a pesar del vértigo -no te quedes clavada en medio de la escalera, no te vas a caer, sigue subiendo, respira, no mires abajo- y vuelvo a comprar el catálogo de la muestra y hago recuento: me falta el Prado, me falta el Thyssen, me falta Mapplethorpe, me falta comprar más libros (mi hermano vuelve a pedirme a Samuel Johnson), me quedan dos días, me estoy cayendo de sueño y son las siete y diez de la tarde, dentro de hora y media cojo el metro, podría pasarme por la Fnac y terminar las compras y seguir revolviendo libros y seguir fundiéndome la paga extra en bibliotecas...

Imagen de Don McCullin.

Aprendo a mirar II

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También están la lluvia y el frío y las paradas para comer (Madrid es muy sano, demasiado sano: no permiten fumar en casi ningún sitio) y el aire que se cuela en las rendijas y los carteles grandes, las firmas de ropa con ropa prohibitiva, el metro caluroso y esta forma de aprender a viajar sola sin estar sola del todo, porque llama Arwen, porque llama Sonia, porque son las cuatro y media de la tarde y a las nueve he quedado con Begoña. Pero sola veo Ocultos y sola veo las esculturas poderosas de Camille Claudel y sola leo sus cartas y como en Vitamina un buffet libre de ensaladas y en el mercado de Fuencarral me hago socia de Greenpeace y vuelvo a sacar mi libreta de Shakespeare para hablar de estas vacaciones en Madrid cerca de la Navidad.

Vuelvo a aprender a mirar. En el metro hay un señor que se parece a Tomás Segovia. Me encuentro en Trafis con un tipo al que conozco de alguna manifestación por una vivienda digna, Kois explicándome qué camino había que tomar si la policía cargaba, y conozco a Íñigo, que trabaja en todo, desde buzo para obras bajo el agua hasta porteador y que construye altillos -lo que me costó robar esas maderas- y hablo un poco con quien me encuentro y descubro que, en esta ciudad impersonal, la gente sonríe si tú sonríes primero.


Imagen de la página Escribir es vivir.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Aprendo a mirar

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Madrid, 18 de diciembre de 2007.

Veo a la Camille Claudel atormentada y a una mujer de rodillas ante una chimenea -El pensamiento profundo- y el corazón se paraliza y me oprime porque hay historias de amor que te mantienen encerrada durante treinta años, a pesar del orgullo, la dignidad -no se pase más por mi taller- y el tormento.

Aprendo a mirar. Compro una libreta con las letras tachadas de William Shakespeare. Escribo en los bares, de nuevo. Recuerdo lo que han dado de sí tres días y medio: la desazón de las Vidas Minadas de Gervasio Sánchez, leer títulos de libros (y comprarlos: ensayos de Virginia Woolf, los dos volúmenes que me faltaban de Memoria del Fuego, de Galeano y varios otros que no puedo nombrar porque son regalos de Reyes; tres catálogos de exposiciones -la de Claudel, la de Gerva, la del paisaje que reúne a Pollock, Nolde -me he enamorado-, Munch, van Gogh, Constable- y alguno más, que dejo en Traficantes de Sueños -William Wordsworth: volveré). Y un café en el Café Gijón lleno de cuadros, la foto de Alfonso a la izquierda, cerillero y anarquista; tres ancianos hablando a borbotones, con la mirada lúcida y un vermú de grifo. Y un concierto divertido, emocionante, de los Flying Pickets, la voz como instrumento más bello del mundo; los nervios de Nerea con una hipoteca a nombre de su hermana y una posible nueva vida y un crédito ICO para un ordenador con el que ver películas y el Círculo de Bellas Artes y Bergman, y el Hostal Olga, donde eché mi primer polvo, y mil letreros divertidos en las calles (José Luis y sus Chaquetillas, Sailor y Lula) y el metro que te lleva a todos lados...

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Ensayos solitarios

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Madrid será un ensayo solitario, sin cámara de fotos réflex esta vez pero con cuaderno y bolígrafo siempre, para algunos de los viajes que vendrán. No, yo no tengo el afán pionero de aquellas mujeres que viajaban solas, como Alexandra David-Neel, que decía que la aventura era el único motivo de su existencia. Porque soy de las que piensan que ver Notre-Dame, el Coliseo o la avenida Corrientes sin poder comentar la jugada o fumarte un cigarro con alguien es de lo más triste. Y tampoco me gustan los viajes organizados (una es muy anárquica para eso) ni las agencias para singles, solteros, impares o independientes; no suelo acercarme a desconocidos (aunque hable con cualquiera). Pero más triste que viajar sin nadie, o que viajar con la persona equivocada (que eso es peor aún) es no viajar. Y que quienes siempre van a todas partes en parejas de dos te aseguren que viajar sola es maravilloso y que algún día lo harán...

Madrid será un ensayo. Pero da igual: aunque desafine, el año que viene cojo un avión. Me da igual a dónde. Bolígrafo, cuaderno, cámara de fotos, algo de dinero, zapatillas y ojos abiertos: es el único equipaje que necesito. Bienvenida, yo.

martes, 11 de diciembre de 2007

Lo que estábais esperando

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Algunos han confesado su hartazgo, pero sólo he escrito sobre ello dos veces: una, cuando comencé las prácticas. Otra, cuando no pasé el examen por cuarta vez. Vamos, que son impacientes, digo yo, porque si he hablado dos veces de algo, no es como para estar hartos, señores.

Pero ahora, tachán tachán tachán...

¡Ya tengo carnet!

Brrrmmm, brrrmmm....

lunes, 10 de diciembre de 2007

Regalos

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La Navidad siempre ha sido una biblioteca.


Otra etapa más

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Hace no tanto tiempo, le escribí un mensaje. Hoy me ha llegado otro, al móvil: una fotografía de un niño guapo, que nació ayer, con tres kilos 860 gramos, almeriense -crecerá viendo el mar, cuatro calles y una alcazaba hermosa-. Se llama como su padre, que es mi amigo, y le he oído llorar mientras buscaba en su madre comida. No sé cuándo le veré, porque Almería está muy lejos (y no me apetece nada volver a esa ciudad), pero supongo que no me pesarán las diez horas y media en autobús cuando vuelva a conseguir más de cuatro días libres. "Otra etapa más de la vida", me ha dicho. He asistido a unas cuantas de las suyas. Y me va a gustar ésta, aunque sea como hoy: de lejos, con fotos y con una llamada de teléfono para oír el llanto de un niño que me gusta.

Imagen de losiek.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Se acabó

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Nombrar algo es poseerlo. Yo no te puedo nombrar. No te voy a poder nombrar nunca. Si viera una esquela, no sabría que eres tú. No podré asociarte a una palabra. No iré a ningún entierro, no me meteré en tu cama, no escucharé tu voz, ni te miraré los ojos, ni te contagiaré la risa, ni te daré un abrazo, ni caminaré contigo por Madrid. Me voy a quedar sin saber en qué trabajas, cómo te vistes, qué comida te gusta, qué música escuchas cuando tienes frío, quién es tu mejor amigo, cómo juegas con tus sobrinos (no sé si tienes sobrinos), la manera en que caminas, si sonríes socarronamente o qué cara pones cuando te asombro.
Ya me ocurrió una vez.
Duele menos.
Por supuesto que duele menos.
Pero duele.
No sólo duele. Ojalá sólo doliera.
El resto me lo ahorro.
Total, a nadie le importa.

Imagen de Diana Bas.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Agenda para unas vacaciones de frío

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Me voy a Madrid una semana, acabo de decidirlo y de hablar con mi partenaire, que tiene que trabajar (pero que sacará tiempo para mí). Y, como además de pasarme por la 8 1/2 y de trastear en librerías, me apetece una visita culturo-festiva, apunto aquí lo que tengo que ver y a dónde tengo que ir para que no me ocurra como con la exposición de Roy Liechtenstein, que la última vez fui a verla justo el día que cerraba el Museo...



1.- Don McCullin. Sala de Exposiciones Canal de Isabel II -Santa Engracia, 125. Es uno de los mejores fotoperiodistas del mundo y me apetece mucho una exposición fotográfica.
  • Hora: Martes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:30h; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00h; lunes, cerrado.
  • Precio: Visitas guiadas gratuitas los sábados de 12:00 a 14:00 horas y de 18:00 a 20:00 horas y los domingos de 12:00 a 14:00 horas.
2.- Museo del Prado, para las Fábulas de Velázquez, los pintores del XIX, la ampliación de Moneo y las puertas de Cristina Iglesias. Y para detenerme, otra vez y de nuevo como siempre, ante El Descendimiento de Van der Weyden, que es mi cuadro favorito.
  • Los Grecos del Prado
    Fecha de inicio: 04/12/2007
    Fecha de fin: 10/02/2008
    Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
    Precio: General, 6 euros. Reducida, 3 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.
  • El siglo XIX en el Prado
    Fecha de inicio: 31/10/2007
    Fecha de fin: 20/04/2008
    Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
    Precio: General, 6 euros. Reducida, 3 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.

  • Fábulas de Velázquez: Mitología e historia sagrada del Siglo de Oro
    Fecha de inicio: 20/11/2007
    Fecha de fin: 24/02/2008
    Hora: De martes a domingo de 9:00 a 20:00h
    Precio: General, 8 euros. Reducida, 4 euros. Entrada gratuita de martes a sábado, de 18:00 a 20:00h y el domingo, de 17:00 a 20:00h. Venta Vía web, Centro de Atención al visitante o en el teléfono gratuito 902 10 70 77.

3.- Durero y Cranach. En el Museo Thyssen-Bornemisza.

  • Pases: De martes a domingo, de 10:00 a 19:00h; lunes, cerrado.
  • Precio: Precio exposición temporal: 5 euros. Estudiantes, jubilados y mayores 65 años: 3,50 euros. Exposición temporal + Colección permanente, 9 euros. Reducida, 5 euros para estudiantes y mayores de 65 años. Exposiciones de la serie Contextos de la Colección permanente son gratuitas. La taquilla cierra a las 18:30 horas. Venta anticipada de entradas en las taquillas del Museo y en centros El Corte Inglés.
  • Hora: Martes a sábado, de 11:00 a 20:00h; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00h; lunes, cerrado.
  • Precio: Entrada gratuita. Reserva de visitas guiadas para grupos en el teléfono 91 374 66 53

5.- Gervasio Sánchez. Vidas Minadas. Diez años después. Instituto Cervantes. Alcalá 49.

  • Hora: De lunes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00h; domingos y festivos, de 11:00 14:00h.

6.- Día 15 de diciembre. Shuarma. Sala Caracol. C/ Bernardino Obregón, 18.

  • Hora: 22:30 horas.
  • Precio: 15 euros.

7.- Día 16 de diciembre. Flyin Pickets. Sala Galileo. C/ Galileo, 100.

  • Hora: 19:30 horas.
  • Precio: 10 euros.

8.- Día 18 de diciembre. Dayna Kurtz en la Sala Clamores. Calle Alburquerque, 14

  • Hora: 21:30 horas.
  • Precio: 12 euros.

9.- La abstracción del paisaje. Fundación Juan March. Calle Castelló, 77. Es decir, aquí Turner, aquí Rothko, aquí Richter, aquí mi queridísima O’Keefe y mis no menos queridos Pollock, Gottlieb, Constable, Van Gogh, Klee, Munch o Kandinsky (mi partenaire se acordará de los debates que se marcaba, carta va, carta viene, con sus teorías sobre "De lo espiritual en el arte").

  • Hora: Lunes a Sábado: 11.00 a 20.00 hs. Domingos y festivos: 10.00 a 14.00 hs.
  • Visitas guiadas gratuitas: Miércoles y jueves: de 11.00 a 13.30 hs. Viernes: de 16.30 a 19.30 hs. Las visitas guiadas comenzarán cada 30 minutos, cada una para un máximo de 15 personas, por orden de llegada.

10.- Roma S.P.Q.R. Centro de Arte Canal. Paseo de la Castellana, 214.

  • Hora: de lunes a domingo, de 10:00 horas a 21:00 horas.
  • Precio: general, 6 euros.

11.- Exposición Ocultos. Son fotos de culos. De Robert Capa, Cartier-Bresson, mi Mapplethorpe querido, Man Ray...

  • Hora: de 11.00 a 20.00 h. Miércoles de 11.00 a 15.00 h.
  • Días: del 3 de octubre de 2007 al 6 de enero de 2008.
  • Lugar: Sala de exposiciones de la Fundación Canal (Mateo Inurria, 2).
  • Precio: Entrada libre.
¿Por qué? Pues porque este año me he encontrado con dos meses de vacaciones, de los que no he disfrutado ningún día porque he tenido que estudiar un examen suspenso. Porque hace mucho que no voy a Madrid. Porque me apetece atracarme de arte. Porque me apetece tomarme un vermú. Porque tengo ganas de vacaciones...

Y porque me gusta el estrés de ocio.

Las fotos son mías, de una de mis últimas visitas a Madrid. No seáis muy crueles, que las he escogido de entre lo mejor.

No tengo tiempo

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No tengo tiempo, pero hablo con Tomás Segovia. No tengo tiempo, pero me tomo un café telefónico con Luis Mateo Díez. Sigo sin tener tiempo, pero aprendo qué es un coro de cámara, le echo un cable a un artesano, escucho a Montserrat Caballé, consigo el móvil de Juan Echanove (y no le llamo); arreglo el mundo después del trabajo; hablo de libros con Alicia Hermida y Miguel Ángel Lama me habla de libros, veo más teatro que nunca, rastreo películas clásicas, planeo la comida del día siguiente, busco piezas de Dvorak, Mendelssohn, Beethoven, Debussy; lo mismo pincho a Bucéfalo que a Alfredo Kraus; hago malabares para ir al gimnasio, le pregunto a la gente qué lee, qué ve y qué escucha; busco párrafos de libros, me capturan las voces de Doris Lessing, Juan Gelman, Álvaro Mutis, Fernando Fernán Gómez -chicos de Documentación, qué haría sin vosotros-, se me acumula la ropa por planchar en la cama de arriba, me intereso por la Ley del Cine, le pregunto por el urbanismo a Gerardo Ayala, busco qué es un pas de deux y Cecilia Figaredo me habla de su amor por la danza, como en veinte minutos, grabo una entrevista y ocho noticias diarias y entro en dos o tres programas en directo, mientras sigo buscando temas que me interesen para el cuarto, para mi media hora mía, pero no mía del todo; el fin de semana no me alcanza, tengo atrasadísimo el archivo de los cortes de voz, no me da tiempo.

No tengo tiempo, pero disfruto como nunca.

Imagen de PrASanGaM.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Ruiseñores de nuevo

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En el gran cielo de la poesía,
mejor dicho
en la tierra o mundo de la poesía que incluye cielos
astros
dioses
mortales
está cantando el ruiseñor de Keats
siempre
pasa Rimbaud empuñando sus 17 años como la llama de amor viva de San Juan
a la teresa se le dobla el dolor y su caballo triza el polvo enamorado Francisco de Quevedo y Villegas
el dulce Garcilaso arde en los infiernos de John Donne
de César Vallejo caen caminos para que los pies de la poesía caminen
pies que pisan callados como un burrito andino
Baudelaire baja un albatros de su reino celeste
con el frac del albatros Mallarmé va a la fiesta de la nada posible
suena el violín de Verlaine en la fiesta de la nada posible
recuerda que la sangre es posible en medio de la nada
que Girondo liublimará perrinunca lamora
y girarán los barquitos de tuñón contra el metal de espanto que abusó a Apollinaire
oh Lou que desamaste la eternidad de viaje
el palacio del exceso donde entró la sabiduría de Blake
el paco urondo que forraba en lamé la felicidad para evitarle fríos de la época
mientras Roque Dalton trepaba por el palo mayor de su alma y gritaba.

Juan Gelman



Imagen de
Mor (bcnbits)

Sobre el control...

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Iba a comenzar diciendo que yo no me controlo, Adela, que yo soy de las que se muerden la lengua, cuando se la muerden. Pero no es del todo cierto, porque me he pasado la vida controlándome. Controlo las lágrimas, controlo las ganas de mandar un correo; me levanto por las mañanas con los dedos picándome, porque querría hacer esa llamada que no haré nunca. Intento no cerrar el blog desde que he perdido el necesario anonimato que me hacía sentirme más o menos libre al escribir -vivo en una región que es un pueblo-. Cuido las palabras en una charla, a no ser que me embale; a veces me gustaría estamparle a alguien la cara contra la pared -dos o tres por semana y siempre la misma- y controlo la frustración que me producen ciertas relaciones, hasta que me sale por los poros y entonces lo que intento manejar como buenamente puedo es el asco que me da cierta parte de mí. Tampoco se me nota el miedo que le tengo al resto de la gente. En mi oficio, además, la autocensura es la más peligrosa de las prácticas. Mis bajones, irreales y absurdos, los conocen dos o tres personas y me arrepiento al punto de lo poco o lo mucho que cuento porque soy de las imbéciles que comienza enseñando el cuarto de atrás y proyecto una imagen con la que no me identifico, o no del todo.

Lo que ocurre con esto es que, también, me he pasado años tratando de interiorizar la diferencia -sutil, quizá- entre el control y la represión. Y ningún diccionario me ayuda.


Imagen de jonwild.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Sobre la desesperanza del amor que debe ser esperanzado

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Arwen me hace un encargo que no sé cómo cumplir. Yo de amores no entiendo, lo he dicho ya alguna vez. Sí de esperas, me paso la vida esperando lo que no va a suceder nunca. Por eso no puedo escribir "del amor que debe ser esperanzado": porque no sé si debe serlo, porque no sé de correspondencias, porque no sé qué nombre dar a lo que ella siente -puedo llamarlo dolor, añoranza, miedo, pérdida; pero tampoco será bastante-, porque a mí los ritos se me escapan y porque ya sé que nunca entenderé lo que no he vivido nunca.


¿Quién considera amor, y no suicidio, a lo que sólo fluye en una dirección? Si hay desesperanza, no es amor ya: es otra cosa: un final, un cierre, un cumplimiento. La esperanza es volver a amar -tú volviste a amar: ocurrió de nuevo: ocurrió que te amaron mientras amaste, la misma persona a la que amabas te amó: lo demás no es amor: es frustración, indignidad, quiebro-. Quizá por eso dices que debe ser esperanzado: como sentimiento último, abstracto, posible. A ti no se te ha negado esa esperanza: no se te va a negar nunca, porque la buscarás, más pronto que tarde.

Lo que no sé es qué hago contándote lo que tú ya sabes.